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Ingeniería aeronáutica

El Atobá alza vuelo

Una empresa del estado de Río de Janeiro desarrolla un dron militar de gran porte destinado a las fuerzas armadas y de seguridad

Tras cinco años de desarrollo, el Atobá realizó su vuelo inaugural en julio de 2020

Stella Tecnologia

Brasil ha dado un paso importante para sumarse al grupo de los países que desarrollan y producen vehículos aéreos no tripulados (vant), también denominados drones, de gran porte. La empresa Stella Tecnologia, de la localidad de Duque de Caxias, en el Área Metropolitana de Río de Janeiro, llevó a cabo exitosamente, en julio de 2020, el primer vuelo del Atobá, una aeronave operada por control remoto de 500 kilogramos (kg), 8 metros (m) de longitud y 11 m de envergadura (la distancia de extremo a extremo de las alas). El vant, cuyo nombre está inspirado en un ave marina de gran tamaño común en las costas brasileñas [alcatraz o piquero pardo], fue proyectado para prestar servicios civiles y militares y es el mayor que vuela fabricado por una empresa brasileña.

Hace unos 10 años, la firma Avibras, una tradicional proveedora nacional de dispositivos para el área de defensa, inició el desarrollo de un vant de la misma categoría que el Atobá, denominado Falcão (halcón), pero el proyecto quedó trunco sin que llegara a volar, tras haberse invertido al menos 85 millones de reales en su desarrollo (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 211). Hoy en día, pocas naciones del mundo, entre ellas Estados Unidos, China, Israel, Rusia, Irán, Francia y el Reino Unido, dominan la tecnología de fabricación de drones militares de ese tamaño. Estas aeronaves se han venido utilizando cada vez más en escenarios de guerra o conflicto, principalmente en Medio Oriente.

“El Atobá realizó dos vuelos, el primero con una duración de 20 minutos y el segundo, de media hora. Todo salió como se había previsto. La estabilidad y la previsibilidad de la aeronave a los comandos fueron excelentes”, declaró Gilberto Buffara Júnior, el propietario de Stella Tecnologia. “Fue concebido para ser un vant sencillo, que no fallara y de fácil operación y mantenimiento”. Los vuelos se concretaron el 20 de julio, la fecha de cumpleaños del brasileño Alberto Santos Dumont (1873-1932), pionero de la aviación, y despegaron desde un aeródromo privado en el municipio fluminense de Casimiro de Abreu.

El Atobá fue concebido para utilizarlo en operaciones de reconocimiento y vigilancia de fronteras y del mar territorial por las Fuerzas Armadas. También puede emplearse para misiones de búsqueda y rescate, como así también para el monitoreo de grandes eventos por las fuerzas policiales. La aeronave cuenta con una capacidad para transportar 70 kg de equipos, tales como radares, cámaras de vigilancia y sensores multiespectrales (que captan imágenes utilizando diversas frecuencias de onda del espectro electromagnético, el infrarrojo, por ejemplo).

Stella Tecnologia La construcción del dron lleva invertidos 11,5 millones de reales y contó con la colaboración de alumnos y docentes de la UFRJStella Tecnologia

El vant es teledirigido desde una base en tierra y está impulsado por un motor alimentado con gasolina de cuatro cilindros y 60 caballos de potencia, con una autonomía de 28 horas de vuelo (sin necesidad de reabastecimiento). Su alcance, de 250 kilómetros (km), está limitado al radio de comunicación con la estación base. El aparato se desplaza a 150 km/h y puede alcanzar un techo de vuelo de 5 mil m de altura, lo que lo hace imperceptible a simple vista. A los efectos de establecer una comparación, los aviones comerciales vuelan a unos 11 mil m de altura. Aunque no fue proyectado para llevar armamentos, el Atobá puede adaptarse para transportar misiles y bombas, siempre que se respeten sus límites de carga.

El profesor Vivaldo José Breternitz, experto en drones y docente de la Facultad de Computación e Informática de la Universidade Presbiteriana Mackenzie, de São Paulo, subraya que el primer vuelo de una aeronave, tripulada o autónoma, siempre es crucial –porque eso marca que el proyecto, hasta ese momento, ha sido exitoso–, pero afirma que la empresa aún deberá realizar un gran número de pruebas en vuelo para que el Atobá se convierta en un vant operativo. “Hay un largo camino por recorrer”, dice.

El dron de Stella, opina Breternitz, es innovador en el ámbito aeronáutico brasileño, pero no tan sofisticado como algunos proyectos existentes en el exterior. “El universo de los drones está extremadamente diversificado. La Fuerza Aérea de Estados Unidos está trabajando en un proyecto denominado Skyborg, que prevé la fabricación de drones dotados de inteligencia artificial, capaces de operar junto con aviones militares tripulados. Por su parte, China está desarrollando un vant de caza, el Dark Sword [espada oscura], que volará a 2.400 km/h”, informa.

Pese a sus limitaciones, Breternitz entiende que es importante que Brasil domine el proceso de fabricación de drones militares de la categoría del Atobá. “Soy un entusiasta del desarrollo de soluciones nacionales no solo en cuanto a los drones. Iniciativas como la de Stella estimulan la investigación en el país, contribuyen para la capacitación de mano de obra calificada y colaboran para el desarrollo de nuestro parque industrial”, dice.

Para el profesor de Mackenzie, lo ideal sería proyectar el segmento de los drones de la misma forma que se hizo con la industria aeronáutica: detectar un nicho y profundizar en el mismo para tratar de ganar un mercado en términos globales. Se refiere así a la experiencia de la fábrica brasileña de aviones Embraer. Tras su privatización, en la década de 1990, la empresa con sede en la localidad de São José dos Campos (São Paulo) apostó a la producción de aeronaves centradas en los vuelos regionales, de corta distancia, y hoy en día es líder mundial en ese segmento.

El desarrollo del Atobá comenzó hace cinco años y lleva invertidos 11,5 millones de reales. “No contó con ningún tipo de financiación; todo se hizo con recursos propios, provenientes de la venta de mi primera empresa de drones, SantosLab, y de otros negocios en el sector inmobiliario. Ahora estoy buscando inversores para concluir el trabajo”, relata Buffara. E informa que al dron aún deben hacérsele ajustes puntuales, entre ellos, una revisión de su estructura, que ha quedado pesada. Antes de iniciar el proceso de certificación con las autoridades aeronáuticas, debe dotárselo de un piloto automático nacional, ya que por ahora, el dron está equipado con un dispositivo importado.

El proyecto contó con la participación de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ). Estudiantes de ingeniería de la institución contribuyeron con la iniciativa por medio de un convenio de pasantías académicas suscrito con Stella Tecnologia. La UFRJ, por su parte, cedió sus laboratorios para la realización de pruebas, entre ellas, la de los materiales que serían utilizados en la fabricación de la estructura del Atobá. Las alas y el fuselaje (el cuerpo del vant) están fabricadas con un material compuesto, más liviano y resistente que el aluminio.

Uno de los mayores retos consistió en proyectar y construir el fuselaje del aparato. “Fue una tarea compleja, pues nos faltan datos técnicos sobre este tipo de máquinas. El éxito llegó luego muchos ensayos y errores”, relata Buffara. Otro obstáculo fue la integración del sistema eléctrico y el de control de la aeronave para lograr que funcionen correctamente. Tuvimos que subsanar problemas de interferencia electromagnética entre los diversos sistemas”.

Para superar los desafíos, el emprendedor, que posee un diploma en administración de empresas, recurrió a su vasta experiencia en el mercado de los drones. En 2006, la firma SantosLab, creada por Buffara y un socio, proyectó, fabricó y le vendió a la Marina de Brasil un dron de pequeño porte, bautizado con el nombre de Carcará, de menos de 2 m de envergadura y 4 kg de peso. “Esa fue la primera vez que las Fuerzas Armadas utilizaron este tipo de aparatos”, comenta.

En 2015, Buffara vendió su participación en la empresa, montó un equipo con profesionales que ya habían trabajado en el desarrollo de aviones –básicamente ingenieros mecánicos y de sistemas, además de proyectistas aeronáuticos– y fundó Stella con el propósito exclusivo de construir el Atobá. En los últimos cinco años, contó con la ayuda de varios colaboradores para avanzar con el proyecto.

El coordinador del área de aeronaves no tripuladas de la Asociación de Industrias Aeroespaciales de Brasil (Aiab), Nei Brasil, considera que el tipo de vant al cual pertenece el Atobá es relevante y tiene buena demanda en el mercado global, pero el éxito del proyecto dependerá del interés del gobierno brasileño. “Lo que realmente importa es si el país sede de la empresa vuelve factible el desarrollo industrial del proyecto, mediante pedidos de unidades del aparato”, enfatiza. “En el pasado hubo una iniciativa similar para la fabricación de un dron de ese porte, el Falcão, de la firma Avibras, pero el proyecto no prosperó por falta de interés comercial en el país”.

Según Buffara, se han entablado conversaciones con el área militar del gobierno, pero por el momento no hay ninguna negociación en curso. La compañía está homologada por el Ministerio de Defensa con el estatus de Empresa Estratégica de Defensa (EED), lo que significa que está capacitada para ser proveedora de productos y servicios de las Fuerzas Armadas.

En la actualidad, la Aeronáutica opera al menos tres tipos diferentes de vant: los modelos Hermes 450 y Hermes 900, fabricados por la empresa israelí Elbit Systems, y Heron I, de la firma Israel Aerospace Industries (IAI). El dron Hermes 450 tiene un porte y características operativas similares al Atobá; los otros dos pertenecen a una categoría superior, la de los aparatos con más de 1 tonelada.

“Las aeronaves teleoperadas de la Fuerza Aérea Brasileña (FAB) se utilizan en misiones de vigilancia, a los efectos de suministrarles a las fuerzas en tierra y aire datos precisos de inteligencia y reconocimiento”, informó el Centro de Comunicación Social de la Aeronáutica. Pesquisa FAPESP les consultó a la FAB y al Ministerio de Defensa si el gobierno brasileño estaría interesado en la compra del Atobá, pero ambas instituciones evitaron posicionarse al respecto.

“La FAB pagó alrededor de 25 millones de dólares por dos unidades del Hermes 450, mientras que dos unidades del Atobá, incluyendo la estación de control en tierra y el entrenamiento, costarán la tercera parte de ese monto”, declara el propietario de Stella. Aparte de ser más barato, el Atobá posee una mayor autonomía que el dron israelí –17 horas, según el sitio web del fabricante– y se lo puede equipar con sensores y cámaras más avanzados, según Buffara. “Somos optimistas con respecto a nuestro dron. Esperamos poder concluir el proyecto y tornarlo operativo durante el año en curso”.

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