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Audiovisuales

El cine de ellas

Estudios exploran el rol de las mujeres en las producciones cinematográficas. En Brasil, de las películas realizadas entre los años 2001 y 2010, la dirección femenina aparece en tan solo el 15 %

Adélia Sampaio, señalada como la primera directora negra de cine en Brasil

Paulo Cesar Mauro/Archivo personal Adélia Sampaio

Las cineastas brasileñas son blancas, de clase social acomodada y viven en el sudeste del país, donde se concentra alrededor del 80 % de las empresas productoras de películas nacionales. Estos datos, que ayudan a definir el perfil típico de las directoras de cine brasileñas, forman parte de uno de los varios estudios recientes sobre el tema que, en las últimas décadas, ha suscitado un interés creciente entre los investigadores, no solo de la propia área audiovisual, sino también de la antropología y la historia. Las mujeres, que entre 1961 y 1971 dirigían menos del 1 % de las producciones brasileñas, han pasado a ser alrededor del 15 % entre 2001 y 2010. “De cualquier manera, el índice sigue siendo bajo”, verifica Paula Alves, una cineasta que analizó 3.455 filmes para investigar la participación de las mujeres en funciones destacadas, tales como las de directora y guionista, en los equipos de los largometrajes realizados en Brasil entre 1960 y 2010.

Para esa investigación, que se llevó a cabo en la Escuela Nacional de Ciencias Estadísticas del Instituto Brasileño de Geografía y Estadística (Ence-IBGE), Alves generó un banco de datos a partir de fuentes tales como el Dicionário de filmes brasileiros – Longa-metragem (edición del autor, 2009), de Antônio Leão da Silva Neto, y el portal Filme B, que se especializa en el mercado exhibidor nacional. En esa base, la investigadora acopió información sobre largometrajes de ficción, documentales y animación, no necesariamente lanzados en el circuito comercial. Alves, creadora del Femina – Festival Internacional de Cine Femenino, dice haberse sorprendido con algunas de las cifras que reveló el estudio. Una de ellas se refiere al puesto de dirección de fotografía. “Es el área del cine brasileño donde la participación femenina es menor: poco más del 1 % del total en el período estudiado y tan solo un 3 % en la última década”. El número de guionistas también es bajo: fueron escritas solamente por mujeres una cantidad que corresponde a un 13,7 % de las películas lanzadas entre 2001 y 2010, según el estudio.

De los 240 filmes brasileños más taquilleros exhibidos entre 1995 y 2018, el 21 % tenían mujeres en la dirección

La escasa presencia femenina en los puestos de mando del cine no es algo que ocurra únicamente en Brasil. Un estudio solicitado en 2014 por el Geena Davis Institute on Gender and Media (EE. UU.), que llevó a cabo la Universidad del Sur de California en 11 países, demostró que en China, el 16,7 % de los filmes fueron dirigidos por mujeres y en Australia, el 8,3 %. En tanto, la investigación intitulada “The celluloid ceiling”, un trabajo realizado por Martha Lauzen, profesora de cine y televisión de la Universidad Estatal de San Diego, en California (EE. UU.), indicó que el 20 % de los cargos de dirección, guionista, producción, edición y dirección de fotografía en los 100 filmes más taquilleros de Estados Unidos en 2019 habían sido ocupados por mujeres. Esa desigualdad se ve reflejada en los Oscar. El tradicional galardón de la industria cinematográfica estadounidense creado en la década de 1920 solo fue concedido a una mujer en la categoría de mejor dirección de un largometraje de ficción en 2010, cuando Kathryn Bigelow se llevó la estatuilla por el filme The Hurt Locker [Zona de miedo. El título tuvo diferentes adaptaciones en los países hispanohablantes]. “Por lo general, a las mujeres les resulta mucho más difícil acceder a cargos de liderazgo y esto no es diferente en el mundo del cine”, comenta la productora Débora Ivanov, exdirectora de la Agencia Nacional de Cine (Ancine) y en la actualidad al frente del grupo Mais Mulheres Lideranças do Audiovisual Brasileiro [Más Líderes Femeninas en la Industria Audiovisual Brasileña], creado el año pasado y que congrega a 90 profesionales del sector. “Es un círculo vicioso: se contratan preferentemente varones para dirigir y guionar los largometrajes porque ellos son más experimentados, mientras que las mujeres quedan en un segundo plano porque no tienen tanta experiencia dirigiendo”.

El cuadro se presenta más complejo para las mujeres negras, tal como lo señala la politóloga Marcia Rangel Candido, investigadora asociada del Grupo de Estudios Multidisciplinarios de Acción Afirmativa, de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (Gemaa-Uerj). Desde 2014, el grupo mapea la diversidad en el cine brasileño. El último estudio reveló que entre los directores de los 240 filmes brasileños de mayor taquilla entre 1995 y 2018, el 21 % son de sexo femenino y ninguna de esas cineastas es negra. “Esa desigualdad no reside en la falta de profesionales en el mercado audiovisual brasileño: hay mujeres negras que están ahí e informan sobre las innumerables dificultades para obtener financiación y producir y distribuir las películas”, analiza Rangel Candido. “La investigación pone de relieve que el mercado cinematográfico brasileño está dominado por varones blancos y eso no representa a nuestra diversidad. La intención es que estos datos sirvan para promover políticas públicas más comprometidas con la igualdad de género y raza en el país”.

Divulgación/Edileuza Penha de Souza Una escena del cortometraje Filhas de lavadeiras, de Edileuza Penha de SouzaDivulgación/Edileuza Penha de Souza

La historiadora Edileuza Penha de Souza, del Núcleo de Estudios Afrobrasileños de la Universidad de Brasilia (UnB), coincide. En 2012, durante su investigación doctoral, notó que su estudio para elaborar un artículo sobre el cine negro no incluía el nombre de ninguna cineasta brasileña que hubiera dirigido un largometraje de ficción en solitario. “Como negra, me generó mucha angustia constatar ese vacío y, aunque ese no era el objetivo principal de la investigación, decidí profundizar en la historia del cine nacional para tratar de hallar a alguna realizadora negra”, recuerda Penha de Souza, también documentalista y docente en el campus Recanto das Emas del Instituto Federal de Educación, Ciencia y Tecnología de Brasilia (IFB), centrado en la enseñanza técnica audiovisual. En un sitio web sobre las mujeres en el cine nacional, ella se topó con la fotografía de Adélia Sampaio y, por intermedio de una red social, trabó contacto con la cineasta de Minas Gerais radicada en Río de Janeiro.

Según informa la investigadora, Sampaio es la primera cineasta negra de Brasil. “Ella ingresó al medio cinematográfico al final de la década de 1960 como telefonista en Difilm, una distribuidora de cintas del Cinema Novo fundada por el productor Luiz Carlos Barreto y, a partir de ahí, escribió guiones y dirigió cortometrajes. En 1984, lanzó al circuito comercial el largometraje de ficción Amor bandido, algo inédito hasta entonces para una mujer negra”. Desde 2016, Penha de Souza realiza en la UnB el Concurso de Cine Negro Adélia Sampaio. “El objetivo es darle visibilidad a la producción de las cineastas negras que aún padecen la falta de apoyo para la realización de sus filmes”, explica. “La trayectoria de Adélia Sampaio es inspiradora en ese sentido. A los 76 años de edad, ella sigue luchando para hacer sus producciones”, dice la directora de Filhas de lavadeiras [Hijas de lavanderas], elegido en 2020 como el mejor cortometraje brasileño en el festival internacional de documentales É tudo verdade, que se celebra anualmente en São Paulo y Río de Janeiro.

Sophia Pinheiro/Divulgación La cineasta Patrícia Ferreira Pará Yxapy, de la etnia Mbyá GuaraníSophia Pinheiro/Divulgación

La presencia de cineastas indígenas es aún menor. En su tesis doctoral sobre las jerarquías de género y raciales en la producción cinematográfica contemporánea, que defendió en 2019 en el Ence-IBGE, Paula Alves constató que entre los 1.851 directores de 2.558 filmes analizados entre 1995 y 2016, ocho de ellos eran indígenas (el 0,4 %), siete varones y una mujer. “En Brasil, el interés por las realizaciones cinematográficas hechas por mujeres indígenas es bastante reciente”, informa Clarisse Alvarenga, de la Facultad de Educación de la Universidad Federal de Minas Gerais (FaE-UFMG). “En la última década ellas han asumido un lugar de protagonismo y realizaron un conjunto significativo de filmes”. En su posdoctorado llevado a cabo en el Museo Nacional, Alvarenga estudió la producción fílmica de las realizadoras brasileñas, entre ellas, Ayani Huni Kuin, de la etnia Hunio Kuin, y Patrícia Ferreira Pará Yxapy, de la etnia Mbiá Guaraní, así como la de la cineasta de origen navajo Arlene Bowman, que vive en California (EE. UU.). La edición 2020 del Cabíria Festival – Mulheres & Audiovisual, de São Paulo, homenajeó a Yxapy, quien presentó 11 filmes en el evento, entre ellos, Teko Haxy – Ser imperfeita (2018), codirigido con la investigadora y artista visual Sophia Pinheiro. “La mayor interlocución de las mujeres indígenas con investigadoras, curadoras y otras realizadoras hace que el campo del cine se torne más diverso, más complejo, y simultáneamente genera más espacios para hablar y condiciones de producción para esas mujeres”, dice Alvarenga.

La crítica académica sobre el cine femenino floreció en los años 1970 en Europa y en Estados Unidos, impulsando los estudios científicos acerca del tema. “Eso ocurrió en forma simultánea al aumento del número de mujeres trabajando en el cine, incluso en cargos de dirección”, señala Karla Holanda, docente de la carrera de Cine y Audiovisuales de la Universidad Federal Fluminense (UFF). Entre los motivos de ello, analiza la especialista, se cuenta el establecimiento del Año Internacional de la Mujer, en 1975, y de la Década de la Mujer (1976-1985) por mandato de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). “Al promover la realización de producciones artísticas y culturales, esas iniciativas han alentado el protagonismo femenino en todo el mundo, incluso en el cine”, dice. “Otro punto a favor fue la creación de la carrera de cine en las universidades brasileñas, tal como ocurrió en la Universidad de São Paulo, en 1967, y en la UFF, en 1968”.

Vantoen Pereira Jr. La cineasta Ana CarolinaVantoen Pereira Jr.

En Brasil, el sello editorial Rioarte publicó en 1982 un estudio pionero: el libro intitulado As musas da matinê, de Elice Munerato y Maria Helena Darcy de Oliveira. En dicha obra, las investigadoras enumeran 21 largometrajes realizados por mujeres que fueron lanzados comercialmente en el país hasta 1979, entre ellos, O ébrio (1946), de Gilda de Abreu (1904-1979), y Mar de rosas (1977), de Ana Carolina. Más adelante, en 1989, la Escuela de Comunicación de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) y el Museo de la Imagen y del Sonido de Río de Janeiro publicaron Quase catálogo 1: Realizadoras de cinema no Brasil (1930-1988), compilado por Heloísa Buarque de Hollanda, en la actualidad, profesora emérita de la UFRJ.

Según Karla Holanda, esas colecciones fueron fundamentales para orientar gran parte de los trabajos académicos sobre el tema. “La mayoría de las investigaciones todavía las llevan a cabo las mujeres, pero he notado un acercamiento masculino creciente entre varones sensibles a la causa. Y esto es estupendo, porque el reconocimiento de la participación femenina en el cine, mayormente omitida por la historia, debe ser de interés para todos”, sostiene. En el libro Mulheres de cinema (Numa Editora, 2019), compilado por la experta, dos de los 22 capítulos están firmados por varones.

Archivo Nacional/Wikimedia Commons La cineasta Gilda de AbreuArchivo Nacional/Wikimedia Commons

En opinión de la investigadora Luiza Lusvarghi, del Grupo de Estudios sobre Géneros Cinematográficos y Audiovisuales (Genecine) de la Universidad de Campinas (Unicamp), el interés por el tema sería mayor en Brasil si hubiese una mayor cantidad de asignaturas centradas específicamente en la producción cinematográfica femenina en las carreras de grado en audiovisuales. “Este es un debate que debe darse desde el comienzo de la formación de esos profesionales, independientemente del género”, dice, y añade: “Es muy poco lo que se sabe de las cineastas brasileñas. Resulta difícil recabar datos sobre ellas”. Esa cuestión se hizo patente para la investigadora cuando compiló el libro Mulheres atrás das câmeras: As cineastas brasileiras de 1930 a 2018 (editorial Estação Liberdade, 2019) en colaboración con Camila Vieira da Silva. La obra, que surgió en el seno de la Asociación Brasileña de Críticos de Cine (Abraccine), incluye, además de 27 artículos, un diccionario con las 263 realizadoras que dirigieron al menos un largometraje lanzado en el circuito comercial o en festivales de renombre en Brasil. “Muchas solamente llegan a hacer una película y, a causa de las dificultades que enfrentan, abandonan la carrera”.

Una de esas realizadoras fue Cleo de Verberena, pseudónimo con el cual se la conoció a Jacyra Martins da Silveira (1904-1972), señalada como la primera cineasta brasileña. Ella dirigió y actuó en el policial O mistério do dominó preto [El misterio del dominó negro], estrenado en 1931, en la etapa final del cine mudo. “En las producciones cinematográficas de la década de 1930, las mujeres brasileñas eran espectadoras o, como máximo, actrices. No fue casual que el debut de una de ellas en la dirección haya sido tomado por la crítica como algo exótico”, relata Marcella Grecco de Araujo, quien investiga la trayectoria de la pionera en su doctorado en el Programa de Posgrado en Medios y Procesos Audiovisuales de la USP. La obra, lanzada por el sello Epica-Film, una productora que la realizadora compartía con su marido, Cesar Melani (1903-1935), fue el único trabajo de De Verberena como directora. Tres años después, ella abandonó su vida artística. Según Grecco de Araujo, la película no tuvo una buena acogida y le generó “enormes pérdidas económicas”. “Cleo de Verberena cayó en el olvido en la misma década de 1930. Si bien fue breve, su trayectoria como artista ayuda a entender los albores del cine nacional”, finaliza.

Proyecto
Cleo de Verberena: La primera cineasta brasileña (nº 17/13760-4); Modalidad Beca doctoral; Investigadora responsable Esther Império Hamburger (USP); Becaria Marcella Grecco de Araujo; Inversión R$ 162.702,54[/bibliograifa]

[bibliografia]Libros
HOLANDA, K. (org.). Mulheres de cinema. Río de Janeiro: Editorial Numa, 2019.
LUSVARGHI, L. y SILVA, C. V. da (org.). Mulheres atrás das câmeras: As cineastas brasileiras de 1930 a 2018. São Paulo: editorial Estação Liberdade, 2019.

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