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Parásitos emergentes

El exterminador de anfibios

El tráfico de fauna puede diseminar un hongo letal para sapos y ranas

FABIO COLOMBINIEl Dendrobates tinctorius, colorido y sensible FABIO COLOMBINI

Un inesperado desvío en la ruta puso de manifiesto cuan dañino puede ser el hongo Batrachochytrium dendrobatidis –o Bd– para los anfibios brasileños. En junio de 2006, Cátia Dejuste de Paula recolectaba parásitos y microorganismos en anfibios para su investigación doctoral en la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de São Paulo (USP), cuando recibió un pedido para que analizara la posible causa de muerte de 50 anfibios pertenecientes a dos especies diferentes en un zoológico particular del interior paulista.

Luego de evaluar todas las posibilidades, la conclusión a la que arribaron, en forma conjunta ella, José Luiz Catão Dias, coordinador asociado del Laboratorio de Patología Comparad de Animales Salvajes (Lapcom) de la USP, y colaboradores de Estados Unidos, es que el Bd habría sido el responsable por la muerte de buena parte de los animales examinados. Se trata de una identificación directa, tal vez la primera, de la letalidad de ese hongo en el país. Hace años que al Bd se lo asocia con la reducción –a veces el exterminio– de poblaciones de sapos y ranas en el extranjero; las especies brasileñas parecían ser inmunes a ese microorganismo.

Este episodio revela –del mismo modo y quizá por primera vez– que el tráfico de fauna puede propiciar la propagación de hongos en los batracios mantenidos en cautiverio, puesto que los sapos habían sido capturados antes de ser enviados, bajo autorización de organismos del gobierno federal, a un zoológico privado. El estudio, detallado en la revista Diseases of Aquatic Organism, sugiere la posibilidad del contagio entre los animales mantenidos en cautiverio, reforzando la necesidad de establecer medidas preventivas tales como la cuarentena y baños con sustancias antifúngicas.

También es un claro indicativo de que algunas especies son sensibles al hongo, mientras que otras se muestran resistentes. Dejuste detectó el hongo, en varias etapas de su desarrollo, en la piel de 20 de las 30 Dendrobates tinctorius, denominadas vulgarmente rana verde y negra o rana dardo venenoso [en Brasil, sapo garimpeiro], un batracio colorido, con su piel negra tramada con manchas verdes o azules, aunque muy venenoso. Pero no había señales del hongo en ninguno de los 20 anfibios de otra especie, Adelphobates galactonotus, también venenosa y colorida, que habrían muerto por otra razón.

LUIS FELIPE TOLEDO Adelphobates galactonotus, inmune al avasallante hongo BdLUIS FELIPE TOLEDO

Se sabía que algunas especies pueden resistir al hongo, aunque esa capacidad todavía no había sido verificada en forma tan directa como con las Adelphobates galactonotus. Las voluminosas ranas toro gigantes (Lithobates catesbianus), que pueden alcanzar 20 centímetros de longitud y un peso de un kilo y medio, generalmente en tonos verdes o bronceados, representan la especie más citada como ejemplo de convivencia pacífica con el microorganismo y ahora señalada como posible transmisora a otras especies, advierten los investigadores.

La rana toro, importada desde la década de 1930 de Estados Unidos para criarla comercialmente pero abandonada luego que la venta de su piel y su carne no concitara gran interés, se diseminó por el país, dado que se multiplica con facilidad y se adapta tanto a ambientes húmedos como secos. Aunque no es el único caso de vector involuntario de hongos. En diciembre de 2011, investigadores de la Universidad McGill, de Canadá, alertaron, en la revista Diseases of Aquatics Organism, sobre el hecho de que lagartos y serpientes son vectores de ese microorganismo, contribuyendo en su diseminación.

“Aunque puede parasitar animales, el Bd no los necesita como huéspedes, ya que logra vivir a costa de materia orgánica en ambientes acuáticos, tal como lo hacen otros hongos que sobreviven en el suelo, en cortezas de árboles u hojas en descomposición”, comenta Selene Dall’Acqua Coutinho, docente en la Universidad Paulista (Unip) quien trabaja con hongos desde hace 30 años y realizó los análisis de biología molecular que complementaron los exámenes de Dejuste y Catão. “Es muy probable que el Bd se encuentre bastante diseminado en el ambiente”.

Eso fue lo que Dejuste, actualmente investigadora de la Wildlife Conservation Society en Brasil observó: “Busque donde busque, ahí aparece el hongo”. Para su doctorado, concluido en 2011, ella recolectó microorganismos y parásitos en 120 animales de 33 especies diferentes de sapos y ranas capturadas en la estación biológica de Boraceia, una zona de selva húmeda con 100 hectáreas propiedad de la USP en el municipio de Salesópolis. Ella detectó parásitos –fundamentalmente en el intestino– en casi la mitad (55 casos) de los animales evaluados. El microorganismo más común, hallado en 22 sapos (un 19,1% del total, fue el Bd, identificado mediante exámenes microscópicos y de ADN a partir de una muestra aportada por Alan Pessier, del zoológico de San Diego, en California.

Menos sapos en la selva
“Hallamos al hongo, pero en apariencia, los animales estaban sanos, sin lesiones o alteraciones en la piel”, dice Dejuste. Ni ella ni otros investigadores encontraron anfibios enfermos en Boraceia o en otros lugares, pero se percataron que la diversidad de especies y la cantidad de anfibios eran menores que hace algunos años. El Bd se aloja en la piel delgada y húmeda de los anfibios y, tal como señalaran investigadores de Estados Unidos y Australia en 2009, altera el equilibrio electrolítico (iones) de los músculos, provocando que algunas especies de animales mueran repentinamente por un colapso cardíaco.

Las flechas señalan el hongo en la piel de un sapo: los anfibios infectados no presentan síntomas de enfermedad

Catia Dejuste de Paula y Luiz Catão Dias / USP Las flechas señalan el hongo en la piel de un sapo: los anfibios infectados no presentan síntomas de enfermedadCatia Dejuste de Paula y Luiz Catão Dias / USP

Miguel Urbano Trefaut Rodrigues, biólogo y profesor de la USP, relata que años atrás, los sapos de los géneros Hylodes eran comunes en el parque nacional de Caparaó, en el límite entre los estados de Espírito Santo y Minas Gerais. El año pasado estuvo por allí y notó que habían desaparecido. “Quedé anonadado”. Los sapos del género Allobates también escasearon en las selvas de Espírito Santo y Río de Janeiro. “Un dendrobátido, el Anomaloglossus, abundaba en la sierra de Tepenquém, en Roraima, donde se veían 10, 20 a orillas de las cascadas. Ahora, ninguno”.

En 2005, Ana Carnaval, de la Universidad de California en Berkeley, Rodrigues, sus alumnos y biólogos de la Universidad de Costa Rica y de Río de Janeiro, luego de examinar 96 sapos de 25 especies capturados en 10 puntos diferentes del bosque atlántico, amplificaron bastante el área geográfica de incidencia del hongo, que, según concluyeron, puede vivir en alturas que varían entre 100 y 2.400 metros. En enero de este año, un equipo estadounidense de la Universidad Cornell, que colabora con investigadores de la Universidad Estadual Paulista (Unesp) y de la Universidad Estadual de Campinas (Unicamp), indicó que el hongo puede vivir en varios ambientes y también en zonas bajas del bosque atlántico. Todo lo que pueden hacer al respecto es seguir los rastros del hongo, puesto que incluso es complejo cultivar ese organismo en laboratorio para estudiar detalladamente su comportamiento.

“Las especies de anfibios que están desapareciendo viven en áreas preservadas de Brasil, América Central y Oceanía, donde no existen arroyos sucios o contaminantes que podrían resultar fatales”, manifiesta Catão. Brasil es uno de los países con mayor diversidad de anfibios, con casi 900 especies identificadas, de las cuales 16 están consideradas amenazadas de extinción y una ya se extinguió. La reducción de las poblaciones de anfibios podría traducirse en un aumento en las poblaciones de insectos transmisores de enfermedades tales como dengue, malaria, fiebre amarilla, “y eso considerando tan sólo una visión antropocéntrica”, dice Catão. En términos más amplios, puede dificultar la supervivencia de otras especies, tales como aves y reptiles, que se alimentan con sapos y ranas.

En su opinión, el hongo es una de las causas de una extinción masiva de anfibios, similar a otras ocurridas en el curso de la historia de la Tierra, aunque no sea el único responsable: “Debemos mantenernos atentos ante otras posibles causas”. Las principales son la pérdida o reducción de los hábitats y la proliferación de otros parásitos, tales como ranavirus, un grupo de virus letal para los renacuajos, normalmente resistentes al hongo.

“Los hongos son oportunistas y avanzan con mayor facilidad cuando los huéspedes sufren estrés o algún tipo de presión ambiental”, comenta Dall’Acqua, recordando un ejemplo cercano en humanos: la candidiasis, que se manifiesta cuando las defensas del organismo se encuentran debilitadas. Ella cree que el Bd aún no está tan adaptado a diferentes ambientes como los hongos dermatófitos, que causan micosis en los animales y en humanos y se diseminan en ámbitos domésticos.

El año pasado, una estudiante de veterinaria de la Unip, Sândara Pimentel Sguario, aisló colonias de hongos de otra especie, Mycroscoporum canis, en un gato que su novio le había regalado y ella mantenía en su cuarto. Dall’Acqua se lo sugirió y ella recogió muestras de material, no sólo del gato, sino también de la alfombra, de la cama, de la mesa de la computadora –de todo el dormitorio– y verificaron que se trataba del mismo hongo que parasitaba al gato. “Todavía no he leído ni visto nada que indique que el Bd pueda infectar a humanos u otros mamíferos”, manifiesta Dall’Acqua. “Según una perspectiva evolucionista, quizá tarde en hacerlo o nunca afecte a las personas”.

El Proyecto
Patología comparada de infecciones seleccionadas en batracios anuros de vida salvaje en el bioma del bosque atlántico: estudio prospectivo y retrospectivo (nº 2009/52638-3); Modalidad Apoyo Regular al Proyecto de Investigación; Coordinador José Luiz Catão Dias – FMVZ/USP; Inversión R$ 47.371,09

Artículos científicos
DE PAULA, C.D. et al. Batrachochytrium dendrobatidis in illegal wildlife trade confiscated amphibians used in ex situ breeding program 
in Brazil. Diseases of Aquatic Organisms. v. 98, n.2, p. 171-75. 2012.
GRÜNDLER, M.C. et al. Interaction between breeding habitat and elevation affects prevalence but not infection intensity of Batrachochytrium dendrobatidis in Brazilian anuran assemblages. Diseases of Aquatic Organisms. v. 97, n. 3, 
p. 173-84. 2012.
CARNAVAL, A.C.O.Q. et al. Amphibian chytrid fungus broadly distributed in the Brazilian atlantic rain forest. EcoHealth. v. 3, n. 1, p. 41-48. 2006.

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