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Relaciones internacionales

El Imperio de la innovación

La ciencia escondida en los archivos de Itamaraty

FULVIUSBSAS/WIKIMEDIA COMMONSNada más moderno y actual que la discusión sobre innovación tecnológica e I&D como forma de disminuir la dependencia externa de Brasil y poner al país en pie de igualdad con las grandes naciones del Primer Mundo. Curiosamente, tal como lo revela una investigación reciente, nada más antiguo  también que pensar estas cuestiones. En Inovações tecnológicas e transferências tecnocientíficas: a experiência do Império brasileiro, los investigadores Sabrina Marques Parracho Sant’Anna y Rafael de Almeida Daltro Bosisio, con base en un proyecto del Centro de Historia y Documentación Diplomática (CHDD), llevado a cabo en el Archivo Histórico de Itamaraty (AHI) [n. del tr.: el Ministerio de Relaciones Exteriores], descubrieron documentos que revelan la acción del Estado brasileño y sus agentes diplomáticos entre 1822 y 1889 tendiente a hacer uso de las innovaciones tecnológicas y de la ciencia como forma de crear una nación, civilizar al joven país y ponerlo en sintonía con los territorios europeos en los cuales el Primero y el Segundo Reinado se espejaban.

“Fue sumamente importante la acción del Ministerio de Negocios Extranjeros tendiente a transferir tecnología, haciendo circular a personas, bienes e informaciones en un intento por generar las condiciones para la formación y el mantenimiento del Estado imperial, con el anhelo de su ingreso al grupo de las naciones civilizadas y para reducir la distancia que se creía que lo separaba de éste. Ora queriendo acercarse a Europa, ora buscando una civilización adecuada al mundo del trópico, una Europa posible, se construía una identidad nacional basada en el territorio y en un sentimiento de exclusión”, explican los investigadores. Según Sabrina, coordinadora de la investigación, “la discusión sobre la formación de la idea de nación en Brasil es larga y controvertida, pero este material indica que múltiples actores sociales se abocaban efectivamente a la construcción de elementos de distinción de la metrópoli con base en la superación del estigma de la naturaleza salvaje, y se convirtieron en protagonistas de un Estado independiente con base en la construcción de una imagen de cultura y civilización en la especificidad del trópico”.

El universo del material de la investigación estuvo constituido por la documentación disponible en el Archivo Histórico de Itamaraty. En total se leyeron 297 paquetes documentales y se relevaron y ficharon unos 5.500 documentos, de los cuales resultó la selección de 2.621 resumidos y separados por temas, que actualmente componen el catálogo final, aún sin fecha de edición, pese a la cantidad valiosa de informaciones para la investigación que contienen. Los documentos tienen una precisa localización en el archivo. “En el rol que desempeñó el Ministerio de Negocios Extranjeros como mediador de las relaciones entre Brasil y los demás Estados con miras a superar las desigualdades y a hacer que el país ingresase en el grupo de las naciones consideradas civilizadas, se hizo hincapié en la circulación de la ciencia y la tecnología directamente relacionada con el movimiento de traer al país el saber existente en el resto del mundo, para encontrar en estas transferencias las bases para la construcción de una nación en sincronía con sus pares”, sostienen los investigadores.

REPRODUcción del LIbrO "O BRASIL DE MARC FERREZ"Una de las primeras y más constantes preocupaciones se refería a la educación de la mano de obra, ya sea mediante la importación de obras para su aplicación en Brasil o por el envío de personal calificado para su perfeccionamiento en el exterior. “Salta a los ojos el gran flujo de oficios y despachos relativos a la instrucción pública en busca de métodos educativos y en la compra de libros y equipos para facultades. Van desde guías para la introducción de clases de gimnasia hasta libros diversos para la formación de carreras especializados, en el marco de una voluntad civilizadora. Los documentos indican esfuerzos de universalización del saber y de equiparación con modelos europeos, y apuntan el deseo de constituir elites aptas para ejercer el control del Estado y la formación de la población como un pueblo capaz de construir la nación”, sostienen los investigadores. Sin embargo, y en detrimento de la educación universal, las carreras de formación de mano de obra especializada parecen contar con un énfasis especial, y no por casualidad la preocupación se centraba en la formación de las bibliotecas de las carreras jurídicas de Olinda y São Paulo: entre 1822 y 1841, más de un tercio de los documentos se refiere al tema. Al fin y al cabo, era la carrera que ocupaba el lugar central en la formación del Estado nacional, y también era la preocupación de las elites dirigentes.

“Este hecho es revelador, en la medida en que se creaba la carrera debido al estado de independencia política, y que se tornaba incompatible demandar como se hacía anteriormente estos conocimientos a la Universidad de Coimbra. El país debía empezar a formar a sus propios bachilleres. Médicos, ingenieros, militares y técnicos del gobierno seguirían siendo enviados al extranjero para completar su calificación. Estos profesionales se convirtieron en pensionistas del Estado”. Una parte del catálogo se refiere precisamente a la concesión de beneficios de viaje de perfeccionamiento en el exterior, ya que no son raras durante el Imperio las prácticas de envío al extranjero de estudiantes brasileños para su calificación, para la formación de una elite capaz de suplir las demandas de cuadros técnicos que debían operar el Estado. Las pensiones deberían solucionar un problema inmediato que el Imperio notara: formar profesionales que, además del fin último de sus viajes, debían tener los ojos siempre abiertos al aprendizaje del mundo. “Los viajes en comisión y los de estudio, que demandaban a menudo la redacción de informes semestrales, fueron efectivamente de formación”, dicen los investigadores.

No obstante, paulatinamente, los viajes en comisión por intereses del Estado fueron adquiriendo preponderancia por sobre los largos viajes de estudio. “A partir de 1827, el gobierno pasaría a tratar a la instrucción individual en el exterior como un interés del propio estudiante, y dejaría de financiar períodos de formación completa en el extranjero, dejando que los títulos de doctor o bachiller quedasen a costa de las familias pudientes de la elite imperial. El financiamiento de los viajes de instrucción pasaría a ceñirse a lo que llamaríamos actualmente especializaciones, y abarcaría únicamente las áreas vistas como de interés inmediato del Estado nacional”. Ora vista como medio de ascenso social individual, ora como instrumento de civilización fundamental para el Imperio, la política educativa se hacía en el movimiento de unificación del acceso a la formación civilizadora en el interior del país y de formación de elites técnicas destinadas a finalidades específicas de la burocracia estatal. “Así, el movimiento de declinación de los viajes de estudio en pro del crecimiento de los viajes para cargos comisionados parece ser concomitante a los procesos de internalización de la formación profesional y de búsqueda de una mayor universalización del acceso a la enseñanza primaria y secundaria.”

REPRODUcción del LIbrO "O BRASIL DE MARC FERREZ"Pedro IIREPRODUcción del LIbrO "O BRASIL DE MARC FERREZ"

La excepción, a partir de 1841, eran las pensiones destinadas a los estudiantes de bellas artes, ya que la creación de un cuerpo de profesionales formados en el extranjero con valores universales se hacía perentoria, en momentos en que Pedro II empezaba a construir su imagen de mecenas y hombre de las artes, y cuando en el ámbito de las imágenes, pintores, músicos y arquitectos parecen haber contribuido a forjar un sentimiento de pertenencia nacional. “Así, si la ingeniería y la medicina, la agricultura y otras ramas del conocimiento se presentaron como foco fundamental del Estado, oscilando desde la formación de cuadros en el extranjero hasta la formación en el interior del país, el derecho y las bellas artes aparecen aquí como casos límite: el primero, símbolo mayor de lo que debería ser exclusivamente nacional, forma administrativa del Estado que se fundaba; el segundo, símbolo de lo que debería regirse por modelos extranjeros, forma universal, civilizada, que encuadraría a la nación en los cánones consagrados de lo bello internacional.”

Entre 1822 y 1834, el Ministerio de Negocios Extranjeros inicia sus primeras actuaciones con el fin de promover el intercambio de plantas y semillas con otras regiones del mundo, obrando sobre todo como mediador en los trueques entre instituciones brasileñas ligadas a la agricultura y sus pares del exterior. “Observando el procedimiento de envío de semillas, todo parece indicar la emergencia de los primeros esfuerzos del Estado para implementar innovaciones en la agricultura, diversificando la producción y contribuyendo al progreso nacional, ya que la agricultura de géneros exportables era vista como una fuente de civilización”, sostienen los investigadores. Categorías tales como rutina, indolencia y falta de cultura se usaban para designar al estado en que se hallaba la producción agrícola nacional, y las técnicas provenientes de las naciones avanzadas eran consideradas innovaciones necesarias para eliminar dicho atraso. De entrada, hasta 1834, el rol del ministerio era secundario en la adquisición y envío de semillas, pero poco a poco se fue tornando más activo por medio del accionar de su cuerpo diplomático, que pasó a participar efectivamente en la obtención de informaciones científicas y en la adquisición y envío de nuevas especies. “Puede notarse claramente el cambio en la acción de los representantes brasileños en el exterior, y fueron varios los oficios enviados que describen nuevas especies útiles para el desarrollo de la agricultura nacional. Se remitieron semillas y plantines con detalladas informaciones sobre el plantío, el suelo apropiado, la época para el cultivo, la cosecha y la zona climática adecuada de cada especie. Las plantas pasaron a describirse con sus nombres científicos y de acuerdo con la clasificación de Linné.”

“Cónsules y otros agentes diplomáticos se ocuparon personalmente del envío de semillas, aun sin mediar ningún pedido formal del gobierno imperial. Muchas veces los propios diplomáticos tomaron la iniciativa de seleccionar y enviar información científica que pudiera contribuir a la aclimatación de nuevas especies y a la racionalización de la agricultura”, evalúan los investigadores. Agentes contratados para encargarse de temas migratorios también se abocaron a la elaboración de trabajos que pudiesen contribuir al desarrollo de la industria y el comercio del país y se esforzaron en la adquisición y envío de semillas y plantas tales como el algodón, el tabaco, el café, la morera, el fresno, el quino, el guaco, la verbena, el roble, la vainilla, la canela, el pino, el añil y el azafrán, y una serie de otras semillas que deberían aclimatarse para ser útiles en la construcción del Estado-nación imperial. “Además del envío de semillas y plántulas, empezó a darse un creciente intercambio de publicaciones entre instituciones científicas brasileñas y sus similares del exterior. Los propios diplomáticos brasileños seleccionaban y enviaban artículos científicos que pudiesen contribuir para la aclimatación de nuevas especies y en la racionalización de la agricultura”, comentan. “En sus oficios y correspondencias, hacían relatos de experimentos realizados por científicos contemporáneos, nuevas máquinas empleadas para determinados cultivos; en definitiva, novedades en lo que se refiere a la tecnología agrícola de la época. Luego del envío de las semillas, tales agentes solicitaban información sobre los resultados del plantío para que la observación empírica les sirviera de guía para los nuevos envíos.”

REPRODUcción Del LIbRO "BARÃO DO RIO BRANCO - UMA BIOGRAFIA FOTOGRÁFICA"En un tercer momento, entre 1865 y 1889, se registra un enfriamiento en la actividad de intercambio de insumos y crece la participación del gobierno brasileño en las exposiciones en el exterior, lo que convierte a Brasil en proveedor de productos exóticos y útiles para el comercio internacional. A partir de 1870, se observa en la documentación, según sostienen los investigadores, un incremento de los pedidos de semillas y plantines autóctonos del  país por parte de otros gobiernos: palmera, carnauba, tayuyá, fibras textiles y también especies mejoradas en el país, tales como el café, el tabaco y la caña de azúcar. “Con el énfasis en las exposiciones, los intercambios de semillas volvieron a darse en el ámbito de las instituciones científicas que, aun siendo vinculadas al gobierno, cobraron autonomía”, dicen los investigadores. Las escasas especies que llegaron a Brasil no llegaron como antes, con datos sobre cultivo y plantío, sino que, en sintonía con los nuevos tiempos, lo hicieron con estadísticas comerciales y apuntes sobre la rentabilidad del café, ya que entre los años de 1876 y 1877, muestras de café brasileño se enviaron a Francia para el análisis del producto y la mejora de su calidad con el fin de elevar su valor de venta en el mercado extranjero. “A lo largo del siglo XIX, junto con la construcción del Estado brasileño, se delineó una política agrícola volcada a las exportaciones. Durante ese período, la administración de la agricultura por parte del gobierno fue dejando de lado a las ciencias naturales como la botánica, la química y la geología, para hacer uso de las ciencias económicas, como una forma de desarrollar esa actividad agrícola. Este nuevo paradigma pasó a coordinar la divulgación científica tal como anteriormente lo hacían los agentes diplomáticos.”

A lo largo de todo el período estudiado, además de los pedidos del Estado, hubo muchas iniciativa individuales de los diplomáticos, como así también receptividad a las innumerables ofertas realizadas en el extranjero de innovaciones tecnológicas que podrían servir al anhelo de civilización del Imperio, prueba de la importancia del ministerio en el cumplimiento de la “tarea civilizadora” que le fuera indirectamente delegada por el Estado brasileño. “Resulta interesante notar que el rol que desempeñó el Ministerio de Negocios Extranjeros forjaba, en su calidad de mediador de las relaciones de Brasil con los demás Estados, imágenes del yo y del otro, que apuntaban a superar las desigualdades y hacer que el país entrase en el grupo de las naciones que se consideraba civilizadas. A los diagnósticos de civilización ausente y de un territorio potencia, se superpondría también el de un aparato estatal faltante, definiendo así durante ese período una identidad nacional y un mito originario: cosmogonía que repercutiría indefinidamente sobre un Estado eternamente en formación”, añaden los investigadores. Una tarea para la ciencia, por la vía diplomática.

Documentos de nervios y sangre
El CHDD difunde uno de los mayores archivos diplomáticos del Brasil

REPRODUcción Del LIbRO "BARÃO DO RIO BRANCO - UMA BIOGRAFIA FOTOGRÁFICA"“El documento es una impresión de la historia y su medida. Es la historia con sangre y nervios.” Fue con esta visión que en 2000 el embajador Álvaro da Costa Franco asumió la dirección del Centro de Historia y Documentación Diplomática (CHDD). “De entrada no era mi interés principal, y el centro en aquella época solamente existía en los papeles. Pero me comprometí mucho con el programa de conservación de la colección del Archivo Histórico de Itamaraty (AHI) y sentí la riqueza de lo que había aquí, de cuánto se podía hacer acá. Me convertí en director para poder ayudar al Ministerio de Relaciones Exteriores, pues la función principal es hacer diplomacia y no conservar documentos. Necesitaban a alguien que hiciera eso acá”, cuenta Costa Franco.

El embajador entonces recién se había jubilado y se encontraba al frente de la Fundación Alexandre de Gusmão/ MRE, a la cual está vinculado el CHDD. Durante un año dirigió un organismo de papel que analizaba papeles, hasta que en 2001 el centro pasó a existir oficialmente, con sede en el Palacio de Itamaraty, en el mismo pasillo donde está el AHI, uno de los más ricos archivos sobre la historia diplomática nacional. Son tres kilómetros de documentos con toda la correspondencia diplomática del ministerio y documentación variada, desde antes de 1822 hasta la década de 1960, cuando se inauguró Brasilia y fue llevada allí la parte más reciente de los archivos. “El CHDD existe para estimular los estudios sobre la historia de las relaciones internacionales y diplomáticas de Brasil, y actúa en la creación y difusión de instrumentos de investigación, en la edición de libros sobre historia diplomática y en la investigación y exposición de este tema.”

El centro tiene un equipo joven y modesto: son nueve pasantes universitarios y dos de nivel medio, un investigador de historia, un administrador y dos archivistas. “Como no había nada antes, todo lo que se hiciese ya era algo. Pero eran tiempos de auspicios en baja y ésa no era una actividad que generase una gran publicidad. Entonces resolví asegurar la difusión para historiadores e interesados del área mediante la revista Cadernos do CHDD, con el fin de crear algo que fuese continuo, de compromiso duradero”, comenta el embajador. Cadernos do CHDD es una revista que es “casi un libro” de 400 páginas, de tiraje semestral, que empezó en 2002 y va por su decimoquinto número, y que se dedica a la publicación de documentos y estudios sobre la historia de las relaciones internacionales. En ella es posible encontrar desde circulares del Ministerio de Relaciones Exteriores en los años polémicos de 1930 a 1939 a textos inéditos del Barón del Río Branco, en los cuales escribe bajo seudónimo, en su juventud, pasando por preciosidades tales como las memorias de Sérgio Teixeira de Macedo, un diplomático que recuerda su infancia noble, que no por ello lo dejó escapar de una educación de las más miserables. La revista se distribuye gratuitamente en universidades, bibliotecas, academias e institutos geográficos, entre otros, y puede leerse online, en el sitio www.chdd.Funag.gov.br.

“Al publicar en internet, tenemos un impacto grande; basta con recordar que llegamos a los alrededor de 20 mil alumnos de relaciones internacionales que hay en el país actualmente”, recuerda el diplomático. El detalle fundamental es que toda la edición está a cargo del mismo equipo joven del centro, aunque la impresión esté a cargo de la Fundación Alexandre de Gusmão (Funag), de Brasilia. “Con los pasantes fuimos poco a poco improvisándonos como editores para dar cuenta del material. Al fin y al cabo, son textos antiguos, que requieren muchas revisiones y una lectura cuidadosa para que lleguen impecables. Son ediciones modestas, pero que repercuten bastante en el seno de la comunidad, porque llegan directamente al público interesado en historia de las relaciones internacionales”, afirma. “También hicimos varias ediciones organizadas por docentes universitarios que platean temas y trabajan junto con el centro, en una muestra del potencial de la conexión entre el Ministerio de Relaciones Exteriores y las universidades, que puede plasmarse por medio del CHDD”. Además de la revista, el CHDD también ha editado más de 20 libros, algunos con más de un tomo.

REPRODUcción El CHDD también impulsó investigaciones sobre imagen y diplomacia desde el Segundo Reinado y relevó un gran número de imágenes de las revistas ilustradas publicadas en Río durante el Imperio y durante la gestión del Barón del Río Branco, que era un voraz coleccionador de recortes de diarios, entre ellos de caricaturas, incluidas las suyas. Se están fichando las que retratan al Barón con miras a publicarlas, posiblemente en 2012, en el centenario de su fallecimiento. En el año 2000, el centro organizó también la exposición O Barão e a caricatura, que circuló por Brasilia, Curitiba, Río Grande do Sul y São Paulo, y este año irá a Manaos. Entre los proyectos futuros del centro se encuentran la publicación de la correspondencia de Domício Gama con Río Branco, la misión especial del Vizconde de Río Branco al Plata, la correspondencia de Nabuco desde Washington, la Conferencia de La Habana y la correspondencia de Oliveira Lima desde Tokio, entre otros. También aguarda publicación la investigación Inovações tecnológicas e transferencias tecnocientíficas: a experiência do Império brasileiro.

“Todo lo relativo a la vida intelectual de Brasil con los países extranjeros puede estudiarse en estos archivos, más allá de las relaciones diplomáticas y políticas”, cree Costa Franco. “Los diplomáticos siguen una carrera con muchas profesiones, y en este trabajo en el centro pude entrar en contacto y trabajar con historiadores, docentes y estudiantes, y ser un poco como ellos. Parcialmente, pero creo que he logrado lo que quería, pero aún hay mucho por hacerse”, evalúa. “Historia oral, por ejemplo, es algo que debemos hacer con urgencia; recabar los testimonios de antiguos diplomáticos. También organizar seminarios, premiar trabajos”, lamenta.

Sin embargo, para el embajador, se necesita más tiempo y más dinero. “¿Cómo se puede hacer historia de las relaciones internacionales si solamente trabajamos sobre una de las partes? Los que terminamos teniendo es una visión unilateral, debido a la falta de posibilidades de salir y conocer lo que hay en otros archivos sobre Brasil. Por ejemplo: tenemos fuertes pistas de que en el Plata rondaba la idea de que el Imperio brasileño era frágil debido al separatismo y al esclavismo. Es decir, si fuésemos invadidos por el sur, enseguida surgiría un movimiento de separación y otro movimiento de sublevación de los esclavos, y listo: caería la monarquía brasileña; algo que explicaría la agresión paraguaya. Pero eso requiere que visitemos más archivos de Argentina, Paraguay y Uruguay, ¿no es cierto?” Según él, habría que crear becas para que visitar esos archivos en el exterior.

“Eso es algo que querría haber hecho durante mi gestión que está terminando al frente del CHDD, para tener la visión del otro”, afirma. “Pero pienso que he logrado pasarles a los jóvenes del centro mi mensaje de que tenemos un compromiso: la mayor honestidad intelectual posible y un gran respeto por los documentos.” Que, al fin de cuentas, son de nervios y sangre.

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