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Memoria

El mal sobre la Tierra

La sismología moderna surgió después del gran terremoto que destruyó Lisboa en 1755

TRISTE TABLEAU DES EFFECTS CAUSES PAR LE TREMBLEMENT DE TERRE ET INCENDIES ARRIVÉS A LISBONNE LE 1ER NOVEMBRE 1755 (1792), AUTOR DESCONoCIDO. MUSEU De la CIuDAD, LISBOAComo lo hace la guerra, una gran catástrofe natural genera destrucción, muertes, enfermedades, hambre y miedo. Así y todo, en la estela de tanto mal es común que surjan avances científicos y tecnológicos que se vuelven útiles para la humanidad. El terremoto que destruyó Lisboa en 1755 tuvo una enorme repercusión sobre el destino político, económico, social y cultural de Portugal. En el área científica, resultó en los primeros estudios modernos sobre el origen y la acción de los sismos y en la ingeniería antisísmica utilizada en la reconstrucción de la capital portuguesa. Todas las iniciativas quedaron al mando del secretario de Estado, Sebastião José de Carvalho e Melo, el futuro Marqués de Pombal, ostentador de poderes absolutos concedidos por el rey José I.

El terremoto de Lisboa ocurrió el 1° de noviembre, Día de Todos los Santos, poco después de las nueve y media de la mañana. Fueron dos o tres temblores precedidos por un fuerte estruendo en un lapso de aproximadamente siete minutos. Debido a que era un día de fiesta de guardar, buena parte de la población estaba en las iglesias o en sus hogares. En ambos lugares, las velas y los fogones encendidos provocaron un incendio de grandes proporciones inmediatamente después del temblor, cuando se derrumbaron casas, palacios, iglesias y edificios públicos. Aterrados, algunos sobrevivientes corrieron hacia las orillas del Tajo, el río que baña Lisboa, pero no tuvieron mejor suerte. Alrededor de 30 minutos después, un maremoto, con olas de entre seis y nueve metros, destruyó el puerto, inundó la parte baja de la ciudad y mató a muchos de los que escaparon de los desmoronamientos y del fuego.

RANDOLPH LANGENBACHNo se sabe la cantidad exacta de muertos. Las estimaciones, basadas en los cuantiosos relatos de la época, oscilan entre 10 mil y 30 mil personas. Tampoco se sabe cuál era la población lisboeta de aquel tiempo, tal vez alrededor de 200 mil habitantes. Lisboa no fue la única ciudad afectada. Hubo muertos y destrucción en otras localidades cercanas a la capital, en el sur do país, en las islas oceánicas, en España y en el norte de África. El epicentro se ubicó en el mar y actualmente se cree que habría tenido una intensidad de entre 8,5 y 9 grados en la escala Richter.

Carvalho e Melo asumió la tarea de la reconstrucción. La frase “cuidar a los vivos, enterrar a los muertos”, que él pronunció, significó el comienzo de la reacción al desastre. Al mismo tiempo, él quería entender que había sucedido y conocer sus razones. Se prepararon entonces 13 preguntas sobre el terremoto –no se sabe quién las elaboró–, que se les enviaron a todos los párrocos del país, que tenían la obligación de contestarlas. Las cuestiones eran sencillas: a qué hora empezó el temblor y cuánto tiempo duró; cuántas casas quedaron destruidas en el ámbito de cada feligresía; cuántas personas murieron en cada vivienda; cómo fue el maremoto (la altura de las olas, el flujo y el reflujo de la marea) y otras. “Las preguntas son muy directas, no tiene la superstición de la época, parecen las que haríamos en la actualidad”, dice Igor Pacca, investigador del Instituto de Astronomía, Geofísica y Ciencias Atmosféricas (IAG) de la Universidad de São Paulo (USP), quien estudió el terremoto de 1755. El célebre sismólogo francés Montessus de Ballore llegó a decir sobre la Averiguación del Marqués de Pombal, como se hizo conocido el documento, que “tiene un carácter verdaderamente científico, bastante extraño para la época”, y la consideraba el hito del nacimiento de la sismología moderna.

También en la reconstrucción de Lisboa hubo innovaciones. El ingeniero Manuel da Maia y los arquitectos Eugênio dos Santos y el húngaro Carlos Mardel, todos militares, terminaron de demoler la parte baja de la ciudad, usaron los escombros para nivelar el suelo, abrieron calles más anchas y construyeron edificios más bajos. Las nuevas construcciones emplearon la técnica de la jaula, con largueros y vigas de madera en diagonal, revestidas por muros de mampostería (vea la foto). La estructura dotaba de elasticidad al conjunto y les suministraba apoyo a los pisos superiores en caso de que la parte de mampostería se derrumbase. Esta técnica se usó hasta comienzos del siglo XX. “Fue una buena solución de la naciente ingeniería antisísmica”, dice Igor Pacca. Antes que los portugueses, los chinos, en el año 132 a.C., habían creado un ingenioso dispositivo ideado para descubrir la dirección de donde provenía el temblor: un ancestro del sismógrafo, desarrollado después de un gran terremoto acaecido en China.

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