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Ecología

El manatí amazónico “sabe” cuándo debe emigrar

Léo Ramos Chaves/ Fotografía tomada en el Acuario de São Paulo Durante la temporada de sequía, el mamífero abandona el lago Mamirauá y se traslada al AmanãLéo Ramos Chaves/ Fotografía tomada en el Acuario de São Paulo

Entre los meses de octubre y diciembre sobreviene la época de sequía en la región del curso medio del río Solimões, unos 600 kilómetros al oeste de Manaos, y las aguas del vecino lago Mamirauá bajan tanto que una de las especies más famosas que lo habitan, el manatí amazónico (Trichechus inunguis), a. Si bien en el primer lago hay más alimento disponible para este mamífero acuático que en el segundo, el arriesgado viaje, que puede demandarle tres días en una travesía de hasta 115 kilómetros, está plenamente justificado. El Mamirauá se encuentra ubicado en una zona de vega ‒una llanura aluvial‒ sujeta a crecientes y descensos. En tanto, el Amanã está en una región inundada permanente. Un estudio reciente sugiere que este manatí dispone de mecanismos biológicos de localización espacial que lo impulsan a iniciar esa migración forzosa en el momento ideal (Acta Amazónica, enero-marzo de 2017). “Parecen disponer de un mapa cognitivo de la región que actualizan ni bien desciende el nivel de las aguas”, comenta el ecólogo Eduardo Moraes Arraut, experto en monitoreo remoto del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe), autor del trabajo. Según Arraut, el manatí posterga al máximo su partida desde el Mamirauá, cuando las aguas del lago comienzan a bajar, con el objetivo de alimentarse lo más posible de las plantas acuáticas locales, que no se encuentran en el Amanã. De todos modos, normalmente el animal consigue realizar el viaje sin quedar atrapado en los tramos menos profundos de su recorrido, los denominados obstáculos migratorios. “Tal vez dispongan de algún sensor que detecte los cambios químicos que se producen en el agua durante la época de sequía”, aventura la oceanógrafa Miriam Marmontel, del Instituto Mamirauá. El estudio rastreó durante cuatro años los desplazamientos del manatí amazónico, recopilando 30 años de imágenes satelitales de la región y 14 años de información acerca del caudal de los ríos y lagos locales. Un dato preocupante fue la localización de un nuevo gollete migratorio, que se formó en los últimos 15 años, en un tramo del recorrido entre el Mamirauá y el Amanã. En épocas de sequía, ese tramo se seca casi por completo y dificulta el paso de los animales.

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