En la segunda quincena de julio, los responsables de 19,6 millones de familias pobres brasileñas pudieron acudir a una sucursal del banco público Caixa Econômica Federal, a una agencia de loterías o utilizar una aplicación de telefonía móvil para acceder a las prestaciones del programa Bolsa Familia, uno de los mayores sistemas de transferencia condicional de ingresos del mundo. Cada familia, compuesta por una media de 2,5 individuos, pudo recibir un importe promedio de 671,52 reales. Este monto corresponde a menos de 9 reales diarios por persona y es ligeramente superior al umbral de pobreza de los países más carenciadas del mundo, fijado por el Banco Mundial en 3 dólares diarios por persona (7,50 reales según la conversión por paridad de poder adquisitivo – PPA). En países con un nivel de ingresos mediano-alto, como Brasil, el umbral de pobreza se sitúa en 8,30 dólares (20,92 reales). Aun así, es este dinero el que ayuda a esas familias, casi siempre sostenidas por mujeres, a solventar los gastos en indumentaria, vivienda y alimentación.
El programa Bolsa Familia, creado en 2003, unificó programas sociales anteriores y contribuyó a reducir la proporción de personas que viven en condiciones de pobreza o indigencia en Brasil. Sus efectos, empero, se extienden a otras esferas de la vida. Estudios publicados en los últimos años comenzaron a medir el impacto del programa en los indicadores de salud y han registrado un descenso significativo del nacimiento de bebés prematuros, de la mortalidad infantil, de las tasas de infección e incluso de los problemas asociados a las drogodependencias.
En uno de los trabajos más recientes, publicado en mayo en la revista The Lancet Public Health, los estudiosos del tema analizaron el impacto del programa Bolsa Familia en lo concerniente a las hospitalizaciones y muertes en los 5.570 municipios de Brasil. Las cifras son impresionantes. De 2004 a 2019, el programa habría contribuido directamente a evitar 8,2 millones de internaciones en hospitales y 713.000 muertes en 3.671 de estos municipios (de los que se disponía de datos detallados). El total de hospitalizaciones evitadas corresponde al menos a un 70 % de las que se concretan anualmente en las unidades del Sistema Único de Salud (SUS, la red pública sanitaria nacional). Las vidas salvadas entre 2004 y 2019 equivalen a casi la mitad de los decesos registrados anualmente en Brasil.
Esta conclusión surge del análisis de los registros de nacimientos, defunciones y causas de decesos disponibles en los registros civiles de las ciudades y en las bases de datos del SUS entre el año 2000, antes de la puesta en marcha del programa Bolsa Familia, y 2019. Para calcular el impacto del programa, los investigadores tuvieron en cuenta la proporción de la población objetivo con cobertura, el valor promedio abonado por familia y la combinación de ambos factores. Los municipios se agruparon por rangos de cobertura: baja (hasta un 29,9 % de la población objetivo); mediana (del 30 % al 69,9 %); alta (del 70 % al 99,9 %), y consolidada, es decir, con todas las familias elegibles recibiendo el beneficio (en la actualidad, están habilitadas a inscribirse todas aquéllas cuyos ingresos individuales sean inferiores a 218 reales al mes). Esta información se utilizó para alimentar modelos estadísticos que tuvieron en cuenta los cambios demográficos, las mejoras en la situación socioeconómica y en el acceso al saneamiento básico y a la salud observado en el período, además de la existencia de programas sociales anteriores.
“Analizamos las tendencias de mortalidad y hospitalizaciones para verificar si los cambios se produjeron después de la implementación del programa o ya estaban sucediendo, y constatamos que el programa Bolsa Familia fue el factor más decisivo para la disminución de esos índices en el período”, relata la economista Daniella Cavalcanti, autora principal del artículo e investigadora del Instituto de Salud Colectiva de la Universidad Federal de Bahía (ISC-UFBA).
Entre 2004 y 2019, las hospitalizaciones disminuyeron un 31 % y la mortalidad un 25 %, en promedio. En el mismo período, la cobertura del programa aumentó: en 2004 beneficiaba al 50,7 % de las familias que vivían bajo el umbral de pobreza y, en 2019, al 99,3 %. En las ciudades con alta cobertura (más del 70 % de la población objetivo) y mayor transferencia de ingresos, la tasa de internación se redujo un 22,5 % y la de defunciones un 27,7 %. Estos efectos fueron más pronunciados en los extremos de edad. En estas localidades, la mortalidad disminuyó un tercio entre los niños menores de 5 años y las hospitalizaciones casi a la mitad entre los mayores de 70 años.
Los investigadores utilizaron la información recabada entre 2000 y 2022 en un modelo matemático para realizar predicciones de lo que puede ocurrir de aquí a 2030 imaginando tres escenarios: disminución de la cobertura, mantenimiento o expansión; en este último caso adquirirían derecho a participar las familias con ingresos per cápita inferiores a 754,50 reales (medio salario mínimo) y, como resultado de ello, se evitarían otros 8 millones de internaciones y 684.000 muertes.
Los efectos sobre la salud, según los expertos, no se explican solamente por el acceso a los ingresos monetarios. Los requisitos que impone el programa a quienes solicitan este beneficio ‒las condicionalidades‒ contribuyen a acercar a las personas al sistema público de salud (SUS) y también al sistema educativo. Las familias que reciben la prestación deben mantener a sus hijos de entre 6 y 17 años asistiendo a la escuela. Los niños menores de 7 años deben tener el calendario de vacunación al día y someterse a un seguimiento de su estado nutricional, que comprueba si su peso y estatura son los adecuados para su edad. En el caso de las mujeres embarazadas, estas deben someterse a un seguimiento prenatal. Quienes incumplen estas condiciones pueden dejar de recibir temporalmente los pagos o ser retirados del programa. En el mes de julio, 47.000 familias (el 0,24 % del total) tenían el beneficio suspendido y a 1,1 millones se les habían bloqueado los pagos (en su mayoría para efectuar una revisión del registro), según lo dio a conocer en un comunicado el Ministerio de Desarrollo y Asistencia Social, Familia y Combate contra el Hambre (MDS).
“En lo que va de este siglo, hemos sido testigos de importantes transformaciones en las condiciones de salud de la población brasileña, con una disminución significativa de los índices de enfermedades y defunciones y un aumento de la expectativa de vida. Sin lugar a dudas, la existencia del SUS ha desempeñado un papel fundamental en estas transformaciones, pero los programas sociales, al reducir la pobreza y la indigencia, cumplen un rol importante”, escribieron el epidemiólogo Maurício Lima Barreto y su equipo en un informe elaborado en marzo por el Centro de Integración de Datos y Conocimientos sobre la Salud de la Fundación Oswaldo Cruz (Cidacs-Fiocruz), en Bahía.
De circulación restringida, el documento al que Pesquisa FAPESP pudo acceder enumera varias repercusiones favorables del programa, especialmente en lo que concierne a la salud de las mujeres y los niños. Son resultados que se obtuvieron a partir del análisis de información referente a nacimientos, nutrición, enfermedades y defunciones de decenas de millones de brasileños, facilitadas por el MDS al Cidacs y descritos en 15 artículos científicos publicados en los últimos cinco años.
Los trabajos indican, por ejemplo, que el programa Bolsa Familia contribuyó a reducir hasta en un 31 % la mortalidad materna y en un 17 % el riesgo de muerte por cáncer de mama, según resultados publicados en 2024 y 2023 respectivamente en la revista JAMA Network Open. También se observó una disminución del 4 % en el riesgo de muerte por problemas cardiovasculares tanto en la población masculina como femenina y de un 31 % en la tasa de nacimientos de bebés extremadamente prematuros, que nacen antes de la 28ª semana de gestación. El programa también aparece asociado al descenso de casos y muertes por enfermedades infecciosas, como el VIH-sida y la tuberculosis, y a una reducción de las hospitalizaciones por problemas vinculados al alcoholismo y otras adicciones o trastornos psiquiátricos.
“Los impactos del programa trascendieron lo que habíamos previsto inicialmente”, comenta el médico y epidemiólogo Rômulo Paes de Sousa, coordinador del Centro de Estudios Estratégicos (CEE) de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz), en Río de Janeiro. Coautor del artículo publicado en The Lancet Public Health mencionado anteriormente, Paes de Sousa fue secretario de Análisis y Gestión de la Información del MDS entre 2004 y 2007, y uno de los responsables de diseñar e implementar el sistema de seguimiento y evaluación del programa Bolsa Familia. “Pese a no tener un enfoque explícito de género, el programa tuvo un impacto notable entre las mujeres”, resalta.
Entre los niños, el programa redujo el riesgo de presentar baja estatura, pero aumentó el de sobrepeso y obesidad. El riesgo de muerte entre los menores de 5 años de las familias beneficiarias fue al menos un 17 % menor que el de los que no reciben la asignación. La merma ascendió al 26 % entre los hijos de las mujeres negras, según un artículo publicado en 2021 en la revista PLOS Medicine.
A pesar de estos avances, hay aspectos que pueden mejorarse. Investigadores de la Universidad Estadual de Río de Janeiro (Uerj) y la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) evaluaron los indicadores de alimentación complementaria ‒incorporada a partir del 6º mes de vida‒ de casi 507.000 niños (el 44 % de las familias beneficiarias). Según los resultados, publicados en 2024 en la revista International Journal of Environmental Research and Public Health, la mayoría de los indicadores fueron peores en el primer grupo que en el segundo. En las familias beneficiarias de la prestación, la frecuencia de incorporación de alimentos complementarios a la lactancia entre el 6º y el 8º mes de vida fue menor, al igual que la cantidad de comidas. La alimentación en esos casos fue menos variada, con mayor consumo de alimentos ultraprocesados. “La frecuencia de las comidas y el consumo de alimentos con una consistencia adecuada, diversidad mínima y altos niveles de hierro fue aún más baja entre los menores de un año”, informa la nutricionista Andreia Andrade-Silva, autora principal del estudio. “La frecuencia de consumo de alimentos ultraprocesados fue elevada en ambos grupos, pero más alta entre los niños de las familias beneficiarias. Esto refleja la vulnerabilidad histórica de las familias más pobres”, explica la nutricionista y epidemióloga Maria Beatriz de Castro, de la UFRJ, coautora del artículo y directora de Andrade-Silva en su doctorado.
El impacto de la transferencia de ingresos sobre la salud de los niños no es exclusivo de Brasil. Un experimento realizado por investigadores del Reino Unido y de Estados Unidos con 10.000 familias de 653 poblados de Kenia, mostró que la distribución de recursos financieros, incluso sin condicionalidades, redujo la mortalidad infantil. La asignación de 1.000 dólares en un único pago condujo a una reducción de un 48 % de los decesos en el primer año de vida y de un 45 % en los acaecidos antes de los cinco años, según un artículo publicado en agosto en la recopilación NBER Working Papers. Según los autores, el efecto se disipó cuando se dejó de transferir el dinero.

Marcelo Camargo / Agência Brasil Las familias beneficiarias del programa deben garantizar que sus hijos de entre 6 y 17 años asistan a la escuelaMarcelo Camargo / Agência Brasil
El programa Bolsa Familia, inspirado en iniciativas de otros países como el pionero Programa de Educación, Salud y Alimentación, implementado por México, fue creado a través de la Medida Provisional nº 132, de octubre de 2003, convertida al año siguiente en la Ley nº 10.836. La primera tanda de asignaciones llegó a 1,15 millones de familias. Desde entonces, el programa tuvo un crecimiento inicial acelerado, años de estabilidad y, posteriormente, otra etapa de expansión. Su presupuesto se incrementó del 0,3 % del Producto Interno Bruto (PIB) en 2004 a aproximadamente el 1,5 % en 2024. En enero de 2023, alcanzó el récord de 21,9 millones de familias incluidas y comenzó una fase de lenta declinación. En julio de 2025, el nordeste era la región del país con la mayor cantidad de beneficiarios del programa, seguida por el sudeste en el segundo lugar.
El programa ha sido objeto de críticas por potencialmente incitar a la gente a conservar empleos informales para no perder los beneficios. Sin embargo, según datos del Registro General de Empleados y Desempleados (Caged, por su acrónimo en portugués) divulgados por el gobierno federal, los beneficiarios y exbeneficiarios ocuparon el 76 % de los 1,69 millones de puestos de trabajo formales creados en 2024 en el país. Una norma de protección, actualizada en julio, asegura que las familias con ingresos superiores a 218 reales per cápita, incluso si tienen empleo, continúen recibiendo la mitad del beneficio durante un año más, para ayudarlas en la transición.
El programa no deja de revestir retos. Uno de ellos es la dificultad de acceso a las prestaciones y a los instrumentos de educación y salud para cumplir con las condicionalidades en las zonas remotas del país. “Desafortunadamente, las desigualdades regionales son enormes en Brasil y existe lo que se denomina vacíos asistenciales, zonas alejadas de los servicios de atención primaria de la salud”, explica la epidemióloga Ethel Maciel, de la Universidad Federal de Espírito Santo (Ufes), quien integró el Ministerio de Salud hasta principios de 2025.
“El programa Bolsa Familia asegura el acceso a bienes básicos, pero es una respuesta individual, para cada familia. No aborda las causas estructurales de la pobreza”, recuerda el filósofo italiano Alessandro Pinzani, de la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC), coautor del libro Vozes do Bolsa Familia: Autonomia, dinheiro e cidadania (editorial de la Unesp, 2013). A su juicio, la modificación de estas causas implica, en las ciudades, hacer frente a la desigualdad y a la baja remuneración del trabajo manual, y en el campo, promover el acceso a la tierra. “Estas transformaciones”, dice, “son difíciles a corto plazo”.
Este artículo salió publicado con el título “Ingresos y salud” en la edición impresa n° 355 de septiembre de 2025.
Artículos científicos
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