Imprimir Republish

Educación

El rendimiento en análisis

La infraestructura y el presupuesto emergen en las investigaciones como factores importantes para la obtención de resultados positivos en los colegios militares y en las escuelas militarizadas

Luli Penna

Inspirándose en un modelo instaurado en la década de 1990, en Brasil se militarizaron más de 200 escuelas públicas en 2020, que en total suman unas 500 con esa modalidad, impulsadas por los resultados positivos obtenidos por los alumnos de los colegios militares, un tipo de institución que existe en el país desde el siglo XIX. Los estudios de casos y los análisis comparativos del rendimiento de los estudiantes, tanto en los colegios militares como en las escuelas militarizadas, denominadas cívico-militares, sugieren que el buen desempeño en estas instituciones se ve favorecido por factores tales como la realización de un proceso selectivo, el acceso a un presupuesto mayor, una mejor infraestructura, mayor cantidad de profesionales en su plantilla de personal y la inhibición de los problemas de seguridad en las inmediaciones.

El psicólogo Erasto Fortes Mendonça, de la Universidad de Brasilia (UnB), quien desde la década de 1980 viene desarrollando investigaciones en el área de las políticas educativas, resalta que en la educación básica existen diversos modelos de escuelas militares de enseñanza fundamental y media. El más conocido de todos agrupa a las escuelas vinculadas a las Fuerzas Armadas, a la Policía Militar (PM) o al Cuerpo de Bomberos (CB), como son las escuelas de las Fuerzas Armadas o los colegios militares de las Fuerzas Armadas (lea en el recuadro). “Son instituciones creadas para la formación de los jóvenes que están interesados en seguir la carrera militar”, explica, recordando que el primer colegio militar del país fue fundado en 1889 por el emperador Pedro II (1825-1891), en Río de Janeiro. A principios del siglo XX, dice el historiador Marcus Fernandes Marcusso, del Instituto Federal del Sur de Minas, en su campus de la localidad de Inconfidentes, los colegios militares, financiados con fondos federales del Ministerio de Guerra, estaban orientados a la educación de los hijos de los oficiales y de los “desvalidos”. “A partir de la década de 1930 empezaron a transformarse, ampliando su acceso a nuevos recursos, una tendencia que cobró impulso durante el régimen militar [1964-1985]”, informa Fernandes Marcusso, quien desde hace siete años viene desarrollando un estudio sobre la Escuela de Comando y del Estado Mayor del Ejército y su régimen de enseñanza. Hoy en día, según Fortes Mendonça, los colegios militares de Brasil admiten a sus alumnos por medio de rigurosos procesos de selección y ofrecen una estructura física y un cuerpo docente “altamente calificado”.

Otro perfil de institución abarca a las escuelas militarizadas o cívico-militares. La militarización incluye un conjunto de prácticas y conceptos que se adoptan en contextos donde el militarismo no es un punto de referencia, como en el caso de las escuelas públicas. En total, según el Censo de la Educación Básica de 2019 divulgado el año pasado, el país cuenta con 180.000 colegios públicos estaduales y municipales de educación básica. Por medio de convenios entre las secretarías de Educación y Seguridad Pública de distintos estados, ciertas instituciones pasaron al ámbito administrativo de la Policía Militar o del Cuerpo de Bomberos. “Merced a esos acuerdos, los oficiales se hacen responsables de la administración, la seguridad y la disciplina de los alumnos, mientras que los docentes y los coordinadores se ocupan de la parte pedagógica”, explica Fortes Mendonça. Según informa el investigador de la UnB, el modelo de colaboración varía según las distintas regiones del país, pero todas las escuelas, cuando se militarizan, reciben fondos adicionales de las secretarías de Educación o Seguridad Pública y suman nuevos profesionales para trabajar en el quehacer lectivo cotidiano.

GLOSARIO

Militarización
Adopción de un conjunto de prácticas y conceptos característicos del ámbito militar en contextos que no tienen al modelo castrense como referencia, como es el caso de las escuelas públicas

Escuelas de las fuerzas armadas
Conjunto de escuelas orientadas a la formación de cadetes

Escuelas del cuerpo de bomberos
Acogen a los hijos de los militares y también de civiles recurriendo a un proceso selectivo

Escuelas de la policía militar
Presentes en 23 estados, aceptan hijos de militares y también de civiles mediante un proceso selectivo

Colegios militares de las fuerzas armadas
Instituciones de educación básica para el personal militar y también para civiles, con proceso de admisión selectivo

Escuelas militarizadas
Escuelas civiles públicas que incorporan la gestión conjunta con la Policía Militar o con el Cuerpo de Bomberos

Instituciones militares de eduación superior
Instituciones administradas por las Fuerzas Armadas (Aeronáutica, Ejército y Marina), por las policías militares y por los cuerpos de bomberos de algunos estados brasileños. Forman oficiales de carrera en ciencias militares

De acuerdo con la información publicada en el sitio web del Ministerio de Educación (MEC), la militarización permitiría elevar la calidad de la enseñanza en la educación básica, a través de mejoras en el entorno y en el funcionamiento de las escuelas, adoptadas a partir del trabajo de los militares en la gestión administrativa, didáctico-pedagógica y educativa. En su página web, el ministerio también informa que hasta 2019, las tasas de deserción y de reprobados en las escuelas militarizadas eran un 71 % y un 37, 4 % menores, respectivamente, en comparación con el promedio en otras instituciones públicas. Para la elaboración de este reportaje se intentó el contacto con el MEC, pero hasta el cierre de la presente edición no había respondido al pedido de una entrevista para brindar mayores detalles sobre estas informaciones y en qué estudios se han basado para promover el modelo cívico-militar.

Al analizar los diferentes modelos adoptados por los estados brasileños para militarizar las escuelas públicas, la pedagoga Telma Pileggi Vinha, de la Universidad de Campinas (Unicamp), informa que, en Goiás, por ejemplo, estas instituciones son más comunes en los centros de las ciudades, y el director suele ser un oficial en servicio activo designado por el comandante de la Policía Militar o del Cuerpo de Bomberos. En tanto, en el Distrito Federal, donde las instituciones militarizadas se concentran en la periferia, el director pertenece al área educativa y los militares asumen responsabilidades de control de la disciplina interna. Según la pedagoga, en 2019 estaba previsto que en el Distrito Federal, cada escuela militarizada recibiera 200.000 reales más, que serían financiados por la Secretaría de Seguridad Pública, además de a unos 20 militares que forman parte de la reserva o tienen restricciones médicas para prestar servicio en lass calle y pasan a trabajar en la institución. Pileggi Vinha, quien desde 2018 desarrolla una investigación sobre los colegios militares y las escuelas cívico-militares como parte de las actividades del Grupo de Estudios e Investigaciones sobre Educación Moral (Gepem, por sus siglas en portugués), de la Unicamp, recuerda que los oficiales y los policías militares que trabajan en las escuelas militarizadas normalmente no tienen formación pedagógica, por lo que cuentan con escasa preparación para desempeñarse en el ámbito escolar. Según ella, los recursos adicionales, que a menudo cuentan con contrapartidas de las Secretarías de Educación, permiten, entre otras intervenciones, mejorar la infraestructura física de las instituciones, mediante la instalación de campos de deportes, bibliotecas y laboratorios.

“Los oficiales que están en la reserva o con licencia temporal pueden ser contratados para prestar servicio en las escuelas militares. Hemos verificado que muchos de los que fueron asignados a estas escuelas en el Distrito Federal estaban de baja temporal por problemas psicológicos, como depresión, por ejemplo”, dice la pedagoga Catarina de Almeida Santos, de la UnB. Los datos fueron recopilados a través de una solicitud de información del Observatorio de la Militarización, de la Comisión de Defensa de los Derechos Humanos, Ciudadanía, Ética y Decoro Parlamentario de la Legislatura del Distrito Federal, de la que De Almeida Santos es miembro. “Una de las premisas del proceso de militarización es que los oficiales asignados a las escuelas no deben sustraerse del grupo de efectivos necesarios para intervenir en las calles. Por eso, se moviliza a los oficiales de reserva o retirados”, dice la pedagoga, quien en 2019 desarrolló una investigación posdoctoral sobre el tema en la Unicamp.

Las primeras militarizaciones de las instituciones educativas públicas del país se produjeron a principios de la década de 1990, en los estados de Mato Grosso, Rondônia y Amazonas. En una tesina de maestría defendida en 2019 en la Universidad Federal de Goiás (UFG), Eduardo Junio Ferreira Santos identificó a 240 escuelas públicas brasileñas que fueron militarizadas entre 1990 y 2019, 155 de ellas estaduales y 85 municipales. En octubre de 2020, el estado de Paraná transformó más de 200 colegios públicos estaduales en escuelas cívico-militares. Según Pileggi Vinha, el proceso de expansión de las escuelas militarizadas cobró aliento y visibilidad con el Programa Nacional de Escuelas Cívico-Militares del gobierno federal, lanzado en septiembre de 2019 y cuya meta es militarizar 216 escuelas públicas de enseñanza media y fundamental para 2023, con inversiones anuales de 54 millones de reales.

Las familias que aprueban el modelo militarizado creen que los problemas de aprendizaje pueden solucionarse aumentando la disciplina

Además de la presencia de los oficiales en la vida cotidiana de las escuelas y del aumento de las inversiones, la militarización prevé la inclusión de rituales y también clases de cultura militar. Un ejemplo de ello es la asignatura Saludos y Muestras de Respeto, conocida como CSR (por sus siglas en portugués). En esta materia, los estudiantes aprenden canciones, himnos, marchas y desfiles militares. “Los alumnos también deben llevar diferentes modelos de uniformes, en función de las actividades escolares que realicen. Los modelos y los costos varían para cada estado o municipio, pero, según un sondeo realizado en 2018 con una empresa responsable de la provisión de los uniformes, estos pueden alcanzar un valor total de 1.500 reales, en el caso del estado de Piauí”, explica Pileggi Vinha, quien comenta que en el Distrito Federal la propia escuela proporciona los uniformes, mientras que en algunos estados como Roraima y Goiás, su adquisición corre por cuenta de la familia, lo que dificulta el acceso de los alumnos con un bajo nivel socioeconómico a estas instituciones.

Los resultados de estudios recientes muestran que el rendimiento de los alumnos de los colegios militares, es decir, de las instituciones creadas para formar a los jóvenes interesados en seguir carreras militares, es superior al de los matriculados en las escuelas públicas comunes. “Mientras que el promedio del Índice de Desarrollo de la Educación Básica (IDEB) de 2017 en los últimos años de la enseñanza fundamental de las escuelas públicas fue de 4,1, en los colegios militares fue de 6,5”, compara Pileggi Vinha.

Un estudio que llevaron a cabo investigadores de la Universidad Federal de Ceará (UFC) en 2016 y cuyos resultados fueron publicados el año pasado, analizó los datos del Sistema Permanente de Evaluación de la Educación Básica del estado, comparando el rendimiento de los estudiantes de las escuelas públicas regulares con el de los alumnos matriculados en dos colegios militares de Fortaleza (Ceará). “Notamos una diferencia de rendimiento entre los alumnos que cursaron el segundo ciclo de la enseñanza fundamental en escuelas militares, en comparación con el promedio registrado para otros de escuelas regulares matriculados en el mismo ciclo”, relata la economista Alesandra de Araújo Benevides, de la UFC, campus de Sobral, una de las autoras del estudio. Según la integrante del Laboratorio de Análisis de Datos y Economía de la Educación (EducLab) de la institución, la investigación demostró que los alumnos de las escuelas militares adquieren el equivalente a un año y medio más de conocimientos en matemática, por ejemplo, en comparación con los estudiantes que cursan en instituciones civiles.

Luli Penna

“Hay varios factores extraescolares convergentes que explican ese rendimiento superior, tales como las características familiares y el propio proceso de selección establecido por las escuelas militares, que pueden generar un sesgo en el rendimiento”, asevera. Según la economista, las instituciones militares evaluadas obtienen mejores calificaciones porque realizan un proceso de selección desde el principio de la enseñanza fundamental, de modo tal que solo consiguen matricularse los alumnos con un buen rendimiento escolar. De acuerdo con la investigadora, en esas escuelas el ausentismo docente es raro, lo que garantiza la continuidad del proceso de enseñanza. Además, la presencia de los militares desalienta la venta de drogas y los problemas de seguridad en los alrededores.

Pileggi Vinha recuerda que, según datos del Instituto Nacional de Estudios e Investigaciones Educativas Anísio Teixeira (INEP) del Ministerio de Educación, el costo por alumno en las escuelas públicas arroja un promedio de 6.000 reales al año, mientras que en las escuelas militares el mismo es de 19.000 reales. “Estos elementos nos permiten plantear la hipótesis de que las instituciones militares gozan del privilegio de contar con más recursos económicos, profesionales y estructurales, lo que repercute positivamente en el rendimiento de sus estudiantes”, sostiene.

En 2005, la Escuela de Aplicación de la Universidad Estatal de Goiás (UEG) pasó a ser gestionada por la Secretaría de Seguridad Pública del Estado. En una investigación científica al respecto de ese proceso, la socióloga Mirza Seabra Toschi, docente de la propia institución y docente jubilada de la Universidad Federal de Goiás (UFG), detectó que parte de las mejoras que se observaron en la infraestructura de la escuela eran resultado de la contribución mensual “no obligatoria, pero fuertemente incentivada” de unos 130 reales por alumno, que se recauda a través de la Asociación de Padres y Docentes, que les entregan a las familias una cartilla de pagos. “Otro factor que contribuye a los resultados positivos son las características socioeconómicas de las familias que matriculan a sus hijos en este tipo de instituciones y que, por lo general, son de clase media o alta”, afirma.

Luli PennaPileggi Vinha, de la Unicamp, menciona un estudio de 2017 realizado por investigadores de la UFC que identificó que, de las 59 escuelas públicas militarizadas de la red educativa estadual de Goiás, 36 involucraban a familias de nivel socioeconómico alto o muy alto: mientras que en las escuelas públicas del estado, el 76 % de las familias eran beneficiarias del programa de asistencia social Bolsa Familia, en las militarizadas ese porcentaje era del 19 %. Y mientras que en las escuelas públicas el 21 % de las madres eran analfabetas o tenían estudios primarios incompletos, la cifra equivalente en las escuelas militarizadas era del 3 %, según la investigadora. Los alumnos que no se adaptan a las normas o registran un rendimiento negativo son derivados a otras instituciones. “En Goiás, el 20 % de los alumnos cambiaron de escuela durante el proceso de militarización”, dice, sin olvidar que las instituciones militarizadas no atienden a alumnos con necesidades especiales ni ofrecen educación a jóvenes y adultos (EJA), destinada a quienes no tuvieron acceso a la escuela a una edad apropiada.

Datos similares aparecieron en la investigación posdoctoral de De Ameida Santos, de la UnB, quien durante un año analizó los documentos normativos, reglamentos y manuales operativos de las instituciones militarizadas del Distrito Federal. Según ella, los datos del Observatorio de la Militarización Escolar, creado en 2019 por la Comisión de Derechos Humanos de la Legislatura del DF para dar seguimiento al tema, recepcionar denuncias e identificar problemas de gestión, revelan que un 23 % de los alumnos cambian de colegio durante el proceso de militarización a causa de un desempeño irregular o debido a dificultades para adaptarse a las normas. “Esas instituciones excluyen los problemas de su rutina diaria”, sostiene.

Pileggi Vinha recuerda que los principales instrumentos legales que orientan la educación brasileña, tales como la Ley de Directrices y Bases (LDB), la Base Curricular Nacional Común (BNCC), el Plan Nacional de Educación (PNE) y el Estatuto del Niño y del Adolescente (ECA), preconizan que la educación debe promover la formación de individuos autónomos y críticos. Según ella, países que son referencia en educación en el Programa Internacional de Evaluación de Alumnos (Pisa), entre ellos, Singapur, Finlandia, Hong Kong y Canadá, transitan en la dirección opuesta a lo que el modelo militar propone para Brasil. “Las escuelas privadas más prestigiosas del país, como es el caso de Bandeirantes y Santa Cruz, de São Paulo, por ejemplo, trabajan con un modelo educativo basado en el desarrollo de habilidades socioemocionales, autonomía, participación, confianza y diálogo”, compara. Para Pileggi Vinha, las familias que aprueban el modelo militarizado buscan una escuela capaz de impartir una enseñanza de calidad y disciplinar a los alumnos, apostando a que los problemas de aprendizaje se resuelvan aumentando el rigor y la disciplina.

“La militarización surge como respuesta a situaciones en las que los valores democráticos y los recursos disciplinarios de la escuela pública no fueron suficientes para evitar situaciones de inseguridad, indisciplina, desinterés y bajo rendimiento de los alumnos”, comenta la investigadora. Esto, según ella, avala la tesis errónea que sostiene que dejarle la disciplina y la administración a la policía les permite a los docentes centrarse en el aspecto pedagógico y mejorarlo. Según Pileggi Vinha, las normas de este tipo de instituciones incluyen el establecimiento de reglas estrictas sobre cómo vestirse y comportarse, no estando permitido, por ejemplo, el uso de bermudas o llevar el cabello suelto. “En muchas escuelas, los policías portan armas”.

En un estudio sobre la militarización de las escuelas públicas de Bahía, la pedagoga Eliana Póvoas Pereira Estrela Brito, de la Universidad Federal del Sur de Bahía (UFSB), detectó que la militarización, al poner en ejercicio el poder disciplinario que ejerce la policía dentro de la escuela, acaba disminuyendo la indisciplina y la violencia en la vida cotidiana de la escuela. “El poder de la policía hace que los alumnos sean obedientes en la escuela, pero para garantizar el desarrollo de individuos pacíficos se necesita invertir en políticas de bienestar y seguridad y no un mero acuartelamiento de las instituciones educativas”, plantea. En Bahía, la militarización suele producirse en lugares considerados de riesgo social, con altos índices de violencia y narcotráfico, informa Brito. “En la investigación, seguí el proceso de militarización, en 2019, de una escuela en la localidad de Santa Cruz Cabrália. Cuando salían de la institución, y sabían que ya no eran vigilados, algunos niños abandonaban rápidamente el comportamiento disciplinado que adoptaban en el aula y empezaban a molestarse y a pelearse con sus compañeros”, recuerda.

Para Fernandes Marcusso, del Instituto Federal del Sur de Minas, la militarización representa un intento de introducir las normativas de la educación militar en las escuelas públicas. “La educación militar exige disciplina porque está destinada a formar individuos que, al final, tendrán que comandar destacamentos en las guerras. Bajo la doctrina militar, es necesario seguir las reglas sin cuestionarlas. Pero la capacitación de un oficial para la guerra es una cosa muy distinta a educar a un ciudadano”, compara. Con un argumento similar, Silvio Gallo, de la Facultad de Educación de la Unicamp, reconoce el derecho de las familias a elegir inscribir a sus hijos en las escuelas militares, instituciones religiosas o en la enseñanza media técnica, “No obstante, lo más adecuado sería crear una red paralela y no invertir recursos extraordinarios para militarizar las escuelas públicas regulares”, sostiene.

Artículos científicos
BENEVIDES, A. A. y SOARES, R. B. Diferencial de desempenho de alunos das escolas militares: O caso das escolas públicas do Ceará. Nova Economia. v. 30, n. 1, p. 317-43. 2020.
BENEVIDES, A. A. y SOARES, R. B. Diferencial de desempenho das escolas militares: Bons alunos ou boa escola? Encontros Universitários da UFC. v. 2. 2017.
BRITO, E. P. P. E. y REZENDE, M. P. Disciplinando a vida, a começar pela escola: A militarização das escolas públicas do estado da Bahia. Revista Brasileira de Política e Administração da Educação. v. 35, n. 3. 2019.
VINHA, T. et.al. A educação para o desenvolvimento da autonomia e a militarização das escolas públicas: Uma análise da psicologia moral. Caderno Flacso sobre convivência e violências nas escolas. En prensa.

Republish