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Cientometría

Escritos a muchas manos

Un estudio detecta un aumento de la cantidad de artículos científicos firmados por más de mil autores durante la última década

Durante los últimos años ha aumentado la cantidad de publicaciones científicas firmadas por más de mil autores, un fenómeno al cual se lo conoce como hiperautoría. Esta es la conclusión a la que se arribó en un informe en el cual se analizaron 15,7 millones de artículos de diversas áreas del conocimiento publicados en periódicos indexados en la base Web of Science entre 2009 y 2018. En dicho estudio, que fue divulgado en el mes de diciembre pasado por el Institute for Scientific Information (ISI), un servicio de bases bibliométricas de la empresa Clarivate Analytics, se identificaron 1.315 trabajos difundidos entre 2013 y 2018 cuyas listas de autores tenían más de mil nombres cada una, frente a 573 registrados entre 2009 y 2013. Esos artículos involucraban a científicos de instituciones de más de 100 países. También se observó una cantidad creciente de lo que se denominan “artículos multiautorales”, que son aquellos con más de 10 autores pertenecientes a instituciones de más de cinco países.

A juicio de Martin Szomszor, jefe de análisis de investigación del ISI y uno de los autores del informe, la multiplicación de autores refleja un cambio en la naturaleza de la investigación científica, hoy en día cada vez más global y colaborativa en diversos campos. “Muchos de esos trabajos están asociados a temas complejos, que demandan inversiones en equipamientos, recabados de datos, procesamiento analítico y grandes equipos de expertos distribuidos en varios países”, le confió a Pesquisa FAPESP. “El investigador solitario se está tornando un modelo cada vez menos viable para las grandes innovaciones científicas”.

Los artículos con muchos coautores de varias nacionalidades ya constituyen una realidad desde hace cierto tiempo en campos tales como la física de partículas. Incluso esa área fue la que registró mayor cantidad de artículos en hiperautoría según consta en el informe del ISI. Esto se debe, sobre todo, a grandes proyectos colaborativos, como los que se llevaron a cabo en el Gran Colisionador de Hadrones (LHC, según su sigla en inglés), el acelerador de partículas de la Organización Europea para la Investigación Nuclear (CERN), instalado en la frontera francosuiza. En 2015, por ejemplo, un artículo publicado por el equipo del Atlas y del CMS, dos de los instrumentos principales del LHC, en referencia al bosón de Higgs en la revista Physical Review Letters, estaba firmado por 5.153 autores pertenecientes a más de 500 instituciones distribuidas por todo el mundo, Brasil inclusive. Ese trabajo batió el récord del mayor número de colaboradores en un único artículo científico. La hiperautoría también es un fenómeno relativamente común en el campo de la biología molecular y genética, según se resalta en el informe (vea la tabla). Uno de los casos más conocidos es el de un estudio firmado por 1.014 coautores que salió publicado en la revista Genes Genome Genetics describiendo la secuenciación del genoma de la mosca de la fruta (Drosophila melanogaster).

Según Szomszor, los datos de los últimos cinco años sugieren un número creciente de estudios con esas características también en otras áreas del conocimiento, tal como es el caso de la epidemiología global y de las ciencias espaciales, “acaso porque esas áreas están asociadas a algunos de los temas más urgentes y complejos del siglo XXI, como el calentamiento global”. Y también menciona un estudio que salió publicado en 2017 en la revista The Lancet en el cual se analizan tendencias mundiales en el índice de masa corporal, que llevaba la firma de más de mil autores de más de 100 países. “Se trata del tipo de investigación en que los datos globales son necesarios”, explica. Según el biólogo João Carlos Nabout, científico de la Universidad del Estado de Goiás (UEG), quien estudia modelos de autoría en el área de las ciencias biológicas en Brasil, esta tendencia de artículos con muchos coautores de un montón de países tiene potencial para tornarse más intensa en los próximos años, “a medida que más grupos de investigadores de áreas diferentes de todo el mundo se aventuren en trabajos colaborativos multidisciplinarios relacionados con temas complejos”.

La instauración de amplias redes internacionales de colaboración cobró vigor a partir de la década de 2000, y se intensificó todavía más en la década siguiente. Entre 2009 y 2013, por ejemplo, solamente un artículo firmado por investigadores de más de 60 países fue catalogado en la base Web of Science. Sin embargo, entre 2014 y 2018, esa cantidad subió a 49, de los cuales las dos terceras partes tenían autores de más de 80 naciones. La combinación de muchos autores de varios países, más allá de que representan un modelo complejo de autoría que difiere de los trabajos académicos más tradicionales, en algunos casos parece guardar relación con el aumento del índice de citas. Según el científico de la computación Jesús Mena-Chalco, docente de la Universidad Federal del ABC (UFABC), esto puede estar relacionado con el hecho de que esos estudios suelen publicarse en revistas de alto impacto con gran visibilidad en la comunidad científica internacional.

El investigador estudia el fenómeno de la hiperautoría desde hace algún tiempo en Brasil. En un estudio reciente realizado con base en 849.805 artículos publicados entre 1999 y 2018 por 14.870 doctores becarios de productividad del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq), disponibles en la Plataforma Lattes, Mena-Chalco y su equipo identificaron 1.605 artículos con mil o más autores, todos en el área de la física. “Los datos para Brasil están en sintonía con la tendencia mundial registrada en el informe del ISI”, afirma.

Un estudio identificó 1.315 trabajos con más de mil autores publicados entre 2013 y 2018

Hay otros factores que podrían estar implicados en el avance de los artículos multi o hiperautorales. “Es posible que, en algunas áreas, este fenómeno esté motivado por hábitos culturales, tales como la inclusión de varios investigadores sénior en los resultados de las investigaciones”, dice la bióloga Jacqueline Leta, del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), experta en cientometría, un área que se dedica a estudiar los aspectos cuantitativos de la ciencia y de la producción científica basándose en indicadores bibliométricos. Una explicación adicional, según Szomszor, del ISI, sería una mayor inserción de determinados países, especialmente los del hemisferio sur, en las redes internacionales de investigación. Este es el caso de Chile. El país sudamericano se destacó en el informe del ISI por haber participado en colaboraciones internacionales durante el período analizado. Según Leta, es posible que esto esté relacionado con los experimentos que se llevan a cabo en la red de radiotelescopios del Atacama Large Millimiter/ Submillimiter Array (ALMA), ubicada en la localidad de San Pedro de Atacama, uno de los mayores enclaves de observación astronómica del mundo.

El informe divulgado por el ISI señala tendencias, pero se necesita cautela al considerar sus conclusiones. La inmensa mayoría de los artículos evaluados –casi el 95% del total– aún están firmados por 10 autores o menos. Eso significa que la literatura científica todavía está dominada por grupos menores. En esos casos, no es la cantidad de coautores lo que suele colaborar para elevar el impacto de esas publicaciones, sino el hecho de que las mismas sean fruto de colaboraciones internacionales. Un estudio llevado a cabo por el físico Carlos Henrique de Brito Cruz, director científico de la FAPESP, con artículos firmados por hasta 10 autores publicados en periódicos indexados en la base Web of Science entre 2015 y 2017, verificó que la cantidad de citas de los artículos brasileños tiende a aumentar cuando están producidos en colaboración con científicos de otros países. El impacto de esos trabajos también puede variar significativamente según cuál sea el país con el que se está colaborando. Por ejemplo, el impacto de los estudios brasileños con hasta 10 coautores entre los cuales figuren investigadores del Reino Unido, puede ser hasta dos veces mayor que el de estudios con coautores argentinos (vea el gráfico).

La cooperación que comprende a grupos restringidos de autores ofrece otras ventajas. Según Samile Andréa Vanz, docente de la Facultad de Biblioteconomía de la Universidad de Rio Grande do Sul (UFRGS), la coordinación de los trabajos con hasta 10 autores tiende a ser más fácil. “Los investigadores implicados suelen conocerse de antemano, lo cual contribuye a generar un vínculo de confianza basado en la experiencia y en la capacidad de análisis de cada uno”, resalta la investigadora. Este tipo de grupos también suele sacar más provecho de las nuevas tecnologías de la comunicación. En una lista de colaboradores cuyo número es limitado, es más fácil lograr promover encuentros virtuales para debatir el curso de las actividades de las cuales cada uno se hizo responsable.

Vanz trabaja en un proyecto de investigación que se propone evaluar hasta qué punto los artículos que involucran a colaboradores de diversos países pueden influir en la ubicación de las universidades pequeñas en los rankings universitarios internacionales. “Nuestros estudios preliminares sugieren que las colaboraciones internacionales influyen en el puesto ocupado por las universidades nóveles, pequeñas y sin tradición de investigación en esas clasificaciones, de manera tal que, al basarse exclusivamente en la cantidad de citas, los rankings pueden generar distorsiones bibliométricas que deben tenerse en cuenta”.

Leta, de la UFRJ, remarca incluso que la coautoría es solamente uno de los criterios para evaluar los niveles de cooperación científica y existen dudas acerca de si esa métrica es la más adecuada. “Resulta cada vez más difícil conocer el papel que cumplió cada autor en un artículo firmado por varias personas”, comenta. “La autoría conjunta no siempre significa que hubo cooperación. Hay casos en los cuales el investigador agregó el nombre de colegas para retribuirles favores o para facilitar la aceptación del artículo por una revista determinada”. Existe un profundo debate en el ámbito académico acerca de los criterios que deben tenerse en cuenta para la definición de la autoría. “La inclusión del nombre en un artículo implica responsabilidades para el aludido. Esto significa certificar su integridad y estar apto para defenderla públicamente”, dice Nabout, de la UEG. “La inclusión como coautor de un artículo presupondría una participación de importancia en su realización”.

Algunos investigadores, entre los cuales están Vanz y Mena-Chalco, sostienen que en la lista de coautores solamente deberían figurar los responsables de algún paso clave en el estudio, es decir, una idea original, hipótesis o interpretaciones teóricas, más allá del científico que propuso el proyecto original. La lista, por otra parte, debería excluir a aquellos que participaron solamente en una parte mínima de la investigación o que incluso no son investigadores, tal como es el caso de los técnicos, asistentes y otros colaboradores.

Si bien estas recomendaciones son aceptadas por algunos grupos de investigación, las mismas siguen alimentando debates. “Muchas revistas están exigiéndole al autor que adose al manuscrito un informe especificando la participación en el trabajo de cada coautor”, dice Mena-Chalco. “Incluso se analiza que en el caso de los artículos resultantes de grandes proyectos, con miles de autores de varios países, conste solamente el nombre del consorcio en el ámbito del cual fue elaborado el trabajo”. Esta sugerencia genera nuevas discusiones, que involucran no solo la cuestión de la integridad científica sino también los métodos de evaluación de los organismos de fiscalización y a los rankings académicos para calificar a los investigadores y a sus instituciones.

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