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Perfil

Espacio a la vista

Una ingeniera brasileña forma parte de un simulacro de una misión espacial y podrá convertirse en la primera astronauta nacional

Nunes en el Despacho de las Naciones Unidas para Asuntos del Espacio Exterior (UNOOSA), en Viena

Archivo personal

La ingeniera aeroespacial Ana Paula de Castro Nunes, de 27 años, graduada en la Universidad de Brasilia (UnB), trabaja para transformarse en la primera astronauta brasileña. Ella fue seleccionada para participar en un programa de la Agencia Espacial Europea (ESA) junto a otros cinco integrantes de diferentes nacionalidades. En el mes de diciembre, la investigadora pasó dos semanas en una misión simulada en la zona de las laderas del volcán Mauna Loa, en Hawái, Estados Unidos.

“Esa zona está configurada por un tipo de terreno bastante similar a las formaciones más jóvenes de la Luna y de Marte, pues se trata de un suelo volcánico, con escasísima presencia de especies animales y un entorno desprovisto de vegetación”, describe. Esta fue la segunda edición del proyecto EuroMoonMars IMA Hi-Seas, que también utiliza ese lugar como base de entrenamiento de los astronautas de la NASA, la agencia espacial estadounidense. Antes de partir hacia el área de aislamiento en Hawái, la ingeniera participó en varios workshops sobre la exploración de la Luna y de Marte en el European Space Research and Technology Centre (Estec), ubicado en la ciudad de Noordwijk, en Holanda. Durante el evento, De Castro Nunes debatió con expertos al respecto de las actividades programadas para la misión y tuvo la oportunidad de convivir con el resto de los integrantes del proyecto. “Como son personas de países distintos, tales como Austria, Alemania, Holanda y Estados Unidos, también aprovechamos para describir personalmente las tareas a cargo de cada participante”, comenta. El grupo, compuesto por un varón y cinco mujeres, reúne a jóvenes con diferentes áreas de formación, tales como arquitectura espacial, astrobiología, geología, astronomía, física y medicina.

Pese a prever actividades e investigaciones específicas para cada uno de sus integrantes, la misión tuvo como tema principal la exploración de cuevas de origen volcánico, los denominados tubos de lava, que los científicos consideran adecuados para la instalación de hábitats futuros. “En el caso de que tengamos la oportunidad de ocupar suelos extraterrestres, por ejemplo, esa sería una de las posibilidades de residencia”, explica. Otras investigaciones que llevó a cabo el equipo estudiaron la arquitectura y el confort del hábitat, la influencia de los colores en los tripulantes en condiciones de confinamiento y los efectos de la radiación sobre los alimentos producidos fuera de la atmósfera terrestre. “También está la rutina de reparaciones de los dispositivos, el montaje y utilización de drones y del rover, el vehículo de exploración topográfica”.

Junto con el desafío de vivenciar la realidad de un astronauta estuvo el compromiso de solventar la mitad de los gastos previstos para su participación en la misión. La otra mitad fue costeada por la ESA. “Fueron necesarios 16 mil reales que se destinaron a la compra de los pasajes, alimentos, seguro de vida y ropas especiales, tales como botas para desplazarse en suelo volcánico”. Para reunir ese monto, la ingeniera buscó patrocinadores y realizó una campaña virtual de financiación colectiva.

En 2018, De Castro Nunes también fue una de las tres primeras mujeres seleccionadas por la Agencia Espacial Brasileña para el Master Program on Space Technology Applications (Masta), en la Beihang University, en Pekín, China, donde cursa una maestría en el área del derecho espacial.

Para formar parte de una misión oficial, la futura astronauta deberá postularse para una vacante en las agencias espaciales, transitar un entrenamiento intensivo y, probablemente, deberá contar con ayuda económica del gobierno brasileño. “Cada institución dispone de reglas propias y los costos varían de acuerdo con la misión que se realice”, concluye.

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