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Necrológica

Exploradora de los espacios curvos

La matemática iraní Maryam Mirzakhani, primera mujer que ganó la Medalla Fields, fallece a los 40 años y deja un legado original

Maryam Mirzakhani produjo contribuciones sobre la dinámica y la geometría de superficies complejas. Al lado, anotaciones de la investigadora

Universidad de Stanford

La Medalla Fields, que se entrega cada cuatro años, es un reconocimiento al trabajo de hasta cuatro matemáticos con un  máximo de 40 años de edad que hayan realizado contribuciones excepcionales para la disciplina. En las primeras 17 ediciones del premio, entre 1936 y 2010, la Unión Internacional de Matemática (IMU) otorgó 51 medallas, todas ellas a varones, en lo que representa una evidencia de que la primacía masculina en esa área del conocimiento puede ser abrumadora en los niveles más competitivos de la carrera. La rutina fue rota por primera vez en 2014, cuando Maryam Mirzakhani, una iraní radicada en Estados Unidos y profesora en la Universidad de Stanford, se convirtió en la primera mujer galardonada con el premio.

La matemática iraní, responsable de realizar contribuciones originales al respecto de la dinámica y la geometría de superficies complejas, quien fuera descrita como una personalidad tranquila y con enorme ambición intelectual, quedó sorprendida por el premio. Ella ignoró el primer aviso de la IMU que le informaba del otorgamiento de la medalla, porque creyó que el correo electrónico sería una broma. Cuando se lo comunicaron oficialmente por teléfono, tuvo que exponer un problema particular. Víctima de cáncer de mama, ella se recuperaba de un ciclo de sesiones de quimioterapia. No tenía la certeza de poder asistir a la ceremonia ni tampoco si se sentiría con ánimo de enfrentar el asedio de la prensa. Pero ella se presentó. Un cordón de protección formado por amigas la resguardó del acoso en la ceremonia solemne que se llevó a cabo en Seúl, Corea del Sur, el día 13 de agosto de 2014. Treinta y cinco meses después, Maryam Mirzakhani falleció en un hospital de Estados Unidos, el 14 de julio, como consecuencia de una metástasis del cáncer, que le afectó la médula ósea. Tenía 40 años de edad.

La iraní fue definida como la “maestra de los espacios curvos” por el canadiense Manjul Bhargava, de la Universidad Princeton, quien también ganó la Medalla Fields en 2014. “Todos saben que la menor distancia entre dos puntos de una superficie plana es una recta, pero si la superficie fuera curva –por ejemplo, la de una pelota o la de una rosquilla– la distancia más corta será un trayecto curvo, lo cual puede tornarse complicado. Ella probó muchos teoremas sorprendentes sobre estos caminos más cortos en superficies curvas, denominados geodésicas”, explicó él a la revista The New Yorker.

Bhargava y Mirzakhani nunca fueron compañeros de investigación, empero, en una conjunción graciosa, resolvieron juntos un problema combinatorio sencillo. Luego de recibir las medallas en Seúl, advirtieron que la organización había ignorado el hecho de que el nombre de cada ganador había sido grabado en el premio. Bhargava recibió la medalla que pertenecía al británico Martin Hairer, quien a su vez, recibió la de Mirzakhani, quien se llevó la de Artur Ávila, el primer brasileño en conquistar el premio (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 223). Ávila ostentaba la medalla de Bhargava. El ambiente festivo dificultaba la tarea de reunir a los cuatro en un mismo lugar. Entre carcajadas, Bhargava y Mirzakhani debatieron acerca de cuál sería la forma más rápida para que cada dupla se encontrara e intercambiase las medallas.

Maryam Mirzakhani, graduada en Matemática en la Universidad Tecnológica de Sharif, en Teherán, se trasladó a Estados Unidos para realizar un doctorado en Harvard y trabajaba en Stanford desde 2009. En la casa en la cual convivía junto a su marido, el cientista de la computación checo Jan Vondrák, y su hija, Anahyta, que hoy tiene 6 años, ella acostumbraba usar el piso para escribir en enormes paños de papel, en las cuales esbozaba ideas, fórmulas y diagramas de superficies hiperbólicas, superficies abstractas con formas  similares a rosquillas, con uno o más orificios, en las cuales las distancias y los ángulos se miden de acuerdo con un cierto conjunto de ecuaciones. En algunas superficies hiperbólicas, la distancia más corta entre dos puntos puede ser una geodésica larga, mientras que en otras, puede ser un tramo corto, tal como el círculo de una esfera.

Su tesis doctoral, que versa justamente sobre esos segmentos en superficies de geometría hiperbólica, fue definida como un aporte altamente original. “Es el tipo de matemática que uno reconoce inmediatamente como algo que quedará impreso en un manual”, declaró el matemático Alex Eskin, de la Universidad de Chicago a la revista Quanta. Eskin, Mirzakhani y el matemático Amir Mohammadi, de la Universidad de California, en San Diego, trabajaron juntos en un proyecto sobre la dinámica de superficies abstractas relacionadas con las mesas de billar que culminó con la solución del denominado “teorema de la varita mágica”, al respecto de espacios enteros compuestos por superficies hiperbólicas.

Talentos excepcionales
Mirzakhani nació y se crió en Irán. En la enseñanza fundamental, uno de sus profesores le desaconsejó dedicarse a la matemática, diciéndole que ella no poseía un talento particular para esa disciplina. Pero ella cursó la educación media en una escuela para señoritas en Teherán administrada por la Organización Nacional para el Desarrollo de Talentos Excepcionales del país. En 1995, a los 18 años, se hizo acreedora a una medalla de oro en la 36ª Olimpíada Internacional de Matemática, realizada en Toronto, Canadá. Tres días después de su muerte, Maryam Mirzakhani fue  homenajeada en la apertura de la 58ª edición de la Olimpíada, llevada a cabo en Río de Janeiro. La disparidad de género en la matemática, un problema que el ejemplo de Mirzakhani buscaba combatir, también fue una de las preocupaciones del evento, que premió por primera vez con un trofeo a las cinco muchachas que más contribuyeron para el éxito de sus equipos. De los 623 alumnos de enseñanza media de 112 países que intervinieron en la olimpíada, tan sólo 65 eran chicas. Entre los representantes de Brasil, sólo había varones.

Según Marcelo Viana, director del Instituto de Matemática Pura y Aplicada (Impa), la presión cultural que rechaza a las mujeres de la matemática es férrea y se basa en la falsa idea de que ellas tendrían una propensión natural por algunas áreas del conocimiento, como por ejemplo las ciencias humanas, en detrimento de otros campos más áridos o abstractos del conocimiento. “Eso es una tontería que se perpetúa. Debemos actuar considerando que es posible revertir ese panorama a mediano y largo plazo”, sostiene. “Si los ejemplos de inspiración son escasos, las mujeres terminan creyendo que la matemática no es para ellas, alimentando un círculo vicioso”.

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