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Genética

Grasa que se convierte en músculo

Las células madre restituyen la fuerza a ratones con distrofia en pruebas de laboratorio

eduardo cesar e natássia vieiraCon sus patas delanteras asidas a un tendedero en miniatura, el ratón iza su cuerpo hasta que las traseras también sujetan el alambre, evitando así la caída. El pequeño acróbata es la más reciente esperanza del grupo de la genetista Mayana Zats, del Centro de Estudios del Genoma Humano de la Universidad de São Paulo (USP) -uno de los Centros de Investigación, Innovación y Difusión financiados por la FAPESP-, para combatir la distrofia muscular, una enfermedad genética que afecta a uno de cada dos mil brasileños. La distrofia muscular, que aun no tiene cura, ocasiona la degeneración progresiva de los músculos desde la infancia, llevando a la pérdida de los movimientos y a la dependencia de aparatos para auxiliar la respiración.

En los últimos años, el equipo de Mayana ha experimentado con diferentes tipos de células madre, extraídas de la grasa descartada en las lipoaspiraciones, de los dientes de leche y del cordón umbilical, con modelos animales que desarrollan problemas similares a la distrofia muscular humana.

En el caso del ratón acróbata, las células madre de grasa humana hicieron honor a su versatilidad y se transformaron en músculos. El equipo de la USP utilizó 21 ratones, divididos en tres grupos. Uno de ellos recibió células madre indiferenciadas, que no fueron manipuladas luego de ser extraídas del cuerpo humano. En el segundo grupo se inyectaron células algo más maduras, tratadas en laboratorio para transformarse en células musculares. El tercer grupo no recibió tratamiento y sirvió a modo de comparación entre los otros dos.

El resultado fue sorprendente. La mejoría más notable se dio en los animales tratados con las células indiferenciadas, según los datos publicados en la revista Stem Cells. “Parece que las células se desarrollan mejor en el organismo que en el laboratorio”, comenta Mayana.

Incluso alguien que no es científico puede notar los efectos del tratamiento. Los ratones del grupo de control (no tratados) permanecieron alrededor de un minuto colgados del alambre antes de caer. Los que recibieron la inyección de células madre obtuvieron mejores resultados en el test -estos animales presentaron un aumento promedio del 15% en su fuerza muscular.

Existen reservas, sin embargo, en cuanto al hecho de utilizar ratones como modelo para investigar la distrofia muscular humana. Las mutaciones en el gen productor de distrofina, la proteína responsable de la mayor parte de los casos de enfermedad en los seres humanos, no causan una debilidad visible en los roedores. Por eso el equipo de la USP utilizó en las pruebas ratones con distrofia muscular causada por deficiencia en la producción de la proteína disferlina, que provoca en los animales los síntomas más visibles de la enfermedad humana. La mejoría no fue sólo clínica: “Las células madre humanas se transformaron en músculo y pasaron a producir todas las proteínas musculares, inclusive la disferlina y la distrofina”, comenta la genetista Natássia Vieira, autora principal del trabajo. Es un indicio de que las proteínas humanas cumplen su función también en otros mamíferos.

El equipo de Mayana intenta superar las restricciones para los estudios con ratones trabajando, en colaboración con el grupo de Maria Angélica Miglino, de la Facultad de Medicina Veterinaria de la USP, con perros de la raza Golden retriever. Esos animales presentan signos de distrofia similares a los de los niños que investiga el Centro de Estudios del Genoma Humano. Pero no todo es perfecto: los perros ocupan más espacio, necesitan mayores raciones de alimento y no se reproducen tan rápidamente como los roedores, motivo por el cual el trabajo con ellos es más lento.

El avance más reciente en el tratamiento de los canes se encuentra disponible en el sitio Web del Journal of Translational Medicine. Encabezado por la genetista Irina Kerkis, del Instituto Butantan, y por el veterinario Carlos Ambrosio, de la USP, el grupo comparó los efectos de dos formas distintas de aplicación de células madre: directamente en el músculo o en el torrente sanguíneo. Irina y Ambrosio aplicaron inyecciones de células madre extraídas de dientes de leche humanos en cuatro cachorros de Golden Retriever -dos machos y dos hembras- y constataron que las células inyectadas en la sangre poseen mayores posibilidades de incorporarse al músculo del animal afectado.

Mayana aún no festeja el resultado. De los cuatro animales tratados, sólo un macho sigue vivo y sano, luego de dar por finalizado el estudio. “Puede seguir vivo sólo porque es pariente de Ringo”, reflexiona la genetista, refiriéndose al perro que a los cinco años de edad no presenta síntomas a pesar de que genéticamente porta la enfermedad. Descubrir el porqué puede hacer la diferencia en la lucha contra la distrofia muscular.

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