
Léo Ramos Chaves/Revista Pesquisa FAPESPLa investigadora falleció a los 92 años y fue sepultada en el patio de su casa, en São Raimundo Nonato (Piauí)Léo Ramos Chaves/Revista Pesquisa FAPESP
“Salgo después de la inauguración del museo. Vuelvo a Francia, pero no sé adónde. Me gustan las ciudades pequeñas, hermosas. Tengo derecho a descansar. Reivindicaré mi derecho a no hacer nada. Yo empecé a trabajar a los 18 años”. Estas frases pertenecen a la arqueóloga brasileña Niède Guidon, y las dijo en una entrevista que le concedió a Pesquisa FAPESP, publicada en octubre de 2018. El Museo de la Naturaleza, la institución a la que se refiere la investigadora paulista, se inauguró a finales de ese año en el Parque Nacional Serra da Capivara, en la región sudeste del estado de Piauí, tal y como estaba previsto. Pero la tranquila jubilación en un rincón apacible de Europa, una idea que sus amigos decían que era solo de la boca para afuera, nunca llegó a materializarse.
Pese a que su salud se había debilitado en los últimos años, Guidon no cambió el sertón de Piauí por Francia, en donde cursó parte de sus estudios académicos y vivió por espacio de dos décadas. El 4 de junio, a los 92 años, sufrió un infarto en su hogar de São Raimundo Nonato y falleció. Fue sepultada en el patio de su casa, situada junto a la sede de la Fundación Museo del Hombre Americano (Fumdham). La entidad fue fundada en 1986 para colaborar en los trabajos de gestión y preservación del parque, un territorio de casi 130.000 hectáreas creado en 1979, con fauna y vegetación típicas del bioma brasileño de la Caatinga, un matorral xerófilo con el clima característico del semiárido del nordeste del país. Con más de 1.200 sitios arqueológicos repletos de pinturas rupestres, el parque fue incorporado en 1991 a la lista de lugares considerados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Y se convirtió en un lugar de investigación científica, de preservación de la naturaleza, de difusión de la cultura de la región y, dada la belleza y la abundancia de las pinturas rupestres, en un importante punto turístico.
“Niède Guidon fue una figura fundamental de la arqueología brasileña. Dedicó su vida a la investigación, a la formación académica de cuadros de excelencia y al afianzamiento de las políticas concernientes al patrimonio de Brasil, desafiando paradigmas y enfrentándose con valentía a las convenciones establecidas”, comenta la arqueóloga Adriana Schmidt Dias, de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (UFRGS). “Sus proyectos de investigación en Piauí abrieron nuevos caminos para la arqueología del poblamiento mundial”.
Hija de madre brasileña y padre francés, nació en el municipio de Jaú, en el interior del estado de São Paulo. En 1959 egresó de la Universidad de São Paulo (USP) como licenciada en historia natural, una antigua carrera que aunaba conocimientos en las áreas de biología y geología. Durante un breve lapso trabajó como docente de la Secretaría de Educación del Estado de São Paulo y, entre 1961 y 1962, cursó una especialización en arqueología prehistórica en la Universidad París I Panteón-Sorbona, en Francia. Poco después ingresó al Museo Paulista, que en 1963 fue anexado a la USP.
La idea era hacer carrera en Brasil, donde la arqueología aún estaba en mantillas. Pero tras el golpe militar de 1964, tuvo que cambiar de planes. Valiéndose de su doble nacionalidad y de sus contactos en París, emigró presurosamente a Francia. A pesar de no haber participado en grupos de izquierda, Guidon había sido denunciada por un militar por supuestas actividades subversivas. “Tuve que salir rápidamente del país”, recordó en una entrevista concedida en 2013 cuando ganó el Premio Conrado Wessel en la categoría Cultura. “Tuve incluso que abandonar un apartamento montado en São Paulo”.
En Francia siguió una carrera académica. Trabajó con el arqueólogo y etnólogo André Leroi-Gourhan (1911-1986), creador en 1962 de la cátedra de prehistoria en el Museo del Hombre, en París. En 1975 obtuvo el doctorado en la Sorbona. Por entonces, la arqueóloga tuvo su primer contacto con las pinturas rupestres de Serra da Capivara, que infundirían un nuevo rumbo a su vida y sus investigaciones. En 1973, como investigadora del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS) de París, Guidon se sumó a la primera misión franco-brasileña que buscaba vestigios del humano más antiguo de América. Por entonces trabajaba como asistente de la arqueóloga francesa Annette Laming-Emperaire (1917-1977).

Léo Ramos Chaves/Revista Pesquisa FAPESPArte rupestre en uno de los sitios arqueológicos de Serra da CapivaraLéo Ramos Chaves/Revista Pesquisa FAPESP
La región de Piauí no formaba parte del itinerario de Laming-Emperaire, cuyo interés en Brasil se centraba en la zona de Lagoa Santa, en las afueras de Belo Horizonte [Minas Gerais], donde existían importantes yacimientos arqueológicos. Como Guidon no estaba interesada en tratar de descubrir el ser humano más antiguo de América, llegó a un acuerdo con la directora de la misión. Ella organizaría la expedición a Lagoa Santa siempre y cuando le permitiera visitar Serra da Capivara para conocer el arte rupestre del semiárido del nordeste. El trato fue aceptado y, en su primer viaje a São Raimundo Nonato, Guidon descubrió 55 sitios arqueológicos con pinturas rupestres prehistóricas.
La gran profusión de estos hallazgos la impulsaron a dedicarle tiempo y trabajo a la región. Como tenía empleo en Francia, comenzó haciendo excavaciones en Serra da Capivara durante sus vacaciones. Sus estadías fueron haciéndose cada vez más frecuentes y prolongadas tras la inauguración del parque y la creación de la Fumdham. En 1993 se instaló definitivamente en la región. Dirigió la fundación hasta 2019, cuando pasó a ser presidenta emérita.
Durante más de medio siglo de intensa actividad en la zona de Serra da Capivara, luchando contra la escasez crónica de fondos e incluso con amenazas físicas a su persona de quienes no veían con buenos ojos su intervención en la región, Guidon, por decirlo de alguna manera, puso a los sitios arqueológicos de Piauí en el mapa de la arqueología brasileña y americana. Nadie pone en duda la importancia sin igual de su esfuerzo en aras de la preservación y la valorización del área del parque, de sus yacimientos arqueológicos y paleontológicos, de la cultura de la región y de sus habitantes.
“Más allá de las tareas de preservación del parque, la Fumdham creó dos museos en la zona [el de la Naturaleza y el Museo del Hombre Americano, más antiguo], estimuló las investigaciones e impulsó a la Universidad Federal de Vale do São Francisco a implementar una carrera de grado y el posgrado en arqueología en São Raimundo Nonato”, comenta el arqueólogo Eduardo Góes Neves, director del Museo de Arqueología y Etnología (MAE) de la USP. “Ella nunca dejó de difundir también la arqueología entre un público más amplio, estimulando incluso el turismo en la región, algo a lo que no todos los investigadores se dedican”.
Parte del trabajo científico de Guidon fue (y sigue siendo) objeto de controversia entre sus colegas. En los artículos que publicó a lo largo de su carrera, llegó a atribuir la llegada del hombre moderno a la región de São Raimundo Nonato a un período comprendido hace entre 50.000 y 100.000 años. “Trabajos posteriores en Serra da Capivara confirmaron la existencia de yacimientos arqueológicos con más de 20.000 años, pero sigue estando en duda si hubo ocupaciones humanas más antiguas”, dice Góes Neves.
En el caso de Serra da Capivara, los huesos humanos más antiguos encontrados datan de hace unos 10.000 años. Las pistas citadas por Guidon y sus colaboradores a favor de la hipótesis que plantea una ocupación humana del continente mucho más remota son de carácter indirecto, menos contundentes, e incluyen hogueras, pinturas y utensilios de piedra tallada que habrían sido fruto de manos hábiles. El debate forma parte del quehacer científico. Gracias a la preservación de los sitios arqueológicos del sertón de Piauí, las ideas de la arqueóloga podrán confirmarse o refutarse con nuevos estudios que se lleven a cabo con el abundante material hallado en la zona.
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