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COMUNICACIÓN CIENTÍFICA

Idioma a la baja

Un estudio da cuenta de una merma de la cantidad de artículos científicos escritos en portugués en Brasil

Nastco / Getty Images

Los científicos brasileños están utilizando cada vez menos el portugués para comunicar los resultados de sus investigaciones, optando por publicarlas en inglés, en un intento por aumentar su visibilidad y alcance internacional. Esta conclusión surge del análisis de miles de artículos científicos de diversos campos del conocimiento publicados por autores de 34 países de América Latina y el Caribe en revistas indexadas en las bases de datos Web of Science (WoS) y SciELO, entre 2002 y 2020. El informe, que fue dado a conocer a finales de 2021 por el Institute for Scientific Information (ISI), el servicio de bases bibliométricas de la empresa Clarivate Analytics, constató que el conjunto de los artículos en idioma inglés publicados en revistas indexadas en la base WoS viene creciendo ininterrumpidamente desde 2002 –tal como se esperaba–, mientras que, en el mismo período, el número de trabajos escritos en portugués se mantuvo estancado en niveles bajos. “El sistema de investigación científica ha avanzado mucho en Brasil a partir de la década de 2000, merced a un fuerte apoyo gubernamental y un enfoque en áreas innovadoras”, le dijo Jonathan Adams, científico en jefe del ISI, a Pesquisa FAPESP. “Hoy en día hay menos recursos públicos para la ciencia en el país, pero muchos investigadores han seguido trabajando con colaboradores del exterior, cuyos resultados, naturalmente, se publican en inglés”.

El cambio principal se ha observado en el ámbito de la biblioteca SciELO, creada por la FAPESP en 1997, que actualmente agrupa a casi 300 revistas nacionales y otras mil internacionales de acceso abierto. La biblioteca nació en Brasil, pero su modelo ha sido adoptado en varios países (la mayoría de habla española), que hoy integran la red SciELO. Tras haber registrado un crecimiento continuo entre 2002 y 2010, la cantidad de obras en portugués comenzó a descender y, en 2020, llegó al nivel más bajo en más de una década (véase el gráfico). “No es una novedad que el inglés es el idioma preponderante en la ciencia y esto se hace cada vez más evidente en los artículos que se producen en Brasil”, dice Leandro Lopes de Faria, del Departamento de Ciencia de la Información de la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar).

Alexandre Affonso

La diferencia entre lo que se observa en las dos bases de datos tiene que ver, en parte, con el perfil de cada una de ellas: en WoS, la producción brasileña se desdibuja en medio de un conjunto de revistas de todo el mundo, mientras que, en SciELO, que aglutina a muchas revistas de Brasil, hay una concentración mayor de papers de autores nacionales. “Es natural que en WoS se verifique cierta disminución o estancamiento de las publicaciones en portugués, ya que su cobertura es más global”, comenta el odontólogo Sigmar de Mello Rode, presidente de la Asociación Brasileña de Editores Científicos (Abec).

En el caso de SciELO, el cambio en el perfil de la producción científica nacional no fue algo ocasional. Según Abel Packer, coordinador general de la biblioteca, es el resultado de una modificación de las directrices para la admisión y permanencia de las publicaciones en la biblioteca virtual. “En 2015, empezamos a exigirles a las revistas que integraban nuestra colección una serie de medidas tendientes a elevar la visibilidad y el impacto internacional de sus artículos”, relata. Una de ellas preveía la ampliación del volumen de trabajos en inglés (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 227). Las directrices establecidas en ese entonces dieron resultado: el 77 % de los artículos indexados en la SciELO en 2021 se publicó en inglés. “En 2014, ese porcentaje era de un 57 %”, destaca Packer. Los requisitos también preveían la internacionalización del cuerpo editorial de las revistas. La idea era que, a partir de 2016, al menos un 35 % de sus editores y revisores proviniese de filiación extranjera. “La mayoría de nuestras publicaciones han cumplido con las exigencias mínimas”.

Los datos de un informe sobre la diversidad lingüística en la ciencia divulgados en 2021 por la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) corroboran esa tendencia. La investigación, realizada en colaboración con el Real Instituto Elcano, de España, promovió consultas institucionales y entrevistas con los coordinadores de las redes y repositorios científicos de los países iberoamericanos. También analizó datos de la WoS, y se constató que, en 2020, el 84 % de los científicos de la región publicó sus trabajos en inglés. Como contrapartida, tan solo un 3 % de los científicos portugueses optó por el portugués, al igual que un 12 % de los brasileños. En España, el 13 % de los investigadores decidió publicar en español. En México, el porcentaje fue de un 12 % y en Chile, de un 16 %, mientras que en Argentina, Colombia y Perú rondaba el 20 %.

El aumento del número de artículos publicados en inglés ha modificado la inserción de Brasil en el contexto global de la producción científica. El índice de colaboración internacional del país alcanzó un 40 % en 2021. No obstante, Brasil sigue siendo uno de los países de América Latina y el Caribe con menos colaboraciones internacionales, a pesar de ser el mayor productor de ciencia de la región. El informe del ISI estima que, en Chile, aproximadamente el 67 % de los artículos nacionales contó con un coautor extranjero en los últimos cinco años. “Pero Chile es una excepción, dada su participación en la red de radiotelescopios del Atacama Large Millimiter/Submillimiter Array [Alma], ubicados en San Pedro de Atacama, uno de los sitios de observación astronómica más importantes del mundo”, resalta Adams.

La tendencia creciente en los países no anglófonos de estimular a sus científicos para que publiquen en inglés se basa en la expectativa de que sus producciones puedan llegar a un público más vasto. Las revistas de mayor prestigio, que reciben más citas, son las escritas en inglés: la cantidad de citas es el principal indicador utilizado para medir la visibilidad de un estudio científico. En Brasil, este esfuerzo forma parte de una política de internacionalización de la producción científica nacional que desde hace algunos años viene siendo promovida por las agencias estaduales y federales de financiación de la investigación científica. Un ejemplo de esto es el Sistema Qualis, empleado por la Coordinación de Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior (Capes) para clasificar a las revistas en las que los programas de posgrado divulgan su producción científica. Luego de una reformulación en 2009, esta herramienta pasó a otorgar aún más valor a las revistas internacionales de alto impacto. “Todo el sistema nacional de evaluación de la producción científica está estructurado bajo una lógica que, directa o indirectamente, estimula y valora la publicación en idioma inglés”, subraya Claudio França, bibliotecario de la Biblioteca Central de la Universidad Federal de Espírito Santo (Ufes), estudioso del tema.

Parece haber consenso en que los artículos escritos en inglés obtienen más citas que los redactados en otros idiomas, si bien que, factores tales como la cantidad y la diversidad regional de los coautores y, naturalmente, la originalidad del contenido, inciden decisivamente en el rendimiento de los trabajos. Una de las evidencias más recientes en este sentido surgió de un estudio publicado en 2017 en la revista Ambio. Los autores del trabajo analizaron 1.328 artículos de las revistas indexadas en la base de datos Scopus, de la editorial Elsevier, y verificaron que el 66,3 % de los trabajos en inglés tuvo al menos una cita; para los artículos en otras lenguas el porcentaje fue de un 53,7 %.

Alexandre Affonso

La experiencia reciente de SciELO confirma esta relación. Según Packer, las medidas que se adoptaron en 2015 mejoraron el desempeño de las revistas nacionales. Ese fue el caso de la Revista Brasileira de Ciência do Solo, cuyo factor de impacto (FI) entre 2016 y 2020 aumentó de 0,609 a 1,683. El FI pondera el número de citas recibidas por el conjunto de artículos de cada periódico publicados en el bienio previo. Por su parte, Ciência & Saúde Coletiva ha visto como su FI saltó de 0,780 en 2016 a 1,336 en 2020. De igual manera, el de la Revista Brasileira de Política Internacional pasó de 0,298 en 2016 a 1,114 en 2020. “A grandes rasgos, en ese mismo período, el porcentaje de revistas de SciELO con un FI mayor que 1 aumentó de un 26 % a un 62 %, y aquellas cuyo coeficiente era mayor que 2, de un 3 % a un 16 %”, dice Packer.

Otras implicaciones asociadas al uso de este idioma en los procesos de comunicación científica aún han sido poco discutidas. La redacción de un artículo en lengua inglesa suele implicar un aumento en la carga laboral de los científicos. Muchos de ellos no dominan la redacción en inglés ni disponen de recursos para contratar traductores familiarizados con el lenguaje de los artículos académicos. Incluso quienes pueden pagarlo tienen dificultades para hallar profesionales con nivel alto de inglés académico y conocimiento del contenido específico y las convenciones retóricas características de los artículos científicos”, escribió Mary Jane Curry, investigadora de la Universidad de Rochester (EE. UU.), en un artículo publicado en la revista Inside Higher Ed.

La profesora Kyria Finardi, docente del Departamento de Lenguas, Cultura y Educación e investigadora del Programa de Posgrado en Educación de la Ufes, reconoce que la publicación en inglés ayuda a aumentar la visibilidad y el impacto de la ciencia brasileña. Sin embargo, subraya que esta estrategia puede acarrear la invisibilidad y desvalorización de los conocimientos que tienen impacto regional, cuya publicación no halla cabida en las revistas internacionales. “Además, en disciplinas tales como lingüística, letras, artes, humanidades y ciencias sociales aplicadas, muchos de los estudios versan sobre cuestiones propias de las realidades locales y regionales, cuyo público objetivo está compuesto por individuos que no necesariamente dominan el idioma inglés”, comenta. La bióloga Jacqueline Leta, del Instituto de Bioquímica Médica de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), recuerda también que la ciencia maneja términos y conceptos ampliamente compartidos por la comunidad científica, independientemente del idioma. “No obstante, esto no podemos generalizarlo a todos los campos”, dice. “Muchas investigaciones aluden a aspectos tan específicos de la cultura local que solamente la lengua nativa puede contemplarlos de manera adecuada”. Otro riesgo potencial reside en que los científicos brasileños cambien el alcance de sus investigaciones “para privilegiar los temas de mayor interés de la comunidad científica internacional, en detrimento de otros temas con impacto regional o bien, propios de las comunidades locales”, añade França.

Según Finardi, las políticas institucionales que estimulan la publicación en inglés hacen que los investigadores prefieran establecer colaboraciones con las naciones del hemisferio norte, particularmente con Estados Unidos y las de Europa Occidental. “Saben que tendrán más chances de publicar en revistas de alto impacto y obtener más citas si firman trabajos en coautoría con investigadores de esos países”. El informe del ISI constató que la colaboración regional entre los países de América Latina y el Caribe se ha desarrollado a un ritmo lento, habiendo crecido desde un 2 % en 1981 hasta solamente un 3,3 % en 2020. “Este dato nos sorprendió”, dice Jonathan Adams, del ISI. “La cooperación regional actual es un factor importante para el desarrollo científico en Asia y Oriente Medio, de modo que este tema deberá incluirse en la agenda de las naciones latinoamericanas si es que pretenden impulsar sus sistemas de ciencia y educación y sacar provecho de una economía global basada en el conocimiento”.

Leandro Faria, de la UFSCar, sostiene que la publicación científica en inglés es fundamental en una estrategia centrada en elevar la visibilidad y el impacto de la ciencia brasileña. “El número estimado de angloparlantes supera los mil millones”, destaca. “Si Brasil pretende mostrarle al mundo su capacidad de producción de conocimiento científico de calidad, debe hacerlo en inglés, aunque esto no significa que tengamos que abolir las publicaciones en portugués”.

Algunos estudiosos del tema propugnan un cambio en las políticas de evaluación de la producción científica nacional, sin que ello suponga un costo para la internacionalización de la ciencia. “Hay que reconocer la importancia de los artículos en portugués en campos tradicionalmente centrados en temas específicos de Brasil, que sin embargo no deben compararse con el impacto de los artículos en inglés en revistas internacionales”, dice Faria. “Una posible estrategia consistiría en publicar todo o algunos contenidos tanto en inglés como en portugués, pero esto implica costos adicionales”, sugiere Leta. En su opinión, esta sería una forma de que el país no quede completamente rehén de un idioma que, en el futuro, podría llegar a perder su preponderancia en la ciencia, como ya ha ocurrido con el latín, el francés y el alemán en otras épocas. Hay una cantidad creciente de las revistas del grupo SciELO que está haciendo eso. “Hace 10 años, el 17 % de las revistas publicaba más de un 20 % de los artículos en formato bilingüe. En 2021, este porcentaje ya era de un 25 %”, dice Packer.

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