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Buenas prácticas

Inspección cuidadosa para rastrear adulteraciones

El periódico científico The Journal of Clinical adoptó una exigencia en 2012 para mejorar la calidad de los artículos científicos que publica. Los investigadores que envían sus papers también deben proveer los datos brutos producidos en sus experimentos, tales como las imágenes sin editar de las pruebas de biología molecular. El propósito de esta medida consistía en permitirles a los editores de la revista comprobar si había duplicación de imágenes o supresión de detalles para así prevenir la publicación de correcciones. Más adelante, en 2016, la revista comenzó a elaborar un peritaje de la solidez de los análisis estadísticos de cada artículo recibido, para evitar igualmente la publicación de errores o de resultados sesgados.

En un editorial publicado en el mes de marzo, los editores Corinne Williams, Arturo Casadevall y Sarah Jackson presentaron un balance de ese trabajo. Analizaron 200 papers recibidos entre julio de 2018 y febrero de 2019 y que, dada su originalidad, muy probablemente serían aceptados para publicarlos. Y corroboraron que una porción significativa de ellos presentaba problemas: un 28,5% tenían inconsistencias estadísticas, un 21% anomalías en las imágenes de biología molecular, y un 27,5% alteraciones en otras imágenes. Los manuscritos fueron devueltos a sus autores, que se aprestaron a corregir los errores. Según el análisis del periódico, la mayoría de los problemas no eran intencionales y revestían una importancia menor. Algunos de los artículos contenían más de un desliz. Cuatro de ellos ostentaban anomalías en las tres dimensiones: estadísticas, imágenes de biología molecular y otras imágenes. En al menos dos de los manuscritos, la adulteración de las imágenes no parecía ser accidental. Se convocó a sus autores para que expliquen lo que había ocurrido y, como su justificación no resultó satisfactoria, se rechazó la publicación de los papers. La revista advirtió a las instituciones que esos autores estaban vinculados a evidencias de adulteración.

Según el trío de editores, los inconvenientes con las imágenes habían pasado desapercibidos en la evaluación por pares realizada por sus “excelentes revisores” y solo pudo detectarse gracias a la inspección de un miembro del equipo editorial “con una mirada aguzada y excelentes habilidades para el reconocimiento de patrones”. La mayoría de los autores, dicen ellos, quedarían sorprendidos si supieran que aún no existe una herramienta automática capaz de rastrear con eficiencia todas las imágenes de un paper en busca de anomalías o adulteraciones. “Reconocemos que nuestros métodos de rastreo no son perfectos y están sujetos a errores humanos. Por ahora, no nos hemos enterado de que ninguno de los artículos recibidos durante el período de rastreo haya tenido problemas luego de su publicación”, enunciaron.

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