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Internacionalización

Interés en la diversidad

Un grupo de la Unesp de la localidad de Rio Claro se erige en referencia para biólogos extranjeros

El laboratorio del zoólogo Célio Fernando Baptista Haddad, docente del Instituto de Biociencias de Rio Claro de la Universidad Estadual Paulista (Unesp), se ha convertido en una referencia para los investigadores de distintas nacionalidades interesados en participar en estudios sobre la biodiversidad brasileña. En los últimos tiempos, llegaron a él estudiantes e investigadores de Estados Unidos, Alemania, Argentina y Portugal, sólo por citar algunos ejemplos. “Mi red de colaboradores internacionales empezó a crecer después de pasar un período sabático en la Universidad de California, Berkeley, en 1997”, dice Haddad, quien es miembro de la coordinación del Programa Biota-FAPESP.

“Como país megadiverso, Brasil es una plataforma de investigación importante. Y mi grupo se ha convertido en un interlocutor para varios investigadores extranjeros. Yo prácticamente no me he dado el trabajo de buscarlos, pues mucha gente me consulta”, afirma.

La trayectoria académica de Haddad lo acreditó para entablar estas colaboraciones. El foco principal de su investigación son los anuros, orden de animales que incluye a los sapos y las ranas, cuya taxonomía y comportamiento sirvieron de tema para una extensa producción académica, que ya reúne más de 100 trabajos en revistas indexadas, con 1.675 citas asociadas. Su colección científica, la tercera de Brasil en volumen, cuenta con alrededor de 30 mil ejemplares y 700 especies de anfibios. Él mismo ha descrito más de 30 especies de sapos y ranas, más cantidad de las que existen en Canadá.

El bosque atlántico alberga una gran abundancia de anuros de los más diversos tamaños, colores y voces. Esta diversidad comprende a su vez decenas de estrategias reproductivas, ciclos de vida, composiciones químicas y estados de conservación. Para estudiar tamaña inmensidad, Haddad trabaja con estudiantes y colaboradores, que en conjunto procuran develar la riqueza natural de la selva brasileña. El investigador y su equipo produjeron un CD con muestras del canto de 70 especies de sapos y ranas del bosque atlántico. En 2006, Haddad tomó parte en una iniciativa internacional que alteró la clasificación de los anfibios: el Amphibian tree of life, publicado en 2006 en el boletín del Museo Americano de Historia Natural. “Había otro grupo, que contaba con el apoyo del NSF norteamericano, que había sido contratado para hacer este trabajo, pero nosotros lo publicamos antes, con el apoyo de la Nasa” dice Haddad.

Hasta hace poco, Célio Haddad trabajaba en su laboratorio con dos investigadores extranjeros que obtuvieron ayudas en el marco del programa Jóvenes Investigadores de Centros Emergentes de la FAPESP: el argentino Julián Faivovich y el portugués João Alexandrino. Ambos estuvieron en Rio Claro durante alrededor de cuatro años, y siguen estando vinculados al programa de posgrado de la Unesp dirigiendo a estudiantes, pero trabajan en otras instituciones. Alexandrino concursó y se convirtió en profesor de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp), campus de Diadema, en tanto que Faivovich regresó a Argentina como investigador del Museo Argentino de Ciencias Naturales Bernardino Rivadavia. “El programa Jóvenes Investigadores es sumamente importante, pues amplió nuestra capacidad de incorporar talentos de afuera”, dice Haddad. Lanzado en 1995, este programa apunta a estimular la independencia y la maduración de doctores en aquella fase de la carrera en que se enfrentan percances, tales como la falta de vínculo laboral y las dificultades materiales para liderar proyectos robustos. En el marco de este programa, un recién doctor con un currículum vítae excelente y capacidad probada para crear un nuevo grupo de investigación en un centro emergente puede percibir una ayuda que asciende a un valor significativo para su proyecto, y en caso de que no tenga vínculo laboral con la institución en la cual desarrolla sus actividades, también una beca de una duración máxima de cuatro años, además de una suma anual destinada al financiamiento de viajes para participar en eventos y actividades de intercambio con centros en el exterior.

Filogeografía
Entre 2001 y 2004, João Alexandrino había hecho pasantías de posdoctorado en la Universidad de California, Berkeley. “En California me sugirieron que me viniese a Brasil, en donde podría desarrollar un trabajo original, y que lo contactase a Célio Haddad”, dice Alexandrino, cuya especialidad es la filogeografía, el estudio geográfico de la diversidad genética, que permite inferir la historia de las poblaciones en el tiempo y en el espacio. “Había en ese tiempo pocos trabajos que involucrasen el uso herramientas moleculares en estudios sobre la diversificación de la biodiversidad”, afirma. A Haddad le interesó el perfil del biólogo portugués y vio en el interés del investigador la oportunidad de reforzar su grupo en ese campo del conocimiento. Alexandrino fue a Rio Claro a estudiar patrones filogeográficos de seis especies de anuros que tienen amplia expresión en el bosque atlántico. Pasó el primer año con una beca de la Unión Europea y obtuvo en 2005 el apoyo de la FAPESP. “Me generó una gran admiración el programa Jóvenes Investigadores de Centros Emergentes. Una de las razones para haber dejado Estados Unidos fue precisamente la imposibilidad de ser responsable de un proyecto. Y lo que me ofrecieron acá era precisamente la posibilidad de liderar un proyecto. Conseguí reunir un pequeño grupo de investigación que contribuyó en la formación de alumnos de maestría y de doctorado”, dice. Para Alexandrino, la internacionalización de la investigación brasileña está tomando contornos similares a los que vio en Portugal con la integración del país a la Unión Europea. “Célio es sumamente abierto a las colaboraciones internacionales, cosa que ayuda al grupo a convertirse en referencia”, afirma.

En tanto, Julián Faivovich es experto en filogenética, que es el estudio de las relaciones evolutivas entre especies conocidas, y trabajaba en el Museo Americano de Historia Natural. “Lo conocí a Julián cuando era alumno de la carrera de grado en Argentina y me impresionó la dedicación con que desarrollaba sus investigaciones desde esa fase. Posteriormente supe de su trabajo fuera de lo común, que desarrollaba en Estados Unidos como parte de su doctorado, que concluyó en 2005. Él pensaba regresar a Argentina, pero yo sabía de su interés en trabajar en Brasil. Lo contacté y le propuse que se viniera a trabajar conmigo. Le dije: venite que acá vas a contar con recursos”, dice Haddad, quien le aconsejó que solicitase una ayuda en el marco del programa Jóvenes Investigadores de Centros Emergentes.

EDUARDO CESARCélio Haddad: colaboracionesEDUARDO CESAR

El doctorado de Faivovich en la Columbia University versó sobre la filogenia de la familia Hylidae, las ranas arborícolas, y las de un género llamado Scinax, halladas de México a Argentina. “Acepté la invitación porque ya lo conocía a Célio. Habíamos trabajado juntos durante mi tesis. Además, Brasil combinaba dos circunstancias únicas: es el país de mayor diversidad de la familia con la que más trabajo, la Hylidae, y estaban ahí también las personas que más conocen su taxonomía y su biología”, explica. Elogia al programa Jóvenes Investigadores. “Es de los mejores que conozco y me parece muy valioso que la FAPESP mantenga esa iniciativa”, dice. La presencia del investigador argentino ayudó al grupo de Haddad a hacer más robusta la investigación en filogenia. “Aunque Célio ya tenía sumo interés en el tema, esta línea de investigación no estaba tan desarrollada como otras. Ahora hay varios estudiantes con interés en filogenia, yo incluso dirijo junto con Célio a dos alumnos de allá”, afirma.

Temporadas
La red de colaboraciones creó situaciones curiosas. Actualmente, el laboratorio de Célio Haddad ha recibido a dos estudiantes de doctorado, uno de la Universidad Técnica Braunschweig, Alemania, y otra de la Universidad de Porto, Portugal, que pasan temporadas anuales en Rio Claro para realizar estudios de campo.

Los doctorandos son brasileños que van al exterior para perfeccionar su formación, pero que terminaron regresando a Brasil gracias al nexo que sus directores de tesis europeos mantienen con el grupo de Rio Claro. Marcelo Coelho Gehara, de 28 años, hizo su maestría en la PUC de Río Grande do Sul en filogeografía de leones marinos. En 2009 obtuvo una beca de una fundación católica alemana y fue admitido en el programa de doctorado de Braunschweig, bajo dirección del biólogo Miguel Vences. “Miguel y Célio se conocen, y como quería trabajar con anfibios, la aproximación fue natural”, dice Gehara, quien pretende seguir investigando en Europa después que concluya el doctorado. En Rio Claro, trabaja en el mismo ambiente de Tuliana Oliveira Brunes, bióloga egresada en la Universidad Católica de Goiás, quien desde 2006 está en la Universidad de Porto, en donde concluyó su maestría en 2009 con un estudio acerca de la diversificación de un complejo de anuros, dirigida por João Alexandrino en Brasil y por Fernando Sequeiro en Portugal. Actualmente hace su doctorado con beca de una fundación vinculada a dicha universidad. “Como quería estudiar anfibios endémicos del bosque atlántico, parte de mi investigación transcurrió en Brasil”, afirma Tuliana, quien planea regresar al país cuando termine su doctorado. Fernando Sequeira, quien trabaja en la Universidad de Porto, lleva adelante su posdoctorado bajo supervisión de Haddad.

Haddad también mantiene colaboraciones productivas con dos investigadoras dos Estados Unidos. Kelly Zamudio, investigadora del Departamento de Ecología y Biología Evolucionaria de la Universidad Cornell, pasa a menudo temporadas en Brasil. La próxima será a mediados de 2011. El coche que utilizó el equipo de Haddad para hacer los estudios de campo fue cedido por la Universidad Cornell como parte de la asociación. En colaboración con Haddad, Kelly encabezó un proyecto financiado por la Fundación Nacional de Ciencias norteamericana (NSF, sigla en inglés), en el cual se comparan tres especies de anuros con diferentes niveles de especialización ecológica: una que vive solamente en las bromelias, otra que circula por cualquier lugar del bosque atlántico y una tercera que depende de áreas más húmedas para reproducirse. El investigador también desarrolla un proyecto importante con la bióloga brasileña Ana Carolina Carnaval, doctora en biología evolucionaria por la Universidad de Chicago, y actualmente investigadora de la City University de Nueva York. “Estamos estudiando anfibios de ‘bajada’ y de altura para intentar entender cómo se procesó la evolución en estas condiciones. Este proyecto involucra a alumnos y colegas de otras universidades de Brasil y Estados Unidos y ha resultado en un artículo publicado en la revista Science”, dice Haddad. El estudio, publicado en febrero de 2009, se vale de datos recabados por Haddad y explica la alta biodiversidad del sur de Bahía a través de la antigüedad de su selva. La vegetación de bosque atlántico siguió estando allí, aun durante el auge de la última era glacial, hace 21 mil años.

Éste es el quinto artículo de una serie dedicada a la internacionalización de la investigación científica en São Paulo. Vea las otras reportajes de la serie:
Para atraer talentos
La preparación del salto
Un ambiente multicultural
Un babel de vidrio
Calidad y experiencia
Sinapsis sin fronteras

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