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Opinión

James Watson y los cuatro nuevos jinetes del Apocalipsis

En términos de evolución somos todos africanos, viviendo en África o en el exilio reciente

James-Watson "OS QUATRO CAVALEIROS DO APOCALIPSE", DE ALBRECHT DÜRER (1471-1528)La Biblia nos presenta a los cuatro jinetes del Apocalipsis: La Muerte, La Guerra, El Hambre y La Pestilencia. Con los conflictos en Irlanda del Norte, en Ruanda y en los Balcanes al final del siglo pasado y después del 11 de septiembre, la invasión de Afganistán y de Irak y los conflictos de Darfur al inicio del siglo XXI, tenemos que adicionar cuatro nuevos jinetes: El racismo, La xenofobia, El odio étnico y La intolerancia religiosa.

En su obra Identidad y violencia, el ganador del Nobel Amartya Sen enfatiza de qué manera la imposición y la aceptación de identidades unidimensionales del grupo alimentan la tropa del Apocalipsis. Así, debemos  esforzarnos por construir una sociedad que celebre y valore la singularidad del individuo y en la cual exista la libertad de asumir, por elección personal, una pluralidad de identidades. Este ideal está en perfecta sintonía con el hecho demostrado por la genética moderna de que cada uno de nosotros tiene una individualidad genómica absoluta que interactúa con el ambiente para moldear una singular trayectoria de vida.

Examinemos en especial el concepto de raza, que se impregnó en nuestra sociedad a partir del siglo XVI, inicialmente por fuerza de intereses económicos y como forma de intentar conciliar la fe cristiana con el crimen de la esclavización de los africanos. Desde ese entonces, las razas han sido usadas no solamente para sistematizar a las poblaciones humanas, sino también para intentar justificar la dominación de algunos grupos por otros. Así, la persistencia de la idea de raza está vinculada a la visión atávica y perversa de que los grupos humanos existen en una escala de valores.

El mes pasado el famoso biólogo y también ganador del Nobel James Watson afirmó estar preocupado con el futuro de África, porque los habitantes de aquel continente, siendo menos inteligentes que otros pueblos, se mostraban incapaces de resolver sus problemas. Esta declaración extravagante va totalmente en sentido contrario de todo lo que la genética ha demostrado, es decir, que las razas humanas no existen desde el punto de vista científico.

Sabemos que la variabilidad humana está concentrada dentro de las poblaciones continentales y no entre continentes. Asimismo, hay una relación genealógica entre todas las poblaciones del mundo con África. La humanidad moderna emergió en el África hace menos de 200 mil años y sólo en los últimos 60 mil años salió de allá para poblar los otros continentes. Como dijo el evolucionista sueco Svante Paabo, somos todos africanos, viviendo en África o en el exilio reciente de allá. Puede parecer fácil distinguir fenotípicamente a un africano de un europeo o de un asiático, pero tal facilidad desaparece tan pronto como salimos de la flor de la piel y buscamos evidencias de esas diferencias raciales en los genomas de las personas.

En un reciente artículo, tracé un paralelo entre la creencia en la existencia de las brujas, prevalente en los siglos XVI y XVII, y la creencia en la existencia de las razas humanas. El texto se cerraba con la siguiente frase: Un pensamiento reconfortante es que, ciertamente, la humanidad del futuro no creerá en razas más que lo que creemos hoy en brujería. Y el racismo será relatado como una abominación histórica pasajera más, así como percibimos hoy el disparate que fue la persecución a las brujas.

Por ese prisma, un punto positivo que quedó de la triste complicación racista de James Watson fue el inmediato y vigoroso repudio de la prensa y de toda la sociedad a sus declaraciones. Eso muestra que el hecho científico de la inexistencia de las razas está finalmente siendo absorbido en nuestra cultura e incorporado a nuestras convicciones y actitudes morales.

Para denotar la postura ética que valoriza la variabilidad humana y la singularidad de cada individuo, creé la expresión peciloética (de la raíz poikilia poikilia que quiere decir diversidad en griego). Su axioma fundamental es el derecho inalienable de toda persona de ser tratada como un individuo, único y singular en su genoma y en su historia de vida, y no meramente como perteneciente a un sexo, religión, país, etnia o grupo de color. Mi esperanza es que la generalización de esa perspectiva moral ayude en el combate a los nuevos jinetes del Apocalipsis.


Sérgio D. J. Pena es profesor titular del Departamento de Bioquímica e Inmunología de la Universidad Federal de Minas Gerais.

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