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PREMIO

La cosecha 2015 del Nobel

Enfermedades parasitarias y reparación del ADN son algunos de los temas que se reconocieron; fueron premiados un economista escocés, una escritora bielorrusa y negociadores de paz en Túnez

El irlandés William Campbell (izq.), el japonés Satoshi Omura (al lado) y la china Youyou Tu, en los años 1950 y en la actualidad (arriba): drogas eficientes contra afecciones tropicales

Bill Denison/Drew University | Satoshi Omura/Archivo personal | Xinhua | Scientific Women El irlandés William Campbell (izq.), el japonés Satoshi Omura (inferior) y la china Youyou Tu, en los años 1950 y en la actualidad (der.): drogas eficientes contra afecciones tropicalesBill Denison/Drew University | Satoshi Omura/Archivo personal | Xinhua | Scientific Women

El anuncio del nobel de Medicina o Fisiología de 2015 provocó sorpresa por el tema premiado y por el perfil de uno de los ganadores. La búsqueda de terapias contra enfermedades tropicales hacía bastante que se hallaba fuera del radar del Nobel, aunque había tenido su prestigio en las primeras ediciones del premio, al comienzo del siglo XX. Este año, sin embargo, obtuvo reconocimiento por medio del trabajo del irlandés William C. Campbell, de la Universidad Drew, en Estados Unidos, del japonés Satoshi Omura, de la Universidad Kitasato, y de la china Youyou Tu, de la Academia China de Medicina Tradicional.

Campbell, de 85 años, y Omura, de 80, desarrollaron una droga eficaz para el tratamiento de dos enfermedades causadas por helmintos: la filariasis linfática (o elefantiasis) y la oncocercosis, a la que se conoce como “ceguera de los ríos”. Desde la década de 1960, Omura estudiaba un grupo de bacterias, las Streptomyces, conocidas porque producen compuestos con actividades antimicrobianas. Mientras trabajaba en Japón, Omura aisló diferentes cepas de Streptomyces, las cultivó en su laboratorio y seleccionó 50 con potencial terapéutico. En Estados Unidos, Campbell comprobó que uno de esos cultivos era eficiente contra parásitos. Entonces aisló su agente, denominado Avermectina, y lo modificó químicamente con el objetivo de obtener un componente más eficaz, la Ivermectina.

El trabajo generó impacto, sobre todo en los países en desarrollo, donde la dificultad en la prevención y tratamiento de enfermedades parasitarias provoca resultados dramáticos. “Lo más importante que hay que resaltar en cuanto a los galardonados de este año es el hecho de que los resultados de sus investigaciones han beneficiado directamente a la población, y específicamente a los más pobres”, comentó el parasitólogo Erney Plessmann de Camargo, docente del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Universidad de São Paulo (USP).

Angus Deaton, docente de la Universidad Princeton: aumento de la precisión en indicadores económicos básicos, tales como los de ingresos y pobreza

Denise Applewhite/Princeton University Angus Deaton, docente de la Universidad Princeton: aumento de la precisión en indicadores económicos básicos, tales como los de ingresos y pobrezaDenise Applewhite/Princeton University

El reconocimiento a Campbell y Omura acabó, en cierto modo, opacado por la trayectoria poco común de la china Youyou Tu, de 84 años. Ella pasó la mayor parte de su carrera en el anonimato, no posee doctorado y desarrolló su trabajo dentro de las fronteras de China, con escasa interacción con otros grupos. En los años 1960, Tu, quien contaba entonces con 39 años, estudió la medicina tradicional china en busca de una forma más eficiente de combatir el paludismo. Su país atravesaba la Revolución Cultural de Mao Tse-Tung cuando a la investigadora se le encargó el liderazgo de un equipo para hallar una droga contra la enfermedad, que tenía una incidencia elevada en su territorio.

Ella recabó información en antiguos textos médicos chinos y analizó remedios populares. Recolectó dos mil medicamentos potenciales, a partir de los cuales, su equipo elaboró 380 extractos de 200 plantas diferentes. En 1971, aisló un compuesto activo del arbusto Artemisia annua, que el saber tradicional le atribuía propiedades para el alivio de los síntomas de la enfermedad. “Durante la Revolución Cultural, no había medios prácticos para la realización de ensayos clínicos de nuevos medicamentos. Por eso, mis colegas y yo nos ofrecimos para ser los primeros en tomar el extracto”, recuerda Tu, en un artículo escrito para la revista Nature Medicine en 2011. Luego de verificar que el extracto no era tóxico, su grupo se trasladó a la provincia de Hainan, una región con un alto índice de paludismo, para testear su eficacia clínica en pacientes infectados. Aquéllos que recibieron el extracto se libraron rápidamente de los síntomas de la malaria. Dos años después, su grupo sintetizó un derivado del compuesto diez veces más potente que el extracto original, abriendo así el camino hacia una nueva clase de agentes antipalúdicos que eliminan el parásito ni bien comienzan las primeras fases de su desarrollo.

La escritora Svetlana Alexievich, ucraniana criada en Bielorrusia: raro galardón para una autora de no ficción

Elke Wetzig/Wikimedia La escritora Svetlana Alexievich, ucraniana criada en Bielorrusia: raro galardón para una autora de no ficciónElke Wetzig/Wikimedia

El primer texto científico escrito en inglés sobre el medicamento, al que se conoce como artemisinina, se publicó en 1979, pero sus autores quedaron en el anonimato, tal como era común en China, en aquella época. Sólo recientemente, Youyou Tu sería reconocida por ese descubrimiento. El paludismo afecta actualmente a alrededor de 200 millones de personas. Se estima que la artemisinina reduciría en un 20% la mortalidad de la afección si se la administra junto con otras drogas, salvando aproximadamente 100 mil vidas por año.

Los tres ganadores del Nobel de Química ayudaron a esclarecer los mecanismos que reparan los daños que el material genético sufre constantemente. El sueco Thomas Lindahl, de 77 años, del Instituto Francis Crick y del Laboratorio Clare Hall, del Reino Unido, demostró que el material genético decae a una tasa que tornaría imposible la vida en la Tierra. Según su estudio, cada una de las células humanas sufre pérdida de bases, los bloques que componen el ADN, diez mil veces al día, a una temperatura de 37 grados Celsius. También identificó los mecanismos de reparación por remoción de bases, que se contraponen constantemente al colapso del ADN. El estadounidense Paul Modrich, de 69 años, del Instituto Médico Howard Hughes y de la Universidad Duke, en Estados Unidos, demostró cómo la célula corrige errores de la división celular mediante un mecanismo al que se conoce como mismatch repair, que reduce la frecuencia de los errores cuando el ADN se replica. El turco Aziz Sancar, de 69 años, de la Universidad de Carolina del Norte, en Estados Unidos, verificó el modo en que las células reparan los daños causados por los rayos ultravioletas. Ciertos defectos en ese mecanismo se hallan detrás del cáncer de piel provocado por la exposición al sol.

Los galardonados con el Nobel de Física fueron el japonés Takaaki Kajita, de 56 años, en la Universidad de Tokio, y el canadiense Arthur B. McDonald, de 72 años, de la Queen’s University, en Kingston, Canadá. Ellos ayudaron a demostrar que los neutrinos, partículas elementales de la materia que se generan en abundancia en el interior del Sol, pueden cambiar de identidad.

Aziz Sancar (al lado), Thomas Lindahl (abajo, a la izq.) y Paul Modrich: mecanismos que reparan los daños sufridos por el material genético

Max Englund/UNC School of Medicine | Duke Photography | The Francis Crick Institute Aziz Sancar (al lado), Thomas Lindahl (abajo, a la izq.) y Paul Modrich: mecanismos que reparan los daños sufridos por el material genéticoMax Englund/UNC School of Medicine | Duke Photography | The Francis Crick Institute

El Nobel de Economía le fue concedido al escocés Angus Deaton, de 69 años y profesor de la Universidad Princeton, en Estados Unidos, a quien se le conoce por sus estudios sobre consumo, bienestar y desigualdad. Deaton ayudó a incrementar la precisión de los índices económicos básicos, entre los que figuran ingresos y pobreza, al crear modelos que analizan datos individuales de los consumidores y de las empresas y combinar la teoría económica con los métodos estadísticos. El premio deja una lección importante para los analistas económicos, opina Eduardo Haddad, docente del Departamento de Economía de la Facultad de Economía, Administración y Contabilidad de la Universidad de São Paulo (FEA-USP). “Deaton muestra que se necesita un buen conocimiento de los datos con los cuales se trabaja y todas sus particularidades”, dice Haddad. “Ésa, tal vez sea la fase más importante de un trabajo empírico en economía”. Según la Real Academia de Ciencias Sueca, los estudios de Deaton brindaron respuestas a varios interrogantes. Una de ellas es: ¿cómo distribuyen los consumidores sus gastos entre diferentes bienes? En los años 1980, el escocés desarrolló un modelo flexible y sencillo para calcular la demanda de bienes. Su abordaje se transformó en una herramienta de análisis modelo en el medio académico y en la política económica. También fue de ayuda para responder la siguiente pregunta: ¿cómo se gastan gran parte de los ingresos de la sociedad y cuánto de ellos se economiza? Según Deaton, el análisis de los datos individuales de los consumidores es la clave para comprender la interacción entre ingresos y consumo a lo largo del tiempo.

El Premio Nobel de la Paz de 2015 fue otorgado al Cuarteto para el Diálogo Nacional Tunecino, formado en 2013 por cuatro organizaciones civiles de ese país. El Comité Noruego del Nobel resaltó el aporte decisivo de la organización para el establecimiento de un proceso político pacífico en una instancia en que el país se hallaba al borde de una guerra civil, con asesinatos políticos y agitación social generalizada, que luego fue denominada Revolución de los Jazmines, en 2011, y condujo a la caída del presidente Ben Ali, en el cargo desde 1987.

El Nobel de Literatura de 2015 se le concedió a la escritora Svetlana Alexievich, de 67 años, nacida en Ucrania y criada en Bielorrusia. La Academia Sueca atribuyó el premio “a sus escritos polifónicos, un monumento al sufrimiento y a la valentía en nuestros tiempos”. Ninguna de las obras de la escritora se ha publicado en Brasil. Los libros de Alexievich hablan de personas que lucharon en guerras, como la de Afganistán, o de las víctimas del accidente de la usina nuclear de Chernobyl, acaecido en Ucrania, en 1986. Su hermana falleció y su madre quedó ciega como consecuencia de ese accidente. Ésta fue una de las raras veces en que el premio se le concedió a un autor de obras que no son de ficción.

Arthur McDonald y Takaaki Kajita: confirmación de la masa y del cambio de sabores de los neutrinos en detectores tales como el de Sudbury (al lado)

SNO Collaboration | University of Tokyo Arthur McDonald y Takaaki Kajita: confirmación de la masa y del cambio de sabores de los neutrinos en detectores tales como el de Sudbury (inferior)SNO Collaboration | University of Tokyo

La metamorfosis de los neutrinos
El Nobel de Física premia la confirmación de que partículas fantasmas cambian de identidad y poseen masa

Los dos investigadores que compartieron el Premio Nobel de Física de este año coordinaron experimentos a cientos de metros debajo de la superficie de la Tierra. El físico japonés Takaaki Kajita, de la Universidad de Tokio, y el canadiense Arthur McDonald, profesor emérito de la Queen’s University, compartieron el premio y ocho millones de coronas suecas por haber comprobado que los neutrinos, una de las partículas que abundan en el Universo, cambian de identidad a medida que viajan. Según los físicos, esas transformaciones ‒las oscilaciones de sabor‒ sólo podrían ocurrir si los neutrinos tuvieran masa. El experimento de McDonald se realizó en un laboratorio instalado en una mina que opera la empresa brasileña Vale.

Existen tres tipos de neutrinos con un sabor leptónico específico: electrón, muón y tau. Puesto que no poseen carga eléctrica y casi no interactúan con otras partículas, su detección resulta difícil y se les dio el mote de partículas fantasma. Cuando se descubrió cómo observarlos, se comprobó que la cantidad detectada era inferior a la prevista.

En 1998, el grupo coordinado por Kajita en el Super-Kamiokande, un observatorio instalado en una mina de zinc en Japón, verificó que el número de neutrinos muón de la atmósfera que llegaban al detector variaba según la dirección de origen. Ese resultado sugería que una porción se habría transformado en un sabor que no podía detectarse allí. Para la misma época, el equipo de McDonald llevó a cabo en Canadá, experimentos que permitieron determinar la proporción de los tres tipos de neutrinos generados en el Sol. La comparación de los resultados demostró que esas partículas, de hecho cambiaban de sabor y poseían masa.

El grupo de McDonald realizó los experimentos en el Sudbury Neutrino Observatory (SNOLab), instalado a dos mil metros de profundidad en una mina de níquel que la minera brasileña Vale opera desde 2006. La empresa cede el espacio y provee las condiciones de funcionamiento y seguridad para el SNOLab. “Este Nobel de Física representa un caso en el que la academia se beneficia de la interacción con la industria para la generación de conocimiento”, dice Luiz Mello, gerente ejecutivo de Innovación y Tecnología de Vale. “Vale asume el compromiso de acercar a los actores de la industria y de la academia”. La empresa es propietaria de minas a cielo abierto en Brasil, en las cuales tal vez puedan realizarse experimentos. “Estamos abiertos a oír propuestas e identificar el modo de colaborar”, dice Sandoval Carneiro Junior, experto técnico en colaboración y recursos de la minera.

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