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Buenas prácticas

La mala conducta en la guerra de los sexos

Daniel BuenoEn el campo de las ciencias de la vida, en Estados Unidos, los varones se ven envueltos en casos de mala conducta científica con mayor frecuencia que las mujeres, y la preeminencia masculina se observa en todo el espectro de la carrera, desde la iniciación científica hasta el liderazgo de grupos de investigación, según revela un estudio publicado en el periódico online mBio. Los autores revisaron 228 casos de mala conducta registrados por la Oficina de Integridad de la Investigación (ORI) estadounidense, entre 1994 y 2012. La oficina promueve buenas prácticas de investigación científica e investiga acusaciones de desvío de la conducta involucrando estudios avalados por el Departamento de Salud y Servicios Humanos. En general, un 65% de los casos de fraude correspondió a varones, pero ese porcentaje variaba entre las filas académicas: un 88% de los docentes que cometieron faltas eran hombres, en comparación con el 69% de los posdoctorandos y el 58% de los estudiantes de grado.

En cada categoría, la proporción de hombres cometiendo faltas fue mayor que lo previsto dada la distribución por sexo de los investigadores en ciencias de la vida en Estados Unidos. El estudio no analizó cuáles son las razones que motivan a los varones a incurrir en fraudes con mayor asiduidad. Pero las diferencias culturales se encuentran entre las hipótesis capaces de explicar tal fenómeno, dijo Arturo Casadevall, investigador del Albert Einstein College of Medicine de la Universidad Yeshiva, en Nueva York, uno de los autores del trabajo. “Los hombres tienden a arriesgar más que las mujeres y cometer fraude implica un riesgo”, sugirió. “También puede ocurrir que los hombres sean más competitivos, o que las mujeres sean más sensibles ante la amenaza de sanciones. La mejor respuesta, no obstante, es que todavía no lo sabemos. Ahora que documentamos el problema, podemos comenzar a debatir seriamente sobre lo que está sucediendo y cómo lidiar con ello”, añadió.

Los autores suponían que la mayor parte de los fraudes involucraba a estudiantes y jóvenes investigadores, aquéllos que soportan mayor presión por publicar artículos al comienzo de su carrera. Sin embargo, se verificó que las prácticas de mala conducta están repartidas por todas las etapas de la carrera universitaria. “Científicos en la cúspide de su carrera dirigen grandes laboratorios y administran cuantiosos recursos, lo cual aumenta la presión por publicar y la tentación de cometer desvíos”, dijo Casadevall.

“El hecho de que la mala conducta aparezca en todas las fases del desarrollo de la carrera sugiere que la atención a los aspectos éticos de la conducta científica no debe limitarse  solamente a aquellos investigadores aún en formación, tal como es la práctica actual”.

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