Guia Covid-19
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Trayectorias

La teoría en la práctica

En Brasil sigue siendo baja la cantidad de estudiantes universitarios de carreras de grado que participan en los programas de pasantías o prácticas, decisivos para la formación profesional

Los programas de pasantías o de prácticas profesionales, reconocidos como una de las vías principales de inserción en el mundo laboral, se erigen como una etapa crucial en la formación de los estudiantes universitarios, ya que otorgan una oportunidad para la articulación entre la teoría y la práctica. Sin embargo, esta etapa formativa sigue siendo cumplida por un número reducido de alumnos de las carreras de grado. En Brasil, de los más de 8,4 millones de alumnos matriculados en carreras universitarias en 2020, tan solo 686.000 han realizado pasantías o prácticas, esto es, aproximadamente un 8 % de la población universitaria, según datos de la Asociación Brasileña de Pasantías (Abres).

“Este panorama demuestra que la cantidad de vacantes son insuficientes, una cuestión que genera una gran competencia entre los estudiantes a la hora de conseguir una práctica”, dice Carlos Henrique Mencaci, presidente de Abres, entidad que representa a las organizaciones encargadas de divulgar y gestionar las vacantes de pasantías, más conocidas como agencias integradoras. La incorporación de nuevos puestos resultó afectada por la pandemia y registró una caída de un 90 % entre los meses de marzo y abril del año pasado, un desfasaje que ahora se ubica aproximadamente en un 30 %, según datos del Centro de Integración Empresa-Escuela (Ciee).

También es durante estas prácticas cuando los estudiantes comienzan a armar sus redes de contactos profesionales, que amplían las oportunidades laborales. Las carreras que ofrecen una cifra más significativa de vacantes son las de administración (un 16,8 %), derecho (un 7,3 %), comunicación social (un 6,2 %), informática (un 5,2 %), ingenierías (un 5,1 %) y pedagogía (un 4,2 %). Según los datos dados a conocer por Abres, también hay otras áreas en las que se registra una falta de postulantes para las vacantes, tales como matemática y estadística, biblioteconomía, agronomía, gastronomía y ciencias actuariales.

Las prácticas están reguladas por la Ley nº 11.788/2008 y se definen como un acto escolar y educativo, que debe ser supervisado con el propósito de capacitar a los alumnos para las tareas productivas, y no pueden configurarse como un vínculo laboral formal. Las contrataciones se establecen por intermedio de documento de compromiso y las tareas deben ser supervisadas por un docente de la institución educativa y por el superior a cargo que recibe al pasante en la empresa. La carga horaria no puede superar las seis horas diarias y el período máximo de permanencia en una misma empresa es de dos años. En carreras tales como ciencias económicas, administración y psicología, por ejemplo, el período de práctica es una etapa obligatoria de la carrera, es decir, sin ella no hay posibilidad de graduarse.

El número de vacantes, ofrecidas en gran parte por las agencias integradoras, o bien a través de convenios directos entre empresas y universidades, suele estar en sintonía con la coyuntura socioeconómica del país. O sea, aumenta en los períodos de crecimiento de la economía y disminuye en los de recesión, de la misma manera que ocurre con los puestos efectivos. Con un promedio de mil nuevas oportunidades ofrecidas diariamente –un 85 % de ellas para el nivel superior y el 15 % restante repartido entre la enseñanza media y los cursos técnicos–, el Ciee tiene registrados más de 1,17 millones de alumnos a la espera de un lugar en los programas de pasantías y capacitaciones. Antes de la pandemia, el promedio diario oscilaba en alrededor de 1.500 nuevas vacantes. “A la fecha, por cada joven que está desarrollando actividades en un programa de pasantía, hay otros seis aguardando por una vacante”, analiza Marcelo Gallo, superintendente nacional de operaciones del Ciee. La entidad opera en el estado de São Paulo y en las regiones del centro-oeste, norte y nordeste de Brasil, exceptuando el estado de Pernambuco.

Entre los motivos que se identificaron para que el número de vacantes sea insuficiente figura la escasa cantidad de empresas interesadas en abrir programas de pasantías, informa Gallo. A eso se le suma el aumento de los estudiantes que ingresaron en las carreras superiores en las últimas décadas, una expansión que no fue asimilada por el mercado laboral. “Existen varias organizaciones de menor porte, por ejemplo, que podrían contribuir para un incremento de esa oferta. Sin embargo, todavía generan recelo los trámites necesarios para la contratación”, dice Gallo. “Lo que muchas de esas organizaciones no saben es que las agencias integradoras existen precisamente para gestionar los procedimientos legales a los que deben ajustarse las empresas y la escuela”, añade. “Una empresa que contrata pasantes estará mucho más sintonizada con lo que ocurre en las instituciones educativas y de investigación, algo que, finalmente, redunda en beneficios competitivos”. Para promover la ampliación de las oportunidades de pasantías en el país, las organizaciones que administran las vacantes están exentas de las cargas laborales previstas por la Consolidación de las Leyes del Trabajo (CLT) en este tipo de contrataciones.

Las pasantías, cuya realización está estipulada a partir de la segunda mitad del cursado en las carreras superiores, generalmente en los terceros y cuartos años, pueden ser remuneradas por las empresas con lo que se denomina beca de ayuda, de carácter obligatorio en el caso de las prácticas no obligatorias, es decir, aquellas que el estudiante cumple de manera opcional. En las carreras en que las prácticas están definidas como algo obligatorio, el pago de becas es opcional, sobre todo cuando hay una gran demanda de vacantes, tal como ocurre en disciplinas tales como derecho, enfermería, fonoaudiología y diversos profesorados. “Existen, no obstante, situaciones en las que el empleador ofrece una remuneración incluso siendo obligatoria la pasantía, lo que en definitiva se convierte en un factor de estímulo para el estudiante”, dice Gallo. Con un promedio nacional de 1.138,28 reales, los valores de la beca de ayuda varían según la carrera, con una remuneración de alrededor de 1.360,20 reales para los pasantes de los cursos de tecnólogos en bancos de datos, que puede llegar a 1.841,97 reales para quienes cursan la licenciatura en agronomía, según los datos informados por el Núcleo Brasileño de Pasantías (Nube, por su sigla en portugués), entidad que publica anualmente la Encuesta Nacional de la Beca de Ayuda.

La gran competencia por las pasantías ha impulsado a los estudiantes a procurar adquirir conocimientos que complementan los contenidos que se ofrecen en la universidad. Desde cursos de idiomas hasta el manejo de diversos software, muchos de los postulantes han participado en conferencias y congresos virtuales con el propósito de complementar su formación. “Son prácticas que amplían el bagaje cultural del alumno universitario, aparte de ser bastante valoradas por los reclutadores”, dice Gallo. Según él, los períodos más favorables para la búsqueda de vacantes son dos: el primer trimestre de cada año y los meses de julio y agosto.

Educación
Además de las prácticas profesionales que están contempladas como componentes obligatorios del programa curricular de las licenciaturas, los estudiantes del área de la educación pueden buscar pasantías remuneradas recurriendo a las agencias integradoras o competir por las vacantes del Programa Institucional de Becas de Iniciación a la Docencia (Pibid), destinadas a los alumnos de las carreras presenciales que se comprometan a cumplir sus prácticas en escuelas públicas, y las del Programa de Residencias Pedagógicas (PRP), que tienen por objetivo perfeccionar la capacitación práctica en las carreras de licenciaturas, así como promover la inserción del alumno en la escuela de educación básica. Ambos programas son subvencionados por la Coordinación de Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior (Capes) del Ministerio de Educación (MEC).

“Los dos últimos constituyen pasantías que estipulan una remuneración y permiten una supervisión más efectiva del rendimiento de los estudiantes, porque son monitoreados por docentes de la escuela en la que se realiza las prácticas y de la institución de educación superior”, dice Cyntia Graziella Guizelim Simões Girotto, docente del Departamento de Didáctica de la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Universidade Estadual Paulista (Unesp), en su campus de la localidad de Marília. Responsable a cargo de la coordinación de las prácticas de la carrera de pedagogía de la institución, Girotto recuerda que, a pesar de tratarse de una actividad de índole práctica, los programas no suelen ofrecer equivalencia en el cumplimiento de la práctica profesional obligatoria prevista para los profesorados. La determinación, empero, queda a criterio del consejo de cada institución. “Aquí en la Unesp de Marília, por ejemplo, la equivalencia se está reconociendo durante el período de pandemia”, añade.

Las medidas de aislamiento dispuestas para hacer frente a la pandemia de covid-19 obligaron a muchos pasantes a empezar a realizar desde su casa y con supervisión remota las actividades que hasta entonces se desarrollaban en el aula. “Esta también es una oportunidad para que los estudiantes se familiaricen con esta nueva forma de trabajo, que requiere de cierta disciplina y se tornará cada vez más habitual en los próximos años”, dice Gallo, del Ciee.

Alumno del tercer año del profesorado en ciencias humanas de la Facultad de Educación Sesi-SP, Eli Moura Braz ha cumplimentado en formato a distancia las actividades correspondientes a la residencia educativa, un programa relacionado con la práctica profesional y que figura como obligatorio en la matriz curricular de la carrera. Las tareas estipuladas prevén el perfeccionamiento de la práctica docente por medio de experiencias en escuelas públicas y del ámbito del Sesi-SP. “Durante la pandemia estoy recurriendo al uso de plataformas virtuales para continuar con las clases online, además de participar en reuniones para debatir la planificación y definir las actividades pedagógicas”, explica. Si bien esta es una forma de no interrumpir el cumplimiento del programa, Moura Braz recuerda que el trabajo remoto está bastante influenciado por el contexto del aislamiento. “La pandemia ha generado un aumento del nivel de estrés, que puede dar lugar a cierta intensificación del trabajo de aquellos que realizan una pasantía a distancia”, concluye.

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