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Ecología

Las alas de los alimentos

Las abejas adquieren valor en la producción agrícola

FABIO COLOMBINIVoy a hablar de abejas y de flores, anunció la bióloga Vera Lúcia Imperatriz Fonseca ante un público de economistas y estudiantes de economía en un debate al finalizar la mañana del 15 de marzo en la Universidad de São Paulo (USP). Pero ese sencillo comienzo enseguida empezó a cobrar densidad. En menos de media hora, las abejas dejaron de ser vistas como meras productoras de miel y el adquirieron valor de seres indispensables para mantener o ampliar la producción agrícola: cultivos tales como la soja, la naranja, el cacao y el café pueden ser más productivos con abejas cerca. Biólogos y economistas empezaron allí mismo a ver de qué modo podrían colaborar para preservar las poblaciones de insectos como las abejas, que favorecen el crecimiento de los frutos. Y aunque no siempre son valorados, pueden hacer falta. En 2006, la producción agrícola de Estados Unidos experimentó una caída acentuada cuando las abejas Apis mellifera empleadas como polinizadoras agrícolas empezaron a morir repentinamente.

Investigadores de la USP y de otras universidades se están articulando entre sí y con otras instituciones para evitar consecuencias similares a la declinación de las poblaciones de los polinizadores naturales. Al final del año pasado, el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq) aprobó una partida de 5 millones de reales para que grupos de investigación de seis estados Río Grande do Sul, Bahía, Ceará, Minas Gerais, Pernambuco y Pará evalúen el impacto de los polinizadores sobre la productividad del algodón, el tomate, la manzana, el melón, la colza, el anacardo y la nuez de Brasil. El Ministerio de Medio Ambiente (MMA), que ha demostrado interés en este campo desde la divulgación de la Declaración de São Paulo sobre la Conservación y el Uso Sostenible de los Polinizadores, en 1999, desde este año cuenta con un financiamiento internacional de 7 millones de reales destinado a implantar un proyecto complementario, denominado Polinizadores de Brasil. Debemos mostrarles a los agricultores exactamente qué pueden hacer, dice Bráulio Dias, director de conservación de la biodiversidad del MMA. Nuestra estrategia apunta a que ganen ambos lados en términos económicos y ambientales.

Los participantes de este trabajo desean saber lo más rápido posible cuán cerca está Brasil de una crisis de polinizadores. Aún no hemos llegado a una, pero vamos avanzando hacia ella, dice Vera Fonseca. La crisis puede haber llegado y no haber sido detectada porque las causas están allí: la deforestación continua, el crecimiento de las ciudades y la intensificación de las alteraciones climáticas, que fuerzan la migración de las poblaciones de abejas y de otros polinizadores de montes nativos como las mariposas, las aves y los murciélagos. La Iniciativa Europea de Polinizadores, que reunió a 85 instituciones de investigación, detectó que había una crisis de declinación de polinizadores allí y ha comenzado a actuar para revertir lo que sea posible y evitar lo peor.

Un equipo de la Universidad Federal de Ceará (UFC) coordinado por Breno Freitas verificará qué cultivos podrían redundar en aumentos de productividad mediante el empleo intensivo de polinizadores. En uno de sus experimentos anteriores, Freitas demostró que la producción de anacardos puede aumentar hasta un 70% cuando las abejas circulan libremente entre los árboles, llevando el polen de una flor a otra y favoreciendo así la formación y el crecimiento de los frutos, en comparación con árboles sin polinizadores cerca. La respuesta nunca será la misma, porque depende de las condiciones locales, dice Freitas. Cuanto más degradada esté un área, mayor tiende a ser el impacto de los polinizadores en la producción agrícola.

Freitas encontró una abeja solitaria sin aguijón del género Centris que poliniza las flores de los anacardos con una eficacia similar a la de las Apis mellifera, la especie más empleada como polinizadora. Como las crías de las Centris se alimentan de aceites esenciales de las plantas, Freitas está evaluando los efectos del cultivo de acerola (productora de aceites vegetales) para atraer a las Centris que puedan polinizar anacardos próximos.  Puede ser una forma de tener dos cultivos en una misma área, uno atrayendo polinizadores hacia el otro, dice.

El cafeto no depende de polinizadores naturales, pero la producción de los cafetales rodeados de bosques con abejas autóctonas aumentó un 15% en comparación con la de los cultivados en áreas abiertas, de acuerdo con un estudio de la Universidad Federal de Viçosa. En Perú y en Costa Rica, la producción aumentó hasta un 50%, dependiendo del tamaño y del estado de preservación de los montes autóctonos cercanos a las plantaciones, dice Vera. Según Freitas, en el caso del fríjol, pese a que no aumenta la cantidad de vainas producidas, la mejor polinización que hacen las abejas aumenta la cantidad de granos por vaina, y esto significa rentabilidad extra en el cultivo.

La prueba de la feria
No faltan argumentos a favor de los polinizadores. Los tomateros fructifican más fácilmente cuando las abejas visitan sus flores y facilitan el crecimiento de los frutos. Sin polinizadores naturales, el agricultor es el que debe pincelar polen en cada flor para que los tomates crezcan, dice Vera. Un estudio de un grupo de biólogos de la USP de Ribeirão Preto indicó que fresas polinizadas en invernaderos por dos especies de abejas sin aguijón, la Scaptotrigona depilis y la Nannotrigona testaceicornis, producen más y mejores frutos que cuando se las cultiva en áreas abiertas sin abejas. Vera comenta de qué manera ella misma identifica los efectos de los polinizadores en los puestos de venta de frutas: Cuando veo una manzana o una fresa asimétrica o deformada, sé que la polinización no se hizo bien.

El asaí, el copoazú, el maracuyá y la berenjena también necesitan a las abejas, mientras que la papaya requiere de mariposas para fructificar. A nivel mundial, el 70% de los 124 principales cultivos agrícolas utilizados para el consumo humano un tercio de la producción mundial de alimentos depende de los polinizadores. Diversos estudios internacionales indican que la desaparición mundial de los insectos polinizadores sería un desastre ambiental y económico. La búsqueda de más tierras para la agricultura podría intensificarse y la vegetación autóctona escasearía más aún. La pérdida estimada en la producción de frutas es de 130 mil millones de reales y la de cereales, de 100 mil millones de reales. Es hora de tomar más en serio a los polinizadores, dice Vera.

Los polinizadores naturales como los insectos son aún poco empleados en Brasil. Solamente los plantadores de manzanas, en la región sur, y de melones en el nordeste alquilan cajas con colonias de abejas para fertilizar sus plantas. Previendo que esta situación ha de cambiar, el equipo de Vera, del Instituto de Biociencias de la USP de São Paulo, trabajó con el grupo de la USP de Ribeirão Preto para crear en laboratorio abejas reinas de cuatro especies autóctonas sin aguijón que actúan como polinizadoras, entre ellas la jataí (Tetragonisca angustula).

EDUARDO CESARDe ser necesario, producimos mil reinas por mes, dice Vera. Ella cree que es poco: Debemos prepararnos para la producción comercial y para una gran demanda en breve. Astrid Kleinert y Kátia Malagodi-Braga, de su equipo, demostraron en 2004 que la producción de fresas podría ser mayor si se cuenta con la ayuda de abejas jataí. El método tuvo éxito, pero los productores aún no saben de dónde sacar mil colonias de jataí. Desde 2006, el comercio mundial de polinizadores produce más de un millón de colonias de Bombus terrestris por año. Acá en Brasil también podría ser un buen negocio, ya que cada caja con colonias de jataí cuesta alrededor de 100 reales.

Una elección difícil
La producción de reinas de especies autóctonas en cantidades crecientes puede ayudar en la multiplicación de nido de abejas autóctonas y reducir la dependencia de la Apis mellifera, la única especie polinizadora producida en gran escala en el mundo. La Apis es versátil y resistente a las variaciones de temperaturas, pero no atiende bien a todas las plantas. Con los tomateros, una especie sin aguijón, la Melipona quadrifasciata, fue más eficiente que la Apis mellifera, y promovió la formación de más y mayores frutos, de acuerdo con un estudio del grupo de Luci Bego en la USP de Ribeirão Preto. Vera Fonseca comenta que ha recibido llamadas telefónicas o mensajes de plantadores de tomates que le preguntan qué abejas podrían soltar en las plantaciones para cosechar más tomates, pero ella aún no tiene una respuesta simple. Tenemos algunas posibilidades y estamos comparando datos para ver si podemos hacer alguna sugerencia acerca de qué especie usar, dice.

Pero, si no hay respuestas inmediatas, no es por falta de investigación. La producción de conocimiento es intensa y emerge de grupos consolidados, creados hace décadas por pioneros como Paulo Nogueira Neto y Warwick Kerr en São Paulo, y Jesus Santiago Moure en Curitiba. La razón es otra. Tenemos muchas especies de abejas nativas y muchas de ellas son aún poco conocidas, dice Antonio Mauro Saraiva, docente de la Escuela Politécnica de la USP, que trabaja con Vera Fonseca desde 1999.

Brasil es el hogar de alrededor de 3 mil especies de abejas de hábitos sociales o solitarias. Algunas constituyen rarezas, como la Melipona bicolor schencki. Los biólogos no saben todavía qué especie de planta utiliza esta abeja para producir una miel blanca de sabor increíble, según Vera, pero es una de las cuatro especies de abejas sin aguijón de Río Grande do Sul que pueden desaparecer si los bosques de araucaria dejan de existir.

Graduado en ingeniería eléctrica y agronomía, Saraiva se encarga del soporte tecnológico de las investigaciones sobre polinizadores. Con su equipo, desarrolla equipamientos de recabado de datos y programas de computadora que permiten el acceso a colecciones biológicas en Brasil o en el exterior. Lo que hacemos para un grupo puede servirle a otro, dice. Tal es el caso del monitor de colmenas, un aparato con sensores que hace un seguimiento de la humedad y la temperatura de las colonias que será probado este año en un apiario de Mossoró, Río Grande do Norte. Es posible que el aparato anticipe el riesgo de que las abejas abandonen las colmenas debido al exceso de calor.

Frutales sin plagas
Los artículos sobre los polinizadores se vuelven más comunes en una de las principales revistas de los apicultores llamada Mensagem Doce, de la Asociación Paulista de Apicultores y Criadores de Abejas Melíficas Europeas (Apacame). Esta asociación, que en la actualidad cuenta con 7.340 apicultores, adoptó en 1981 el eslogan las abejas al servicio de la agricultura como forma de hacer proliferar el uso de las abejas más allá de la producción de miel. De acuerdo con Constantino Zara Filho, presidente de Apacame, la demanda de Apis como polinizadoras agrícolas ha avanzado en forma constante en Brasil. Quienes quieran producir más o cosechar frutos uniformes y bien formados deben contar con los polinizadores naturales, afirma. Zara Filho dice que las abejas pueden contribuir también a la sanidad de los frutales, al consumir el néctar y el polen que podrían atraer a insectos dañinos hacia las plantaciones.

Las conclusiones sobre el valor de los polinizadores de los cultivos agrícolas y de los bosques autóctonos están adquiriendo visibilidad, pero aún no existe en Brasil nada equivalente a la Pollinator Partnership, una organización no gubernamental de Estados Unidos que constituye una fuente de información y de acción sobre los polinizadores, y premia a gobernadores y productores que los protegen. La campaña nacional de protección contra los polinizadores, organizada por Pollinator Partnership, reúne a 120 instituciones, investigadores, conservacionistas, representantes del gobierno, estudiantes y docentes. Estamos intentando movilizar a las ONGs para que se integren al proyecto y ayuden propagar estas ideas, comenta Dias.

Lo que los polinizadores hacen por los cultivos agrícolas constituye una de las formas de servicios de los ecosistemas, expresión empleada para designar a los servicios prestados por la naturaleza, tales como el suministro de agua y el control de la erosión, de las inundaciones y las plagas, además del esparcimiento en playas o montañas apacibles. Este concepto cobró vigor con un artículo publicado en la revista Nature en 1997 que estimaba en 33 billones de dólares el valor económico de los servicios de los ecosistemas en la Tierra. En 2005 fundamentó el estudio intitulado Evaluación sistémica del milenio, organizado por la Organización de las Naciones Unidas (ONU). China adopta el pago de los servicios de los ecosistemas, dice Vera. Vieron que era más barato que pagar por los perjuicios de la destrucción ambiental.

La valoración de los polinizadores y de los servicios ambientales que brindan depende de la superación de abordajes antiguos. En el currículo de la carrera de agronomía, afirma Saraiva, no existen asignaturas sobre polinización. Las propuestas nuevas no siempre se propagan con rapidez. Vera Fonseca cree que las personas, aun sin ser agricultoras o apicultoras, podrían mantener colonias de jataí en plazas, calles, departamentos y escuelas, no solamente en quintas y plantaciones, y dejar que estas abejas versátiles e inofensivas polinizasen lo máximo posible de plantas en los alrededores. Pero, tal como ella lo sabe, esta posibilidad suena por ahora un tanto exótica.

El proyecto
Biodiversidad y uso sostenible de polinizadores, con énfasis en abejas Meliponini  (nº 04/15801-0); Modalidad Proyecto Temático Programa Biota-FAPESP; Coordinadora Vera Lúcia Imperatriz-Fonseca IB/USP; Inversión R$ 3.036.892,21 (FAPESP)

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