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Microbiología

Las bacterias en la UTI

Microorganismos presentes en la superficie de colchones, instrumental médico y celulares resisten a la higiene diaria

Las bacterias parecen haberse adaptado a las Unidades de Terapia Intensiva (UTI) de los hospitales, un ambiente que debería estar prácticamente libre de agentes infecciosos a causa de la gravedad de la salud de sus pacientes. Esa es la conclusión a la que se arribó en el marco de un estudio realizado por investigadores del Hospital de Clínicas (HC) de la Facultad de Medicina de Ribeirão Preto en la Universidad de São Paulo (FMRP-USP), un centro de referencia en la atención médica de la región. En ese trabajo fueron identificados 138 géneros de bacterias en la UTI de adultos y 160 en la UTI pediátrica del HC. Los microorganismos se hallaban en los colchones, barandillas de las camas, muebles, teclados de computadoras y aparatos tales como bombas de inhalación, respiradores y teléfonos celulares del personal médico. Según el estudio, incluso con posterioridad a la adopción de los procedimientos de higienización, la mayoría de las bacterias sobrevivieron. Ellas llegan a las UTI fundamentalmente colándose en las manos de los equipos médicos, de los pacientes y de los visitantes, limpias tan solo en apariencia. Con 817 camas en salas generales y 105 en UTI, el HC de Ribeirão Preto posee casi 6 mil empleados y gestiona alrededor de 35 mil internaciones por año, casi 100 por día.

La mayoría de las bacterias identificadas generalmente no causan ningún problema de salud en personas sanas, pero pueden genera infecciones serias en los pacientes en UTI, normalmente con sus defensas del organismo debilitadas. El riesgo de infecciones microbianas es hasta 10 veces mayor en las UTI que en los otros sectores de un hospital, según la Asociación de Medicina Intensiva Brasileña. Las más frecuentes son las neumonías y las infecciones del torrente sanguíneo y del aparato urinario.

Se trata de un problema a nivel mundial, que se combate con prácticas de limpieza en permanente mejora.


Aún no existen parámetros que indiquen si esa diversidad bacteriana en las UTI del HC de Ribeirão Preto se ubica por encima o por debajo de lo aceptable. “El riesgo de contaminación para los pacientes debe estudiarse”, dice el infectólogo Gilberto Gaspar, coordinador de la comisión de control hospitalario, quien participó en el estudio, que salió publicado en agosto en la revista Frontiers in Public Health. Su argumento se basa en el desconocimiento al respecto de la cantidad de bacterias necesarias para provocar una infección. “Vamos a revisar los métodos, la frecuencia y la eficiencia de la higienización”, asegura. El hospital no divulga las tasas de infección en las UTI al público externo.

En el HC se determinó que hay dos géneros de bacterias diseminadas –Pseudomonas y Staphylococcus, que fueron detectadas en colchones, barandillas de camas, bombas de respiración, picaportes y puertas de armarios, carritos de curaciones, mesas de preparación de medicamentos y computadoras. “Las Pseudomonas son bacterias del suelo, que son introducidas en las UTI probablemente en los calzados de los equipos médicos y de los visitantes”, dice la microbióloga María Eugenia Guazzaroni, de la Facultad de Filosofía, Ciencias y Letras de Ribeirão Preto en la Universidad de São Paulo (FFCLRP-USP), que fue la coordinadora del trabajo. Ellas pueden causar infecciones respiratorias y urinarias, otitis y conjuntivitis. En tanto, las del género Staphylococcus están presentes en el organismo humano, por ejemplo en las fosas nasales, y pueden provocar diversas infecciones en los pacientes de las UTI, incluso neumonías y sepsis (infección generalizada). “De cualquier modo, la fuente principal de bacterias son las manos de las personas”, enfatiza el bioquímico Lucas Ribeiro, también de la FFCLRP-USP. Según él, la transmisión de microorganismos podría ser menor si los equipos de trabajo y los visitantes se comprometieran más con las normas de higiene.

La resistencia de las bacterias a los procedimientos diarios de asepsia fue asombrosa. La limpieza realizada con paños embebidos en sustancias antimicrobianas de amplio espectro no fue suficiente para eliminar en su totalidad a los microorganismos de las UTI. En las dos unidades, la limpieza condujo a una reducción del 20% en la cantidad de géneros de bacterias. La eficiencia de la limpieza no fue la misma en las diferentes superficies, lo que indica que la variación de la diversidad bacteriana antes y después de la limpieza podría explicarse, en parte, por la falta de estandarización de los procedimientos. Según Ribeiro, la alternancia de productos químicos, una modalidad adoptada en los hospitales de Europa y de Estados Unidos, podría reducir la capacidad de los microbios de adaptarse a las prácticas de higiene.

Había bacterias en las manos del 60% del equipo médico de un hospital de Uberlândia

Un método abarcador
La diversidad de bacterias en la UTI del hospital de Ribeirão Preto pudo determinarse mediante el empleo de una técnica denominada metagenómica. Ese abordaje consiste en el análisis del material genético a gran escala en máquinas que examinan el gen 16S rRNA, que permite identificar a la bacteria. El método puede revelar al menos el género de bacterias que no pueden identificarse por medio del cultivo celular.

Tan solo un 2,5% del total de especies de bacterias pueden identificarse a partir de técnicas de cultivo, según los investigadores de la Universidad de Tecnología y de la Universidad Médica, ambas en Graz, Austria. También a partir de esa técnica de secuenciación, que teóricamente podría detectar todos los microorganismos, ellos hallaron 76 géneros de bacterias con al menos un 1% de abundancia en 36 muestras de superficies –dispositivos médicos, tales como respiradores, ultrasonido y endoscopio, espacios de trabajo, tales como las salas de médicos y de procedimientos, el ingreso de los visitantes y los cuartos de los pacientes– de las UTI de la Universidad Médica de Graz. Según consta en un artículo de marzo de 2013 en la revista Scientific Reports, las bacterias predominantes –y principales fuentes de infecciones– eran las del género Pseudomonas, Propionibacterium y Burkholderia.

De manera similar, los géneros Bacillus, Staphylococcus y Pseudomonas fueron los más abundantes (en el 47% de las muestras) en la UTI adulta del HC de Ribeirão Preto, mientras que Bacillus, Propionibacterium y Staphylococcus fueron las predominantes (un 40%) en la UTI pediátrica. Los microorganismos de esos géneros, detectados también en las UTI de hospitales de Estados Unidos y de Europa, resisten durante meses en superficies secas.

En las manos y en los celulares
En otro estudio, la bióloga Marina Aparecida Soares, de la Universidad Federal de Uberlândia, en Minas Gerais, recogió 26 muestras superficiales de las manos de enfermeros, técnicos de enfermería y médicos de la UTI de adultos y 25 de la UTI neonatal del Hospital y Maternidad Municipal Dr. Odelmo Leão Carneiro, de esa ciudad. Las manos del 60% de los participantes de ese estudio estaban contaminadas por bacterias, entre ellas Pseudomonas aeruginosa, tal como se informa en un artículo que salió en la edición de julio-septiembre de este año en la Revista de Epidemiologia e Controle de Infecção.

Los aparatos celulares que aquellos que trabajaban en la UTI de adultos del HC de Ribeirão Preto registraron abundancia de bacterias de los géneros Acinetobacter, Sphingomonas y Brevundimonas, habituales en ambientes húmedos, mientras que en los aparatos de la UTI pediátrica predominaron los géneros Fusobacterium, Neisseria, Rothia, Granulicatella y Streptococcus, que forman parte de la microbiota de la nariz o de la piel. “La recomendación de no ingresar con celulares a las UTI raramente se cumple”, recuerda la enfermera Mayra Menegueti, integrante de la comisión de control de infecciones hospitalarias del HC.

La infectóloga Denise Brandão de Assis, directora técnica de la división de infecciones hospitalarias del Centro de Vigilancia Epidemiológica (CVE) de la Secretaría de Estado de la Salud de São Paulo, recuerda que la higiene de las UTI constituye un problema permanente, y no solo en Brasil. “La gente considera que el ambiente está limpio y en realidad no lo está”, dice. El problema, si bien es grave, puede mitigarse. Un estudio del CVE en 652 hospitales privados, filantrópicos y públicos del estado de São Paulo registró una disminución casi continua en las tasas de infección urinaria (una reducción del 77%), de neumonías (un 68%) y de infecciones del torrente sanguíneo (un 47%) entre 2004 y 2018 en las UTI, como consecuencia de las mejoras en las prácticas de higiene.

Proyecto
Nuevos abordajes para mejorar la prospección funcional de biocatalizadores en bibliotecas metagenómicas (nº 15/04309-1); Modalidad Joven Investigador; Investigadora responsable María Eugenia Guazzaroni (USP); Inversión R$ 1.360.080,65

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