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buenas prácticas

Las huellas del sistema fraudulento

Estudios detallan la actuación de servicios ilegales, editores de revistas y representantes en la publicación de artículos científicos que fueron retractados en PLOS ONE

Denver Post / Getty Images

Una investigación realizada por el equipo de periodismo de la revista Nature identificó los nombres de científicos que, actuando en calidad de editores voluntarios de la revista de ciencia PLOS ONE, fueron responsables de la evaluación y posterior publicación de buena parte de los artículos de la revista que fueron retractados, es decir, que se consideraron inválidos por contener errores o indicios de mala conducta. De acuerdo con la averiguación, un 15 % de todos los artículos de PLOS ONE que fueron cancelados pasó por las manos de cinco de esos editores. Hay indicios de su participación en acciones negligentes o de colusión que comprometieron la integridad del proceso de evaluación y permitieron la publicación de estudios producidos por lo que se conoce como fábricas de papers, servicios ilegales que comercializan artículos científicos por encargo, a veces con datos falsos.

El jefe de la división de ética en las publicaciones de la familia de revistas PLOS, Renee Hoch, dijo estar al tanto de los problemas. “Hemos excluido rápidamente a las personas que generaron preocupación en los consejos editoriales de PLOS y tomamos las medidas necesarias en lo que respecta a los trabajos afectados”, declaró a la revista Nature. PLOS ONE es un mega-journal, un tipo de revista científica que publica una gran cantidad de artículos en régimen de acceso abierto en internet y abarca un amplio espectro de disciplinas (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 250). Es una creación de Public Library of Science (PLOS), una organización sin fines de lucro con sede en San Francisco (EE. UU.), y cuenta con miles de editores voluntarios, que se encargan de los artículos remitidos y supervisan la revisión por pares, con la ayuda de 22 editores contratados.

Los cinco editores voluntarios asociados con las retractaciones fueron expulsados de la revista. La lista la encabeza Shahid Farooq, botánico de la Universidad Harran, en Sanliurfa (Turquía). Entre 2019 y 2023, Farooq fue responsable de la edición de 79 artículos en PLOS ONE, 52 de los cuales finalmente fueron cancelados. En los avisos de retractación, la revista dejó sentadas sus sospechas sobre la autoría, conflictos de intereses y rectitud en la revisión por pares relacionada con los artículos. Farooq también firmó siete artículos en la revista como coautor, que posteriormente recibieron notas de retractación idénticas. En su descargo, declaró a la revista Nature que se había basado en los informes de los revisores para tomar sus decisiones editoriales y que disponía de pocas herramientas para detectar conflictos de intereses. Dijo que PLOS ONE lo sacó de su equipo de editores en 2022 y que renunció a cargos editoriales en otras revistas científicas, tales como Frontiers in Agronomy y BMC Plant Biology. “Ya no edito ningún artículo para ninguna editorial, ya que éstas actúan como si fueran inocentes cuando surge cualquier tipo de cuestionamiento sobre los trabajos publicados”, replicó.

En el segundo lugar en la lista aparece Zhihan Lv (también conocido como Zhihan Lyu), un investigador chino especializado en realidad virtual que el año pasado se desvinculó de la Universidad de Upsala, en Suecia. Entre 2017 y 2021, editó 54 artículos en PLOS ONE, 43 de ellos posteriormente retractados, 31 este año. En 2024, la revista Neural Computing and Applications, publicada por la editorial Springer Nature, invalidó 24 de los 26 artículos de una edición especial de 2018 de la que Lv fue editor invitado. Los fundamentos de las retractaciones, que incluían un artículo en el que el propio Lv era coautor, eran que la revisión por pares se había visto comprometida, la inclusión de citas irrelevantes, la manipulación de imágenes, la presencia de frases distorsionadas, que pueden indicar un intento de ocultar plagio, y contenidos fuera del campo de interés de la revista. Según declaró Lv a Nature, en aquel momento él no estaba enterado de que el envío de un trabajo de su autoría a una edición especial de la que era editor responsable configurara un conflicto de intereses. En 2022, PLOS ONE lo apartó de su equipo de editores voluntarios.

Los otros editores mencionados en la investigación fueron Haibin Lv, geólogo marino del Ministerio de Recursos Naturales de China (quien no guarda ningún parentesco con Zhihan Lv), Adnan Noor Shah, agrónomo de la Universidad de Ingeniería y Tecnología de la Información Khwaja Fareed, en Rahim Yar Kahn (Pakistán), y el médico Aamir Ahmad, docente de la Universidad del Sur de Alabama, en Mobile (EE. UU.), durante una parte del período en que se desempeñó como editor en PLOS ONE, entre 2012 y 2020.

La revista Nature logró identificar los nombres de los cinco editores al analizar los datos de otra investigación, publicada en agosto en la revista PNAS por científicos de la Universidad Northwestern, en Estados Unidos. Este estudio reveló hasta qué punto el funcionamiento de las fábricas de artículos científicos depende de un sistema complejo, que incluye a revistas e intermediarios que envían manuscritos fraudulentos o de mala calidad a editores negligentes o corrompidos. En ese trabajo se analizaron 276.956 artículos publicados en PLOS ONE entre 2006 y 2023, y se evaluó el desempeño de 134.983 autores y 18.329 editores voluntarios. Se pudo constatar que 45 de esos editores fueron responsables del 30 % de todos los papers retractados del período, pese a que solo habían estado involucrados en el manejo del 1,3 % del total de los estudios publicados entre 2006 y 2023. “Las huellas que el fraude sistemático deja en la literatura son tan marcadas que no pueden atribuirse solamente a unos pocos autores deshonestos”, declaró a Nature el autor principal del estudio publicado en PNAS, Reese Richardson, quien recientemente completó su doctorado en la Universidad Northwestern con una tesis sobre reproducibilidad, sesgos y fraude en la producción científica. Para dar con los nombres de los cinco editores, que no habían sido revelados en el estudio original, el equipo de Nature cruzó los datos de pública disposición en PLOS ONE con los registros de retractación de la base de datos del sitio web Retraction Watch.

“Puede ser que algunos editores estén recibiendo sobornos”, dijo Richardson, en una entrevista concedida a la revista Science. “Pero también es posible que existan acuerdos informales pactados entre colegas”, afirmó, en referencia al hecho de que los autores suelen ser editores voluntarios de la revista y unos se ocupan de los artículos de otros y viceversa. El equipo de Northwestern registró las actividades de intermediarios que se ofrecen a gestionar la publicación de artículos en anuencia con revistas y editores deshonestos. Uno de ellos es la Asociación Académica de Investigación y Desarrollo (Arda), que tiene su sede en Chennai (India). Esta organización cobra entre 250 y 500 dólares, según los presupuestos ofrecidos a Richardson, para publicar artículos de clientes en varias revistas. La empresa les pide a los autores que le envíen sus propios manuscritos, lo que indica que no opera como una fábrica de papers, sino que se dedica únicamente a negociar su publicación.

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