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Buenas prácticas

Límites para las denuncias anónimas

Daniel BuenoLos editores de periódicos reciben regularmente denuncias anónimas que involucran plagios y fraudes en artículos científicos, pero a partir de 2010, el seudónimo Clare Francis se convirtió en un símbolo de este tipo de delación. Diane Sullenberger, editora ejecutiva de Proceedings of the National Academy of Sciences, le manifestó a la revista Nature que el 80% de las denuncias que ha recibido provienen de correos electrónicos remitidos por Francis, cuyo verdadero nombre, ocupación y género siguen siendo desconocidos.

El año pasado, el periódico Journal of Cellular Biology anuló un artículo escrito en 2006 por investigadores italianos sobre los mecanismos de fusión de mioblastos por su manipulación de las imágenes publicadas, luego de investigar una denuncia de Clare Francis. El Journal of Neuroscience también investigó recientemente una sospecha de manipulación de imágenes en un artículo de 1997, pero no logró arribar a una conclusión: aunque la acusación tenía sentido, los autores negaron categóricamente un fraude. La dificultad para tratar el caso tanto tiempo después condujo a que la revista determinase no anular el artículo; pero anexó una “declaración de preocupación” indicando su posible manipulación.

Las denuncias anónimas les plantean un dilema a los editores. “Es necesario conocer las motivaciones del delator, ya que las acusaciones infundadas pueden causar un perjuicio y transformarse ellas mismas en un tipo de mala conducta científica”, le expresó Ulrich Brandt, editor de Biochimica et Biophysica Acta a la revista Nature. En febrero de 2013, el Committee on Publication Ethics (Cope), un foro de revistas científicas que congrega a más de 7 mil afiliados, divulgó orientaciones referentes al tema. Propuso que cualquier denuncia basada en pruebas debe investigarse, aunque no se conozca su origen. No todas las revistas siguen esa directiva. El editor de Annals of Internal Medicine, Darren Taichman, le dijo al sitio web The Scientist que los denunciantes deben informar su identidad si desean que la revista investigue la acusación. La publicación acepta, con todo, mantener en secreto el nombre del delator. Ciertas tácticas empleadas por Clare Francis exasperan a los editores. A veces, el seudónimo envía las respuestas que recibe de los editores a los organismos de prensa, cuando no queda satisfecho con la acogida brindada a la denuncia. Tom Reller, vicepresidente de la editorial Elsevier, dice que no todas las acusaciones realizadas por Clare Francis ameritan una investigación. “Las denuncias son producto de la utilización de software para analizar artículos públicos disponibles. En general, señalan fallas en los registros. Preferimos emplear nuestro tiempo con personas que nos revelan aspectos sobre registros científicos que no lograríamos saber de otra forma”, declaró Reller en el sitio web de Elsevier, en diciembre.

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