
Léo Ramos Chaves / Revista Pesquisa FAPESPCerdo genéticamente modificado criado en la USPLéo Ramos Chaves / Revista Pesquisa FAPESP
En el mes de marzo, Ricky Slayman, de 62 años y con diagnóstico previo de diabetes, problemas cardíacos y una enfermedad renal en fase terminal, recibió un riñón porcino, previa edición de 69 de sus genes que podían causar rechazo y con siete genes humanos incorporados. El primer xenotrasplante ‒llamado así por tratarse de un órgano de otra especie‒, coordinado por el cirujano brasileño Leonardo Riella y su equipo en el Hospital General de Massachusetts, Estados Unidos, funcionó. Disminuyeron los niveles de una proteína filtrada por los riñones, la creatinina, y un episodio de rechazo ocho días después de la cirugía pudo controlarse con la administración de medicamentos. Sin embargo, al cabo de 52 días, el paciente falleció. La autopsia reveló una enfermedad arterial coronaria grave, sin signos de rechazo del nuevo órgano. Y en julio murió la segunda persona que recibió un riñón de cerdo genéticamente modificado, Lisa Pisano, de 54 años, a causa de una insuficiencia renal y cardíaca, tras vivir 49 días con el nuevo órgano, que le había sido trasplantado en un hospital de la Universidad de Nueva York, también en Estados Unidos (New England Journal of Medicine, 14 de mayo). Como la técnica es prometedora, la Universidad de São Paulo (USP) inauguró en abril instalaciones especiales para la cría de cerdos genéticamente modificados con la mira puesta en el suministro de órganos a seres humanos (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 339).
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