En 100 horas de transmisión en vivo por YouTube, más de un centenar de meteorólogos y científicos del clima que trabajan en Estados Unidos se unieron para mostrarle al mundo la importancia de sus investigaciones. El evento, bautizado The Weather & Climate Livestream [El tiempo y el clima en vivo], se llevó a cabo entre el 28 de mayo y el 1º de junio. “Ya sean las temperaturas de mañana o el nivel del mar dentro de 50 años, los estadounidenses necesitan planificar su futuro”, dijeron los organizadores de la manifestación digital en su sitio web oficial.
La iniciativa surgió como respuesta a los recortes, despidos y otras medidas adoptadas por la administración de Donald Trump contra las investigaciones climáticas. En enero de 2025, tal como ya había hecho en su mandato anterior (2017-2021), Trump inició el proceso de retiro formal de Estados Unidos del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). El programa presupuestario para 2026 prevé una reducción de los fondos para la National Science Foundation (NSF), la principal agencia de fomento de la investigación en Estados Unidos, que caerían de 9.000 a 3.900 millones de dólares, y también los de la agencia espacial (Nasa), de 25.000 a 19.000 millones de dólares. Los recortes, que también afectan las partidas para las universidades y otras agencias de fomento, impactan en varias áreas de la ciencia. La investigación climática es una de las más afectadas, ya que sus repercusiones no se limitan solamente a los ciudadanos estadounidenses.
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Según un estudio realizado por investigadores de la Universidad Goethe de Fráncfort, en Alemania, publicado en octubre de 2020 en la revista Environmental Sciences Europe, Estados Unidos es el país que más artículos científicos ha producido sobre el cambio climático durante las últimas tres décadas. Le siguen el Reino Unido, China, Australia y Alemania. De las 15 instituciones mundiales que más trabajos han publicado sobre las ciencias del clima, siete eran de Estados Unidos. Sin embargo, aunque el porcentaje de artículos estadounidenses en el área del clima sigue siendo alto, se ha reducido de casi un 60 % del total entre 1989 y 1994 a poco más de un 30 % entre 2015 y 2019.
A pesar de la relativa merma de su producción académica, la dependencia de los instrumentos de observación de la Tierra financiados por Estados Unidos sigue siendo significativa. Los datos climáticos generados por el país siguen siendo utilizados por científicos de todo el mundo. Las mayores preocupaciones por los recortes tienen que ver con la posible interrupción del acceso a la información producida por las redes satelitales de la Nasa y de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (Noaa). Este último organismo, que este año ha perdido a alrededor del 8 % de sus empleados (hubo 1.300 despidos), desempeña un papel crucial en el monitoreo de los océanos. La Nasa es responsable de la operación de más de 20 satélites de este tipo y la Noaa de 18.

Reproducción Youtube Investigadores estadounidenses del área de meteorología y del clima participan en las 100 horas de transmisión en vivo en YouTube, a finales del mes de mayo, para protestar contra los recortes presupuestariosReproducción Youtube
También están los globos meteorológicos de gran altitud, o globos sonda, equipados con instrumental destinado a medir la velocidad del viento, la presión atmosférica, la temperatura y la humedad, además de las estaciones meteorológicas de superficie. Esta infraestructura de observación suministra datos que se utilizan para alimentar modelos matemáticos de pronóstico meteorológica, centrados en unos pocos días, y climáticos, que apuntan a años o décadas por delante.
“Hemos notado una disminución de un 10 % de los datos sobre Estados Unidos procedentes de los globos meteorológicos, como resultado de las decisiones recientes que han tomado los estadounidenses”, dice la meteoróloga francesa Florence Rabier, directora general del European Centre for Medium-Range Weather Forecasts (ECMWF), referente en el área de pronóstico meteorológico. Según Rabier, quien conversó con Pesquisa FAPESP a través de respuestas transmitidas por la asesoría de prensa del ECMWF, para elaborar este tipo de pronósticos con relación a un solo lugar del planeta es necesario recabar información de todo el mundo. “Los globos sonda constituyen la columna vertebral del sistema mundial de observación, ya que proporcionan información altamente precisa para poder poner en marcha la elaboración de los pronósticos meteorológicos”, añade la directora del centro europeo. Merced al uso de satélites de distintos países, el sistema de previsión meteorológica del ECMWF es relativamente resistente a la escasez de datos procedentes de Estados Unidos.
Para el investigador Luiz de Aragão, del Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (Inpe) de Brasil, un componente fundamental de la red de monitoreo de la Nasa para la investigación climática es el programa Landsat, coordinado por la agencia espacial estadounidense junto al Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS). Se trata del programa más antiguo de imágenes de la superficie terrestre. Fue concebido en 1966 y sus registros comenzaron en 1972. La serie histórica es de un valor inestimable: “La comprensión de los procesos de transformación de la superficie a largo plazo es muy importante para poder generar modelos de predicción del clima más precisos. Para su disponibilidad y para poder dar continuidad a la serie histórica, estos datos no pueden dejar de recabarse”, dice De Aragão.
La oferta pública y el almacenamiento de las imágenes corren por cuenta del USGS. De momento no se han constatado interrupciones. Sin embargo, la misión Landsat Next, encargada del lanzamiento de una nueva familia de satélites a partir de 2031, ya no figura en el sitio web de la Nasa desde el 9 de junio. La propuesta de presupuesto detallado para la Nasa disponible en línea, que aún debe ser aprobada por el Congreso estadounidense, reduce los fondos destinados a Landsat Next. En 2024, la misión recibió 56,2 millones de dólares. Para 2026, no hay partidas de recursos previstas. En lugar de ello, el documento informa que los fondos necesarios para Landsat han sido asignados al sector de Imágenes de la Tierra Sostenible, para el que está previsto un monto de 70 millones de dólares para el próximo año. Empero, no hay información acerca de cuáles otros programas se han incluido en la misma partida y cómo se reestructurará la misión. Tampoco hay previsión de recursos en el documento para otros proyectos de observación de la Tierra vinculados al clima en 2026. En lo que atañe al ejercicio fiscal 2024, el recorte en esta área dentro de la Nasa supera los 270 millones de dólares.

NasaIlustración del satélite de observación terrestre Landsat 9, de la Nasa y del USGSNasa
Para el físico Alexandre Costa, de la Universidad del Estado de Ceará (Uece), si esta poda se hubiese llevado a cabo hace 20 o 30 años, las consecuencias serían peores. “Ya no dependemos tanto de Estados Unidos para la generación de datos”, comenta el especialista en ciencias atmosféricas. “En el ámbito del monitoreo satelital y el modelado climático, la comunidad europea, Japón y China son fuertes competidores. Pero no debe perderse de vista que las principales proveedoras de las bases de datos siguen siendo las agencias estadounidenses”.
Recientemente, la Noaa tuvo dar de baja una serie que informaba el costo multimillonario de los desastres climáticos en el país. Este seguimiento se venía realizando desde 1980. También se suspendió el funcionamiento de una plataforma de datos sobre la cobertura de hielo y nieve, principalmente en el Ártico y en la Antártida. “Todo el mundo sabe que los cambios climáticos cuestan caros. Se están tratando de ocultar los hechos porque los datos son inconvenientes”, dijo en una entrevista concedida a Pesquisa FAPESP la economista Rachel Cleetus, de la Unión de Científicos Preocupados (UCS), una organización no gubernamental que trabaja en temas como el clima y la energía, entre otros.
Más allá de los despidos en masa que se produjeron en la Noaa, el presupuesto propuesto para 2026 elimina un área completa de investigación que incluye más de una decena de programas de monitoreo de los océanos de la agencia. Se trata de la división de Investigación Oceánica y Atmosférica, que en 2024 recibió una asignación de 638 millones de dólares y este año 608 millones. Un proyecto que corre riesgo de desaparecer si se aprueba el presupuesto es el Global Tropical Moored Buoy Array, un conjunto de boyas ancladas en alta mar que analiza los cambios en los océanos Pacífico, Atlántico e Índico, así como la interacción entre el océano y la atmósfera.
“Todo el conocimiento científico que hemos obtenido acerca de los patrones que rigen El Niño y La Niña proviene de esas boyas instaladas en el Pacífico, en el marco del programa Tao, puesto en marcha en 1985 para estudiar este fenómeno”, comenta la oceanógrafa física Regina Rodrigues, de la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC), quien realiza una pasantía posdoctoral en la Noaa. El proyecto Pirata, la versión en el Atlántico del Global Tropical Moored Buoy Array, en funcionamiento desde hace 30 años, también cuenta entre sus colaboradores con institutos de Francia y Brasil, como el Inpe y la Marina de Brasil. “Los recortes pueden afectar la producción de boyas, que son fabricadas por la Noaa. Esto puede llevar a una reducción de la cantidad de boyas activas y generar un faltante de datos para los lugares donde éstas se encontraban”, comenta Rodrigues.
El programa Argo es otro que corre riesgos en 2026 dentro de la misma división de investigaciones oceánicas. Creado en 1999, está compuesto por 4.000 robots que se sumergen durante dos semanas para medir la temperatura del agua, las corrientes marinas y la salinidad en los 2.000 metros superficiales del océano. En la iniciativa participan 30 países. “Estados Unidos aporta la mitad de los robots al sistema, que ha sido fundamental para entender hacia dónde se dirige el exceso de calor del cambio climático”, dijo en una entrevista concedida a Pesquisa FAPESP el oceanógrafo estadounidense Rick Spinrad, director de la Noaa entre 2021 y 2025. “A no ser que un consorcio de naciones asuma ese mismo rol, podemos llegar a perder los datos y los equipos”.
Este artículo salió publicado con el título “Panorama sombrío en EE. UU.” en la edición impresa n° 353 de julio de 2025.
Artículo científico
KLINGELHÖFER, D. et al. Climate change: Does international research fulfill global demands and necessities? Environmental Sciences Europe. 15 oct. 2020.
