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LINGÜÍSTICA

Los sustantivos propios, tales como los de personas y lugares, inspiran los estudios de la onomástica

Se trata de un área transdisciplinaria que abarca conocimientos que van desde el derecho hasta la psicología

Sandra Jávera

Los nombres propios Francinaldo y Florisvalda tienen algo en común más allá de su letra inicial. “Son nombres netamente brasileños, producto de la fusión de dos partículas provenientes de nombres tradicionales”, comenta Juliana Soledade, docente de la Universidad Federal de Bahía (UFBA) y autora del libro intitulado Os brasileiros e seus nomes: Teoria e história da antroponímia no Brasil [Los brasileños y sus nombres. Teoría e historia de los antropónimos en Brasil] (Pontes Editores, 2024). “Brasil introdujo innovaciones en su lista de nombres de personas, que presenta características muy peculiares si se la compara, por ejemplo, con el sistema de nominación portugués, que se ciñe a una lista fija establecida por el gobierno. Desafortunadamente, estos nombres brasileños están estigmatizados y desprestigiados en el país, pero guardan íntima relación con la creatividad brasileña.”

Según la investigadora, las creaciones brasileñas se valieron del modelo biformativo del patrón germánico heredado de los colonizadores portugueses. “En general, los nombres de raíz germánica surgen de la combinación de dos palabras comunes [en alemán] que crean un nombre con un tercer significado. Por ejemplo, es el caso de Eduardo, que se forma por la unión de ead (‘rico, feliz’) y weard (‘guardia’), y su significado es ‘guardián de la riqueza’, o la combinación de ber (‘oso’) y hard (‘duro, fuerte’), que da lugar a Bernardo, cuyo significado podría ser ‘oso fuerte’ o ‘fuerte como un oso’”, explica Soledade. “Los brasileños formaron nuevas combinaciones de nombres con estas partículas. Así, por ejemplo, José, un nombre de origen hebreo, se une a naldo, formativo de origen germánico, para crear Josenaldo, sobre el que no podemos inferir ningún significado particular.”

Hasta finales del siglo XIX, los nombres de uso habitual en el territorio nacional, especialmente los impuestos por los canales oficiales, eran de tradición lusitana-judeo-cristiana, dice la investigadora. Este panorama comienza a cambiar a partir de la entrada en vigencia del Decreto nº 9.886 de la Constitución de 1888, que deja sin efecto la incumbencia exclusiva de la Iglesia Católica en los registros de nacimiento, matrimonio y defunción. “Otro aspecto importante fue la abolición de la esclavitud. Los antiguos esclavizados quisieron diferenciarse de los nombres de la elite blanca y crearon otras opciones”, explica Soledade, quien actualmente coordina la confección del Novo dicionário de nomes em uso no Brasil [Nuevo diccionario de nombres en uso en Brasil], un proyecto creado por ella en 2017, cuando era docente en la Universidad de Brasilia (UnB).

Sandra Jávera

Las investigaciones de Soledade se encuadran en el campo de la onomástica, rama de la lingüística que estudia los sustantivos propios en general y, en particular, los nombres de personas (antropónimos) y lugares (topónimos). “Se trata de un área esencialmente interdisciplinaria, porque comprende conocimientos de campos tales como el derecho, la historia, la sociología, la psicología y la geografía”, explica Patricia Carvalhinhos, de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas de la Universidad de São Paulo (FFLCH-USP).

Según Carvalhinhos, la onomástica como disciplina científica a nivel mundial fue establecida en el siglo XIX por el historiador y archivista francés Auguste Longnon (1844-1911). “No obstante, esta discusión se remonta a la Antigüedad. Incluso Platón reflexionó acerca de los nombres, como queda patente en su diálogo Crátilo”, dice la investigadora. Entre los pioneros en idioma portugués figura el filólogo lusitano José Leite de Vasconcelos (1858-1941), autor de la obra Antroponímia portuguesa (1928). En tanto, en Brasil, uno de los hitos es el Dicionário etimológico da língua portuguesa [Diccionario etimológico de la lengua portuguesa] (1952), de Antenor Nascentes (1886-1972), centrado en la etimología de los nombres propios.

En el ámbito académico, los primeros trabajos aparecieron en el país durante la primera mitad del siglo XX. Es el caso de los estudios de Plínio Ayrosa (1895-1961), de la cátedra de etnografía y lengua tupí-guaraní de la USP, quien publicó, entre otros, títulos como Termos tupis no português do Brasil [Vocablos tupíes en portugués de Brasil] (1937). “La toponimia fue uno de los medios que utilizó para entender la lingüística indígena”, dice Carvalhinhos. Sin embargo, el campo se consolidó realmente en Brasil en la década de 1990, merced al trabajo, por ejemplo, de Maria Vicentina de Paula do Amaral Dick (1936-2024), también de la USP. “En su tesis doctoral, defendida en 1980 y publicada en 1992, la estudiosa adaptó a la realidad brasileña el análisis por campos semánticos, una metodología que venía siendo utilizada en las investigaciones realizadas en todo el mundo desde la década de 1950”, explica Carvalhinhos. “A grandes rasgos, esta idea consiste en segmentar la realidad para entender mejor sus particularidades. Podemos tomar, por ejemplo, los nombres de las ciudades brasileñas y dividirlos en dos grandes grupos: aquellos que se inspiraron en la naturaleza y otros procedentes de artefactos humanos. Luego se crean subcategorías y así sucesivamente”.

Los indígenas del pueblo Parkatêjê, que habitan el sudeste del estado de Pará, llaman Pyti al río Tocantins, cuyo significado es “mucho achiote”

Para Eduardo Amaral, de la Facultad de Letras de la Universidad Federal de Minas Gerais (Fale-UFMG), aún queda mucha tarea por hacerse en este campo de estudio en el país, principalmente en materia de antroponimia. En colaboración con Márcia Seide, de la Universidad Estadual del Oeste de Paraná (Unioeste), Amaral creó el Observatorio Onomástico (O-Onoma), una red creada en 2020 con el propósito de facilitar el intercambio de resultados de investigaciones y la cooperación entre instituciones. El año pasado, este grupo formado por miembros de más de 20 universidades brasileñas lanzó el libro Os nomes próprios no Brasil: Contribuições do Observatório Onomástico (O-Onoma) [Los nombres propios en Brasil. Contribuciones del Observatorio Onomástico], publicado por Pontes Editores.

Graduado en derecho y letras, Amaral estudia diferentes categorías de nombres propios, con el respaldo de la Fundación de Apoyo a la Investigación Científica del Estado de Minas Gerais (Fapemig). Una de ellas es el nombre social, reconocido en Brasil mediante el Decreto nº 8.727 de 2016. Esta disposición validó el derecho a utilizar un nombre social en el ámbito público por las personas con una identidad de género distinta a la que figura en el registro civil. “El nombre social, que es la denominación con la que una persona travesti o transgénero prefiere que se la llame, empezó a ser reconocido institucionalmente a partir de la primera década de este siglo. Esto empezó a ocurrir primero en el ámbito de la salud, para evitarle situaciones embarazosas a la población LGBT+ en hospitales y otros centros asistenciales públicos, y luego le siguió el sector de la educación, en universidades y escuelas”, dice Amaral. “Por desdicha, a diferencia de lo que ocurre en países tales como España y Argentina, en Brasil no tenemos una ley que garantice este derecho en forma definitiva. No hay que olvidarse que un decreto federal puede ser revocado con la firma del presidente en ejercicio”.

En su tesis doctoral elaborada con el apoyo de la FAPESP y defendida en 2024 en la FFLCH-USP, Letícia Rodrigues investigó los apellidos portugueses de uso corriente en Brasil. La investigadora utilizó como fuentes la lista de inmigrantes que se alojaron en la Hospedaria de Imigrantes do Brás [Posada de Inmigrantes de Brás], en São Paulo, entre 1887 y 1889, así como los pasaportes de los portugueses que emigraron a Brasil entre 1888 y 1990, que consultó durante su período como investigadora visitante en la Universidad de Coímbra, en Portugal. Asimismo, examinó la lista de aprobados en la primera etapa de la Fundación Universitaria para el Examen de Ingreso (Fuvest) en 2017.

En total, Rodrigues recopiló unos 50.000 apellidos, pero trabajó con unos 1.700. “Esta discrepancia numérica se debió principalmente a las múltiples variantes de un mismo apellido, que difieren tan solo en su ortografía, como en el caso de ‘Queirós’ y ‘Queiroz’”, ejemplifica la investigadora, quien en la actualidad está dedicada a elaborar el Dicionário onomástico etimológico dos sobrenomes portugueses em uso no Brasil [Diccionario etimológico onomástico de apellidos portugueses en uso en Brasil].

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“Algunos de estos apellidos guardan relación con la naturaleza, como Pereira y Oliveira [peral y olivo], mientras que otros derivan de elementos religiosos, como Trindade y Rosário. También existen apellidos asociados a nombres de animales, tales como Cordeiro, Coelho y Sardinha, y nombres de profesiones, entre ellos Ferreiro, Machado y Monteiro”, comenta Rodrigues. “En tanto, Lacerda, deriva de la expresión castellana ‘la cerda’, que se refiere a un mechón de pelo sobresaliendo de la camisa a la altura del pecho, o Pestana, que alude a una persona con pestañas largas”.

Durante la licenciatura en letras, carrera de la que egresó en 2014 en la Universidad Federal de Pará (UFPA), Tereza Tayná Coutinho Lopes estudió diversos aspectos de la lengua y la cultura de la etnia Parkatêjê, que habita en el sudeste de ese estado. “Al elegir un nombre, la persona que lo hace elige una característica, positiva o negativa, de la conducta del nombrado con la cual lo denominará”, explica Coutinho Lopes, docente del Instituto Federal de Educación, Ciencia y Tecnología de Pará (IFPA). Entre otros ejemplos cita el nombre Kôkupati, que significa “miedo al agua”. “Se trata de un nombre propio impuesto por un nominador que indica que una característica de su personalidad es el hecho de tenerle miedo al agua y esta característica será recordada por las generaciones futuras a través del nombre propio creado”, continúa.

Coutinho Lopes también analizó la toponimia del pueblo Parkatêjê en su investigación doctoral, cuya tesis defendió en 2022 en el Programa de Posgrado en Letras de la UFPA. “Algunos de los nombres son literales, como es el caso de la aldea Kôjakati, que significa agua blanca o clara y lleva ese nombre por las características de un arroyo cercano”, dice la investigadora.

Otros nombres tienen connotaciones culturales. “Los indígenas llaman Pyti al río Tocantins, que significa ‘mucho achiote’”, dice Coutinho Lopes. “Esto se debe al mito que narra que, tras la creación del mundo, los indígenas de la zona encontraron grandes cantidades de achiote o urucú [Bixa orellana, planta tropical que produce un pigmento natural de color rojo brillante que se utiliza como colorante], machacaron todas las semillas y las arrojaron al río, tiñendo sus aguas. En el mito, el río adquirió el color típico de este fruto ampliamente utilizado en la cultura del pueblo Parkatêjê”.

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Coutinho Lopes forma parte del grupo de investigación denominado “Estudios funcionales-descriptivos del idioma del pueblo Parkatêjê y otras lenguas habladas por minorías”, de la UFPA, que se ocupa, por ejemplo, de la importancia de la preservación de los nombres propios de los pueblos originarios en suelo brasileño. “En el caso del idioma del pueblo Parkatêjê, las nuevas generaciones enfrentan dificultades para preservar su lengua tradicional, porque el predominio del portugués ha llevado a que solamente los ancianos conserven los conocimientos ancestrales de los mitos, las prácticas culturales y el habla fluida originaria”, dice la investigadora.

Los topónimos desempeñan un papel importante en la constitución de la memoria, pero en los últimos años las metrópolis brasileñas han experimentado un proceso conocido como comercialización de los naming rights, o derechos de denominación. “En el marco de esta estrategia de marketing, el nombre de una marca comercial se añade al nombre de un espacio, por ejemplo, un estadio de fútbol o una estación del metro”, explica Martin Jayo, docente de la Escuela de Artes, Ciencias y Humanidades de la Universidad de São Paulo (EACH-USP), coautor de un artículo sobre el tema.

El año pasado, la plaza Largo da Batata, en el sector occidental de la ciudad de São Paulo, fue objeto de un intento de suscripción de un contrato de este tipo entre la alcaldía de São Paulo y una multinacional que produce alimentos y bebidas. La idea era añadir al nombre del espacio, en forma temporal, el nombre comercial de una marca de papas fritas de la empresa. Ante las repercusiones negativas entre la población, la gestión municipal dio marcha atrás y desistió de la firma del acuerdo. “Pensamos en el patrimonio físico, brindamos protección patrimonial a las construcciones, pero los nombres constituyen un tipo de patrimonio que no es tenido en cuenta en Brasil”, lamenta el investigador.

Este artículo salió publicado con el título “En todos los sentidos” en la edición impresa n° 349 de marzo de 2025.

Proyecto
Los caminos de la inmigración: apellidos que cuentan historias (n° 19/20331-8); Modalidad Beca doctoral; Investigador responsable Mário Eduardo Viaro (USP); Becaria Letícia Santos Rodrigues; Inversión R$ 201.057,04.

Artículos científicos
CARVALHINHOS, P. y LIMA, A. T. Toponímia, teoria e método. Retratos de tradição e inovação. Revista Linha D’Água, v. 36, p. 1-20. 2023.
LOPES, T. T. C. y FERREIRA, M. de N. O. Língua, identidade e cultura: Aspectos semânticos da toponímia Parkatêjê (Timbira). EntreLetras, n. 15, p. 251-68. 2024.
JAYO, M. y LIMA, A. T. Comodificação toponímica e a cidade neoliberal: Sobre a venda de direitos de nomeação (naming rights) das estações do metrô de São Paulo. Domínios de Lingu@gem, Uberlândia, v. 15, n. 2, p. 347-70. 2021.

Libros
AMARAL, E. T. R. et al. Os nomes próprios no Brasil: Contribuições do Observatório Onomástico (O-Onoma). Campinas: Pontes Editores, 2024.
SOLEDADE, J. O brasileiro e seus nomes: Teoria e história da antroponímia no Brasil. Campinas: Pontes Editores, 2024.
SOLEDADE, J. y SIMÕES NETO, N. A. (Comp.) Nomes próprios: Abordagens linguísticas. Salvador: EDUFBA, 2021.

Capítulo de libro
CARVALHINHOS, P. “Onomastics and Toponomastics”. En: KABATEK, J. y WALL, A. (Org.). Manual of Brazilian Portuguese Linguistics. Berlín: De Gruyter, 2022, v. 21, p. 513-52.

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