
Ana Luisa EscorelAntonio Candido en su despacho, en 1967Ana Luisa Escorel
Por sugerencia de su madre, cuando Antonio Candido tenía 15 años comenzó a registrar sus impresiones en cuadernos. El sociólogo y crítico literario brasileño conservó este hábito hasta el final de su vida. Al morir, a los 98 años, en 2017, dejó 74 volúmenes manuscritos. La película Antonio Candido, anotações finais (2024), en cartelera en los cines desde septiembre, recoge y desmenuza los dos últimos. El documental, cuya narración corrió por cuenta del actor Matheus Nachtergaele, incluye abundante material extraído principalmente de la colección fotográfica de Candido y su esposa, la filósofa y ensayista Gilda de Mello e Souza (1919-2005). Dicha colección, que reúne unas 8.000 fotografías, fue donada hace siete años a la Universidad de São Paulo, donde ambos fueron docentes. En el largometraje, el intelectual aborda temas tales como la fragilidad física propia de la “vejez enemiga”, la crisis política que vivió el país con el derrumbe del gobierno de Dilma Rousseff y su infancia en el interior de Minas Gerais. “En ese último año y medio de su vida, realiza un repaso de su carrera sin dejarse caer en la melancolía, conservando el buen humor y la vitalidad”, dice el cineasta Eduardo Escorel, director del filme y yerno de Candido (Superfilmes-Cinefilmes).
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