Imprimir Republish

ENTREVISTA

Luciana Santos: Necesitamos nuevos ordenamientos

La nueva ministra de Ciencia, Tecnología e Innovación de Brasil habla de los planes para la recuperación de la financiación pública de la investigación científica y de la lucha contra la desigualdad de género en la ciencia

Léo Ramos Chaves / Revista Pesquisa FAPESP

La ingeniera electricista Luciana Barbosa de Oliveira Santos es la primera mujer al frente del Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación (MCTI). Graduada en la Universidad Federal de Pernambuco (UFPE), fue secretaria de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente de Pernambuco entre 2009 y 2010, y posee una extensa carrera política en el estado. Afiliada al Partido Comunista de Brasil, fue alcaldesa del municipio de Olinda entre 2001 y 2008, y diputada federal durante dos mandatos consecutivos entre 2011 y 2018.

Al frente del MCTI, estableció como prioridades iniciales la recuperación de la financiación pública destinada a ciencia, tecnología e innovación y la lucha contra las desigualdades de género en el ámbito científico. El 10 de febrero, estuvo en São Paulo para asistir a la entrega del Premio Carolina Bori Ciencia & Mujer, concedido anualmente desde hace cuatro años por la Sociedad Brasileña para el Progreso de la Ciencia (SBPC). Al día siguiente, concedió la siguiente entrevista a Pesquisa FAPESP:

En la ceremonia de entrega del Premio Carolina Bori, usted dijo que el MCTI va a combatir la desigualdad de género en el reparto de las becas ¿Cuáles son sus planes?
Estas cosas exigen una inmersión en la realidad objetiva de las chicas que están estudiando en la facultad o incluso antes de ingresar a una carrera universitaria. Ese ha sido el enfoque de lo que intentamos llevar a cabo en el marco de una iniciativa concretada en Pernambuco y denominada Futuras Científicas, a través del Centro de Tecnologías Estratégicas del Nordeste [Cetene]. Se trata de un programa orientado a las alumnas de las escuelas de enseñanza media de la red pública. Los resultados son elocuentes: el 70 % de ellas aprobó el Enem [Examen Nacional de la Enseñanza Media] en áreas relacionadas con ingeniería, matemática y física. Pero a la hora de evaluar sus trayectorias y trazar un diagnóstico de su participación en másteres y doctorados, la realidad de las chicas es más complicada. Muchas hacen una pausa para tener hijos y se ven perjudicadas, por ejemplo, en las evaluaciones de sus carreras. La mujer se erige en la retaguardia de la familia. Nuestra meta es mejorar las experiencias, tal vez reunirlas en un programa único e intentar establecer un flujo que responda a las contradicciones concretas que vivencian las mujeres.

En cuanto a la financiación de la investigación científica, la medida provisional (MP) que retenía las partidas del Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (FNDCT) perdió validez el 5 de febrero, pero los fondos aprobados en el presupuesto no tienen esto en cuenta. ¿Cómo pueden garantizarse más recursos?
Durante el gobierno anterior, la ciencia vivió un apagón que fue mucho más allá del relato negacionista en la lucha contra el covid-19. Hubo una reducción drástica de la financiación. Los fondos discrecionales del ministerio se derrumbaron de 11.000 a 2.700 millones de reales. El FNDCT, compuesto por recursos procedentes de la iniciativa privada como contrapartida de exenciones tributarias, una gran solución plasmada desde hace décadas en Brasil, quedó retenido. La MEI [Movilización Empresarial para la Innovación] se unió a la academia y así se pudo aprobar una ley que prohibió la retención de esos fondos en 2021. Así y todo, se decretó una MP, la nº 1.136, para poder bloquear estos recursos de manera escalonada hasta 2026. Ese decreto caducó y el gobierno asumió el compromiso de enviar al Congreso un proyecto de ley que abre un crédito para recuperar la parte de los fondos retenidos que suma 4.200 millones de reales, llegando al total de 9.900 millones previstos como recaudación del fondo. Estamos empeñados en ampliar la financiación. Y necesitamos nuevos ordenamientos.

¿Qué tipo de ordenamientos?
Hemos discutido con el presidente de Petrobras, Jean Paul Prates, la necesidad de asumir la transición energética. Queremos invertir en energías renovables. Tenemos un legado positivo de centrales hidroeléctricas, además de un parque eólico y solar considerable. Necesitamos ser capaces de producir los insumos para las placas fotovoltaicas. La gran estrella del momento es el hidrógeno verde. Todo esto lo hemos debatido con el presidente de Petrobras y pretendemos que el BNDES también forme parte de este paquete de inversión. Aparte de eso, tenemos la Ley del Bien y la Ley de la Informática, que contemplan inversiones de la iniciativa privada. Tenemos que generar las condiciones para que por cada real que invierta el ministerio, Petrobras y el BNDES pongan otro, al igual que las empresas del sector de la cadena productiva que se beneficiarán de la inversión en ciencia. Estamos entre los 10 países que publican más artículos científicos, pero esto no se traduce en innovación.

La inversión pública brasileña en investigación y desarrollo no es menor si se la compara con la destinada en diversos países, pero la participación de las empresas es relativamente más baja. ¿Cómo podría comprometérselas en este esfuerzo?
Los antecedentes de estímulo a algunas cadenas productivas han sido de exenciones tributarias. Se exime a las empresas del pago de algunos impuestos y ellas invierten en innovación. Esto es, más o menos, lo que ocurre con la industria electroelectrónica. El Padis, un plan de apoyo al desarrollo de la industria de los semiconductores, ya lo preveía. Aún no dominamos la tecnología de fabricación de los chips de alta complejidad, pero están dadas las condiciones para el desarrollo de esta capacidad en el país. La experiencia del Ceitec [Centro Nacional de Tecnología Electrónica Avanzada] es una muestra de ello. Hemos llegado a ocupar casi la mitad del mercado nacional de chips vehiculares. La lógica ha venido siendo la de las exenciones, pero creo que, en el caso de algunos sectores más dinámicos, tenemos que promover acciones compartidas. Tenemos que estimular la participación de las empresas en la innovación. Esto ha quedado demostrado con la movilización para preservar el FNDCT. La ley de retenciones de fondos cero solo pudo plasmarse porque la industria se comprometió. Una porción significativa del sector productivo está convencida de que este es el camino.

Usted ha mencionado ahora al Ceitec, un centro de producción de semiconductores que afrontaba un proceso de disolución porque, según el gobierno, era deficitario. ¿Cómo se propone rescatar esta experiencia de manera sostenible?
El Ceitec no tenía una política de compras del Estado y eso tiene que ser así, porque es lo que marca la diferencia en cualquier cadena productiva. Esto puede verse en el caso del petróleo y del gas: si Petrobras compra barcos brasileños, existen los astilleros nacionales. Si no lo hace, los astilleros cierran. Una política de compras incrementa la inversión en ciencia y tecnología y así entra en calor la cadena productiva. La decisión de liquidar el Ceitec porque era deficitario fue desacertada. Países como China y Estados Unidos, cuya competencia en semiconductores es gigantesca, invierten alrededor de 10.000 millones de dólares en ese segmento. Hemos creado un grupo de trabajo para discutir la viabilidad del Ceitec a mediano y largo plazo. Es el paso inicial para actualizar la política de semiconductores, que forma parte de nuestro programa de reindustrialización.

¿En qué otras áreas de la industria sería necesario implementar acciones y proyectos más abarcadores?
Están sentadas las bases para dar los primeros pasos y repensar la política de ciencia y tecnología en Brasil. Una de ellas la constituyen las directrices del grupo de trabajo de transición, que ha reunido a los cuadros que forman parte del sector; el otro es el Plan Nacional de Ciencia y Tecnología, cuya última versión en Brasil fue hace 12 años. Una estrategia nacional debe garantizarle al país soberanía y autonomía. Necesitamos reducir nuestra dependencia. El covid-19 ha demostrado cuán nefasto es esto en todo el mundo.

¿Qué cosas pueden rescatarse de la estrategia formulada hace 12 años?
Hemos definido 13 áreas estratégicas, que contemplan el fortalecimiento de las tecnologías denominadas portadoras de futuro, tales como la biotecnología, la nanotecnología, la agenda del cambio climático, la transición energética, la biodiversidad de la Amazonia. Ya contamos con bastante presencia en muchas de estas áreas. En el campo aeroespacial, tenemos una constelación de satélites, los CBERS, lanzados mediante una cooperación con China. Pretendemos desarrollar el CBERS-6. Esto será parte de la agenda presidencial durante la próxima visita a China. Tenemos el complejo industrial de la salud. Producimos vacunas contra el covid-19 en el Instituto Butantan de São Paulo y en la Fiocruz, pero no los insumos. Hay que actualizar los ejes estratégicos. Vamos a celebrar una nueva Conferencia Nacional de Ciencia y Tecnología con este propósito.

Las becas del CNPq y de la Capes serán actualizadas en un 40 %, ¿pero eso será suficiente para revertir la pérdida de interés de los jóvenes por la carrera científica?
Se trata de un fenómeno existente a nivel mundial, pero en Brasil también podría explicarse por el reciente proceso de descalificación de nuestra base científica. Durante el gobierno anterior, las universidades fueron tratadas como ámbitos de alboroto. Nuestras universidades reúnen toda la excelencia en cuanto a la enseñanza, la investigación y la extensión. Me parece que un vértice de la cuestión es la ausencia de un proyecto nacional de desarrollo. De existir un proyecto audaz, basado en el aprovechamiento de la inteligencia brasileña, habrá gente que se sentirá atraída. Es necesario emular, ostentar y demostrar lo transformadora que es la ciencia, cuán bella y revitalizante es, para que las personas se enorgullezcan de ser científicas.

Republicar