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Entrevista

Luís Carlos Crispino habla de las acciones de popularización de la ciencia en la región amazónica

Docente e investigador de la Universidad Federal de Pará, el físico es el ganador del Premio José Reis de Divulgación Científica de este año

Bassalo Crispino en el Centro Interactivo de Ciencia y Tecnología de la Amazonia, en Belém

Irene Almeida

El físico Luís Carlos Bassalo Crispino, nacido hace 54 años en el estado de Pará, en el norte de Brasil, fue el ganador del 45º Premio José Reis de Divulgación Científica y Tecnológica en la categoría Investigador y Escritor este año, un galardón otorgado por el Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq) de Brasil. Dos décadas atrás, Bassalo Crispino creó junto a algunos colaboradores el Laboratorio de Demostraciones del en ese entonces Departamento de Física de la Universidad Federal de Pará (UFPA), para recibir a los alumnos de las carreras de grado y de las escuelas de la zona, y también un proyecto en cuyo marco se organizan charlas sobre física. Estas iniciativas constituyeron el embrión del Centro Interactivo de Ciencia y Tecnología de la Amazonia, cuya nueva sede, en el campus de la universidad, quedó abierta a las visitas en el año 2022, y que atiende a estudiantes de escuelas públicas y privadas. Bassalo Crispino es coordinador del Programa de Posgrado en Física de la UFPA y lidera el grupo de investigación Gravity at Amazonia (Gravazon), que se aboca fundamentalmente al estudio de los agujeros negros. En un diálogo que mantuvo con Pesquisa FAPESP por videollamada, habló sobre sus actividades.

Entre las actividades de divulgación científica que usted lleva a cabo, ¿cuál influyó más en el logro del premio?
Creo que este reconocimiento llegó por el conjunto de la obra. Son más de dos décadas de trabajos orientados hacia la divulgación de la ciencia. Empezamos en 2004, con el Laboratorio de Demostraciones, inspirado en un modelo que conocí cuando cursé mi carrera de grado en la USP. Al principio recibíamos al público de la propia universidad, a los alumnos de las carreras de grado, pero luego lo expandimos a alumnos de escuelas públicas y particulares, todo de manera gratuita. Está también el proyecto Física y Tecnología para la Escuela, que lleva a científicos, docentes y estudiantes universitarios a dictar charlas en escuelas. Dentro del mismo, creamos las Charlas Vocacionales, enfocadas en la orientación a los estudiantes, y más adelante el proyecto Chicas en la Ciencia. Este último surgió incluso de la vivencia personal con mi esposa, Ângela Burlamaqui Klautau, quien también es física. Estos proyectos sumados culminaron en la creación del Centro Interactivo de Ciencia y Tecnología de la Amazonia.

¿Qué dimensiones tiene el público contemplado?
Podemos recibir grupos compuestos por hasta 200 personas por día, los lunes, miércoles, jueves y viernes. Los martes realizamos seminarios internos para la capacitación de nuestro equipo. Y los sábados hacemos otro tanto con los alumnos que aspiran a participar en las olimpíadas brasileñas de Astronomía y Astronáutica, y también sobre Cohetes. Todo empezó en una salita, y desde 2022 funcionamos en una edificación de dos pisos con más de 10 salas, incluso con biblioteca y sala de reparaciones. Creamos también el Museo Interactivo de la Física, en donde las personas entran y manipulan los aparatos, siempre bajo supervisión, tanto para velar por la seguridad como para preservar los materiales. El museo se pensó para ser un ambiente con un buen acabado y para hacer posible una experiencia sensorial y educativa más rica.

Ya han llevado actividades a las comunidades ribereñas e indígenas. ¿Cómo fueron esas experiencias?
Sí, ya hemos hecho eso. Un ejemplo significativo fue el eclipse anular de Sol que ocurrió en octubre de 2023, un fenómeno raro, que en esa oportunidad pudo observarse desde la Amazonia. El próximo solamente se verá dentro de 100 años. Yo estaba en Portugal, pero organicé todo a distancia con la Secretaría Municipal de São Félix do Xingu, localidad en donde podría verse el fenómeno en su totalidad. La actividad principal transcurrió en la ciudad, con varios telescopios destinados a la observación del eclipse, pero pedí que también llevásemos aparatos a una aldea indígena. El video del evento salió emocionante, con una banda de sonido realizada con música indígena. Ya hemos dispuesto equipos en un barco y los hemos transportado hasta una comunidad ribereña. La idea es que algún día tengamos un barco propio que pueda navegar entre las decenas de islas de Belém, parar en cada una de ellas y ofrecer esa experiencia. Es un sueño.

Y hablando de su trayectoria académica, usted empezó su carrera de grado en física e ingeniería en la UFPA en el año 1987, pero se trasladó a la Universidad de São Paulo, en la capital paulista, para seguir física. ¿Por qué?
En aquella época, la UFPA vivía otro momento. No había una masa crítica suficiente, ni en términos de docentes, ni de estructura académica. Siempre estudié mucho por cuenta propia, pero sentía que, si tuviese acceso a una formación mejor estructurada, podría desarrollarme mejor. Mi padre me ayudaba, aunque tuve una beca de estudios. Fui incluso becario de iniciación a la investigación científica de la FAPESP. En la USP tuve acceso no solamente a las asignaturas experimentales más elaboradas, sino que también conocí el Laboratorio de Demostraciones del Instituto de Física, que fue rebautizado con el nombre de Ernst Wolfgang Hamburger [1933-2018], ideador del proyecto en la década de 1970. El espacio contaba y aún cuenta con aparatos para la realización de experimentos sobre magnetismo, óptica, mecánica, electricidad, acústica y termodinámica. Este laboratorio de la USP sirvió de inspiración para el que creamos en Belém.

Usted también ayudó a implementar en la UFPA el primer programa de doctorado en física de la región amazónica. ¿Qué obstáculos tuvo que superar?
La maestría en física de la institución, creada en el año 1986 como la primera de la Amazonia, debió afrontar dificultades iniciales a causa de la escasez de docentes con titulación doctoral, y la primera culminación de una tesina de magíster se registró recién 10 años después. Luego de una serie de exigencias de la Capes [Coordinación de Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior de Brasil] en la década de 1990, ayudé a reestructurar el programa en 2003. Calificamos al cuerpo docente, ampliamos la producción científica y disminuimos el plazo estipulado para la redacción de las tesinas, lo que hizo posible la creación del doctorado siete años después. Hoy en día, el grupo Gravazon que coordino cuenta con reconocimiento internacional y forma alumnos desde la carrera de grado hasta el doctorado, en su mayoría de la propia región, y de excelencia.

¿Cómo ve el papel de la divulgación científica en la actualidad?
Vivimos un momento de ataque a las universidades, de negacionismo y de descrédito de la ciencia en una parte significativa de la población, y presumo que esto también está relacionado con la conducta de algunos científicos y miembros de la comunidad académica. Han faltado más charlas, más eventos públicos, espacios en donde sea posible mostrarle a la sociedad lo que se hace dentro de la academia.

Existen diversas iniciativas de divulgación de la ciencia en las plataformas digitales. ¿Qué importancia tiene ir más allá de ellas?
No poseo perfiles personales en las redes sociales, pero todas nuestras iniciativas cuentan con páginas web, Instagram, Facebook y canales en YouTube. También le doy mucho crédito a la experiencia presencial. Cuando uno ve un video, ¿cómo sabe si eso sucedió realmente o si se trata de un montaje? Si la persona está presencialmente allí, activa, genera la chispa, enciende el motor que pone a girar la rueda: vivencia la ciencia. Existe aquella máxima que reza: “Si me lo dices, lo olvido. Si me lo enseñas, recuerdo. Si me involucras, aprendo”. El aprendizaje está ligado a la vivencia.

¿Cuál es el rol de las escuelas y de sus laboratorios con este panorama?
No sé si la escuela a la que yo iba contaba con un laboratorio, pero lo que es seguro es que yo no fui. Esto sucede porque una clase de laboratorio exige mucho. El docente debe preparar el espacio antes, dar la clase práctica y después ordenar todo de nuevo, puesto que cada curso puede realizar experimentos distintos. Para mí la escuela es una pieza clave en la divulgación científica. Aun en zonas que carecen de internet, si el docente logra presentar la ciencia de manera adecuada, podemos generar un avance significativo.

Este artículo salió publicado con el título “Luís Carlos Bassalo Crispino:El aprendizaje está ligado a la vivencia” en la edición impresa n° 357 de Noviembre de 2025.

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