Guia Covid-19
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Educación

Más allá de las aulas

El cierre de las escuelas y las universidades durante la pandemia de covid-19 replantea el debate sobre la educación a distancia

Imagen registrada el 17 de marzo, que muestra a un estudiante solitario en el campus de la Universidad de São Paulo. En la institución se dictan 183 carreras de grado con más 58 mil alumnos matriculados

Amanda Perobelli/ Reuters/ Fotoarena

Tan pronto como se adoptaron las primeras medidas de aislamiento social para contrarrestar el avance del covid-19 en el mundo, que condujeron al cierre de escuelas y universidades, se empezó a escribir un nuevo capítulo en la historia de la educación. De acuerdo con una encuesta de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), se modificaron las rutinas de más de 1.200 millones de alumnos, desde el jardín de infantes hasta la educación superior. Se estima que 52 millones de alumnos brasileños de todos los niveles se han visto afectados. La urgencia del problema motivó en diversos países el desarrollo de estrategias de educación a distancia, en un intento por mitigar los efectos inmediatos sobre el proceso de aprendizaje. En Brasil, el Ministerio de Educación (MEC) autorizó el reemplazo de las clases presenciales por clases virtuales mientras dure la pandemia causada por el virus Sars-CoV-2.

Se les han venido dictando clases online a los estudiantes de las escuelas públicas y privadas de las distintas regiones del país, pero no todos pueden seguirlas. Ese es el caso de aquellos socialmente más vulnerables, que no tienen una computadora en su casa y que tampoco disponen de acceso a un servicio de internet de banda ancha. Asimismo, según el último informe del Comité Gestor de Internet en Brasil, en el caso de la población más pobre que sí está conectada, el 85% solamente dispone de internet en el celular y con paquetes de datos limitados.

Glosario

Educación a Distancia (EaD): modalidad educativa que se caracteriza por la separación física entre docentes y alumnos. Las actividades educativas se basan en el empleo de diversos medios de comunicación, desde apuntes impresos hasta computadoras.

E-learning: es la oferta de programas educativos y de aprendizaje por medio de herramientas digitales, tales como software y plataformas interactivas. Inicialmente los cursos se ofrecían en CD-ROM. Con el avance de internet, surgieron los cursos online.

Homeschooling: educación doméstica o domiciliaria. Generalmente el alumno es supervisado directamente por los padres. En este modelo, los materiales de la EaD suelen brindar soporte para las actividades de aprendizaje. Esta modalidad es legal en países tales como Estados Unidos, Austria, Canadá, Francia y Portugal, pero en Brasil, la ley no la contempla.

Frente a esta desigualdad en el acceso a conexiones rápidas y atinente a la disponibilidad de computadoras, acentuada en el marco del aislamiento social, las posibilidades y los obstáculos que plantea la educación a distancia (EaD) ocupan el centro del debate público al respecto de las prácticas educativas y el aprendizaje. Con todo, los expertos entrevistados para la elaboración de este reportaje coinciden en que el uso de las herramientas digitales –para no paralizar completamente las actividades educativas– debe considerarse como un paliativo, y no para fomentar la difusión de la EaD en el país. “Muchas de estas iniciativas, que fueron implementadas de urgencia, no se amoldan a las características distintivas del concepto de educación a distancia”, dice el profesor Eduardo Santos Junqueira, docente del programa de posgrado en educación brasileña de la Universidad Federal de Ceará (UFC) y coordinador del Grupo Ler (Lenguajes y Educación en Red). “Hay una gran confusión sobre lo que realmente significa cursar mediante educación a distancia”.

Los cursos y procesos de aprendizaje a distancia no solo se caracterizan por la mera separación física entre docentes y alumnos. “En ese modelo, el uso pedagógico intensivo de las tecnologías de la información y de la comunicación es preponderante”, destaca Santos Junqueira. En los últimos años, según el investigador, el desarrollo de sistemas de transmisión en tiempo real y de intercambio de datos ha ampliado la capacidad de interacción en la EaD. “Por medio de ambientes de aprendizaje virtual, como es el caso del Moodle, docentes y alumnos pueden interactuar con contenidos de audio y video profundizando el diálogo”, dice Santos Junqueira, en referencia al software libre creado en 2001 por el programador australiano Martin Dougiamas. Esta plataforma se utiliza como herramienta de educación a distancia en más de 150 países y funciona como una universidad online, donde los docentes pueden poner a disposición material didáctico y proponer actividades interactivas, tales como exámenes y foros de debate. Para los estudiantes, ese ambiente facilita el intercambio de conocimiento y de archivos multimedia. Algunas instituciones, tales como las universidades de São Paulo (USP), Federal de Minas Gerais (UFMG) y Federal de Pernambuco (UFPE) adaptaron el sistema para crear sus propias plataformas de EaD.

Para que las tecnologías digitales ayuden a morigerar la sensación de distanciamiento humano que caracterizó a gran parte de la trayectoria de la EaD en el mundo (vea la línea de tiempo) se requieren meses de planificación para creación de una asignatura online, destaca Santos Junqueira. El investigador señala que no es cuestión de “disponer los contenidos en una plataforma digital y pretender que los alumnos aprendan por su cuenta”. Es habitual que en la preparación del curso participe un equipo multidisciplinario integrado por pedagogos, diseñadores de páginas web, programadores y expertos en comunicación digital. “No se puede pretender que el docente tenga todas las habilidades técnicas necesarias para impartir un curso a distancia. Es fundamental que trabaje en conjunto con otros profesionales para que tanto él como los alumnos puedan hacer el mejor uso posible de los recursos tecnológicos”.

En otras palabras, los docentes que se aventuran en la EaD necesitan una capacitación específica. En tiempos de pandemia, quedó en evidencia que muchos no están capacitados para trabajar con este modelo de educación, tal como lo demuestra un estudio realizado por el Instituto Península con 7.734 docentes de todo Brasil que trabajan en la educación básica en escuelas públicas y privadas. De ese total, el 83% dijo que creen estar poco preparados para la educación a distancia y el 88% dijo que nunca habían dado clases virtuales antes de la cuarentena. Los datos del Comité Gestor de Internet revelan incluso que de los docentes del país tan solo el 22% tomó algún curso de capacitación continua sobre el uso de computadoras e internet en las actividades educativas.

En general, la formación de los docentes en Brasil no los capacita en el uso de las tecnologías digitales, ya sea a distancia o en el contexto del aula, analiza el matemático Klaus Schlünzen Junior, de la Facultad de Ciencias y Tecnología de la Universidade Estadual Paulista (FCT-Unesp), campus de Presidente Prudente (São Paulo), quien coordina el Centro para la Promoción de la Inclusión Digital, Escolar y Social (Cpides) de la Unesp, dedicado a la formación de profesores para una educación digital e inclusiva y para el uso de dispositivos tecnológicos y accesibles en el aula, especialmente para alumnos con discapacidades. Desde su fundación, en 2010, el centro ha homologado a unos 6 mil docentes de todo el país.

“La tecnología es algo que está presente en muchos lugares, como por ejemplo, en hospitales y bancos, pero en la educación se ha convertido en un tabú”, dice Schlünzen. A su juicio, el uso de metodologías adecuadas para la aplicación de recursos tecnológicos es fundamental para el éxito del aprendizaje en el entorno de la EaD. “Las plataformas digitales pueden servir para estimular una actitud más participativa en los alumnos, trascendiendo el modelo tradicional centrado en la figura del docente”, analiza. En medio de la abundancia de fuentes de información en internet, dice Schlünzen, al educador ya no le cabe ser un mero transmisor de contenidos.

“Los educadores pueden asumir un rol más estimulador, funcionando como nexo en las actividades de los alumnos en las plataformas digitales y proponiendo proyectos en colaboración”, sugiere Schlünzen, quien enseña una asignatura online de tecnología aplicada a la salud para los alumnos de la carrera de fisioterapia de la Unesp. Él les pidió recientemente a los alumnos de su cátedra que buscaran en internet ejemplos de innovaciones con potencial para ayudar a mitigar los efectos de la pandemia de covid-19. “Los estudiantes se toparon con diversas posibilidades, tales como sensores para el monitoreo de los signos vitales de los pacientes en consultas virtuales y juegos que se utilizan para que los niños hospitalizados recuperen la motricidad. A partir de esa investigación, se discutieron las ventajas y las desventajas de esas tecnologías y yo participé aportando correcciones y sugerencias”.

Sin embargo, la profundización de la relación con los alumnos no forma parte de la realidad de muchos de los docentes que trabajan en EaD. Especialmente en el sector privado, por lo general, los docentes asumen varios cursos virtuales y se limitan a impartir clases meramente expositivas, que ponen a disposición en videos grabados previamente. “Esta dinámica es una consecuencia del crecimiento desenfrenado del mercado global de la educación a distancia, y Brasil no es la excepción”, dice el economista Gabriel Corrêa, gerente de políticas educativas en la organización no gubernamental Todos pela Educação. “Las innovaciones tecnológicas han colaborado para democratizar la educación, ampliando el acceso a la enseñanza formal. A la par de esto, las carreras virtuales se multiplican sin ninguna preocupación por la calidad educativa”.

La situación es preocupante, especialmente cuando se sabe que la mayoría de los alumnos que ingresa a carreras relacionadas con el magisterio, tales como pedagogía y profesorados, han optado por la EaD. De los 638 mil alumnos que ingresaron en 2017 a carreras ligadas con la docencia, alrededor del 61% se inscribieron en cursos de EaD, según un estudio llevado a cabo por la ONG. Entre 2010 y 2017, el total de ingresantes en carreras a distancia relacionadas con la docencia aumentó un 44%. “Si solamente tenemos en cuenta a aquellos que ingresaron en la red educativa privada en la modalidad EaD, ese crecimiento fue de un 162%”, informa Corrêa. La encuesta de Todos por la Educación también revela que la red privada de EaD ya representa el 53% de los estudiantes que ingresan a las carreras del magisterio en Brasil. Ese porcentaje era de un 29% en 2010.

A diferencia de lo que ocurre en los países desarrollados, donde la EaD tiene un compromiso con la acción social, en Brasil, esta modalidad registró un crecimiento que está atado a una cuestión de mercado, analiza Lucila Pesce, docente de la Escuela de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp), donde coordina el grupo de investigación LEC (Lengua, Educación y Cibercultura). “Las carreras de profesorado en el campo de las ciencias humanas requieren menos infraestructura de laboratorio que otras áreas, tales como las ciencias biológicas e ingenierías”, dice. “Los empresarios de la educación, que ven la EaD como una estrategia de marketing de ahorro de costos, percibieron ahí una oportunidad de negocio. Ella explica que muchos de las carreras a distancia tienen una matrícula más barata que las presenciales. Según la profesora, la expansión de las carreras online apunta a públicos específicos. “En el caso de los que los que cursan profesorados en esta modalidad, estamos hablando de gente que generalmente trabaja todo el día, suele colaborar para el sostén de la familia y, por eso, encuentran en la EaD una oportunidad para mejorar de vida”.

El mercado brasileño de EaD viene creciendo en forma arrolladora en los últimos años. Según el último Censo de la Educación Superior, cuyos resultados fueron publicados el año pasado por el Instituto Nacional de Estudios e Investigaciones Educativas (Inep), del MEC, entre 2017 y 2018, la cantidad de carreras de grado en la modalidad EaD pasó de 2.108 a 3.177. En tanto, el número de estudiantes inscritos en carreras de grado presenciales disminuyó un 13% en los últimos cinco años. Se estima que las grandes corporaciones de la educación que operan en el país –entre ellas Kroton, Estácio y Ser– concentran alrededor del 75% del total de alumnos matriculados en carreras en la modalidad virtual.

“La legislación brasileña y el cambio en el perfil de los estudiantes, que forman parte de una generación conectada a internet, han abonado el terreno para que la EaD gane escala”, subraya Luciano Sathler, integrante del comité de educación básica de la Asociación Brasileña de Educación a Distancia (Abed). La Ley de Directrices y Bases (LDB), de 1996, establece un incentivo a la EaD en todos los niveles y modalidades educativas, incluso en la capacitación continua. Un decreto de 2017 actualizó la reglamentación en Brasil de la EaD en la educación superior, permitiendo que las instituciones ampliaran el número de polos de apoyo presenciales y pudieran ofrecer carreras exclusivamente a distancia, siempre que cumplieran algunas exigencias. “Otra disposición regulada por el MEC y en la misma línea de la Base Curricular Nacional Común permite ofrecer en la enseñanza media componentes curriculares en la modalidad a distancia, hasta un límite máximo de un 20% del total de la carga horaria de los cursados diurnos y de un 30% en los nocturnos, incluida la educación técnica y la capacitación profesional”, informa Sathler. En diciembre de 2019, el ministerio publicó una disposición permitiendo que hasta un 40% de la carga horaria de las carreras superiores presenciales pudiera ofrecerse en la modalidad EaD en el sistema federal de educación. Antes, ese límite era de un 20%.

La realidad indica que la expansión de la EaD no ha sido acompañada por la elaboración de políticas capaces de promover la regulación de este mercado, como así tampoco de evaluar la calidad de las carreras. La utilización de recursos tales como YouTube y pódcasts puede ser beneficiosa, porque contribuye a la difusión del conocimiento, pero su empleo en la educación debe tomarse con cautela, le dijo a Pesquisa FAPESP el canadiense Stephen Downes, investigador sénior del National Research Council –el consejo nacional de investigaciones de Canadá– y analista del uso de la tecnología con fines educativos. Según él, las facultades de todo el mundo están adoptando lo que se denominan “cursos virtuales abiertos y masivos” (Mooc, por sus siglas en inglés), que se inspiraron en los sistemas lanzados en los últimos años. “Se trata de un modelo que ha cobrado impulso a partir del surgimiento de plataformas tales como Coursera, Udemy y Udacity”, dice Downes. Estos portales se basan en el aprendizaje autoguiado, es decir, el alumno realiza el proceso de aprendizaje por sí mismo, accediendo a videos grabados. “En algunos casos, puede tener acceso a algún tipo de apoyo de un instructor, pero la mayoría de las veces el material está ‘abandonado’ en esos portales. Es muy probable que los usuarios estén pagando por cursos de baja calidad”.

Amanda Perobelli/ Reuters/ Fotoarena Aprendizaje en tiempos de pandemia: en una casa en Santo André, en el Gran São Paulo, los niños visualizan el video enviado por la escuela, bajo la supervisión de un adultoAmanda Perobelli/ Reuters/ Fotoarena

Para Downes, la EaD aún está a medio camino de alcanzar su potencial pedagógico. Sucede que el modelo tradicional de aprendizaje, que pone al alumno en una condición pasiva en la que solamente recibe información, sigue siendo bastante emulado. Pero Downes dice que no es pesimista. “Con la expansión de las plataformas digitales de comunicación simultánea, la EaD podrá incorporar nuevos elementos interactivos”, analiza el investigador, en referencia a las tecnologías que permiten el intercambio de información y las transmisiones en vivo, tal como es el caso de la aplicación Zoom.

Downes sostiene que el sector de la EaD debe ser regulado por agencias y organismos públicos. En Estados Unidos y en Canadá, por ejemplo, existen consejos regionales que procuran monitorear la calidad de las propuestas locales de EaD. “De todas maneras, son experiencias puntuales. Hay una dificultad permanente para garantizar que la supervisión regulatoria siga vigente”. En este sentido, se abrió espacio para que algunas empresas proveedoras de tecnología para la EaD desarrollen sus propios certificados de calidad. Ese es el caso de Microsoft, que ofrece programas de capacitación y certificación para docentes que trabajan en la modalidad de enseñanza virtual.

Junto con la necesidad de regular el sector, otro de los desafíos consiste en definir los criterios para medir cómo impacta el uso de las tecnologías en la formación de los estudiantes. No existe una única manera de evaluar el aprendizaje de los alumnos de la educación superior en la modalidad EaD, enfatiza la pedagoga Renata Kelly de Souza Araújo, investigadora de la Universidad Federal Rural de Pernambuco (UFRPE). “Hoy en día hay una pluralidad de posibilidades para evaluar cualitativamente el rendimiento de los alumnos basadas en mecanismos interactivos”. El docente puede, por ejemplo, pedirles que produzcan videos o audios comentando algún tema discutido en clase. “También pueden proponerse seminarios online, charlas virtuales temáticas, elaborar encuestas y mapas conceptuales que ayudan a situar al alumno como protagonista de su propio proceso de construcción del conocimiento”, dice Araújo. “Se debe promover la reflexión de los educadores, las instituciones y el MEC sobre este tema, para que en un futuro cercano puedan implementar prácticas de evaluación del aprendizaje teniendo en cuenta el ambiente virtual en detrimento de la evaluación presencial”.

Para la Abed, el concepto de calidad en la EaD está ligado a una variedad de factores, que incluyen las cualidades de los docentes. El Censo EaD.br, publicado por la asociación el año pasado, indica que las instituciones públicas federales, estaduales y municipales destinan, en efecto, una mayor cantidad de doctores a sus programas de educación virtual que las instituciones privadas con y sin fines de lucro. Las primeras cuentan con alrededor de un 50% de doctores, mientras que las otras tienen un 32% y un 22%, respectivamente.

Las metodologías y herramientas educativas ofrecidas a los alumnos también constituyen un factor que debe evaluarse. Actualmente, el principal recurso utilizado en la educación a distancia son las teleconferencias, tanto en las carreras totalmente a distancia (un 92,6%) como en las semipresenciales (un 81,8%). En tanto, el uso de libros se redujo aproximadamente un 10% en la EaD en los últimos años. Con todo, la desigualdad digital que se hizo evidente en este marco de la pandemia parece sugerir que la adopción de material impreso puede constituir una alternativa para atender a los alumnos en situación de vulnerabilidad, a los que se les dificulta el acceso a internet.

En Portugal, por ejemplo, el gobierno firmó un convenio con los servicios postales para que el contenido impreso se les envíe regularmente a los estudiantes que tienen problemas para conectarse a las plataformas educativas en línea. Según informa la Unesco, algunos países están adoptando medidas similares, como por ejemplo Francia, donde el gobierno hace un esfuerzo para prestarles dispositivos y proveerles material impreso al 5% de los estudiantes, aquellos que no disponen de acceso a internet o a computadoras. En el estado de Washington, en Estados Unidos, tan solo aquellas instituciones que pueden asegurar un acceso equitativo a internet son estimuladas para que ofrezcan a sus alumnos una modalidad virtual de enseñanza.

Artículo científico
ALVES, L. Educação a distância: Conceitos e história no Brasil e no mundo. Revista Brasileira de Aprendizagem Aberta e a Distância. v. 10. 2011.

Libro
JUNQUEIRA, E. Tutores em EaD: Teorias e práticas. Fortaleza: Editorial Dummar, 2018.

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