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Género

Obstáculos en serie

Un estudio suministra pistas sobre los factores que alientan a las mujeres a registrar más patentes, y los que lo dificultan

Patricia Brandstatter

Las mujeres han conquistado espacios relevantes en la carrera científica, han ampliado su presencia en casi todas las áreas y han avanzado en la producción de artículos. Empero, cuando se trata de la generación de conocimientos con aplicaciones comerciales, la participación femenina es bastante menos expresiva que la de los varones. En América Latina, tan solo en el 22 % de las patentes figuran mujeres entre sus titulares, aunque este porcentaje está creciendo (véase el gráfico).

Este resultado consta en un estudio que correlacionó las patentes y el género en 11 países latinoamericanos. El trabajo, que salió publicado en el mes de agosto en la revista Scientometrics y cuya elaboración estuvo a cargo de economistas venezolanos que actúan en México y en Venezuela, reúne 3.081 registros aprobados por la Oficina de Patentes de Estados Unidos (Uspto) entre 1976 y 2011, con análisis del campo del conocimiento al cual pertenecían y el género de sus inventores. Los países que registraron las menores proporciones femeninas del total fueron Panamá y Perú, con el 7 % y el 6 %, respectivamente. En el otro extremo, en el 84 % de los registros otorgados en Cuba figuraba al menos una mujer en la lista de los inventores: las solicitudes pueden realizarse en forma individual o por equipos. En tanto, Brasil fue el país que registró la mayor cantidad de patentes, sumando el 40,3 % de toda la muestra analizada. Pero tuvo un desempeño discreto en cuanto a la inclusión femenina. De los 1.243 registros brasileños, solo 229 tenían a investigadoras en el rol de solicitantes, un 18,4 % del total.

Las disparidades de género en las actividades relacionadas con la innovación constituyen un fenómeno bastante conocido. Una medición llevada a cabo en 2019 por el Instituto de la Propiedad Intelectual del Reino Unido (IPO) reveló, por ejemplo, que las mujeres eran responsables de menos de un 13 % de las solicitudes de patentes en todo el mundo. El estudio de la revista Scientometrics va un paso más allá y suministra algunas pistas sobre los factores que propician o dificultan la participación femenina en las actividades de patentamiento en América Latina. El trabajo verificó, por ejemplo, que la presencia de mujeres es más frecuente en las patentes presentadas por equipos que en los pedidos efectuados por un único inventor. “En nuestra muestra, la probabilidad de que una mujer sea la titular de una patente aumentó un 22 % en los casos de registros concedidos a equipos de inventores”, resalta el economista Domingo Sifontes, de la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales de la Universidad de Carabobo, en Venezuela, uno de los autores del estudio. “En términos de políticas públicas, esa cifra sugiere que una forma de estimular la presencia femenina en el patentamiento consistiría en fomentar el trabajo en equipo en empresas y universidades, pero hace falta estudiar mejor ese fenómeno”.

También es más habitual hallar un nombre femenino en las patentes concedidas a institutos de investigación públicos que en las patentes otorgadas a empresas. En el 68,5 % de los registros adjudicados a universidades en Brasil, figuraba al menos una mujer entre los miembros del equipo responsable de la invención; en tanto, en los que se les otorgaron a empresas, el porcentaje fue de un 15,6 %. A juicio de Sifontes, las universidades han desarrollado políticas que estimulan a sus investigadores –tanto varones como mujeres– a depositar patentes. “Y más allá de proporcionarles un andamiaje institucional propicio, también les brindan las condiciones para que sus docentes e investigadoras se involucren en proyectos que pueden dar lugar a una solicitud de protección de la propiedad intelectual”, dice. Mientras tanto, las escasas empresas latinoamericanas que mantienen equipos internos de investigación y desarrollo (I&D) tendrían estructuras más rígidas, “un hecho que supone un límite a las oportunidades femeninas de avanzar en la carrera”, analiza el economista. Otro aspecto significativo es el que se refiere a las áreas del conocimiento en que se concentran las patentes firmadas por mujeres. Según pudo verificar Sifontes, las mujeres se involucran más en el área de las ciencias de la vida, donde no por casualidad ellas tienen una marcada presencia en la carrera científica.

Los datos del estudio dan cuenta de una intrincada cadena de obstáculos a los que las mujeres deben hacer frente para ampliar su participación en las investigaciones orientadas a la innovación. Para algunos estudiosos, esto se debe, entre otros factores, al escaso historial femenino en este tipo de actividad y, en cierta medida, también a la falta de experiencia en lo relativo a los trámites referentes a las solicitudes de patentes. De ahí la importancia de integrarse en equipos –que, en este caso, funcionarían como una red de soporte– para poder materializarlas. En este fenómeno también influirían ciertos componentes conductuales. Las mujeres que trabajan coordinando investigaciones por sí solas serían más cautas a la hora de recurrir a las estructuras de apoyo de las empresas y universidades para ayudarlas a patentar; solo lo hacen cuando están seguras de la calidad y el potencial de su invención. Los varones, a su vez, conocen esos mecanismos desde hace más tiempo y suelen arriesgarse más, incluso antes de tener certeza al respecto de la viabilidad del producto que pretenden patentar.

Un estudio publicado en 2016 en la revista Research Policy mostró que la desigualdad de género afecta la participación de las mujeres en las actividades referentes a las patentes, pero no su productividad; cuando ellas se comprometen, son tan productivas o más que los varones. En trabajo, a cargo de la experta en políticas de innovación Yu Meng, de la Universidad Tecnológica de Nanyang, en Singapur, se analizó la base de datos de un proyecto sobre el acceso femenino a las carreras científicas en Estados Unidos. Uno de los obstáculos detectados fue la débil relación que la mayoría de ellas mantenía con las redes de contactos en las universidades y empresas, a diferencia de los varones, que, en el caso de las asociaciones, también tienden a ser más experimentados. El estudio sugiere que la estimulación de los vínculos de colaboración amplía de manera significativa la probabilidad de que las investigadoras se involucren en las actividades de patentado.

Incentivo a la diversidad
Recomendaciones para que las empresas y universidades aumenten la participación de las mujeres en las actividades relacionadas con patentes

• Desarrollo de sistemas y herramientas de datos que permitan seguir la evolución del desempeño femenino en las actividades de patentamiento
• Adopción de medidas afirmativas para ayudarlas a formar y expandir sus redes de contactos dentro y fuera de las instituciones en las que se desempeñan
• Fomento de una mayor asistencia administrativa, jurídica y financiera a las mujeres durante el proceso de referente a la solicitud de patentes

La organización del trabajo en las universidades también puede ayudar a entender por qué las mujeres obtienen más patentes cuando trabajan en esas instituciones. “El cuidado de la familia suele recaer mayormente sobre las mujeres, lo que afecta sus rutinas laborales en las empresas y universidades. La diferencia radica en que estas últimas son más flexibles que las primeras en lo que tiene que ver con eso”, explica Camila Rigolin, investigadora de la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar), quien estudia las relaciones de género en la ciencia. En las instituciones de educación superior, incluso hay más posibilidades de distribuir las tareas entre los miembros de un grupo de investigación. “Esto también ayudaría a explicar la mayor participación femenina en las actividades de patentamiento cuando ellas forman parte de equipos”.

El obstáculo más difícil de eliminar hace referencia a un fenómeno más arraigado: la escasa presencia femenina en las áreas de ciencia, tecnología, ingenierías y matemática (CTIM), aquellas en que la actividad relativa a patentes suele ser más prometedora y rentable. ¿Cómo podemos esperar que haya más mujeres obteniendo patentes en esas áreas si la gran mayoría de los profesionales disponibles son de sexo masculino?

Las áreas CTIM representan a uno de los sectores de mayor crecimiento de la economía y del mercado laboral, pero según datos recopilados por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), las mujeres representan tan solo el 35 % del total de matriculados en esas carreras en América Latina. En áreas tales como inteligencia artificial y aprendizaje de máquinas, ellas constituyen, respectivamente, el 22 % y el 12 % de la fuerza laboral.

Investigadores de Brasil y de España constataron una tendencia similar al analizar las patentes depositadas entre 2007 y 2016 en la Base de Datos Patstat de la Oficina Europea de Patentes (EPO). Seleccionaron aquellas en las que al menos uno de los depositarios residía en uno de los 23 países iberoamericanos. Entre los 150.863 registros contabilizados, identificaron el sexo de 103.914 de los proponentes. Al igual que en el estudio dado a conocer por Scientometrics, verificaron que la participación femenina es tímida en lo que atañe a patentes atribuidas a grupos con asiento en empresas (un 27 %), mientras que en los grupos que actúan en las universidades, dicho porcentaje crece hasta llegar a un 40 %.

Uno de los datos más elocuentes es el que muestra que la participación femenina en los pedidos de patentes es tibia en las áreas CTIM y se concentra en aquellas carreras en que las mujeres ganaron espacio recientemente, tales como ciencias farmacéuticas y biotecnología (véase el gráfico arriba). “Con base en el ritmo actual de participación femenina en las iniciativas de patentamiento, pasarán décadas antes que los países alcancen una equidad de género en las actividades de innovación dentro de esos ambientes institucionales adversos”, subraya Kelyane Silva, de la Academia de la Propiedad Intelectual del Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI) de Brasil, una de las autoras del estudio que describió estos y otros hallazgos en el periódico Journal of Data and Information Science.

Cuando Rigolin, de la UFSCar, cotejó el género de quienes propusieron proyectos para el Programa de Investigación Innovadora en Pequeñas Empresas (Pipe), de la FAPESP, arribó a conclusiones similares. De los 1.788 proyectos contratados hasta 2017, 388 (un 21,7 %) fueron coordinados por mujeres. El perfil de las investigadoras emprendedoras del Pipe correspondía a la segregación vigente en el ámbito académico: hay pocas ingenieras y científicas de la computación –al contrario de lo que se evidencia entre los fundadores de startups del sexo masculino–, y la mayoría están graduadas en áreas donde la presencia femenina es fuerte, como son las de ciencias biológicas, química y farmacia (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 289).

La escasez de mujeres en determinadas carreras tiende a tornar poco diverso al ambiente de investigación, y esto no contribuye para ampliar su capacidad de resolver problemas. “La ciencia y la industria pierden oportunidades de generar valor al permitir la marginación de inventoras potenciales, una consecuencia de las disparidades de género en el proceso de patentado”, comenta el científico de la computación Danilo Silva de Carvalho, del Centro de Desarrollo Tecnológico en Salud de la Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz), coautor del artículo hispano-brasileño. El investigador menciona estudios que datan de comienzos de la década de 2000, según los cuales, a pesar de la menor participación femenina, la calidad y el impacto de las patentes obtenidas por mujeres se ubicaban al mismo nivel de las masculinas, y en algunos casos incluso eran superiores.

A juicio de la ingeniera civil Liedi Legi Bariani Bernucci, de la Escuela Politécnica de la Universidad de São Paulo (Poli-USP), las diferencias de género en las áreas CTIM, perceptibles desde la educación básica, se tornan más evidentes en los niveles educativos superiores. “Las chicas comienzan a perder el interés por esas áreas tan pronto como entran en las escuelas, y esa tendencia tiende a acentuarse en la enseñanza media”, subraya Bernucci, actual directora de la Poli, la primera mujer al frente de la escuela de ingeniería en sus 127 años. Las que siguen adelante e ingresan en la universidad deben lidiar con un entorno hostil, que a menudo se manifiesta bajo la forma del acoso sexual, humillaciones, menosprecio o rechazo de las ideas expuestas en el salón de clases o en las reuniones de laboratorio. “Yo misma he tenido que enfrentarme con algunos de estos problemas en la época en que era alumna de la carrera de ingeniería civil en la Poli-USP”, relata. El resultado de esto es que muchas abandonan la carrera u optan por cambiar de área, de manera tal que el porcentaje de participación femenina se mantiene bajo a medida que se avanza en la trayectoria científica, aunque casi la mitad de los investigadores (un 45 %) sean mujeres.

Para contrarrestar esto, varias universidades se han unido para tratar de fomentar el ingreso y la permanencia de las mujeres en esas áreas. “En la Universidad Cornell, en Estados Unidos, por ejemplo, el 50 % de los alumnos de la carrera de ingeniería, en la actualidad, son mujeres; en Stanford, ese porcentaje llega al 42 %; y en el MIT [Instituto de Tecnología de Massachusetts], a un 37 %”, comenta Bernucci. “Para esas instituciones, no se trata solamente de promover la equidad de género, sino también de ampliar la productividad, la competitividad y su capacidad de innovación, con las ventajas económicas que ello conlleva”.

Artículos científicos
SIFONTES, D. y MORALES, R. Gender differences and patenting in Latin America: Understanding female participation in commercial science. Scientometrics. v. 124, p. 2009-36. 2020.
CARVALHO, D. S. y BARES, L. et al. The gender patenting gap: A study on the iberoamerican countries. Journal of Data and Information Science. v. 5, n. 3. p. 116-28. 2020.
MENG, YU. Collaboration patterns and patenting: Exploring gender distinctions. Research Policy. v. 45, n. 1. p. 56-67. 2016.

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