“¿Cómo se llama? ¿Qué lo parta un rayo? ¡Ave María purísima!… Dios me libre y guarde…” Ésta fue la reacción de una vecina de Santarém (Pará) al enterarse de que los coloridos mosaicos de las fachadas de algunas casas del vecindario tenían un apelativo tan inesperado. El testimonio fue recogido por los investigadores que firman como autores del libro intitulado Raio que o parta: Uma arquitetura marcante no Pará (editorial Blucher), publicado el año pasado y disponible para su descarga gratuita.
En las décadas de 1950 y 1960, las fachadas revestidas con mosaicos de fragmentos de azulejos comenzaron a proliferar, primero en la ciudad de Belém y después por el resto del estado de Pará, en el norte de Brasil. “Los murales con diseños geométricos, rayos y representaciones de la fauna amazónica simbolizan una forma de asimilación popular del modernismo”, comenta la arquitecta Cybelle Salvador Miranda, coordinadora del Laboratorio de Memoria y Patrimonio Cultural de la Universidad Federal de Pará (UFPA) y una de las autoras del libro mencionado.
Según la investigadora, la expresión que da nombre a este estilo decorativo se le atribuye al historiador y crítico de arte Donato Mello Júnior (1915-1995). En su discurso en el acto de graduación de la primera promoción de arquitectos de la por entonces Universidad de Pará, en 1966, que él apadrinó, Mello Júnior dijo: “Muchos paraenses (sin ninguna orientación) revistieron las fachadas de sus casas siguiendo líneas agresivas y formando murales con fragmentos de cerámicos multicolores con un estilo ‘raio que os parta’ (sic) [‘que los parta un rayo’]. ¿De dónde vino ese mal gusto?”.
En 2009, Miranda y el arquitecto Ronaldo Nonato Marques de Carvalho, también de la UFPA, recuperaron la expresión utilizada por Mello Júnior para convertirla ‒entonces sin ironía‒ en el nombre oficial de esta tipología arquitectónica. Muchos otros estudios de este dúo de arquitectos se sumaron a éste y culminaron el año pasado con la publicación del libro, con la colaboración de la arquitecta Laura de Carvalho da Costa, autora de una tesis doctoral sobre el tema defendida en 2023 en la misma institución.
En la obra, los autores desentrañan las características de este lenguaje arquitectónico, su compleja relación con la mirada del público a lo largo del tiempo y sus perspectivas de futuro. Según Carvalho da Costa, este tipo de ornamentación colorida no es solamente un detalle artístico, sino más bien un componente propio de esta arquitectura. Entre otras cosas, resalta el formato de las viviendas, ya que, en la mayoría de ellas, el techo se inclina desde la fachada hacia el fondo del terreno, lo que no hace más que realzar la imponencia de la parte que da a la calle.
Aunque el lenguaje arquitectónico Raio que o parta haya surgido en Belém, puede llegar a encontrarse incluso en algunos barrios de la isla de Marajó, a unos 90 kilómetros de la capital del estado de Pará. Según apuntan los investigadores, su difusión por todo el estado probablemente se deba al arribo a Belém de miles de visitantes para asistir al Círio de Nazaré, una festividad de la feligresía católica que se celebra el segundo domingo de octubre de cada año en la capital paraense desde 1793.

Alessandro PotterEl mural del siglo XVIII titulado Milagre do Monte Carmelo, en ParaíbaAlessandro Potter
La adopción inicial de los mosaicos se dio en viviendas de la elite paraense y, con el paso del tiempo, este lenguaje se popularizó. “En determinado momento, algunas familias más humildes reformaban solamente la fachada para aplicar la decoración con mosaicos como una forma de ostentación y revalorización del inmueble”, dice Carvalho da Costa. “Entonces, el estilo Raio que o parta pasó a ser un símbolo de estatus”.
Para los investigadores, no se trató de una mera casualidad. “Los murales de azulejos son medios de comunicación simbólicos”, recuerda el historiador André Cabral Honor, de la Universidad de Brasilia (UnB), quien compiló el libro Estudos de azulejaria na monarquia pluricontinental lusitana (editorial Roma Tre-Press, 2024), disponible para su descarga gratuita. La recopilación reúne nueve artículos de investigadores brasileños y portugueses que analizan la iconografía, los significados y la preservación de los murales de azulejos portugueses de ambos países, especialmente los que datan de los siglos XVII y XVIII.
Según Cabral Honor, la Iglesia Católica fue una de las instituciones que supieron sacar más provecho de esta demanda por la imagen. “Para conmover a los fieles, los murales de azulejos eran más eficaces que las pinturas en el techo. Podían instalarse a la altura de los ojos y al alcance de las manos”, subraya. En ellos, se representaba la vida de los mártires, por ejemplo. Además, este tipo de soporte democratizaba la experiencia estética. “En aquel período, el común del público tenía poco o ningún acceso al arte. Los murales de azulejos hacían ostensible un repertorio visual que, hasta entonces, estaba restringido a unos pocos”.
Como la producción de azulejos estaba prohibida en las colonias, las alfarerías de Lisboa recibían los pedidos acompañados de las ilustraciones que querían replicarse en los encargos de ultramar. Estos artesanos podían incluso añadir elementos que demostraran su destreza técnica y artística, pero tenían poca libertad para alterar el contenido, a riesgo de desagradar a los clientes; hay que tener en cuenta que devolver un mural ejecutado al otro lado del océano podría convertirse en una tarea harto complicada en aquella época. “Desde el plano con las medidas del lugar de instalación hasta la elección de la imagen de referencia, pasando por la adaptación a escala, el cálculo del número de piezas cerámicas, la confección, el empaque, el transporte y la colocación, eran muchas las manos que intervenían para arribar al producto final”, relata Cabral Honor.
Precisamente porque involucraba tantas etapas, evaluar la originalidad y dilucidar la autoría de los murales de azulejos constituye todo un reto. Tal como lo señala el arquitecto e investigador brasileño Felipe Eugênio da Silva en uno de los textos de la recopilación, el mural Milagre do Monte Carmelo, instalado en el siglo XVIII en la iglesia de Nossa Senhora do Carmo, en João Pessoa (Paraíba), utilizó como referencia el grabado anónimo Sacrificio de Elías, publicado en una edición de la Biblia de Royaumont, de 1671.
Aun en las obras contemporáneas y ampliamente documentadas, puede que los autores de los murales de azulejos tampoco estén claramente identificados. Es el caso de algunos ejemplares instalados en el Palacio Gustavo Capanema, en el centro de Río de Janeiro. Este complejo arquitectónico, inaugurado en 1945 y destinado en ese entonces a albergar el Ministerio de Educación y Salud, fue construido por un equipo liderado por el arquitecto Lucio Costa (1902-1998). Tras una década de cierre y seis años de reformas, el edificio volvió a abrir sus puertas en mayo de 2025.

Irene AlmeidaDetalle de un panel con fragmentos de azulejosIrene Almeida
En un artículo publicado en 2023, la historiadora del arte Iaci d’Assunção Santos, de las universidades del Estado de Río de Janeiro (Uerj) y Santa Úrsula, analiza la autoría de los nueve paneles instalados en el lugar. Dos de ellos son del pintor Cândido Portinari (1903-1962) e incluso cuentan con los azulejos de remate, o piezas de firma. Otro panel mural es obra del artista visual Paulo Rossi Osir (1890-1959), responsable de la fabricación de todos los azulejos del Palacio Capanema en su taller de cerámica, el atelier Osirarte, en la ciudad de São Paulo.
Sin embargo, la autoría de los demás no se conoce con exactitud. Para Santos, esta indeterminación permite entender el conjunto como el resultado de un esfuerzo compartido, entrelazado por los nombres de Portinari, Osir y el propio Osirarte. “Cuando se habla del proceso de fabricación de azulejos, incluso cuando el autor está plenamente identificado, el conjunto de la obra sigue estando atravesado e impregnado por los gestos y los nombres de todos aquellos que contribuyeron a su realización”, sostiene la investigadora.
“La cuestión de la autoría es tan solo uno de los aspectos que definen la trayectoria de los azulejos”, comenta el historiador del arte Antônio Celso Mangucci. Radicado en Portugal desde la década de 1980, el investigador brasileño estudia la azulejería lusitana. En su tesis doctoral defendida en 2020 en la Universidad de Évora, analizó un conjunto de azulejos del siglo XVIII ideado por los jesuitas para decorar 12 aulas de esta institución. “Los dibujos aluden a asignaturas como la física y la química”, relata Mangucci, administrador del sitio web O azulejo em Portugal, disponible en idioma portugués, español e inglés.
Su trabajo más reciente es el libro intitulado João Burnay: A coleção de azulejos e a arquitetura neorrenascentista da Quinta da Trindade no Seixal (Cámara Municipal de Seixal, 2024). En la obra, inédita en Brasil, el investigador describe la trayectoria del edificio portugués que cobijó a una orden religiosa desde el siglo XV hasta el siglo XIX.
Después de 1834, el inmueble fue secularizado. Al pasar a manos del industrial portugués João Burnay (1843-1903), se le introdujeron reformas y recibió una vasta colección de azulejos. “Esa colección responde al anhelo de aquel momento histórico: consolidar la azulejería artística como un símbolo de identidad de Portugal. Sucede que, si bien el país ya contaba con una frondosa producción cerámica, su transformación en patrimonio artístico fue una creación cultural del siglo XIX”, explica Mangucci.
Según el investigador, la colección de azulejos de Quinta da Trindade está compuesta por numerosas piezas trasladadas de palacios y conventos demolidos, que han sido sacadas de su contexto para formar parte de una nueva narrativa. En 1971, el ingeniero portugués Santos Simões (1907-1972) confeccionó un inventario de ese espacio y lo reconoció como un pequeño museo, lo que contribuyó a que la casa fuera declarada patrimonio histórico y así se pudo preservar de la desaparición tanto la construcción como sus murales de azulejos.

Alexandre Macieira / RioturUn mosaico de Portinari en el Palacio Gustavo CapanemaAlexandre Macieira / Riotur
La preservación es uno de los puntos que aborda la arquitecta Renata Monezzi en su tesis doctoral “Los azulejos en la arquitectura paulista. De las artes decorativas a las artes industriales”, defendida en 2024 en la Universidad de Campinas (Unicamp). En dicho trabajo, la investigadora analiza, por ejemplo, la decoración con azulejos de cuatro edificios que conforman el conjunto arquitectónico construido a lo largo del Caminho do Mar, tal como se la conocía a la antigua carretera de Santos, la actual autopista SP-148.
La idea de llevar a cabo esas intervenciones en la carretera fue de Washington Luís (1869-1957), por entonces presidente del estado de São Paulo, con miras a la celebración del Centenario de la Independencia, en 1922. Para su ejecución, fueron invitados el arquitecto Victor Dubugras (1868-1933), quien rubrica los monumentos y edificaciones, y el artista visual José Wasth Rodrigues (1891-1957), autor de los paneles de azulejos. “Los murales se basaban en referencias nacionalistas y reforzaban la narrativa histórica referente a las glorias paulistas, ya sea en la construcción de la idea del bandeirante, expedicionario visto como un héroe, o en el uso de otras personalidades de la política que hacían hincapié en la supremacía paulista”, explica Monezzi.
Al comparar las fotografías de la época de la inauguración con las piezas actuales, la investigadora notó que las intervenciones practicadas en las décadas de 1960 y 1980 habían incorporado cambios significativos en los diseños originales. En el mural Rancho da maioridade, por ejemplo, el emperador Pedro II (1825-1891) y su ejército fueron borrados. En la nueva versión, el emperador se ha convertido en un hacendado con sombrero de ala corta, y el grupo de militares en una tropa de campesinos a caballo. “Las ideas defendidas en la década de 1920 se modificaron para dar paso a otra memoria que exaltó a la elite agraria”, comprueba. Según Monezzi, estos cambios afectaron la integridad simbólica y artística del conjunto.
En Pará, las construcciones del estilo Raio que o parta están en riesgo. Según Miranda, de la UFPA, se estima que de las estimativamente 300 casas con mosaicos de fragmentos de cerámica de Belém hoy en día solamente quedan 100. “El proyecto de declararlas patrimonio histórico para su preservación no ha tenido una buena recepción entre los habitantes”, relata la arquitecta. “A medida que estas casas pasan a manos de nuevos propietarios, los vínculos afectivos con el proyecto original se debilitan. Muchos mosaicos han sido pintados y varias de las fachadas fueron rehechas”.
A juicio los investigadores de la UFPA, la preservación de esta identidad depende de un proceso de educación patrimonial. En 2024, la universidad comenzó a desarrollar actividades de extensión, que incluyen, por ejemplo, el inventario de los ejemplares y la creación de una cartilla de distribución gratuita. “Nuestro objetivo es recuperar el orgullo por esta arquitectura tan singular, pero también se necesita ofrecerles a los residentes soluciones prácticas de restauración, limpieza y reinstalación de las piezas rotas o sueltas”, culmina diciendo Miranda.
Este artículo salió publicado con el título “Permanentes, pero vulnerables” en la edición impresa n° 353 de julio de 2025.
Artículo científico
SANTOS, I. d´A. Feito a muitas mãos: Reflexões sobre a autoria dos painéis de azulejos do Palácio Gustavo Capanema. Revista de História da Arte e da Cultura. nº 2, jul-dic 2023.
Libros
HONOR, A. C. (comp.). Estudos de azulejaria na monarquia pluricontinental lusitana. Roma: Roma Tre-Press, 2024.
MIRANDA, C. S. et al. Raio que o parta: Uma arquitetura marcante no Pará. São Paulo: Blucher, 2024.
