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Astrofísica

Para ver más lejos

Brasileños se organizan para participar de grandes proyectos de investigación mundiales

caltech/lss desde Río de Janeiro

Los astrónomos brasileños que se reunieron al final de mayo en el Observatorio Nacional (ON) con representantes de los 15 principales telescopios en construcción en el mundo -algunos de éstos monumentales, con espejos reflectores tres o cuatro veces mayores que los equipamientos en uso actualmente- temen aislarse de lo que ocurre en el mundo y seguir trabajando en equipamientos que pronto parecerán carretas mientras que los compañeros de otros países conducen Ferraris.

“Afuera el salto será grande”, dice Paulo Pellegrini, astrofísico del ON. “Los que no estén organizados y preparados quedará atrás.” Además de telescopios más potentes, que deben regir los descubrimientos en el área durante las próximas décadas, emergen nuevos objetos de estudio, como los planetas extrasolares, principalmente los que pueden albergar alguna posibilidad de vida. A mediados de junio un grupo de astrónomos europeos presentó tres nuevos planetas extrasolares rocosos, con masas relativamente cercanas a las de la Tierra, orbitando una única estrella; casi todos los 303 planetas identificados eran gaseosos, mucho mayores, más calientes e inhabitables. “Hace 15 años nadie hablaba de planetas extrasolares ni de energía oscura”, recordó Verne Smith, del National Optical Astronomy Observatory (Noao), Estados Unidos, durante la reunión de tres días en el Observatorio Nacional.

La semana anterior, astrofísicos de cinco institutos federales de investigación ligados al Ministerio de Ciencia y Tecnología (MCT) habían terminado un  análisis (casi 50 páginas) de los límites y de las posibilidades de acción en astronomía de Brasil. La próxima versión va a agregar las conclusiones del encuentro de mayo en Río y, más adelante, las consideraciones del mayor número posible de los casi 500 astrónomos profesionales del país. “Lo que decidamos ahora”, dice Pellegrini, “definirá el futuro de la astronomía brasileña”. Tal vez este mismo año salga la versión final, con un plan de acción que sirva de referencia para las agencias de financiamiento de la ciencia en el país. “Sería más fácil tomar decisiones sobre qué investigaciones apoyar si hubiera un programa unificado de investigación”, comenta Avílio Franco, superintendente del área de institutos tecnológicos y de investigación de la Financiadora de Estudios y Proyectos (Finep). “Brasil no puede darse el lujo de apoyar solamente a tres o cuatro grupos de investigación en una área tan específica.”

Investigadores de Río de Janeiro, São Paulo, Río Grande do Sul y Río Grande do Norte conversaron mucho en el Observatorio Nacional sobre qué caminos tomar. “No necesitamos grandes telescopios”, cree Luiz Nicolaci da Costa, astrofísico del Observatorio y coordinador de la reunión. Ante la dificultad de desarrollar equipamientos de alta tecnología como parte de la contrapartida del país en los proyectos internacionales, propone: “Podemos trabajar en el procesamiento de datos.”

Y datos no faltarán. Solamente el Large Synoptic Survey Telescope (LSST), que funcionará a partir de 2015 con un espejo de 8,4 metros, deberá producir una imagen del cielo de 7 gigabytes, el equivalente a 1,5 DVD, cada 20 segundos. “Tenemos que estar listos cuando los datos de los grandes telescopios comiencen a llegar”, dice Márcio Maia, del Observatorio. Los astrónomos brasileños han participado del análisis de datos de dos proyectos internacionales. Uno es el Sloan Digital Sky Survey-III, cuya meta es mapear mil millones de galaxias. El otro es el Dark Energy Survey, abocado a la energía oscura, que por ahora ni siquiera los físicos saben qué es precisamente. La pregunta acuciante es qué hacer y por dónde ir después de 2017, cuando el Dark Energy Survey terminar.

Al frente de ese grupo que no quiere morder el polvo de las estrellas, Nicolaci sabe que no será fácil priorizar proyectos, establecer un plan común, superar rivalidades entre grupos de investigación y encontrar un equilibrio entre costos y beneficios científicos, tecnológicos y sociales. “Los análisis sobre las alternativas de trabajo deben hacerse conjuntamente, por medio del diálogo”, afirma Nicolaci, quien trabajó durante 16 años en Estados Unidos, Francia y Alemania en proyectos internacionales de astronomía antes de volver a Brasil, en 2005. “Principalmente en los proyectos de valores más altos”, dice Franco, “los grupos deben estar conectados y trabajar en conjunto”.

tmtEl futuro puede también traer nuevas formas de trabajo. Una posibilidad en vista es la aproximación de los astrofísicos con los físicos de partículas y los físicos teóricos, usando los resultados de las observaciones del cielo para depurar teorías y entender la evolución del Universo. “Podemos crear un  lenguaje común”, afirma Maia. “Los físicos teóricos han percibido que no basta con tener una buena teoría; tienen que tener también una buena comprobación de la teoría.” Charles Steidel, del Instituto de Tecnología de California (Caltech), sugiere: “Debemos pensar en espacios de descubrimientos, más que en cuestiones específicas”.

De los nuevos telescopios en construcción pueden llegar no solamente nuevos descubrimientos, sino también programas de computadora y técnicas de tratamiento de imágenes que podrían ser útiles en la medicina o en la biología. Podrían surgir también movimientos de reflexión similares en otras áreas. Franco, quien coordinó los institutos federales de investigación ligados al Ministerio de Ciencia y Tecnología antes de ingresar en la Finep, resalta: “Debemos avanzar en un programa con¬junto de investigación para Brasil”.

En un congreso sobre estudios sociales de ciencia y tecnología que ocurría al mismo tiempo que el encuentro de los físicos, Pablo Kreimer, profesor de la Universidad Nacional de Quilmes, Argentina, demostró que las más variadas actividades científicas -como en este caso la astronomía- expresan el drama sobre cómo producir y usar el conocimiento. En el artículo “¿Dependientes o integrados? La ciencia latinoamericana y la nueva división internacional del trabajo”, publicado en la revista Nómadas, Kreimer sugiere que una forma de resolver este impasse consiste en reconocer las tensiones existentes entre la subordinación y la autonomía y explotar los espacios de negociación.
En ese trabajo, Kreimer retoma un concepto que creó con otro profesor de Quilmes, Hernán Thomas, el del conocimiento aplicable no aplicado, y afirma: “Los grupos de investigación más integrados en megarredes de investigación tienen en general una producción elevada y prestigiosa, pero su aporte al desarrollo de las sociedades locales ha sido históricamente marginal”. Según él, el modelo vigente de producción de conocimiento científico presentó más consecuencias simbólicas que materiales, por haber servido hasta ahora más para aumentar la visibilidad de los investigadores que para generar conocimiento localmente útil.

En la conferencia de apertura de ese congreso, Michel Callon, docente de sociología de la Escuela de Minas de París, contó sobre las trayectorias originales que ha encontrado al aplicar al mundo económico las teorías de la sociología de la ciencia, que pregonan que la ciencia y la sociedad que la fabrica no deben ser vistas separadamente. En Noruega los pescadores crearon el derecho de cupos, mediante el cual podrían explotar una  cantidad preestablecida de pescados. “Una comunidad puede ir a la ruina si sus recursos no son divididos”, aseveró. Según él, cada pescador trataría de pescar hasta que los peces acabasen si no tuviera parte del derecho de propiedad -nacido de estudios que determinaron cuántos eran, cómo vivían y donde estaban los peces que serían divididos. “El derecho de propiedad transformó el océano oscuro en un acuario transparente”, dijo Callon. “Los pescadores, que antes no se preocupaban con la economía, se transformaron en Homo economicus y comenzaron a revender los derechos de pesca.”

Un abordaje similar rige la construcción y uso de los mayores telescopios, puesto que cada país o institución se convierte en una especie de socio del empren¬dimiento y compra cuotas de participación que después se convierten en horas proporcionales de uso del equipamiento. Así es como los astrónomos brasileños tienen acceso actualmente a tres telescopios construidos por medio de consorcios internacionales y aún considerados grandes: dos con espejos de 8 metros del Proyecto Gemini en Hawai y en Chile y uno de 4,1 metros del Soar, también en Chile. El derecho de uso definido por medio de cupos puede ser factible, ante la remota posibilidad de que Brasil desembolse decenas de millones de dólares rápidamente para participar en la construcción de telescopios mucho más grandes.

El Thirty Meter Telescope (TMT), uno de los mayores en construcción, con un espejo de 30 metros de diámetro, casi cuatro veces mayor que los mayores en uso actualmente, comenzará a funcionar en 2016 a un costo total estimado en 754 millones de dólares. Como los gobiernos de Estados Unidos, Canadá y Japón no lograron cubrir todo ese valor, la Gordon & Betty Moore Foundation ayudará con 50 millones de dólares, reforzando la tendencia de constitución de sociedades entre instituciones públicas y privadas en este tipo de emprendimiento. “Estamos ansiosos por concretar otras sociedades”, reiteró Wendy Freeman, directora del Observatorio Carnegie de California, que es sede del Giant Magellan Telescope (GMT), con un espejo de 25 metros, el equivalente a seis coches modelo Gol alineados.

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