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Entrevista

Léa Velho: Por una mirada brasileña en la ciencia

Investigadora de la Unicamp expone los desafíos que hay que encarar para perfeccionar la producción académica del país

Una de las grandes preocupaciones de Léa Velho, una de las principales referentes nacionales en sociología de la ciencia, consiste en encontrar nuevas estrategias para mejorar y aprovechar la producción científica y tecnológica en Brasil. Docente del Departamento de Política Científica y Tecnológica del Instituto de Geociencias de la Unicamp, ella evalúa con rigor y equilibrio temas tales como la cooperación internacional en ciencia y tecnología y la evaluación de políticas públicas en ciencia y tecnología. Ella es crítica, por ejemplo, de la participación subalterna de brasileños en grandes redes de investigación y considera que sería apropiado volver a mandar brasileños para hacer su doctorado en el exterior con el fin de crear líderes capaces de participar en las redes en pie de igualdad con los extranjeros. Critica también el uso indiscriminado de índices convencionales de evaluación del desempeño de la producción científica y académica, que puede confundir y, a menudo, comete injusticias.

Graduada en ingeniería agronómica, Léa comenzó la carrera como profesora universitaria en la Unesp de Jaboticabal en los años 1970. Su interés en la política científica y tecnológica se remonta a 1978, cuando, por razones familiares, se mudó a Brasilia y la invitaron a trabajar como técnica en la evaluación de proyectos de su área del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq). En 1985 se doctoró en Política Científica y Tecnológica en el Science Policy Research Unit de la Universidad de Sussex, Reino Unido. Dejó el CNPq en 1991, invitada a impartir clases en la Unicamp. Entre 2001 y 2005 fue investigadora mayor y directora de posgrado en el Institute for New Technologies de la Universidad de las Naciones Unidas en Maastricht, Holanda. Casada y madre de dos hijos y una hija, Léa es una estudiosa también de las cuestiones de género vinculadas a la práctica de la ciencia y se ha venido dedicando con sus alumnos de posgrado a entender el por qué hay pocas mujeres en áreas tales como física, matemática e ingenierías. A continuación, fragmentos de su entrevista:

Usted escribió varios artículos sobre la participación brasileña en redes de investigación internacionales, tales como las de bioprospección y de la vacuna contra el Sida. ¿Cuál es la importancia de esa participación?
En el movimiento reciente de producción de conocimiento existe una tendencia grande de investigación colaborativa. Ella crece mucho más que la investigación aislada, tiene un índice de citas en general más alto, por lo tanto, un impacto mucho más alto. Cuando se mira la producción científica en Europa, por ejemplo, se nota que viene aumentando de manera exponencial la cooperación internacional. Pese a ello, Brasil se ubica en un nivel de cooperación modesto. Creció, pero ya está en ese nivel, en alrededor de un 30% de artículos en cooperación con otros países, desde el final de los años 1980.

¿Treinta por ciento del total de artículos?
Un treinta por ciento de los artículos brasileños publicados en el Science Citation Index tiene la coautoría internacional. ¿Qué significa eso? Puede significar muchas cosas, hasta que estamos participando poco de ese movimiento, menos que lo que podríamos. Creo que Brasil participa poco. Mi experiencia de participar en proyectos de la Unión Europea muestra que la alianza tiene lugar mucho más cuando ellos allá, por exigencia de una convocatoria, tienen que incluir a algunos países de América Latina. Ellos saben que una existe y dicen: ¿no quiere participar? Una acaba entrando medio marginalmente. Casi nunca tiene una contrapartida nacional para poder, por ejemplo, viajar y participar de las discusiones allá. Vea el caso de las redes de bioprospección, sobre las cuales escribí algunos artículos. La iniciativa es tomada a partir del país del Norte y los recursos vienen de allá. Las personas de los países que poseen la diversidad biológica acaban entrando en la cooperación para dar acceso a los recursos, no por la competencia que ellos tienen.

¿Que gana efectivamente un científico al formar parte de una red?
Adquiere competencias como para negociar el objetivo de la investigación, la metodología o el uso de equipamientos. Cuando soy dueña de mis actos, es decir, que trabajo sola con recursos que yo misma conseguí, yo no negocio nada. A lo sumo mando a que mis estudiantes hagan algunas cosas y ellos lo hacen. Pero negociar con alguien igual a usted, que tiene ideas propias sobre el asunto, es un logro.

¿No hay grupos nacionales maduros lo suficiente como para hablar de igual a igual con los extranjeros?
En Brasil hay varios grupos maduros que probablemente participan de una manera mucho más igualitaria, lo que tiene que ver con su capacidad de negociación. Quien sabe lo que quiere y tiene recursos que llenen su necesidad entra en el proyecto porque el genuinamente interesa. El investigador entra porque tiene con qué contribuir. No es lo que sucede en las redes de bioprospección.

¿También es eso lo que sucede con las redes de investigación de medicamentos y vacunas contra el Sida?
En la nota que escribí sobre eso estaba intentando ver como Brasil participaba de los ensayos clínicos de desarrollo de vacuna. Desgraciadamente, ésa es una área en la cual falta competencia en Brasil. Desde el punto de vista del diseño de la política, el programa del Sida es muy exitoso en Brasil. Hacemos bien la investigación básica. Hay médicos muy buenos, pero aún tenemos que fortalecer ese medio campo, que es la competencia para realizar ensayos clínicos, con laboratorios apropiados para hacer todos los análisis y el desarrollo de protocolos confiables. La participación brasileña en esas redes acabó tornándose algo en cierta medida cuestionable. Es preciso comenzar a hacer ensayos clíncos de medicamentos que nosotros desarrollábamos porque, si no, vamos a quedarnos prestando servicios para las multinacionales.

Prácticamente no hay medicamentos desarrollado en Brasil…
Exactamente. Para concluir con relación a esa cuestión de la red, digo que debemos resolver algunas cosas. ¿Queremos participar de esas redes internacionales? Si así lo quisiéramos, tenemos que hacer un diagnóstico de lo que está sucediendo. Es el primer paso. Creo que los indicadores están mandando una señal de alerta. Los países exitosos desde el punto de vista de innovación tienen una actividad más dinámica en términos de cooperación. Una de las cosas que faltan es formar más recursos humanos en el exterior, ahora que ya fortalecemos nuestro posgrado. El camino que hicimos hasta ahora fue el correcto, no estoy cuestionando eso, pero el país no puede cerrarse y decir: ¡hoy tenemos un posgrado tan fuerte que no necesitamos formar a nadie en el exterior! Pocas personas son enviadas al exterior para hacer doctorado pleno. Y muchas van porque la Capes [Coordinación de Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior] decide dar 500 becas y escoge quién tiene más mérito en cada área del conocimiento. Eso no funciona, porque se diluyen los pocos recursos destinados a la formación en el exterior y el país no da un salto en ninguna área. Entonces vamos a especificar las áreas, a hacer una lista y mandar a esa gente capacitarse afuera. Me refiero a una política de fortalecimiento de formación en algunas áreas y de inserción de algunas redes, ya que nosotros no vamos a poder participar de todas.

La queja, en relación con doctorado en el exterior, es que los brasileños más talentosos reciben buenas propuestas y no regresan.
Los datos del centro americano que acompaña alumnos extranjeros muestran que la mayoría de los brasileños quiere regresar. Si no regresan es porque no tienen chance de hacer concursos. La verdad es que pocos han ido al exterior.

¿El doctorado sándwich, en que el investigador pasa un período en el exterior, no resuelve esa laguna?
No veo muchos beneficios en ese programa y ciertamente, no es un sustituto para el tipo de relación que se forma durante el doctorado pleno en el exterior. En general, los cursantes de posgrado se quedan fuera de seis meses a un año y, con frecuencia, no escribieron una nota en lengua extranjera. El investigador de ciencias sociales que hace el doctorado en Brasil raramente consigue publicar una nota en inglés. Creo que la formación sándwich puede ser buena para algunas situaciones como por ejemplo: para hacer mi tesis, necesito aprender una técnica específica que nadie domina aquí. Bueno, yo voy allá y, en seis meses, aprendo la técnica. Pero de ahí a generalizar como política de formación de los recursos humanos…

Empresas de países como Japón y Corea del Sur incentivan a sus técnicos a formarse afuera del país y a retornar al exterior de tiempo en tiempo, para acompañar las novedades.
Hubo mucha empresa japonesa, principalmente en los años 1980 y 1990, que mandaba a sus técnicos para hacer su doctorado, por ejemplo, en el Caltech, en Berkeley o en los grandes centros tecnológicos estadounidenses. Cuando el técnico terminaba los créditos, era llamado de vuelta. No se exigía que defendiese la tesis. Él iba allá para obtener ciertos conocimientos, hacer algunas materias y participar de las discusiones de proyectos. El título no importaba. Era una cuestión de capacitar a sus recursos humanos para obtener el conocimiento. Tener conocimiento del conocimiento es una competencia importante que los doctores adquieren. Es saber quién hace qué y dónde. Cuando se está haciendo doctorado en el exterior, usted ve investigadores de las más variadas universidades, comienza a identificar quien es quien, descubre donde esas personas publican. Quien va por seis meses no obtiene eso.

El número de doctores formados en Brasil aumenta año tras año y, en la próxima década, se proyecta una proporción de doctores por 100 mil habitantes semejante a la de Estados Unidos y Japón. La otra cara de la moneda es que muchos que terminan el doctorado y no tienen donde trabajar. ¿Hay una salida para esa paradoja?
En los países de la OCDE [Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico], que producen la mitad de la riqueza del mundo, la gran mayoría de los doctores va a trabajar en la industria. Hay excepciones, como México, pero esa tendencia entre los Tigres Asiáticos, como Corea y Taiwán, es más significativa hasta que en algunos países europeos. Todos los estudios sobre el papel de los recursos humanos calificados en la innovación ven con mucha claridad que las empresas tienen ganancias sustantivas cuando hay másters o doctores trabajando en sus unidades de investigación y desarrollo. Esos recursos humanos saben dónde buscar el conocimiento e interactúan con quienes los produces. La empresa sin personal calificado tiene dificultad para hacer esa interfaz. Pues bien, una vez plateado esto, no se puede obligar a una empresa a contratar a n doctor. La empresa que no innova no lo hace porque piensa que es mejor así. Forma parte de la racionalidad de la empresa innovar cuando ella percibe que se volverá más competitiva y ganará o mantendrá una posición en el mercado. En Brasil, casi como norma, para la empresa estar en el mercado, es más ventajoso comprar equipos o licenciar tecnologías extranjeras. No es por exceso de doctores disponibles que ellas van a pasar a contratar. Es necesario pensar en cómo se hará para estimular a la empresa nacional o a la subsidiaria de las empresas extranjeras en Brasil a crear un ambiente que torne ventajoso innovar utilizando recursos y conocimientos nacionales.

Varias empresas comienzan a despertar con respecto a la importancia de la innovación, pues necesitan exportar, necesitan ser competitivas afuera…
Yo creo que eso está claro para las empresas, que tienen que ser competitivas. Es un hecho nuevo esa conciencia de que las empresas tienen que innovar para mantenerse en el mercado, para exportar productos de calidad, si no nadie compra.

¿Pero ellas no están cambiando de comportamiento?
Es difícil saberlo. Ese discurso es reciente y sólo hace poco comenzaron a hacerse estudios de esa índole. Lo que se sabe es que hoy en día ellas tienen el discurso. Si está cambiando, solo lo sabremos de aquí a algún tiempo.

¿Cuál será el efecto a largo plazo de formar doctores sin tener donde emplearlos?
No tiene sentido en continuar de esta forma. Formamos personas para reproducirnos a nosotros mismos, no para desempeñar nuevas tareas. Formamos para el servicio público. Mucha gente viene para la universidad, hace su maestría y doctorado y se presenta a concurso en el servicio público. Claro que a producción científica en Brasil está creciendo.  Tenía precisamente que crecer, con buena parte de esos 10 mil doctores formados por año orbitando alrededor de la academia y contribuyendo a la producción.

La Capes divulgó un ranking que ubica a Brasil entre los 25 países con mayor productividad científica. ¿Eso representa qué?
Todo el mundo que trabaja seriamente con producción científica sabe que es difícil comparar los desempeños de los países, porque no son equivalentes. Un país tiene un enfoque grande en la investigación médica, otro país, en la investigación agrícola, un tercero en la ingeniería, en otro las ciencias sociales son importantes. Es muy difícil comparar países de esa manera. Se puede comparar a Brasil consigo mismo y decir: la producción científica brasileña ha aumentado significativamente con el pasar del tiempo. Eso es válido. Yo no creo que sea válido concluir que la producción brasileña crece más rápidamente que la de la India. ¿Qué quiere decir eso en términos de formularse una política local? Casi nada.

El mencionar a Brasil en un número de artículos publicados es bueno, pero cuando se evalúa el impacto de esos artículos la posición en el ranking no es tan favorable. ¿Qué significa eso?
El impacto es medido por la cifra de citaciones. Ahí, la gente comienza a entrar en una zona lodosa, porque las motivaciones para citarse en una nota varían mucho de un área para otra área. La física, por ejemplo, es muy dinámica e internacionalizada. Tiene una comunidad que está siempre trabajando en la frontera del conocimiento y dispone de pocas revistas consideradas muy importantes. Si la física brasileña tiene un gran impacto o un pequeño impacto en relación a la física estadounidense, la comparación es válida. Pero que la producción científica brasileña tenga o no tenga impacto, ella como un todo, no da realmente para comparar. Hay una máxima repetida por todos los cienciometristas serios: Sólo se compara semejante con semejante. No somos iguales a los otros.

Los datos más recientes muestran que tenemos casi un 2% de la producción mundial por el Science Citation Index, que ubica a Brasil como el 15° productor mundial de ciencia. ¿No se puede sacar nada de esa estadística?
Para mí, no. Estamos creciendo más rápido que los otros. ¿Y eso qué importa?

¿No quiere decir que nuestra ciencia está más madura?
No. Quiere decir que estamos publicando más en las revistas indexadas por el Science Citation Index, consideradas las mejores publicaciones. Publicamos mucho, pero el impacto de nuestras publicaciones no mejora mucho. Sucede que el impacto es una medida que impide la comparación entre áreas. No se puede decir nunca que el impacto de un paper en biotecnología es más alto que el impacto de un paper en física. Eso es conceptualmente erróneo y, así mismo, se hace diariamente.

Y hasta se comienza a hacer para evaluación individual de investigadores.
Ésa es otra máxima: No se usan esos datos para evaluar al investigador individualmente. Nunca. El creador del Science Citation Index no concibió la base para evaluación, sino como instrumento para que investigadores puedan identificar a quien trabajaba en las mismas áreas de conocimiento que eles.

¿Para colaboración?
Sí, se creó con el siguiente espíritu: el mundo de la ciencia está quedando muy grande, yo trabajo con una determinada línea de investigación y no doy abasto para ver toda la literatura. ¿Cómo es que identifico lo que importa? Con base en las citas el investigador iba trazando su red. Pero, rápidamente, se percibió que vio usarse para evaluación. Ahí comenzaron a jugar con ciertos conceptos y a creer que los más citados tienen más calidad. Eso es muy cuestionable. Las razones por las cuales la persona cita o no un artículo son totalmente desconocidas. No existe una teoría de cita. No se sabe muy bien lo que lleva a un investigador a citar o dejar de citar un artículo. Por mi experiencia, se que lo que prolifera es la cita de segunda mano.

¿Cómo es eso?
El investigador cita lo que ya fue citado. Hay historias e historias de páginas erróneas que se perpetúa en más de 500 papers, porque uno copia la referencia del otro. Y hay otras variables. Yo había hablado de la física, en que es posible decir que la cita internacional refleja el impacto. Pero tome otra área, por ejemplo, las ciencias sociales, en que el investigador ya no publica en el exterior. Y ése no es un fenómeno brasileño. En Alemania, en Francia y en Holanda, las ciencias sociales son publicadas, en buena parte localmente y en la lengua local. Tiene que ver con características de ciencias humanas, según las cuales los investigadores escriben sobre sus sociedades para ser leídos por sus sociedades. Asimismo, los periódicos, en muchas ciencias humanas, no son la principal fuente de publicación. Los investigadores publican mucho más antologías o libros. Un país como Brasil, que tiene una parte importante de su producción científica, de su comunidad y de los recursos destinados en ciencias sociales, no está contemplado en esos datos del Science Citation Index. Yo diría que el 80% de la producción en ciencias sociales está fuera de esa cifra que la Capes vive divulgando, que es el crecimiento de la producción científica brasileña. Usar el factor de impacto del periódico como medida de calidad de una publicación o, peor aún, de un autor, es creer que cualquier persona consigue evaluar la política científica brasileña solamente porque la base de datos está disponible en internet, uno digita un nombre, hace clic y encuentra un número de citas para un autor, institución o país. Claro que no es así. Interpretar los datos requiere una profunda comprensión sobre el diseño de la base, los conceptos sobre los cuales ella se asienta y sus limitaciones metodológicas.

¿Cuál es el perjuicio de eso?
Vea un instituto como el nuestro, el de Geociencias, formado por cinco departamentos. Es la cosa más variada de este mundo. Uno es de Geociencias… otro, de Geografía, que puede ser tanto Geografía Humana como Física; tiene gente de Política Científica y Tecnológica; de Enseñanza e Historia de Geociencias e Ingeniería de Petróleo. A todos los efectos, en la Unicamp, porque tenemos ese nombre, Geociencias, somos ciencias exactas. Cuando ellos hacen la evaluación institucional, nos ponen junto con las ciencias exactas. Ahí vamos mal, porque tenemos menos publicaciones y citas que la Física, la Química o la Matemática. Y con eso tenemos un perjuicio en la destinación de recursos internos. ¿Pero se puede comparar el IG con la Física? Es querer pone una tábula rasa y decir así: ellos tienen que comportarse como los otros del área de exactas. No, no tienen que comportarse de esa manera. Nosotros no somos Física. Política Científica y Tecnológica es un departamento de las ciencias Sociales. Estamos aquí por razones históricas que ellos conocen muy bien.

¿Existen otras formas de evaluar más eficaces?
La bibliometría es un instrumento importante de evaluación. Pero debe usarse siempre en conjunción con otras maneras de evaluación, a partir de un conocimiento previo de la dinámica de producción de conocimiento en algunas áreas.

¿Comparar a Brasil con otros países de América Latina es posible?
Es complicado. ¿Cuántos países tienen un sistema de posgrado como el nuestro? Ninguno. Méjico es el país que más forma doctores en programas de posgrado, pero así mismo esos programas solo ahora están comenzando a ser evaluados, como sucede en Brasil. Evidentemente que buena parte de nuestra publicación se origina de los programas de posgrado.

¿Y Argentina?
Argentina es mucho más complicada, pues tiene poquísimos programas de doctorado formales.

¿Ellos no tienen una tradición científica?
Sí. Ellos tienen tres Premios Nobel. Pero es bien diferente la estructura de funcionamiento de la investigación científica allá. La Argentina no tiene esa formalización del sistema de posgrado, para la formación de investigadores. Otra diferencia es que tenemos un sistema de posgrado con docentes con dedicación exclusiva. Aquí nos ganamos la vida decentemente siendo profesores, para dirigir tesis y hacer investigación, en las universidades públicas, tanto en las estaduales como en las federales. Si obtenemos una beca es un plus. Un proyecto, es un plus. Pero no necesitamos de eso para vivir decentemente. En ningún otro país de América Latina sucede eso. En Argentina, el investigador para ganarse la vida tiene que ser medio tiempo profesor en un lugar, medio tiempo investigador en otro…

¿La enseñanza gratuita es común en otros países?
Esa es otra diferencia fundamental. Nuestros mejores programas de posgrado son gratuitos. Eso no existe en ningún otro lugar. El posgrado en la Argentina es pago. En Méjico buena parte es pago. Las buenas escuelas que forman doctores en Chile, por ejemplo, que son principalmente en las áreas más básicas, son todas pagas. Tengo orgullo cuando cuento que nosotros hacemos eso gratis. Pero ahí viene inmediatamente la otra cara de la moneda, que es: Claro, todo gratis para los hijitos de papá que estudiaron la vida entera en escuelas pagas. Sí, es verdad. Es así al fin de cuentas. Desdichadamente, aún son pocos los investigadores formados que vienen de las clases más necesitadas.

Se atribuye la circunstancia de que Brasil nunca haya ganado un Nobel a la ausencia de contribuciones originales formuladas por nuestros investigadores. ¿Eso es un problema?
La única forma de tener un Premio Nobel, si eso fuera un objetivo, es realmente intentar ver algunas cuestiones que son muy nuestras y con una mirada nuestro. Renato Dagnino, mi colega aquí en la Unicamp, suele decir que la única gran contribución de América Latina para el conocimiento científico fue la Escuela de la Cepal. La teoría del estructuralismo, de la dependencia, es una gran contribución brasileña al conocimiento. Y llegamos a ella observando nuestra realidad, con nuestro mirar. Salimos perdiendo de antemano cuando miramos la realidad con la mirada del Norte, porque ellos tienen herramientas más apropiadas que las nuestras para trabajar con aquella mirarada. Tal vez si consiguiésemos buscar lo que es relevante en nuestra realidad física, natural y social, y describir eso con nuestra mirada, podríamos dar una gran contribución para la ciencia. No creo que debamos cerrarnos al mundo. En algunas áreas, necesitamos usar nuestra creatividad y ejercitar una manera de pensar diferente. Pero, contestando la pregunta, no estoy muy preocupada con el Premio Nobel.

¿Por qué?
Me parece bueno el reconocimiento internacional, pero me gustaría que la producción del conocimiento brasileño fuese realmente útil para la solución de nuestros problemas, que no fuese mera reproducción.

¿Alguna área específica?
Varias: malaria, esquistosomiasis y otras enfermedades olvidadas, sistemas de producción del pequeño agricultor, sistemas de saneamiento diferenciados… Hasta cosas más sencillas, tales como sistemas políticos que no necesariamente crean que la democracia participativa de la manera que se hace es la única manera de organizarse socialmente de modo decente.  Y no es sólo problema de la empresa, no señor. Muero de miedo cuando instituciones como el Instituto Agronómico de Campinas o la Embrapa tienen que ir a buscar recursos afuera y son llevados a resolver los problemas de las grandes empresas agrícolas. ¿Y el pequeño agricultor, que no tiene como pagar? De repente, la solución para el país comenzó a pasar exclusivamente por el sector privado. En el Ministerio de Ciencia y Tecnología la palabra clave hoy es empresa. Yo, como trabajé en el CNPq en los años 1970 y 1980, vi como cambió ese discurso.

¿Cómo es que era en aquella época?
En mi época era el fortalecimiento del sector público. Comencé a trabajar en el CNPq en 1978. Ese concepto actual de innovación ni existía. El término era cambio técnico, un proceso mucho más lineal, en el cual se invertía en investigación básica, después se hacía investigación aplicada, después desarrollo y eso iba a llevar a la innovación. El discurso era: Está lleno de investigaciones en esas estanterías del CNPq que deben ponerse la disposición de la empresa. Como si fuese una cuestión de falta de comunicación.

¿Y no lo era?
No. Nadie hace una investigación y la pone a disposición de la empresa y la empresa usa eso. El desarrollo para la empresa es hecho en conjunto con la empresa. En aquella época, se creía en esa linealidad del proceso. Cambió con la palabra clave interacción. La idea es poner a los actores juntos. Cuando están juntos, ellos negocian sus demandas y sus posibilidades de solución del problema.

Hay otra cuestión que usted estudia, que es la de la Big Science en Brasil. ¿Esos grandes proyectos son interesantes para la ciencia nacional?
La opción de Brasil ha sido caminar en el mismo sentido de la ciencia internacional. Se puede cuestionar esa opción, pero, una vez hecha, creo que tiene que entrar, porque los otros entraron. ¿Qué significa entrar en la Big Science? Primero tenemos que definir lo que es Big Science. Hay gente que cree que la Big Science es solamente una ciencia que gasta mucho. En verdad, no lo es. En ella hay un trabajo colectivo de diversas áreas del conocimiento. Tome el Laboratorio Nacional de Luz Sincrotrón [LNLS]. Hay varios equipos trabajando juntos, de varias especialidades. Big Science significa trabajar con equipos muy grandes, multidisciplinarios, con varios tipos de formación. Ellos tienen que negociar el significado de aquello que ellos hicieron, los papers tienen 10, 15, 20 autores. Mantener eso cuesta dinero. Se imaginaba que el LNLS iba a generar ingresos, que industrias iban a alquilarlo. Pero parece que sólo logra realmente existir porque existe una organización social y los sueldos son pagados con recurso público. Otro gran proyecto de Big Science que Brasil tuvo fueron las redes genómicas…

Durante mucho tiempo fue importante para formar recursos humanos.
Fue para formar gente que aprendiese a trabajar de una manera diferente. Se pueden mirar las redes genómicas como un proyecto de Big Science. Es una manera de trabajar en que necesita tener al biólogo molecular actuando con el especialista en informática, que tiene que adquirir una capacitación en bioinformática. Esa obligación del trabajo colectivo, en que uno depende del otro, es moderna en la ciencia. Brasil decidió entrar en ese modo de producción del conocimiento. La cuestión es como absorber los recursos humanos formados dentro de estos proyectos. Cuando yo estaba en Holanda, encontré tres egresados de esa red que trabajaban en empresas en Alemania. Tres mujeres. Fueron identificadas por una empresa de Alemania y decidieron ir porque no tenían oportunidad de empleo aquí que no fuese en la academia.

¿Cómo está hoy en día la dificultad de la mujer para hacer ciencia en Brasil?
Con relación al acceso, las mujeres en Brasil ocupan casi 50%: en algunas carreras más, en otras tienen menos. Típicamente, las mujeres continúan siendo minoría en las carreras vinculadas a la física, las matemáticas y a las ingenierías. Aquí en la Unicamp, ya hace unos 20 años que la participación está alrededor del 12%. El año pasado, propuse a una alumna de maestría: Vamos a ver si estas teorías que uno lee en los papers se aplican aquí. La literatura dice lo siguiente: las mujeres, hasta más o menos el sexto o el séptimo grado, tienen un desempeño igual al de los hombres en matemática. Pero después del séptimo grado ellas comienzan a ir mucho peor que los hombres, que es cuando se comienza a enseñar la matemática más compleja. Las mujeres pierden el interés y van para las áreas de ciencias sociales o biológicas. Da a entender que sería una inclinación vinculada a la habilidad. Pero los profesores ya tienen esa expectativa de comportamiento. Estimulan más a los varones que a las mujeres. Hay ciertas expectativas sociales que acaban empujando a la mujer de un área a otra. Entrevistamos a mujeres que habían acabado de pasar el examen de ingreso a la universidad y varias confirmaron que fueron a estudiar física en contra de la voluntad de los padres.  Como están en minoría, ellas tienen que comportarse como los varones o aislarse, tienen que seguir un modelo de carrera y de comportamiento modelado por los hombres para quedarse allí y vencer. Esto fue confirmado por varias. Ellas decían: Hay un profesor que, cuando termina la clase, dice así: las mujeres que no entendieron que le pregunten a los varones. Hay siempre ciertos estereotipos que hacen difícil la vida de las mujeres en ciertas profesiones. Llega una hora en que ellas dicen: No voy a pelear contra eso toda la vida, no quiero más. La deserción de las mujeres en esas carreras es muy grande. Otra explicación es que los hombres van para la tecnología porque tienen placer con tecnología.

¿La tecnología es masculina?
La tecnología, como producto social, refleja las relaciones sociales. Desde pequeño uno les habla así a los niños: Sube al autito. Y ellos aprenden a gustar de meterse con eso. Ya con las niñas es así: Ven a ver la televisión conmigo, vamos a leer un libro. Ellas no son estimuladas a jugar con la tecnología. Muchos niños que estamos entrevistando explican así la opción por la ingeniería: Siempre adoré la tecnología, esa cosa de construir siempre tuvo que ver conmigo. Cuando se pregunta a las niñas, ellas dicen: Creo que tiene más posibilidad de empleo. Pero, después que las mujeres están en la carrera, el problema es otro. La carrera científica se ideó para ser ejecutada por hombres, que tienen una mujer tomando cuenta de los hijos y de la casa.

¿Cómo es eso?
La ciencia siempre fue hecha por hombres blancos de clases alta y media,    ¿no es cierto? En un modelo idealizado, se espera que el científico no tenga hora para llegar a casa. Él tiene que venir al laboratorio a ver su experimento el domingo a las cuatro de la tarde, el sábado a las tres de la mañana, porque ciencia es casi un sacerdocio. Pocas mujeres están dispuestas a llevar la vida de esa manera. Las mujeres tienen muchos otros intereses, porque culturalmente fueron criadas para eso mismo. Pero hay cosas que son favorables en Brasil, gracias a las disparidades sociales. Como las mujeres que están en la ciencia en Brasil son de clase media y consiguen pagar a alguien para que se haga cargo de los hijos, ellas pueden continuar trabajando. Es algo que no se puede hacer en Europa. Si las mujeres son el 13% de los investigadores en física en Brasil, en Alemania son el 3%.

¿Es el impacto de las niñeras en la ciencia?
No solamente de las niñeras, sino de las familias extendidas. De las madres, abuelas, tías solteras, existe una red social. En Europa, no cuente con su madre. ¡En Alemania, la escuela termina al medio día y los niños van a almorzar en casa! Es carísimo pagar una guardería. En Brasil, por más caro que cueste, lo que una gana como investigadora alcanza para pagar la niñera o una guardería.

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