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BUENAS PRÁCTICAS

Precauciones para esquivar a las revistas depredadoras

Un sitio web ofrece una lista de chequeo para orientar a los investigadores en la elección de periódicos científicos idóneos

Mondadori / Getty Images

Cada vez son más los usuarios y partidarios de una herramienta disponible en internet capaz de proporcionarles ayuda a los investigadores en la elección de revistas científicas idóneas para publicar sus papers. La página web Think.Check.Submit enumera una lista de recaudos con miras a evitar que un autor desprevenido sucumba ante la publicidad engañosa de las llamadas revistas depredadoras, títulos de escasa reputación que divulgan artículos a cambio de dinero sin realizar una revisión por pares genuina.

El nombre del sitio resume los pasos tendientes a guiar una elección acertada. El primer paso (pensar) es retórico y solamente formula un llamado de atención sobre el peligro de los títulos depredadores y la importancia de identificar a las revistas y editoriales confiables. La segunda etapa (verificar) es lo que se conoce como checklist propiamente dicho, es decir, el cotejo con la ayuda de la lista de chequeo. Se exhorta al investigador a responder una serie de interrogantes acerca de la revista en cuestión. Parte de las preguntas son alusivas a la reputación y a las características de la revista: ¿la conoce? ¿Ha leído algún artículo publicado en ella? ¿El nombre de la publicación puede llevar a confundirla fácilmente con otra?

En un segundo bloque, las preguntas apuntan a evaluar si la publicación es accesible: ¿el nombre de la editorial se informa claramente en el sitio web de la revista? ¿Es posible ponerse en contacto con ella por teléfono, por correo electrónico o por vía postal? Otro de los focos de interés del checklist es el proceso de revisión por pares, cuya rigurosidad tiene por objeto la identificación de errores y rechazar artículos inconsistentes. ¿En el sitio web de la revista se menciona si la evaluación del contenido de los papers incluye a revisores externos e independientes? ¿Cuántos revisores evalúan cada artículo? Dos de las preguntas de esta lista merecen una atención específica porque apuntan hacia una práctica irregular típica de las revistas depredadoras, que es la ausencia de una auténtica revisión por pares: ¿la revista ofrece una garantía de publicación? ¿El plazo previsto para el análisis del manuscrito es  muy breve? También se incluyen preguntas al respecto de la posibilidad de depositar una copia del artículo en repositorios de acceso abierto y sobre la existencia de directrices alusivas a posibles conflictos de interés para autores, revisores y editores.

Por último, el autor debe cerciorarse si la revista está afiliada a instituciones que velan por las buenas prácticas de publicación, tales como el Committee on Publication Ethics (Cope), un foro de editores con sede en el Reino Unido dedicado a formular normas sobre la integridad científica, o el Directorio de Revistas de Acceso Abierto (Doaj), compuesto por publicaciones de acceso abierto que respetan ciertos requisitos mínimos de calidad. “Un ‘no’ como respuesta a esta pregunta es señal de una bandera roja de advertencia, porque las organizaciones incluidas en la lista realizan una comprobación rigurosa de la integridad de las revistas o editoriales antes de aceptarlas como miembros”, explicó la bibliotecaria inglesa Lorraine Estelle, jefa de comunicaciones del portal Think.Check.Submit, en un artículo publicado en el sitio web del Cope.

La última etapa (remitir) es breve y sencilla: se aconseja a los investigadores que envíen sus trabajos solamente si estuvieran satisfechos con las respuestas a la mayoría o a todos los interrogantes que planteó el checklist.

Este servicio existe desde el año 2015 y fue fundado por nueve instituciones, entre las cuales se encuentra el Cope, editoriales tales como Springer Nature y Biomed Central, y la Asociación de Bibliotecas de Investigación de Europa; y hoy en día también cuenta con el apoyo de diversas organizaciones que promueven el acceso abierto a las publicaciones científicas. Poco a poco, su alcance se ha ido expandiendo. Actualmente, la lista de comprobación se ofrece en más de cuarenta idiomas y recientemente salió a la luz una nueva versión, adaptada para orientar a los autores que desean publicar libros en lugar de artículos. También ha sido adoptada como material por programas de capacitación en integridad científica, como el de la Universidad Tecnológica de Texas (TTU), de Estados Unidos.

Según Estelle, la checklist fue concebida para ayudar a los autores de papers a realizar elecciones conscientes. “Nuestro sitio web proporciona un recurso singular a los investigadores. La preparación para la publicación de los resultados de una investigación puede atemorizar, sobre todo si es la primera vez”, dice. Ella explica que la estrategia principal para identificar a las revistas deshonestas –consultar las listas que se encuentran disponibles en internet que recopilan títulos sospechosos– se ha mostrado problemática. “Algunas de esas listas siguen criterios subjetivos e incluyen a editores que no tienen intención de engañar a nadie, aunque carecen de recursos para mejorar sus estándares editoriales o técnicos”.

La rapidez con la que surgen nuevas revistas depredadoras hace que estas listas estén siempre desactualizadas. Un estudio publicado en 2014 por dos investigadores de la Escuela de Economía Hanken, en Finlandia, estimó que en ese entonces existían unas 8.000 revistas depredadoras. Muchas de ellas desaparecen en cuanto se las identifica y otras aparecen en temas de investigación emergentes. En tanto, un informe divulgado en 2021 por la empresa estadounidense Cabell International reconoció 15.059 revistas impropias.

En un texto publicado en el sitio web Think.Check.Submit, la bioquímica española Iratxe Puebla hace hincapié en un nuevo foco de cooptación de autores del cual se apropian las revistas depredadoras: los repositorios de preprints, manuscritos cuyos resultados preliminares aún no han sido sometidos a una evaluación por pares, que a menudo son examinados posteriormente por revisores y se transforman en artículos científicos publicados en revistas. En efecto, los autores de esos trabajos están siendo contactados por revistas inadecuadas que les ofrecen publicar los resultados. “Las revistas depredadoras son descaradas en sus prácticas”, dice Puebla, directora asociada de ASAPbio, una organización creada en 2015 para promover el uso de preprints en el ámbito de las ciencias de la vida. Según ella, las revistas deshonestas suelen invitar a los autores a escribir sobre temas que ya habían abordado en artículos anteriores. Con los preprints, el acoso se vuelve más sencillo.

Las precauciones incluidas en las listas de chqueo también son válidas para los autores de preprints, pero Puebla pone en la mira otros temas sospechosos. Si el correo electrónico del contacto no se dirige al autor por su nombre o no lleva la firma de un editor, es posible que no se trate de una invitación real, sino de un ardid para obtener información del investigador. De igual manera, si ese correo no incluye comentarios específicos sobre el trabajo descrito en el preprint, es probable que el remitente ni siquiera haya leído su contenido.

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