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FORMACIÓN

Ramas y raíces del árbol de la ciencia

Diversos proyectos reconstruyen la genealogía académica de los investigadores brasileños

En 2017, alrededor de 4,5 millones de personas entre estudiantes, docentes e investigadores con currículos registrados en la Plataforma Lattes, podrán identificar mediante una búsqueda en internet los árboles genealógicos académicos a los cuales pertenecen, reconstruyendo así los lazos entre supervisores y pupilos construidos en los últimos 75 años. Investigadores de las universidades Federal del ABC (UFABC) y de São Paulo (USP) están elaborando una versión piloto de un sistema web, con apoyo del Consejo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (CNPq). El sistema estará abastecido, además del Lattes, por otras dos fuentes: el banco de tesis y tesinas de la Coordinación de Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior (Capes), que dispone de más de 600 mil documentos, y una lista con los miembros de la Academia Brasileña de Ciencias (ABC). “Estamos haciendo el cruzamiento de datos de investigadores para complementar las informaciones y evitar la posibilidad de que aparezcan registros duplicados”, explica Jesús Pascual Mena-Chalco, docente del Centro de Matemática, Computación y Cognición de la UFABC y coordinador del proyecto.

La genealogía académica reordena los vínculos entre las generaciones de investigadores. Al director de tesis se lo considera como el “padre” de los magísteres y doctores a los que colaboró para formar. Estos, a su vez, podrían generar “nietos” académicos y así seguiría la lista. Este abordaje cobró importancia con el lanzamiento de plataformas internacionales disponibles en internet, tales como el Mathematics Genealogy Project y el Neurotree Project, que permiten mapear a los ancestros académicos en matemática y neurociencias. El proyecto brasileño se propone ser más amplio y comprendería a investigadores del país en todas las áreas del conocimiento. Según Mena-Chalco, eso es posible gracias a la Plataforma Lattes, que se transformó en fuente de información para investigadores que buscan datos sobre la ciencia brasileña con el objetivo de estudiar sus fenómenos y tendencias (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 233). “Brasil es el único país con una plataforma que registra las actividades de la totalidad de su comunidad científica”, dice.

Los usuarios podrán colaborar, aportando datos faltantes. “La idea es que pueda actualizarse el sistema permanentemente. Cuanto más antiguo sea el vínculo, menor será la posibilidad de hallar referencias al respecto en la Plataforma Lattes. Y también hay casos de investigadores que omiten informar el nombre de sus supervisores académicos”, explica Mena-Chalco. Más allá del fomento a los estudios sobre historia y sociología de la ciencia, la genealogía académica posee aplicaciones potenciales en el campo de la evaluación, al medir la influencia que tuvo un científico sobre las generaciones posteriores. En 2015, Mena-Chalco y sus colaboradores propusieron, en un artículo científico, un nuevo indicador: el índice h genealógico, que evalúa el éxito de un científico en la tarea de capacitar a sus sucesores. Un investigador con un índice h genealógico 5 es aquél que tuvo al menos cinco “hijos” académicos (alumnos dirigidos), donde cada uno de ellos supervisó, a su vez, al menos a otros cinco investigadores. “Se trata de una propuesta de indicador que apunta a evaluar la fecundidad académica de un investigador”, dice.

El equipo de Mena-Chalco viene realizando proyectos puntuales para testear la propuesta. Al comienzo del año, el investigador publicó un artículo en la revista Memórias do Instituto Oswaldo Cruz, en colaboración con las biólogas Maria Carolina Elias, investigadora del Instituto Butantan, y Lucile Floeter Winter, docente de la USP, que identifica las raíces históricas de la protozoología en Brasil, un área que estudia a los protozoarios, algunos de ellos causantes de enfermedades tales como la leishmaniosis, el paludismo y el Chagas. A partir de análisis del Currículo Lattes y del banco de datos de la Capes, se pudo reconstruir el árbol genealógico del área, que tiene como base a un conjunto de 248 científicos que contribuyeron de manera notable con la formación de investigadores en protozoología, supervisando, cada uno, al menos 10 tesis doctorales. Al cabo, el árbol reunió a 1.197 investigadores, de los cuales 20 se destacaron como pioneros (observe la ilustración). El médico Carlos Chagas (1879-1934) figura como el fundador del linaje, luego de haber elucidado el mecanismo de la enfermedad que lleva su nombre, causada por el protozoario Trypanosoma cruzi. El estudio también destaca a pioneros más recientes, como en los casos del bioquímico Walter Colli, docente de la USP, y el microbiólogo Isaac Roitman, de la Universidad de Brasilia.

Según Maria Carolina Elias, el objetivo del trabajo consistía en medir la contribución de los pioneros, pero también pudieron evaluarse otras características de la protozoología en Brasil. “Al rastrear las conexiones entre tutores y alumnos, pudimos observar cómo evolucionó el área y cuál es la coyuntura actual”, dice. Se determinó, por ejemplo, que el 68,4% de los investigadores que obtuvieron el título de doctor en protozoología sigue trabajando en el área, mientras que un 16,7% migró hacia otros campos. El estudio también muestra una relación entre el aumento del contingente de investigadores y la expansión de las políticas de apoyo a la investigación en esa área. Entre el final de los años 1970 y el comienzo de los años 1990, hubo un crecimiento de la comunidad científica en protozoología como consecuencia de la creación del Programa Integrado de Enfermedades Endémicas (Pide), financiado por el CNPq, que invirtió 12 millones de dólares en unos 200 proyectos de investigación sobre enfermedades endémicas entre 1976 y 1986. “El programa logró un impacto superlativo. Durante ese período, notamos que hubo mayor cantidad de investigadores bajo supervisión en el área”, dice Maria Carolina Elias.

El grupo de Mena-Chalco también está elaborando árboles genealógicos individuales. El primero fue el de Etelvino José Henriques Bechara, docente del Instituto de Química de la USP (lea la entrevista en Pesquisa FAPESP, edición nº 229), que fue presentado en noviembre de 2015, en el marco de una celebración que se llevó a cabo en la USP para festejar los 70 años del investigador. El estudio revela que Henriques Bechara posee 34 hijos académicos, es decir, personas a las cuales él ha dirigido en su maestría y/ o doctorado, o bien supervisó en el posdoctorado, además de 582 descendientes. “Tengo tataranietos académicos y ni siquiera los conozco”, dice Henriques Bechara. “Resulta gratificante saber que mis alumnos siguieron adelante capacitando a otros, quienes, a su vez, ya están formando a otra generación”, afirma el químico, que trabaja con radicales libres desde la época de su doctorado, realizado bajo la supervisión del italiano Giuseppe Cilento, docente de la USP en los años 1950 y 1960, y también de la Universidad de Campinas (Unicamp), entre los años 1960 y 1970. Para Henri      ques Bechara, los árboles genealógicos revelan alcances del trabajo de los científicos que los indicadores tradicionales no registran. “Llevo 48 años de labor universitaria y la calidad de mi trabajo siempre fue ponderada por los artículos que publiqué. La genealogía muestra si he sido capaz de capacitar a investigadores calificados y transmitirles mis valores científicos”, afirma.

En ocasiones, la búsqueda de los ancestros académicos aporta agradables sorpresas. Eso fue lo que ocurrió con el matemático francés naturalizado brasileño Jean-Yves Béziau, docente de la Universidad Federal de Río de Janeiro, quien 10 años atrás comenzó a investigar sus raíces. “Me sorprendí al enterarme que soy descendiente académico del matemático y filósofo alemán Gottfried Leibniz (1646-1716)”, dice. Ese hallazgo se produjo luego de que lo invitaran a participar en el Mathematics Genealogy Project, uno de los repositorios de genealogía académica más antiguos. Ese archivo, creado en 1997 por el Departamento de Matemática de la Universidad de Dakota del Norte, en Estados Unidos, contiene registros que se remontan al siglo XIV. En total, hay más de 200 mil doctores en matemática y áreas afines, tales como ingeniería. Para llegar hasta Leibniz, Béziau partió de su supervisor, el matemático Daniel Andler, docente de La Sorbona, Universidad de París, y descubrió que otras 11 personas lo separaban de Leibniz.

El Mathematics Genealogy Project constituye un ejemplo de proyecto que logró perdurar en el tiempo. Uno de los retos para quien investiga en el área consiste en identificar a los supervisores más antiguos. El sistema del Currículo Lattes se instituyó en 1999 y contiene escasas menciones a los pioneros de la ciencia brasileña. Suele hacerse necesario recurrir a registros históricos para reconstruir un árbol. “Parte de nuestro trabajo con la genealogía académica en el área de la protozoología fue manual”, subraya Maria Carolina Elias. Jesús Mena-Chalco resalta otra dificultad. “En el pasado, no existía la figura del director de tesis tal como hoy en día la conocemos. Por eso tuvimos que recurrir a otras fuentes para identificar a nuestros ancestros académicos”, explica.

Alberto Laender, profesor titular del Departamento de Ciencia de la Computación de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG), también se topa con desafíos de ese mismo cariz. El año pasado, en compañía de su colega Fabrício Benevenuto, dio comienzo un proyecto de genealogía académica denominado The Science Tree, en el cual se propone recopilar los datos genealógicos de investigadores de los más diversos países. El objetivo consiste en estudiar la formación, la evolución y difusión de los grupos de investigación alrededor del mundo. Los datos se están recabando de diversas fuentes, entre las que figura la Networked Digital Library of Theses and Dissertations (NDLTD), que dispone de registros de más de 4,5 millones de tesis y tesinas de todo el mundo, y también de la Plataforma Lattes, lo cual permitirá integrar los árboles de los investigadores brasileños que se formaron en instituciones del exterior con los de sus supervisores de tesis.

Según Laender, su equipo trabajó inicialmente tan sólo con datos de 638 mil investigadores, con los cuales generó un entramado de alrededor de 98 mil árboles. “Los datos de la NDLTD están consignados por instituciones académicas de diversos países y en muchas ocasiones no están detallados en forma apropiada. Muchos de los trabajos no contienen, por ejemplo, el nombre del supervisor”, explica. Una de las dificultades principales, dice, radica en la obtención de datos que puedan identificarse y procesarse automáticamente. “Si bien la disponibilidad de datos sobre investigadores es mucho mayor que en el pasado, los estudios de la genealogía académica aún exigen un trabajo de adecuación. Pero, al fin y al cabo, eso vale la pena”, dice Laender. Los primeros resultados del estudio fueron presentados en el marco de un simposio internacional sobre bibliotecas digitales que se llevó a cabo en Newark, Estados Unidos.

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