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Buenas prácticas

Sanciones contra las “fábricas” de papers

El gobierno chino estipula penalizar a las empresas que venden artículos científicos a pedido, la mayoría de las veces con contenido fraudulento

Hulton-Deutsch Collection/ Corbis/ Corbis vía Getty Images

Los ministerios chinos de Educación y de Ciencia y Tecnología ampliaron las sanciones para los casos de mala conducta científica. Una novedad de las nuevas reglas, vigentes desde el mes de septiembre y que enumeran 64 tipos de violaciones y sus respectivos castigos, indica que no solo se aplican a los delitos cometidos por estudiantes, investigadores, editores de revistas académicas y administradores, sino también a individuos particulares o empresas externas a las instituciones científicas que participen en fraudes y falsificaciones. Uno de los objetivos de esta modificación consiste en lo que se han denominado como “fábricas” de papers, servicios ilegales que producen artículos bajo demanda, generalmente con datos falsificados, y los envían a periódicos académicos a nombre de investigadores. La principal sanción que se contempla es económica: aquellos que incurran en casos de mala conducta pueden perder la posibilidad de financiación estatal y, además, su nombre queda registrado en un banco de datos que restringe su acceso a créditos y servicios (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 276). “El banco de datos puede servir como una herramienta poderosa para hacer que las personas lo piensen dos veces antes de cometer un fraude científico”, dijo Dai Guoquing, el director de la oficina de integridad científica del Ministerio de Ciencia y Tecnología chino, según refiere el periódico China Daily.

Los investigadores chinos tienen prohibido desde 2015 utilizar servicios de terceros para la redacción de sus manuscritos o su envío para publicación. Solo se permite la corrección gramatical o técnica de su contenido. El bibliotecario de la Universidad Bradley en Peoria, Illinois (EE. UU.), Xiaotian Chen, le dijo a la revista Nature que las fábricas de papers siguen ofreciendo sus servicios abiertamente y rara vez se las investiga. “El gobierno debe comenzar a combatirlas efectivamente”, declaró. Entre los clientes principales de esas empresas destacan los médicos, que necesitan publicar una determinada cantidad de artículos para poder obtener promociones, pero no disponen del tiempo físico como para dedicarse a investigar. Recientemente, un equipo de detectives forenses al mando de la bióloga holandesa Elizabeth Bik halló más de 400 artículos de autores chinos con imágenes de western blot idénticas, que se utilizan en el campo de la biología molecular para detectar la presencia de proteínas. “Probablemente sean imágenes falsas”, expresó Bik en su blog sobre mala conducta científica. Gran parte de esos manuscritos salieron publicados en revistas médicas de pediatría, cardiología, endocrinología, nefrología o cirugía vascular. El nexo en común de esos autores es su vinculación con hospitales chinos, pero no mantienen conexión profesional entre sí. Por eso se estima que el origen probable de los trabajos fraudulentos sea una de las citadas fábricas de papers.

Se sospecha que, aparte de fabricar artículos, las empresas eventualmente procuran manipular la revisión por pares de las revistas científicas para posibilitar la publicación de manuscritos fraudulentos. En 2017, el periódico Tumor Biology anunció la retractación de 107 artículos pertenecientes a autores chinos que habían logrado esquivar su proceso de peer review. Al remitir los artículos para su publicación, los autores sugerían los nombres de posibles revisores, suministrando además, correos electrónicos falsos de esos investigadores. El periódico aceptó las sugerencias sin chequear su veracidad y los papers recibieron recomendaciones favorables de evaluadores en realidad inexistentes. Como parte de esos 107 artículos tenían contenidos repetidos, se determinó que detrás del escándalo había una fábrica de papers.

La analista de imágenes inglesa Jana Christopher y la oncóloga australiana Jennifer Byrne, que investigan el desempeño de empresas de comunicación científica fraudulentas, redactaron un artículo que salió publicado en la edición de febrero en la revista FEBS Letters con información que puede ser de ayuda para que editores y revisores reconozcan los artículos elaborados por esas fábricas de manuscritos. Hay algunas pistas que son simples de detectar, tales como la descripción de hipótesis y abordajes experimentales muy genéricos, sin un vínculo cabal con el tema en estudio. Ambas mencionan también un ejemplo en el área de genética del cáncer. “Es más probable que los manuscritos auténticos prueben hipótesis específicas que se basan en la función bioquímica prevista para el gen en estudio, o bien en una vía celular que se sabe que está alterada en el tipo de cáncer en cuestión”, escribieron. Este tipo de especificidad, señalan, difícilmente se tiene en cuenta en los textos elaborados por fábricas de papers, que necesitan generar manuscritos a gran escala. También deben considerarse los indicios de adulteración o falsificación de imágenes, dicen, aunque el problema sea bastante mayor y va mucho más allá del trabajo de las empresas fraudulentas. Con todo, cuando las imágenes no han sido manipuladas, resulta difícil detectar si su origen es distinto al que se le atribuye. Aún no hay disponible ningún software eficiente capaz de revelar la reutilización de imágenes, tal como ocurre con los textos plagiados.

El desempeño de esas empresas no constituye una novedad. En 2013, la revista Science publicó un informe sobre la venta de autoría de artículos científicos por fábricas de papers de China. El punto de partida de la investigación fue un correo electrónico apócrifo que ofrecía la posibilidad de firmar un artículo científico ya aceptado para su publicación en un periódico académico del rubro de la biología celular, a cambio de un pago de 15 mil dólares, para sumar dos nombres a la lista de autores, donde el monto total, con descuento, era de 26 mil dólares. Aparte de la venta de autoría, la revista también pudo comprobar que esas empresas comercializaban otros servicios, tales como traducciones en inglés para manuscritos publicados previamente en mandarín, para intentar publicarlos nuevamente en revistas internacionales, lo que los convierte en autoplagio, consistente en contratar un ghostwriter para producir un artículo, aportando o no los datos científicos para su elaboración.

Las nuevas reglas para desalentar la mala conducta científica en China también apuntan a hacer frente al problema de los artículos elaborados por el lado de la demanda. Las sanciones para quienes plagian, falsifican resultados o realizan experimentos sin la aprobación de los comités de ética irán desde la pérdida de títulos y bonificaciones salariales hasta la prohibición de la actividad científica. Al mismo tiempo, el gobierno anunció que modificará el sistema de promoción para investigadores, reduciendo el peso atribuido al número de artículos publicados en revistas internacionales como criterio para escalar peldaños en la carrera. También se va a crear una lista oficial de las revistas científicas de China que no ofrecen un estándar de calidad académico mínimo y se determinará cuáles artículos publicados en esos periódicos no sumarán puntos para la selección de becas o empleos, como tampoco en los procesos de evaluación en agencias de fomento chinas. El gobierno espera así poder reducir el incentivo para que científicos y médicos busquen engrosar su currículo con trabajos sin originalidad o fraudulentos.

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