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GEOCIENCIAS

Suelos cada vez más frágiles en Rio Grande do Sul

Miles de grietas abiertas en los cerros y los ríos menos profundos tras la gran inundación de 2024 acentúan la vulnerabilidad del sur de Brasil a los estragos que causan las lluvias

Los deslaves dejaron cicatrices en los cerros cercanos al puente Ernesto Dornelles (a la der.), sobre el río Das Antas, entre los municipios de Bento Gonçalves y Veranópolis

Harideva Egas / Cemaden

Durante los primeros días del mes de mayo, reportajes publicados en periódicos, sitios web y televisión daban cuenta de la recuperación de las grandes ciudades de Rio Grande do Sul afectadas por la colosal inundación que habían padecido un año antes, pero prestaban escasa atención a las consecuencias de los cambios operados en el paisaje de las áreas rurales y en municipios menos poblados. Las grietas que se abrieron en los cerros producto de los deslaves y la disminución de la profundidad de los ríos, debido a la acumulación de tierra y de sedimentos arrastrados por las lluvias, han dejado al estado del extremo meridional de Brasil aún más susceptible a la erosión y a las inundaciones que provocan las lluvias, aun cuando no lleguen a ser tan intensas como las de 2024. La región ya es vulnerable a las inclemencias del clima por su propia naturaleza, debido a su ubicación geográfica, su relieve y su suelo poco profundo (lea en Pesquisa FAPESP, edición nº 340). En la segunda quincena de junio se registraron nuevamente intensas precipitaciones y unas 170 ciudades sufrieron daños a causa de las inundaciones, que obligaron a más de 9.000 personas a abandonar sus hogares y a refugiarse en albergues temporarios.

La gran inundación de abril y mayo del año pasado afectó a 478 de los 497 municipios de Rio Grande do Sul, dejó 15.000 kilómetros cuadrados (km2) bajo el agua y ocasionó perjuicios concretos a 2,4 millones de personas. El episodio “puso de manifiesto las vulnerabilidades existentes en la planificación urbana, en la gestión de los recursos hídricos y en la comunicación de los riesgos a la población”, tal como se deja constancia en el libro intitulado As enchentes no Rio Grande do Sul [Las inundaciones en Rio Grande do Sul], coordinado por la Agencia Nacional de Aguas y Saneamiento Básico (ANA), publicado a finales de abril.

Un año después, todavía hay motivos para preocuparse. “Las zonas en donde hubo deslizamientos de tierra siguen siendo vulnerables a las lluvias y la erosión hasta que la vegetación vuelva a cubrirlas”, explica el geógrafo Harideva Egas, del Centro Nacional de Monitoreo y Alerta de Desastres Naturales (Cemaden). “Otro evento con lluvias torrenciales podría provocar nuevos deslizamientos en las áreas afectadas”.

Egas y su colega geógrafo Rodrigo Stabile coordinaron un mapeo basado en imágenes satelitales de alta resolución (3 metros) que identificó 15.087 deslizamientos de tierra acaecidos entre el 30 de abril y el 6 de mayo de 2024. Producto de las intensas lluvias, dejaron marcas en el terreno ‒las cicatrices de los deslaves‒ que se concentran en las laderas del centro-oeste de Rio Grande do Sul, en la cuenca hidrográfica del Guaíba, según un estudio publicado en noviembre en la revista científica Landslides.

Los deslaves afectaron a una superficie de 63.000 km2 que abarcó 130 municipios, generando cicatrices de hasta 2 km de longitud, y contribuyeron directamente a la muerte de al menos 67 personas.

“El agua que bajaba de los cerros arrastró tierra y troncos de árboles, cubrió arroyos formando barreras naturales que hicieron las veces de represa temporal para todo ese flujo, relata Egas. “Cuando esas barreras se rompieron, liberaron oleadas de lodo y desperdicios provocando violentas riadas que, en algunos lugares, alcanzaron los 4 m de altura, dejando a ciudades como Roca Sales, en Vale do Taquari, situada a 142 km de Porto Alegre, cubiertas de lodo”. El geógrafo recorrió la región por primera vez en septiembre de 2024 para constatar in situ las conclusiones sobre los deslizamientos obtenidas a través de las imágenes satelitales.

“A los habitantes de las zonas rurales lo que más les preocupaba eran las inundaciones, porque los deslizamientos de tierra no eran tan frecuentes”, comenta Stabile, quien participó en la expedición. “Decían que nunca había ocurrido nada parecido, pero, tal como lo pudimos comprobar, las propiedades se encontraban sobre capas de sedimentos antiguos que deben haberse acumulado a lo largo de miles de años”.

Alexandre Affonso / Revista Pesquisa FAPESP

Egas volvió a visitar la región de Bento Gonçalves en marzo de este año y comprobó que la vegetación ya había empezado a cubrir algunas de las cicatrices que dejaron los deslizamientos. Otras, sin embargo, aún dejan a la vista manchones de tierra colorada abiertos por el agua de las fuertes lluvias en medio del bosque que cubre los cerros.

“Los corrimientos de tierra siguen ocurriendo en Bento Gonçalves, Gramado y Lageado, por ejemplo”, señala el ingeniero forestal Masato Kobiyama, coordinador del Grupo de Investigación sobre Desastres Naturales del Instituto de Investigaciones Hidráulicas de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul (GPDEN-IPH-UFRGS). “Todavía queda mucha agua en el suelo, que se infiltró por las grietas en las rocas del subsuelo y no se evaporó por completo”.

Kobiyama ha recorrido la región afectada por las lluvias, acompañó a Egas y otros investigadores en marzo y, junto a otros colegas de la UFRGS, redactó un resumen de la tragedia acontecida en 2024 en un artículo publicado en marzo en la Revista Brasileira de Recursos Hídricos. “A mi juicio, fueron muchos más de 15.000 deslizamientos, tal vez el doble, porque el satélite no detecta los más pequeños, de 1 a 2 m, que frecuentemente he podido observar en las laderas de los cerros”, dice.

Al menos un 35 % del volumen de los sedimentos desplazados por los deslaves llegó a los ríos, principalmente aquellos que discurren cerca de las cabeceras y cañones de la región serrana, según los cálculos del geógrafo João Paulo Araújo, quien participó en el estudio realizado por el Cemaden. Según estima Stabile, ese volumen corresponde a al menos 10 millones de toneladas (t) de sedimentos, suficientes para llenar casi siete estadios como el Maracaná de Río de Janeiro, el más grande de Brasil.

Con base en un modelo matemático que representa a gran escala el flujo de agua en las cuencas hidrográficas, el ingeniero ambiental Hugo Fagundes, de la Universidad de Campinas (Unicamp), estimó que tan solo el río Guaíba, que atraviesa el área metropolitana de Porto Alegre, habría recibido alrededor de 5 millones de toneladas de sedimentos entre el 27 de abril y el 17 de junio de 2024. “Una parte de ese volumen de sedimentos que no hemos podido cuantificar quedó en los ríos, y otra parte fue arrastrada por los ríos hacia el mar”.

Mientras que los sedimentos más livianos son transportados por el agua, los más pesados se asientan en el lecho, por lo que el río pierde profundidad y, en consecuencia, parte de su capacidad de absorber el escurrimiento del agua de lluvia. Este fenómeno abona un incremento de la superficie de las islas fluviales en donde los sedimentos se acumulan, dificulta la navegación y obliga a tener que retirar los sedimentos acumulados en el río utilizando dragas.

Cleberton Bianchini / FREITAS, E. M. de et al. Marcas na paisagem. 2025 | Elisete Freitas / FREITAS, E. M. de et al. Marcas na paisagem. 2025Riberas del río Forqueta, afluente del Taquari, en noviembre de 2022 (a la izq.) y en agosto de 2024Cleberton Bianchini / FREITAS, E. M. de et al. Marcas na paisagem. 2025 | Elisete Freitas / FREITAS, E. M. de et al. Marcas na paisagem. 2025

“El flujo de los ríos ha quedado obstruido por la acumulación de lodo, materiales orgánicos, muebles y ramas”, comentó el alcalde del municipio de Sapucaia do Sul (Rio Grande do Sul), Volmir Rodrigues, en un debate que tuvo lugar en la Cámara de Diputados en julio de 2024 en Brasilia. “Los municipios no cuentan con fondos para solventar el dragado”.

En diciembre de 2024, la gobernación de Rio Grande do Sul anunció inversiones por alrededor de 691 millones de reales para el dragado de las vías navegables del estado, como parte del programa de recuperación ambiental de las zonas afectadas por las inundaciones. “Las dragas ya han retirado millones de metros cúbicos de sedimentos de los canales de la hidrovía que une los puertos de Porto Alegre y Rio Grande”, informó la Secretaría de Medio Ambiente e Infraestructura (Sema) de Rio Grande do Sul, a través de su Asesoría de Comunicación.

Sin embargo, no se sabe si estas y otras medidas, como la construcción de diques, serán suficientes como para resistir la intensidad de las lluvias, cuya frecuencia se quintuplicaría durante las próximas décadas en la región del sur de Brasil, de acuerdo con un artículo publicado en febrero en la revista Geophysical Research Letters. “Si no se hace bien”, advierte Kobiyama, “el dragado solamente resuelve el problema en la zona puntual donde se realiza, pero puede crear un canal en el lecho del río que hará que el agua corra más rápido, lo que incrementará las inundaciones en las áreas cercanas a su desembocadura”.

El libro As enchentes no Rio Grande do Sul hace hincapié en la conservación de las áreas verdes para dificultar la construcción de viviendas en zonas de riesgo y frenar el avance de las aguas. “En los sitios donde se pierde la cobertura vegetal, los procesos erosivos tienden a agravarse”, subraya Fagundes. No obstante, en un recorrido inverso, la superficie agrícola creció un 35 % entre 1985 y 2022, lo que ha incrementado la vulnerabilidad a los eventos climáticos severos, según un artículo publicado en abril en la revista Environmental Research Letters.

“Las riberas y los bosques que se alzan a orillas de los ríos no deberían ocuparse, debido al peligro que suponen para la gente en caso de crecientes”, insiste Kobiyama. Los días 4 y 5 de junio, por invitación de un concejal, el ingeniero forestal dio charlas a agricultores, docentes, estudiantes y otros residentes del municipio de Rolante, situado a 90 km de Porto Alegre a la vera de un río que ya ha causado violentas inundaciones. “Todos tenemos que aprender a observar los movimientos de los ríos y el suelo en caso de lluvias fuertes, para prepararnos para nuevos embates del clima”, comentó.

En Rolante, Kobiyama propuso la formación de grupos comunitarios integrados por voluntarios para organizar las alertas y la evacuación de los habitantes a albergues seguros aprovisionados con alimentos en caso de lluvias fuertes. “En una ciudad aquí en Rio Grande do Sul”, relata, “la gente se refugió en una iglesia situada al pie de una ladera, pero tuvieron que marcharse rápidamente cuando advirtieron que la iglesia podía ser afectada por los deslizamientos de tierra”.

Este artículo salió publicado con el título “Suelos cada vez más frágiles en Rio Grande do Sul” en la edición impresa n° 353 de julio de 2025.

Artículos científicos
COLLISCHONN, W. et alThe exceptional hydrological disaster of april-may 2024 in southern Brazil. Revista Brasileira de Recursos Hídricos. v. 30, e1. 19 mar. 2025.
EGAS, H. M. et alComprehensive inventory and initial assessment of landslides triggered by autumn 2024 rainfall in Rio Grande do Sul, BrazilLandslide. v. 22, p. 579-89. 26 nov. 2024.
PETRY, I. et alChanges in flood magnitude and frequency projected for vulnerable regions and major wetlands of South America. Geophysical Research Letters. v. 52, n. 5. e2024GL112436. 16 mar. 2025.
TRANCOSO, R. et alDeadlier natural disasters—a warning from Brazil’s 2024 floodsEnvironmental Research Letters. v. 20, n. 4. 041001. abr. 2025.

Libros
AGENCIA NACIONAL DE AGUAS Y SANEAMIENTO BÁSICO. As enchentes no Rio Grande do Sul: Lições, desafios e caminhos para um futuro resiliente. Brasilia: ANA, 2025.
FREITAS, E. M. de et alMarcas na paisagem: Memórias para construir a resiliência no vale do Taquari (RS). Lajeado, Rio Grande do Sul. Editorial Univates, 2025.

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