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Medicina tropical

Un centro que vela por la salud en la Amazonia

El Instituto Evandro Chagas, fundado en 1936, constituye una referencia internacional en el estudio de enfermedades infecciosas y parasitarias e investiga problemas ambientales

La mansión de la avenida Almirante Barroso en Belém, la primera sede del instituto

Irene Almeida

Las lluvias intensas y permanentes de febrero de este año, uno de los meses de mayor pluviosidad en la Amazonia, afectaron las instalaciones de Alunorte, una refinería de aluminio perteneciente al grupo noruego Norsk Hydro, instalada en la localidad de Barcarena, en el estado de Pará. Las precipitaciones incesantes inundaron áreas de la empresa y el agua acumulada escurrió parcialmente por canales clandestinos hacia una región selvática donde nacen riachos que surcan dos comunidades vecinas, Vila Nova y Bom Futuro, contaminando el agua de los pozos que se utiliza para consumo humano. Los pobladores dieron aviso a la Fiscalía del Estado y a la Procuración Federal de la Nación que mandaron a investigadores del Instituto Evandro Chagas (IEC) para evaluar el impacto ambiental y los riesgos potenciales para la salud humana.

El agua recogida de las calles, riachos, pozos y del predio de la empresa contenía niveles de aluminio y otros metales bastante superiores a los aceptables y era altamente alcalina, un indicador del vertido de efluentes al ambiente, según el informe técnico que documenta los análisis efectuados por el equipo del químico Marcelo de Oliveira Lima, de la Sección de Medio Ambiente (Samam) del IEC. En el documento, los investigadores recomendaron la distribución de agua potable a la población del área afectada y el monitoreo del agua de la región mientras duraran las lluvias. La firma noruega contrató a una empresa independiente para realizar nuevos análisis y objetó los resultados del IEC, aunque más tarde reconoció en una entrevista a la prensa el uso de conductos clandestinos para eliminar residuos y efluentes sin tratamiento en el ambiente.

Ese accidente ambiental del comienzo del año es tan solo el más reciente investigado por la Samam. Esa área científica, creada en 1992 a instancias de la viróloga Elisabeth de Oliveira Santos, es la más nueva de las ocho que integran el instituto, que es el centro más importante de investigación y tratamiento de enfermedades tropicales y de salud ambiental de la Amazonia.

IEC Evandro Chagas (en el microscopio), acompañado (a partir de la izq.) por Gladstone Deane, Felipe Nery Guimarães, Bichat Rodrigues y Leônidas DeaneIEC

En sus dos décadas y media de actividad, los equipos de la Samam estudiaron los efectos de la exposición al mercurio utilizado en minería y al que puede hallarse naturalmente en el ambiente sobre la salud de pobladores ribereños y aborígenes, además de otros agentes infecciosos transmitidos por el agua. Sus investigadores trabajan en el programa de monitoreo de agrotóxicos del Ministerio de Salud y analizan el agua de las regiones norte, nordeste y centro-oeste brasileñas. En 2008, investigaron un accidente en Barcarena y descubrieron que la empresa Imerys, productora de caolín, un mineral rico en aluminio que se usa para el blanqueamiento del papel, derramaba efluentes sin tratamiento en los riachos de la región, provocando la acidificación de las aguas y destruyendo toda forma de vida. “El agua de algunos riachos, de tan limpia, se asemejaba a la de una piscina, a diferencia de las aguas con abundancia de sedimentos de esa región de la Amazonia”, recuerda el ingeniero químico Bruno Carneiro, vicejefe de la Samam.

Esa fue una de las primeras divisiones en instalarse en los edificios del IEC en Ananindeua, un municipio vecino a la ciudad de Belém. En ese campus de 70 hectáreas actualmente funcionan casi 30 laboratorios de siete de las ochos secciones de investigación del instituto, además de los sectores de atención médica, donde se realizan casi 25 mil análisis clínicos y 4.700 diagnósticos de enfermedades tropicales por año. A la vera de la autopista BR-316, que une a Belém con Maceió, la capital del estado de Alagoas, ese complejo también alberga las actividades educativas: un curso técnico en análisis clínicos y las tres carreras de posgrado: la maestría en epidemiología y monitoreo de la salud y la maestría y el doctorado en virología. Solamente la Sección de Hepatitis quedó en la sede original del IEC, el caserón ubicado en el número492 de la avenida Almirante Barroso, en Belém, a 15 kilómetros de Ananindeua. En esa mansión, el médico e investigador carioca Evandro Chagas (1905-1940), que a la sazón tenía 31 años, instaló en 1936 el primer centro brasileño de investigación de la salud en la Amazonia: el Instituto de Patología Experimental del Norte (Ipen). Dos años antes, otro médico carioca, Henrique de Azevedo Penna, había identificado los primeros casos de leishmaniasis visceral autóctonos de Brasil. Con apoyo de la Fundación Rockefeller, de Estados Unidos, De Azevedo Penna trabajaba en Bahía estudiando casos de fiebre amarilla y analizó 47 mil láminas histológicas con muestras de hígado. En 41 de ellas, que dieron resultado negativo para el virus de la fiebre amarilla, se detectó el parásito causante de la leishmaniasis visceral, también denominada kala-azar [que significa fiebre negra en idioma hindi], cuya transmisión, por entonces, se circunscribía a la India y el Mediterráneo. Los casos se concentraban en las regiones nordeste y norte, informó De Azevedo Penna en noviembre de 1934 en la revista científica Brasil Médico. El Médico Carlos Chagas (1879-1934), por entonces director del Instituto Oswaldo Cruz en Río de Janeiro, quien había descubierto la enfermedad que lleva su nombre, organizó una comisión para estudiar los casos de leishmaniasis en el país. El trabajo quedó a cargo de su hijo mayor, Evandro.

A partir de 1936, Evandro Chagas recorrió el nordeste para investigar casos de la enfermedad y al no tener éxito intentó convencer a las autoridades locales para que instalaran un laboratorio para el estudio de la leishmaniasis visceral. Esa forma de la enfermedad es causada por un parásito unicelular, el protozoario Leishmania infantum chagasi, que se aloja en las células de defensa del organismo y daña el bazo, el hígado y la médula ósea. Si no se la trata, conduce a la muerte en la mayoría de los casos. “Evandro Chagas estaba en Maranhão y se aprestaba a regresar a Río, cuando en una despedida organizada por las autoridades locales conoció a un médico paraense que lo convenció para que fuera a Belém”, relató el virólogo Pedro Vasconcelos, actual director del IEC, en una entrevista concedida a Pesquisa FAPESP .

Irene Almeida Láminas de la Colección de Flebotomíneos del Laboratorio de Leishmaniasis del IECIrene Almeida

La comisión de investigación de la leishmaniasis visceral se instaló inicialmente a casi 100 km al oeste de Belém, en la zona rural de Abaetetuba, donde se habían obtenido las muestras que había analizado Penna. En un artículo que salió publicado en octubre de 1936 en la revista Science, Evandro Chagas informó que los casos brasileños eran similares a los de Asia y que la mayor parte de los afectados (el 70%) eran niños de hasta 10 años de edad. “Al conocer a Chagas, el gobernador paraense José da Gama Malcher se entusiasmó y creó el instituto, aportando incluso el soporte financiero y técnico para su instalación”, añadió Vasconcelos.

Una ley estadual promulgada el 11 de noviembre de 1936 creó el Ipen, para el cual Evandro Chagas convocó a jóvenes médicos y farmacólogos de la Facultad de Medicina y Cirugía de Pará (la actual Universidad Federal de Pará). El objetivo era estudiar la frecuencia y la distribución de la leishmaniasis visceral en la Amazonia e identificar a los transmisores del parásito, para lo cual, el médico y entomólogo Octávio Mangabeira Filho (1912-1963) describió 40 de las casi 400 especies de flebótomos y flebotominos, los insectos que transmiten el protozoario de la leishmaniasis al alimentarse con sangre. Chagas decidió investigar también otras enfermedades frecuentes en la Amazonia.

En 1940, el instituto participó en una campaña contra el paludismo en el nordeste, instalando un laboratorio para el diagnóstico de esa enfermedad e identificar a su transmisor, el mosquito Anopheles gambiae. Una de las personas involucradas fue el entomólogo estadounidense Otis Causey. Entonces, y a pedido del Ministerio de Educación y Salud de la época, que buscaba brindarle soporte al plan de Getúlio Vargas de aumentar la integración de las regiones norte y centro-oeste brasileñas con el resto del país, los científicos del Ipen iniciaron expediciones de campo para identificar casos de malaria en los estados de Pará y Amazonas. En noviembre de 1940, a los 35 años, el médico carioca falleció en un accidente aéreo cuando viajaba a São Paulo. Para homenajearlo, el gobernador de Pará le impuso el nombre de Evandro Chagas al Ipen.

IEC Vista aérea del campus del IEC en AnanindeuaIEC

Con la muerte de su ideólogo, el instituto perdió algunos investigadores durante un período de crisis financiera. En 1942, pasó a formar parte de la administración federal, integrando el Servicio Especial de Salud Pública (Sesp), y a partir del año 2000, el IEC quedaría subordinado directamente al Ministerio de Salud. Producto de un acuerdo entre los gobiernos brasileño y estadounidense, el Sesp tenía la función de sanear “las regiones productoras de materias primas estratégicas para los intereses militares de Estados Unidos, tales como el caucho de la región amazónica y el mineral de hierro y mica del Vale do Rio Doce”, relatan en 2010 los investigadores Rogério Renovato y Maria Helena Bagnato en la revista Educar em Revista. La agencia también promovía la atención médica a los trabajadores y la capacitación de profesionales de la salud.

En 1954 apareció un refuerzo importante. Luego de evaluar capitales brasileñas y de otros países de América Latina, la Fundación Rockefeller patrocinó la creación de un centro en Belém para realizar estudios en virología. La Fundación envió a Otis Causey para que coordinara los estudios sobre arbovirus, quien contó con la asistencia de su esposa, Calista Causey, como voluntaria y luego se le sumaron Robert Shope (1929-2004), Amélia Travassos da Rosa (1937-2017) y Francisco de Paula Pinheiro. El centro, que se instaló en el IEC, fue el punto de partida de lo que luego se convertiría en la actual Sección de Arbovirología y Fiebres Hemorrágicas, que estudia los virus transmitidos por insectos, tales como los de la fiebre amarilla, dengue, zika y chikunguña. En poco más de seis décadas, se aislaron y clasificaron 220 especies de virus en la Amazonia, de las cuales, al menos 110 eran desconocidas para la ciencia y 36 de ellas cusan enfermedades en los seres humanos.

En el Sector de Arbovirología y Fiebres Hemorrágicas, responsable de buena parte de los alrededor de 80 artículos científicos publicados en los últimos dos años por los científicos del IEC, están instalados dos laboratorios de bioseguridad nivel 3, uno por debajo de la categoría más alta de protección, que se usan para trabajar con agentes infecciosos potencialmente letales. En ellos se aisló en 2015 por primera vez el virus del Zika del cerebro de un bebé con microcefalia. En el laboratorio dedicado a experimentos con animales, se realizaron los test para la vacuna contra el Zika desarrollada por científicos del IEC y de la Universidad de Texas.

A mediados de los años 1960, un convenio celebrado entre la Sesp, la Fundación Wellcome Trust y la Escuela de Medicina Tropical e Higiene de Londres, en Inglaterra, financió el arribo a Brasil de los parasitólogos Ralph Lainson (1927-2015) y Jeffrey Jon Shaw, dando comienzo a los estudios sobre leishmaniasis tegumentaria. Esa variante de la enfermedad, la más frecuente en el país, causa lesiones en la piel y puede destruir mucosas y cartílagos.

El instituto cuenta con alrededor de 100 investigadores y 500 técnicos y asistentes. Su presupuesto anual es de 110 millones de reales

Aparte de realizar investigaciones sobre otras enfermedades causadas por virus, bacterias y hongos, el IEC también produce anualmente alrededor de 25 mil roedores que se utilizan para el estudio de enfermedades y en los test preclínicos que se realizan en los centros de investigación brasileños. A partir de 1978, el IEC alberga al Centro Nacional de Primates (Cenp), donde se crían, para su preservación e investigaciones, 25 especies de monos nativos de América y una de África, algunas de ellas bajo amenaza de extinción.

El instituto cuenta con alrededor de 100 investigadores y 500 técnicos y asistentes, y se mantiene con un presupuesto anual de alrededor de 70 millones de reales que aporta el Ministerio de Salud. Además, recibe otros 40 millones de reales de agencias estaduales y federales de financiación para la realización de investigaciones. Cuando en septiembre de este año Pesquisa FAPESP visitó el IEC para elaborar este artículo, el médico Fernando Tobias Silveira, experto en leishmaniasis y vicedirector del instituto se mostró preocupado por el futuro de la institución.

La atención médica, la solicitud de análisis de laboratorio y las actividades de investigación aumentaron en los últimos años a la par del riesgo de faltante de profesionales calificados. Entre un 25% y un 30% de los científicos y asistentes están en edad jubilatoria. El último concurso para la selección de personal se realizó hace casi 10 años. “Estábamos al borde del colapso y, por entonces, logramos contratar alrededor de 300 personas”, comentó Silveira. “Necesitaríamos otras 200 para poder mantener el ritmo de trabajo actual”.

Pese a este panorama, hay una noticia alentadora. Este año, el IEC consiguió que se desembolsaran 2 millones de reales para la reforma del caserón de la calle Almirante Barroso. Luego de una licitación complicada para la realización de las obras, el problema parece haberse superado. Si todo sale bien, en los próximos años la sede original del IEC alojará al Museo Evandro Chagas.

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