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Necrológicas

Un intérprete dialéctico

Radicado en Francia, Ruy Fausto era considerado uno de los más importantes teóricos brasileños del marxismo

En París, donde vivía, en diciembre de 2012

Carlos Fausto

Profesor emérito del Departamento de Filosofía de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas de la Universidad de São Paulo (FFLCH-USP), Ruy Fausto falleció el 1º de mayo en París (Francia) a la edad de 85 años. Durante décadas estudió la obra de Karl Marx (1818-1883) proponiendo interpretaciones del pensamiento del filósofo alemán más allá de la experiencia soviética, y utilizó ese conocimiento para elaborar análisis críticos de los partidos de izquierda, tanto de Brasil como del resto del mundo.

Paulistano de nacimiento, Fausto se graduó en 1960 en la Facultad de Derecho de la USP, mientras cursaba paralelamente la carrera de filosofía, cuando la entonces Facultad de Filosofía, Ciencias y Letras tenía su sede en la calle Maria Antônia, en el centro de la ciudad. Formó parte de la generación que vio a la USP erigirse como una universidad pública de renombre internacional, como despliegue de la misión francesa que ayudó a inaugurar su labor docente, en 1934, recuerda el sociólogo Ruy Braga, del Departamento de Sociología de la misma institución. “Fausto se graduó en filosofía en 1956, cuando la USP se estaba modernizando, pero al mismo tiempo logró establecer un puente con un pasado más tradicional, relacionado con su experiencia en la carrera de derecho. Esta trayectoria ayudó a formatear su visión filosófica de la teoría de Marx”, analiza.

En 1964, con el golpe militar, Fausto se exilió en Chile y dio clases en la Universidad Católica de Santiago. Con la caída del presidente Salvador Allende (1908-1973) en 1973, se trasladó a Francia, prosiguiendo con la etapa de investigación que había iniciado  anteriormente. En 1981 defendió dos tesis doctorales, tal como lo exigía la ley francesa de aquella época. Su director de tesis fue el filósofo y educador Jean Touissant-Desanti (1914-2002). Ese mismo año se convirtió en docente de la Universidad de París VIII y se radicó en Francia. Con la reapertura democrática, regresó esporádicamente a Brasil, para dar clases en el Departamento de Filosofía. En 1989 defendió su libre docencia en la USP. Era hermano del abogado e historiador Boris Fausto, de la USP, y del médico e investigador Nelson Fausto (1936-2012), patólogo de la Escuela de Medicina de la Universidad de Washington, en Estados Unidos.

“Fausto tomó el pensamiento de Karl Marx como objeto específico de reflexión sistemática durante décadas”, opina Braga. El sociólogo explica que Fausto colaboró con la restauración del análisis dialéctico del pensamiento de Marx en un momento en que, entre las décadas de 1970 y 1980, esa vertiente teórica había sido prácticamente abandonado en el entorno académico francés, debido a la ola estructuralista, y también en Estados Unidos, a causa del avance del marxismo analítico. Por eso, analiza Braga, fue el brasileño quien colaboró de una manera más original para la reinstauración dialéctica del pensamiento de Marx, articulándolo con las ideas del filósofo alemán Georg Friedrich Hegel (1770-1831).

Para realizar esta interpretación, Braga relata que Fausto se valió principalmente de la lectura de los Grundrisse,  los manuscritos escritos por Marx entre 1857 y 1858 y que dieron origen al libro El Capital, publicado en 1876. A lo largo de ese camino, el sociólogo considera a la trilogía Marx: Lógica e política – Investigações para uma reconstituição do sentido da dialética (editorial 34), con ensayos escritos entre 1973 y 1997, y publicada en 2002, la obra más importante de Fausto. A pesar de seguir tomándolo como objeto de estudio, Braga comenta que, hacia los años 1980, Fausto rompió con el marxismo como programa político.

El director de investigaciones del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS) de Francia, Michael Löwy, explica que en su trilogía, Fausto se dedicó a estudiar la relación entre la lógica dialéctica y la política de Marx, temas que suelen analizarse por separado. “En esa amplia obra, cuya redacción le demandó decenas de años, él abordó varias otras cuestiones filosóficas que se debaten en la literatura marxista: humanismo y antihumanismo, historicismo y antihistoricismo, antropologismo y crítica del antropologismo”, destaca. Löwy considera que Fausto trató de encuadrarse en esos debates desde una perspectiva dialéctica, más allá de los dualismos rígidos. “En el transcurso de su trayectoria, Fausto se aparta gradualmente del marxismo, pero no de la dialéctica”, resalta. “Él se definía a sí mismo como un intelectual de izquierda antitotalitario, un estudioso de Marx sin ser marxista”, dice.

Carlos Fausto Ruy Fausto en París con sus hermanos: Nelson, en primer plano, y Boris, a la izquierdaCarlos Fausto

Amigo cercano de Fausto por más de 30 años, Paulo Arantes, del Departamento de Filosofía de la FFLCH-USP, comenta que recientemente el investigador había empezado a abordar temas políticos en sus estudios, dejando de lado el estudio de la lógica de Hegel y su relación con las teorías de Marx. “Él se internó en el análisis de la historia de las formaciones políticas contemporáneas o posteriores al socialismo soviético, investigando controversias actuales, sobre todo en el itinerario de la izquierda en Brasil durante los últimos 10 años. Cultivó un género filosófico que procura criticar la tradición socialista desde la perspectiva de la izquierda”, resume Arantes. Esas reflexiones fueron publicadas en libros tales como A esquerda difícil: Em torno do paradigma e do destino das revoluções no século XX e alguns outros temas (editorial Perspectiva, 2007), Outro dia (Editorial Perspectiva, 2009) y Caminhos da esquerda: Elementos para uma reconstrução (Companhia das Letras, 2017). Su última obra, O ciclo do totalitarismo (2017), fue relanzada este año.

El profesor Cícero Araújo, docente del Departamento de Ciencias Políticas de la FFLCH-USP, conoció a Ruy Fausto al principio de la década de 2000. Ambos compartían un interés común por la historia y la política. Como resultado de esa afinidad, en 2007 organizaron un seminario para reflexionar sobre el legado de la Revolución Rusa (1917) y los movimientos de izquierda actuales. En sintonía con ese proceso, en 2010 fundaron la revista Fevereiro, cuyo último número se publicó en enero de 2018. Según Araújo, el filósofo planeaba publicar otro libro teórico como complemento a su trilogía sobre Marx.

Recientemente, Araújo trabajó con Fausto en la creación de la Revista Rosa, lanzada en abril último, con el propósito de recopilar análisis críticos de la trayectoria de la izquierda mundial. “Fausto era un tipo muy alegre y vital. Se relacionó con varias generaciones, incluyendo docentes de mi edad, que tenían 50 ó 60 años, y estudiantes más jóvenes, a los que alentaba a desarrollar proyectos intelectuales”, dice Araújo.

En cierta ocasión, justo después de la creación de la Revista Outubro, fundada en 1997 por Braga y el politólogo Álvaro Bianchi, actual director del Instituto de Filosofía y Ciencias Humanas de la Universidad de Campinas (IFCH-Unicamp), el sociólogo se reunió con Fausto en el refectorio del edificio de la FFLCH. “Outubro hacía referencia a la fecha en que los bolcheviques tomaron el poder en Rusia y Fausto, muy crítico del estalinismo, comentó, de manera graciosa, que le parecía mucho mejor una publicación cuyo nombre fuera Fevereiro, aludiendo a la revolución rusa de febrero de 1917, que tenía un carácter liberal e incluía tanto a grupos socialistas como no socialistas”, recuerda Braga.

Como docente, recuerda Paulo Arantes, a Fausto le gustaba analizar y comparar textos. “Sus posicionamientos eran vehementes y su actitud, acaso demasiado seria. Eso contrastaba con su talante fuera del aula, donde era una persona muy divertida. Era un gran narrador de historias y un testigo perspicaz de escenas pintorescas”, recuerda. El filósofo también fue poeta, habiendo publicado, en 2008, Os piores anos de nossas vidas: Histórias, “suspiros poéticos e saudades” (editorial de la fundación Astrojildo), además de otros poemas dispersos en revistas. “Era un gran cronista, con un conocimiento enciclopédico de casos de la vida social y política de São Paulo. Mucha gente lo buscaba para escuchar estas historias”, dice Arantes, quien conoció a Fausto en 1965, cuando era un estudiante del primer año de la carrera de filosofía en la USP.

Arantes recuerda que el filósofo era también un profundo conocedor de la historia del jazz, le gustaba emular a los autores de la chanson francesa acompañado de su guitarra y también tocaba el piano.

“La muerte repentina de Ruy fue un golpe para mí. Éramos amigos hace más de 60 años”, comenta Löwy, quien relata que se conocieron en 1958, “cuando trató de reclutarme para el Partido Obrero Revolucionario, de orientación trotskista”. A partir de finales de la década de 1950, se reencontraron en las reuniones del Grupo del Capital, en las que participaron profesores y estudiantes de la USP, entre ellos Fernando Henrique Cardoso y Paul Singer, y a principios de los años 1960 en París, como estudiantes becados. “Entre 1961 y 1964, estuvimos muy unidos, nos veíamos casi todos los días y compartíamos la misma visión antiestalinista del marxismo”, comenta. “Ruy era un intelectual excepcional, sutil, con una inmensa cultura filosófica y política, que defendía apasionadamente sus ideas y su apuesta por una izquierda antitotalitaria”, dice. Ruy Fausto sufrió un infarto y su cuerpo fue encontrado por su exesposa, Beth Lobo, junto al piano, en su casa de París, donde se encontraba en aislamiento social debido a la pandemia del coronavirus. Deja una hija, Luisa, a su hermano Boris y sobrinos.

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