Guia Covid-19
Imprimir Republish

Arqueología

¿Un origen natural para la tierra negra amazónica?

Un estudio polémico contradice la teoría predominante, que postula que esos suelos oscuros y fértiles de la Amazonia se formaron como resultado de la presencia de antiguos asentamientos humanos

Muestra de la llamada terra preta de índio, del yacimiento de Caldeirão, en el estado de Amazonas

Rodrigo Studart Corrêa

Un artículo publicado el 4 de enero de este año en la revista científica Nature Communications pone en duda una de las ideas más arraigadas de la arqueología amazónica: el origen antrópico de la tierra negra amazónica o, como se la denomina originalmente en portugués, terra negra de índio, tierra negra india o tierra negra antropogénica, un tipo de suelo oscuro y fértil, salpicado de fragmentos de cerámica, habitual en esas regiones. Durante décadas, los arqueólogos, antropólogos y científicos del suelo han consensuado que las tierras negras constituyen un vestigio de un largo proceso de ocupación protagonizado por los pueblos precolombinos que habitaron la selva tropical desde hace algunos miles de años y hasta la llegada de los conquistadores europeos, a comienzos del siglo XVI.

Según esta concepción dominante, la acumulación de restos de comida, a menudo preparada empleando el fuego, de excrementos y de otros residuos orgánicos en asentamientos de aldeas antiguas habitadas sucesivamente por los aborígenes condujo, en el transcurso de décadas o incluso de siglos, a la formación de este tipo de suelo negruzco. Las tierras negras amazónicas, abundantes en carbono pirogénico (también denominado carbón vegetal, carbono negro o biochar –biocarbón–, originado por la quema de material orgánico), constituyen, de acuerdo con esa interpretación, un subproducto de la presencia humana y de la concentración demográfica en ciertas zonas de la Amazonia en épocas precolombinas.

Según la nueva hipótesis, la tierra negra se habría formado naturalmente, debido a la acumulación de sedimentos transportados por los ríos

Sin embargo, tras analizar un yacimiento con tierra negra, el de Caldeirão, en el estado de Amazonas, un grupo de 14 investigadores de Brasil, Estados Unidos y el Reino Unido propuso una hipótesis alternativa para explicar la génesis de este tipo de suelos. Los autores del estudio sostienen que se habría formado naturalmente hace entre 8.000 y 4.000 años, sin interferencia humana, debido a la acumulación de sedimentos ricos en elementos químicos tales como fósforo, calcio y carbono pirogénico, procedentes de otras áreas de la región. Dicen que las cenizas de composición química similar a la de los antiguos megaincendios forestales indican que el carbono y los minerales fueron transportados al lugar junto con los sedimentos. “Para mí, antes de hacer este trabajo, la cuestión del origen antrópico de las tierras negras estaba resuelta”, dice el científico ambiental brasileño Lucas Silva, de la Universidad de Oregón (Estados Unidos) y primer autor del artículo. “Pero ante los datos sorprendentes con los que nos topamos en Caldeirão, no pudimos explicar su formación por el proceso de ocupación humana precolonial”.

La reacción de la comunidad de arqueólogos, antropólogos e incluso algunos científicos del suelo ante la idea de que la terra preta no tiene un origen antrópico fue vehemente. En los repositorios de artículos científicos EarthArXiv y SocArXiv se publicaron dos respuestas al trabajo, firmadas respectivamente por 45 y 49 investigadores de Brasil y del exterior, y remitidas a la revista Nature Communications: “Ellos trabajaron con un solo yacimiento, retomaron una vieja hipótesis de la década de 1970 e ignoraron mucha información y el contexto arqueológico de las tierras negras”, dice el ingeniero agrónomo Wenceslau Geraldes Teixeira, de Embrapa Suelos, una de las unidades de la estatal Embrapa, en Río de Janeiro. Estudioso de los fértiles suelos oscuros de la Amazonia, Geraldes Teixeira formó parte inicialmente del grupo que elaboró el artículo polémico, basado en casi una década de trabajo, si se suman las fases de campo, análisis de laboratorio e interpretación de los datos. “No estuve de acuerdo con las conclusiones del estudio y preferí no formar parte de la lista de autores”, explica el investigador.

Eduardo Góes Neves Capas de tierra negra en el yacimiento arqueológico de Teotônio, en el estado brasileño de Rondônia: un suelo de origen precolombino, salpicado por fragmentos de cerámicaEduardo Góes Neves

Para el arqueólogo Eduardo Góes Neves, del Museo de Arqueología y Etnología de la Universidad de São Paulo (MAE-USP), las conclusiones del artículo son erróneas, aunque considera que el debate científico sobre el origen de las tierras negras es importante. “Para que la sedimentación se hubiera producido de la forma que describen en Caldeirão, tendría que haber ocurrido una enorme inundación, casi un diluvio, en la región del Solimões. Este sitio está situado en una barranca, a unos 30 metros por encima del nivel actual del río”, dice Góes Neves, quien ya ha estudiado este tipo de suelo en varios sitios de la Amazonia y actualmente está realizando trabajos de campo, con financiación de la FAPESP, en Teotônio, Rondônia, a 25 kilómetros (km) de Porto Velho, donde ha identificado depósitos de tierra negra de más de 5.000 años de antigüedad.

El arqueólogo también recuerda que hay sitios con tierra negra alejados de los ríos cargados de sedimentos, como es el caso del yacimiento Açutuba, que ocupa 900 hectáreas (ha) y está ubicado 25 km al norte de Caldeirão, cuya formación, a su juicio, no puede explicarse por la acumulación de material fluvial. El yacimiento de Açutuba se encuentra sobre una barranca de más de 20 m de altura a orillas del río Negro, cuyas aguas actualmente oscuras cargan escasos sedimentos, a diferencia de las aguas barrosas del Solimões. Otro amplio terreno salpicado por manchones de suelo oscuro que presenta una situación geológica similar es el de Cipoal de Araticum, en el municipio de Oriximiná, estado de Pará, que abarca una superficie de 20 ha y está ubicado entre mesetas colindantes y pequeños arroyos y manantiales, incapaces de generar una cantidad significativa de sedimentos.

Los autores del nuevo artículo, que propone un origen natural para las tierras negras de Caldeirão, sostienen que, hace unos 8.000 años, el clima y la geomorfología de la Amazonia central eran diferentes a los de la actualidad y que el lecho de los cursos de agua estaba más cerca de la zona donde se formaron estas parcelas oscuras de suelo fértil. “Las condiciones naturales del pasado eran diferentes a las actuales”, afirma el ingeniero agrónomo y ambiental Rodrigo Studart Corrêa, de la Universidad de Brasilia (UnB), experto en recuperación de suelos y otro de los autores del polémico estudio. “No tenemos en mente rebatir los estudios de los investigadores de las tierras negras. Pero hay que tener la mente abierta y aceptar que la ciencia evoluciona”.

El territorio de Caldeirão, ubicado en el municipio amazónico de Iranduba, a unos 30 km de Manaos y de la confluencia de los ríos Negro y Solimões, forma parte de un campo experimental de Embrapa Amazonia Occidental y es uno de los yacimientos de tierra negra más estudiados. Su superficie está compuesta por parches negruzcos de este tipo de suelo fértil y abarca 23 ha. Es una cifra grande si se la compara con la extensión promedio de la mayoría de los cientos de yacimientos conocidos con porciones de este tipo de suelo, de alrededor de 1 a 2 ha. Estudios anteriores asocian la formación de las tierras negras en este punto de la cuenca del Solimões con las huellas de los asentamientos humanos que se instalaron allí sucesivamente entre 2.500 y 500 años atrás.

Rodrigo Studart Corrêa Muestra de acrisol, uno de los tipos de suelo predominantes en la AmazoniaRodrigo Studart Corrêa

Silva, Studart Corrêa y sus colegas citan un conjunto de evidencias que, según interpretan, avalan la hipótesis de que las tierras negras de Caldeirão comenzaron a formarse por el proceso geológico de sedimentación aluvial –deposición de materia erosionada de las rocas resultante del desborde de antiguos cauces fluviales– unos mil años antes de la llegada del hombre a la región. Posteriormente, según los autores, los indígenas incluso pudieron beneficiarse y gestionar la fertilidad de estos suelos, buenos para la agricultura, pero no habrían sido los responsables de su génesis, ni siquiera involuntariamente.

Los investigadores analizaron 300 muestras de tierra negra y de acrisol, un tipo de suelo pobre y ácido, con una coloración que va del rojo al anaranjado, común en la Amazonia y en el yacimiento de Caldeirão. Las muestras se tomaron en 30 puntos y a profundidades de entre 10 centímetros y 1 metro por debajo de la superficie. Entre otras mediciones, determinaron la cantidad de fósforo y de calcio en los suelos de la región. Las concentraciones más elevadas de estos dos nutrientes, poco abundantes en la Amazonia, suelen interpretarse como indicadores de que el suelo se ha enriquecido con los residuos de la antigua ocupación humana. Pero los niveles de fósforo y calcio medidos en las muestras de tierra negra de Caldeirão superaban más de 10 veces a los hallados en los acrisoles vecinos, cifras que, según ellos, no podían deberse a la presencia de antiguos asentamientos precolombinos. La firma isotópica, esto es, la proporción de diferentes variantes de algunos elementos químicos, tales como el estroncio y el neodimio, presentes en la tierra negra, también es similar a la que puede verificarse en los procesos de sedimentación fluvial, otra evidencia que Silva y Studart Corrêa citan como aval a la propuesta de un origen natural para este tipo de suelo.

Repletas de carbono y nutrientes, las tierras negras se mantienen fértiles durante extensos períodos, una característica que la ciencia aún no ha podido dilucidar

La datación de las muestras de carbono obtenidas de segmentos de tierra negra y de los acrisoles de Caldeirão apuntaría un inicio de la génesis de las manchas oscuras fértiles halladas en el sitio hace unos 7.600 años, y no existen evidencias específicas de que hubiera en ese entonces aldeas indígenas en el área del yacimiento arqueológico. “Para demostrar que estas tierras negras tendrían un origen antrópico, y no serían el resultado de un proceso natural, necesitaríamos tener indicios de que la ocupación humana en Caldeirão fue mucho más antigua e involucró a mucha más gente de lo que se conoce hasta ahora, dice Studart Corrêa. “Nunca pude entender cómo las antiguas ocupaciones humanas en un lugar pobre en nutrientes como la Amazonia pudieron generar un suelo oscuro que permanece fértil durante cientos de años. El suelo tiende a agotarse con el paso del tiempo, más aún con el clima húmedo actual de la región del norte”.

Los críticos del nuevo estudio disienten con estas interpretaciones. Según el geomorfólogo italiano Umberto Lombardo, que realiza una pasantía de posdoctorado en la Universidad de Berna, en Suiza, y coordinó la redacción de la respuesta al artículo de Silva, Studart Corrêa y sus colaboradores, disponible en el repositorio EarthArXiv, la muestra de carbono de Caldeirão datada en 7.600 años –procedente de una capa de acrisol ubicada a 90 centímetros de profundidad– no es un buen parámetro para cotejar la antigüedad más remota de las tierras negras locales. “La edad pertinente para entender el proceso de formación de las tierras negras es la de las partículas de carbono presentes en sus propias capas oscuras”, reflexionó Lombardo, en entrevista concedida Pesquisa FAPESP. El italiano dirige un proyecto de investigación en la región de Llanos de Mojos, en Bolivia, en colaboración con Góes Neves. En el estudio publicado en Nature Communications, se determinó que una muestra de carbono proveniente de una capa de la propia tierra negra de Caldeirão tenía 6.300 años de antigüedad.

AIKAX Arriba, una aldea Kuikuro, en el Alto Xingú, donde se llevan a cabo estudios para tratar de entender la relación de los pueblos indígenas actuales con la tierra negraAIKAX

Las dataciones establecidas por otros grupos de investigación para estas capas de suelo negruzco de Caldeirão indican un proceso de ocupación humana bastante menos antiguo, entre 2.500 y 1.000 años atrás. Edades similares se obtuvieron en dataciones realizadas en las tierras negras del yacimiento de Hatahara, a menos de 4 km de la unidad de Embrapa Amazonia Occidental. “Los autores del artículo tampoco tuvieron en cuenta la presencia de los restos de cerámica hallados en toda la capa de tierra negra de Caldeirão, un vestigio inequívoco asociado a la ocupación humana”, subraya la arqueóloga Helena Lima, del Museo Paraense Emílio Goeldi, de la ciudad de Belém, quien estudió los yacimientos de la Amazonia central durante su doctorado y hace unos 10 años hizo trabajos en Caldeirão. “No ignoramos los fragmentos de cerámica, que son un indicador de la presencia humana. Pero eso no significa que las poblaciones antiguas hayan sido las ‘constructoras’ de esos suelos”, refuta Studart Corrêa.

El trasfondo de los debates sobre el origen de las tierras negras –ya sea antrópico, como es la opinión más corriente, o natural, como postula este nuevo estudio sobre el yacimiento de Caldeirão– tiene que ver con cuándo se asentaron las primeras poblaciones de Homo sapiens en distintos sectores de la Amazonia y cuál era la densidad poblacional de esos asentamientos. En las últimas dos décadas, las investigaciones arqueológicas, antropológicas y paleobotánicas esbozan un panorama cada vez más lejano en el tiempo en cuanto a la presencia humana en la Amazonia. Sitios arqueológicos como la gruta de Pedra Pintada, en Monte Alegre, estado de Pará, muestran vestigios de ocupación por pueblos precolombinos hace más de 11.000 años. En abril del año pasado, un grupo de arqueólogos de la Universidad Nacional de Colombia y de la Universidad de Exeter, en el Reino Unido, publicaron un estudio en la revista Quaternary International, en el que se dataron sitios con pinturas rupestres de la Amazonia colombiana, en la región de Serranía de La Lindosa, entre 12.600 y 11.800 años atrás. También hay trabajos sobre la domesticación de ciertos cultivos, tales como el maíz y la mandioca, que ubican el inicio de modalidades de cultivo de plantas en la Amazonia occidental entre 10.000 y 5.000 años atrás, lo que puede estar asociado a un proceso de sedentarización, aunque parcial.

Francisco Javier Aceituno Bocanegra Al lado, una pintura rupestre del sitio arqueológico de Serranía de La Lindosa, en la Amazonia colombiana, que data de hace unos 12.000 añosFrancisco Javier Aceituno Bocanegra

El tamaño de las antiguas poblaciones amazónicas es objeto de un gran debate. Las estimaciones más optimistas hablan de una población precolonial que fluctúa entre 5 y 10 millones de indígenas que habrían vivido dispersos por vastas regiones de la selva tropical antes del arribo de los europeos. “Pero la formación de tierra negra no parece haber ocurrido tan pronto como se registra el establecimiento de los primeros asentamientos, sino que es más tardía, tan es así que su antigüedad rara vez supera los 2.500 años”, explica Góes Neves. “Ese proceso debió extenderse por cientos o miles de años y supuso la ocupación y reocupación de las mismas áreas por asentamientos sucesivos”. En el trabajo del equipo coordinado por Silva y Studart Corrêa, los autores citan algunos cálculos y se muestran escépticos al respecto de que la cantidad de excrementos humanos y los restos de plantas y alimentos cocinados producidos por los aborígenes precoloniales puedan haber originado las tierras negras. “Para que esa hipótesis sea cierta, las poblaciones de la Amazonia deberían haber sido bastante mayores o mucho más antiguas”, refuta Silva. Según el investigador de la Universidad de Oregón, un asentamiento humano en un área de 50 ha no sería suficiente como para explicar el origen de las manchas de tierra negra.

Los defensores del origen antrópico de las tierras negras tienen una explicación para esa (aparente) disparidad. Un millar de personas que ocupan una zona de 50 ha en una cuenca hidrográfica de la Amazonia no esparcen residuos orgánicos por toda esa superficie. Concentran sus detritos y sus residuos en un pequeño sector del asentamiento, de 0,1 ha. Con el paso del tiempo, esos protobasurales mantenidos y alimentados por generaciones sucesivas dan lugar a manchas de suelo oscuro, extremadamente fértiles. Esta dinámica es la idea más aceptada para explicar la aparición de las tierras negras. Empero, al igual que la controvertida hipótesis de un origen natural para este tipo de suelo amazónico, esta tesis dominante no está exenta de polémica. No se sabe, por ejemplo, si los antiguos pueblos indígenas tuvieron en algún momento la intención de estimular la producción de tierra negra o si este tipo de suelo se formó simplemente por casualidad, sin ninguna planificación, a partir de la acumulación de desechos. En el Parque Indígena de Xingú, en el norte del estado de Mato Grosso, el arqueólogo Morgan Schmidt, del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), lleva casi dos décadas estudiando la relación del actual pueblo Kuikuro con las tierras negras formadas en el pasado y sus prácticas contemporáneas. “Nuestros datos indican que la tierra negra hoy en día se sigue produciendo intencionalmente en las aldeas indígenas del Alto Xingú”, dice Schmidt, quien está ultimando un artículo científico sobre este tema y pronto lo remitirá para su publicación.

Artículos científicos
SILVA, L. C. R. et al. A new hypothesis for the origin of Amazonian Dark Earths. Nature Communications. 4 ene. 2021.
LOMBARDO, U. et al. Evidence confirms an anthropic origin of Amazonian Dark Earths. EarthArXiv (preprint). 22 ene. 2021.
SCHMIDT. M. J. et al. Archaeology and ethnography demonstrate a human origin for Amazonian Dark Earths. SocArXiv (preprint). 14 feb. 2021

Republish