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GÉNERO

Un pasillo angosto

Un estudio muestra cómo disminuye en Brasil la participación femenina en el área de filosofía cuando se avanza en la carrera académica

Sandra JáveraUn estudio pionero en el país, realizado por Carolina Araújo, docente del Instituto de Filosofía y Ciencias Sociales de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ), obtuvo datos cuantitativos acerca de un fenómeno que investigadores del campo de la filosofía han notado en Brasil y en varios otros lugares del mundo: las mujeres son minoría entre los estudiantes y docentes de esa área del conocimiento, y la preponderancia masculina se acentúa con el avance de la carrera académica. En el trabajo se comparó la proporción de varones y mujeres en tres instancias distintas de la carrera. El punto de partida fueron los datos del Instituto Nacional de Estudios e Investigaciones Educativas Anísio Teixeira (Inep), según los cuales el 38,4% de los graduados en filosofía en Brasil, en 2014, correspondía al sexo femenino.

A continuación, Araújo recopiló los nombres de 4.437 alumnos y docentes de los 44 programas de posgrado en filosofía del país registrados en la Plataforma Sucupira, un banco de datos mantenido por la Coordinación de Perfeccionamiento del Personal de Nivel Superior (Capes) y por la Universidad Federal de Rio Grande do Norte (UFRN) que provee datos sobre la comunidad académica brasileña. Y constató que el porcentaje de mujeres cae durante el posgrado y a lo largo de toda la carrera docente. En 2015, las matrículas de alumnas representaban el 28,45% de los 3.652 estudiantes realizando maestrías y doctorados. En tanto, cuando se evalúan los docentes permanentes de esos programas, la proporción de mujeres es de un 20,94%. “En Brasil, las mujeres tienen dos veces y media menos posibilidades que los varones de llegar a la cúspide de la carrera académica en filosofía”, resume Araújo, quien divulgó su estudio el 8 de marzo del año pasado en el sitio web de la Asociación Nacional de Posgrado en Filosofía (Anpof).

Según muestra el estudio, el panorama de los programas de posgrado no es homogéneo. En dos casos extremos, ni siquiera había una mujer en el cuerpo docente en 2015: los programas de la Universidad Federal de Pernambuco (UFPE) y de la Pontificia Universidad Católica de Paraná (PUC-PR). Según el profesor de filosofía Érico Andrade Marques de Oliveira, uno de los coordinadores del programa de la UFPE, las mujeres siempre fueron minoría entre los docentes de la institución, pero ese panorama se agravó en los últimos años con la jubilación de varias docentes, que fueron reemplazadas por varones. “Este modelo de perfil del docente de filosofía es incómodo y no colabora con los esfuerzos para atraer docentes de sexo femenino. Eso es perjudicial, dado que las reflexiones de las mujeres filósofas no necesariamente coinciden con los temas de los cuales se ocupan los profesores. Además, en ocasiones, las reflexiones filosóficas se ajustan a ciertos modelos masculinos”, sostiene.

El investigador dice que se esfuerza personalmente para romper con la excesiva presencia masculina en la universidad. “Siempre insisto en mantener al menos una alumna entre mis dirigidos de iniciación a la investigación científica porque este programa resulta decisivo para la aprobación en los programas de posgrado. La ausencia de mujeres en el posgrado se refleja en las postulaciones para concurso donde la presencia de mujeres es rara. En algunos concursos, ni siquiera hay candidatas”, comenta. En mayo de 2016 hubo una excepción, cuando Loraine de Fátima Oliveira, por entonces docente de filosofía en la Universidad de Brasilia, fue aprobada en un concurso de la UFPE. “Había tres varones compitiendo con ella”, dice Marques. Oliveira aún no está acreditada en el programa de posgrado, que actualmente cuenta con 14 docentes permanentes.

En el programa de posgrado en filosofía de la Universidad Federal del ABC (UFABC), no hay escasez de voces femeninas. En 2015, según revela el estudio, la mitad de los docentes del programa eran mujeres. La situación actual ha cambiado un poco: las docentes de sexo femenino ocupan seis de los diecinueve cargos docentes en el posgrado, aun así, un nivel superior al promedio a nivel nacional. Ocurre que, cuando se recopilaron los datos, el programa acababa de lanzarse y, en un primer momento, se acreditaron pocos varones. La coordinadora del programa, Luciana Zaterka, arriesga una hipótesis para explicar el caso de la UFABC. “La universidad sólo tiene 10 años y trabaja en un proyecto que aún está en construcción. No hay departamentos. Los docentes dan clases a alumnos de grado de diversas carreras y con frecuencia también cuentan con formación en otras áreas ‒yo también estoy graduada en química‒”, comenta. “Puede que este sesgo interdisciplinario, a diferencia de la estructura departamental del común de las universidades, haya contribuido a atraer más mujeres”.

La universidad de São Paulo (USP), que cuenta con un 15% de docentes permanentes de sexo femenino, y la de Campinas (Unicamp), con un 12,5%, se ubican debajo del promedio nacional de los programas de posgrado en filosofía. “En la carrera de grado, disponemos solamente de dos jóvenes docentes que se desempeñan activamente en el Departamento de Filosofía. En el posgrado, contamos con un número algo mayor”, dice Maria das Graças de Souza, profesora titular de la Facultad de Filosofía, Letras y Ciencias Humanas (FFLCH) de la USP. “Que esta situación pueda revertirse depende del empeño particular de los docentes para dirigir a más mujeres, pero para eso se necesita tener más postulantes. Yo tengo más chicos que chicas en el grupo que dirijo”, afirma.

La fuerte presencia de estudiantes e investigadores de sexo masculino hace de la filosofía una excepción entre las artes y humanidades, cuyas áreas del conocimiento han tenido bastante apertura a las mujeres en las últimas décadas. Un estudio del Departamento de Filosofía de la Universidad de Princeton publicado en 2015, reveló que en Estados Unidos hay más doctoras en los campos de historia del arte y psicología (alrededor del 70%) que en filosofía (menos del 35%). “La filosofía está vinculada a un ambiente académico masculino, tal como ocurre con la física, la matemática y las ingenierías”, dice Monique Hulshof, docente del Instituto de Filosofía y Ciencias Humanas de la Unicamp. Esta coyuntura se repite en varios países. De acuerdo con un estudio publicado en julio de 2016 por Eric Schwitzgebel, del Departamento de Filosofía de la Universidad de California en Riverside, en los países anglófonos tales como Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y Australia la disparidad de género en la filosofía todavía es considerable y si bien, la implicación de las mujeres con ese campo del conocimiento ha crecido en las últimas décadas, pareciera que no ha habido avances significativos desde la década de 1990.

El trabajo tomó datos de diversas fuentes, tales como la lista de autores de publicaciones periódicas de filosofía prestigiosos, una investigación sobre doctores realizada por la National Science Foundation, listas de disertantes en conferencias de la American Philosophical Association, entre otros. Los hallazgos del estudio sugieren que las áreas de los campos de la filosofía moral, social y política están más cerca de la paridad de género que el resto de las áreas de la filosofía. “A muchas de las más prominentes mujeres filósofas de los últimos 100 años se las conoce principalmente por su labor en esas áreas”, escribió el investigador refiriéndose a personalidades tales como Simone de Beauvoir, Hannah Arendt, Philippa Foot, Martha Nusbaum y Christine Korsgaard.

Sandra JáveraNo hay una explicación sencilla para la escasa participación de las mujeres en la filosofía. Un informe divulgado en 2011 por la British Philosophical Association (BPA) atribuye esas barreras a ciertos fenómenos culturales, entre los que se pueden citar la creencia de que las mujeres no tienen afinidad por ciertas disciplinas y la consolidación de estereotipos que estigmatizan a las investigadoras. También están quienes apuntan causas históricas. “Hay escasas referencias femeninas en la filosofía. Tal como ha ocurrido con las ciencias, desde la antigüedad y hasta el siglo XIX, las mujeres tuvieron el acceso vedado a la escritura y eso impactó tanto en la filosofía como en la literatura”, dice Maria das Graças de Souza. “Existen causas generales y particulares. Hay instituciones que logran atraer más alumnas y profesoras para las carreras de filosofía que otras, así como hay cargos docentes de filosofía ligados a licenciaturas donde hay mayor cantidad de mujeres”.

De hecho, hay hipótesis que explican este fenómeno y la principal de ellas está relacionada con la idea de que el ámbito académico sería poco amigable para las mujeres. Monique Hulshof, de la Unicamp, recuerda que la filosofía opera específicamente con lo discursivo y con la argumentación. “Esta función argumentativa abarca a la retórica y la seguridad al hablar, y eso suele ser más difícil para las mujeres. Eso lo noto mucho en las alumnas de la carrera. Con frecuencia tienen dificultades para posicionarse con seguridad, desarrollar argumentos más incisivos o producir una retórica más elaborada. Evidentemente, no se trata de que no tengan capacidad para hacerlo, pero ellas se formaron en un ámbito cultural en el cual mayormente se las estimuló a comprender y no a imponer argumentos”, sostiene. El problema se profundiza, según Hulshof, debido a un discurso masculinizado y masculinizante que adoptan las instituciones académicas de filosofía. “El problema no reside solamente en que las mujeres evidencien un discurso inseguro, sino también en el comportamiento de muchos varones que interrumpen sus decires, desmerecen sus argumentos, y descalifican sistemáticamente sus trabajos”, afirma. “También hay otros motivos para el abandono de la carrera académica, tales como la tarea de la maternidad que recae generalmente sobre la mujer, el acoso moral y sexual, entre otros”.

En un artículo publicado en octubre en el sitio web de la Anpof, Maria Isabel Limongi, docente de filosofía de la Universidad Federal de Paraná, refuerza esa hipótesis. “¿Qué es la filosofía sino un campo de disputa entre diversas perspectivas discursivas? Pero considero que es allí donde las mujeres se encuentran en desventaja, puesto que, al contrario que los hombres, nunca se las estimuló a adquirir seguridad en sus propios discursos”, escribió. “En ese juego, ellas generalmente se intimidan y, cuando no, lo hacen a duras penas. No profundicé mucho más allá de declarar las razones que me habrían llevado a abandonar la filosofía, en las tantas veces que medité sobre ello, así como relatar aquello que noto aquí y allí, entre mis alumnas de posgrado, por ejemplo, muchas de las cuales sienten un temor terrible de decir tonterías”.

El interés de Carolina Araújo por el tema también surgió de su experiencia personal: ella fue madre mientras hacía el doctorado, en 2002, en una época en que las becarias no tenían derecho a la licencia por maternidad. Su intención es llamar la atención en forma permanente hacia la disparidad de género en la filosofía. “Queremos que la Capes monitoree la división de género en los programas de posgrado y aporte datos actualizados”, dice Araújo. Eso ayudaría a identificar grupos de investigación y programas de posgrado poco permeables a la participación femenina. “Una labor significativa sería distribuir becas de iniciación científica manteniendo la proporción de varones y mujeres que ingresan a las carreras, que actualmente son del 60% y 40% respectivamente. Así habría mayor posibilidad de que el ingreso al posgrado mantuviera ese patrón y a mediano o largo plazo podría producirse un cambio de escenario”, dice.

En otros países, el diagnóstico del problema dio lugar a estrategias para contrarrestarlo. La British Philosophical Association elaboró documentos sobre buenas prácticas para reducir la disparidad de género en la carrera de filosofía, con recomendaciones sobre la relación entre docentes y estudiantes y la distribución de los cargos académicos. El ejemplo más contundente de movilización es el de la American Philosophical Association, que mantiene un Comité sobre el Estatus de las Mujeres. Esa instancia monitorea la participación de las mujeres en la carrera en Estados Unidos y divulga trabajos de filósofos y filósofas que se consideran subrepresentados en el currículo de las universidades.

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