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Buenas prácticas

Una universidad revoca su homenaje a un pionero de la dermatología

El médico estadounidense Albert Kligman (1916-2010) adquirió notoriedad por sus contribuciones al campo de la dermatología. Autor de estudios pioneros sobre la caspa y la enfermedad que se conoce como pie de atleta, Kligman y sus colegas James Fulton y Gerd Plewig descubrieron a finales de la década de 1960 el potencial del ácido retinoico (Retin-A) para el tratamiento del acné y los granillos en el rostro. El investigador ganó mucho dinero gracias al desarrollo del medicamento y llegó a donarle 4 millones de dólares para fondos de investigación a la Universidad de Pensilvania, en cuyo centro médico, Penn Medicine, trabajó como investigador gran parte de su carrera. Tras su muerte, la institución pasó a homenajearlo con una conferencia anual que lleva su nombre: Kligman Professorship.

Pero la memoria de Kligman ha dejado de ser venerada oficialmente en la universidad luego de que un comité de investigación creado en 2019 confirmó las denuncias sobre las prácticas de investigación del dermatólogo que se habían presentado hace más de 20 años. Entre 1951 y 1974, Kligman llevó a cabo experimentos reñidos con la ética con prisioneros negros de la penitenciaría Holmsburg, en Filadelfia (EE. UU.). Con financiación de la empresa Dow Chemical, expuso a unas 80 personas a altas dosis de dioxina, un compuesto que se utiliza como materia prima en herbicidas y armas químicas, para estudiar los efectos del contaminante. En su momento, el experimento no fue considerado como algo irregular, porque los conejillos de indias humanos recibieron una recompensa monetaria.

Hace alrededor de un mes, el director del Penn Medicine, J. Larry Jameson, canceló definitivamente la conferencia en honor de Kligman, que fue rebautizada con el nombre de un científico negro de la universidad, Bernett Johnson, “un defensor de la diversidad, la equidad y la inclusión”, según los dichos del directivo académico. Jameson también dio a conocer quién será la primera ponente de esta nueva etapa: la investigadora Susan Taylor, especialista en dermatología de la piel negra.

La institución ha reorientado el uso de los fondos de investigación que dejó Kligman aplicándolos a becas y proyectos sobre enfermedades que afectan a la población negra. “Penn Medicine reconoce que el trabajo realizado por el doctor Kligman fue terriblemente irrespetuoso con los individuos –muchos de los cuales eran hombres negros presos– negándoles la autonomía y el consentimiento que la comunidad médica considera ahora como la base fundamental para llevar a cabo investigaciones éticas”, escribió Jameson. “Si bien no podemos cambiar la historia, las medidas que estamos anunciando cambiarán aspectos significativos de nuestro reconocimiento al doctor Kligman y a sus investigaciones”.

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