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buenas prácticas

Antídotos contra noticias falsas

Júlia Cherem RodriguesUno de los temas que agitaron el encuentro anual de la Asociación Americana para el Progreso de la Ciencia, que se llevó a cabo en febrero en la ciudad de Boston, Estados Unidos, fue la proliferación de noticias falsas en internet. Una conferencia de Kevin Elliott, docente de ética en la Universidad del Estado de Míchigan, reveló que ese fenómeno, que cobró relevancia en el ámbito político de Estados Unidos a partir de la última campaña electoral, es un antiguo conocido de la ciencia. El profesor Elliott mencionó los sesgos en los estudios patrocinados durante décadas por la industria del tabaco para enmascarar los efectos perniciosos para la salud del cigarrillo, además de otros casos recientes, como por ejemplo, la manipulación de los test de emisión de contaminantes promovida por Volkswagen, que salió a la luz en 2015.

Según el investigador, un buen antídoto contra las noticias falsas consiste en mantener cierto escepticismo cuando el responsable de la investigación tiene algún interés directo en un resultado favorable. Lo más seguro, cuando se desea saber lo que la ciencia tiene para decir al respecto de un problema específico, es consultar los informes temáticos que elaboran habitualmente las sociedades científicas respetadas. “De ese modo, se evitan las interpretaciones excéntricas”, dijo Elliott.

En tanto, la presentación de Dominique Brossard, docente de la Universidad de Wisconsin-Madison, abundó sobre lo tenue, en cuanto a la divulgación de hechos científicos, de la línea que separa el fraude puro y simple de los efectos del periodismo de mala calidad. La información falsa, dijo, se difunde con la intención de confundir e influir en opinión pública. Brossard citó un estudio que llevó a cabo con un alumno de la Universidad Yale sobre las noticias extravagantes publicadas en un tabloide sensacionalista de distribución en supermercados de Estados Unidos, tales como recién nacidos con un peso de 15 kilos, ataques de alienígenas e insectos gigantes. Según el estudio, la mayoría de esos informes son un invento, pero una parte de ellos son historias reales inusitadas, sin que el lector pueda separar una cosa de otra.

En tanto, el periodismo científico de mala calidad genera situaciones confusas. Brossard citó un estudio que cobró repercusión en las redes sociales, según el cual, la cafeína prevendría el cáncer, pero se basaba en un ensayo efectuado solamente con 10 individuos. “Los periodistas no están capacitados para juzgar la validez de un estudio. Ellos intentan hacer hincapié en el sesgo humanitario de la noticia con titulares tales como ‘Nuevos estudios esperanzadores para los familiares de víctimas del mal de Alzheimer’”, comentó, según el servicio de noticias EurekAlert. Como eso genera expectativas, se difunde en las redes sociales.

Brossard sugirió tres estrategias para afrontar el problema. La primera es un llamamiento a los científicos para que se dispongan a explicar mejor aquello que están haciendo, colaborando con los periodistas para analizar los hallazgos científicos. La segunda consiste en involucrar a las instituciones científicas en el monitoreo en las redes sociales de noticias falsas en torno a sus investigaciones, divulgando aclaraciones siempre que sea necesario. La tercera es convencer a las herramientas de búsqueda en internet del retiro de sus registros de aquellas referencias a trabajos científicos que han sido retractados.

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