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Memoria

Bajo el cielo de Bahía

Las observaciones astronómicas de Valentin Stansel aparecieron citadas en los Principia, de Newton

REPRODUÇÃO CEDIDA GENTILMENTE POR CARLOS ZILLER CAMENIETZKIFrontispicio (al lado) del elogiado UranophilusREPRODUÇÃO CEDIDA GENTILMENTE POR CARLOS ZILLER CAMENIETZKI

Para el jesuita checo Valentin Stansel (1621-1705), nunca fue un problema mirar hacia el cielo y hacer anotaciones tan precisas como le fuera posible sobre los fenómenos celestes. No importaba que estuviese en ciudades europeas o en Salvador, en el siglo XVII. Matemático de reconocido talento, concibió y escribió gran parte de su obra en la capital colonial del Imperio portugués, publicada en Praga y Roma. En 1687, fue citado por Isaac Newton en sus Principios matemáticos de filosofía natural, más conocidos por el primer nombre en latín, Principia. El físico inglés leyó en el Philosophical Transactions, publicación de la Royal Society, un artículo de Stansel sobre un cometa observado en 1668, y empleó las informaciones recabadas en el libro. Nada mal para un padre a quien realmente le hubiera gustado enseñar matemática en China en lugar de venirse a Brasil.

Oriente estaba de moda entre los jesuitas hasta mediados de 1650. El estudio de la matemática era valorado en la Compañía de Jesús desde finales del siglo XVI, y fue uno de los factores que hicieron posible la misión en la China, al ayudar en la reorganización del calendario chino, por ejemplo. Esa buena receptividad motivó a jóvenes religiosos a ponerse a disposición para misiones en aquella parte del mundo. Nacido en Olmutz, ciudad de Moravia ubicada en la actual República Checa, Valentin Stansel estudió filosofía y matemática en la Universidad de Praga. Se convirtió en profesor, realizó experimentos y estudios de filosofía natural y escribió al menos un libro antes de 1654. Al año siguiente, partió hacia Roma, escala obligatoria para quienes venían de Europa Oriental y deseaban seguir camino en misión. En la capital italiana, trabajó con Athanasius Kircher – matemático que era el gran maestro de la Compañía de Jesús del período – y construyó una red de relaciones con otros filósofos naturalistas jesuitas. En 1657 partió rumbo a Lisboa, donde impartió clases mientras esperaba una posibilidad de irse a China. Varios contratiempos después, Stansel finalmente viajó, pero a Brasil. El mando de la orden envió a Brasil a un visitador (una especie de interventor), Jacinto de Magistris, con el objetivo de evitar que los jesuitas locales se involucrasen en rencillas políticas. Y De Magistris llevó con él a Stansel, en 1663.

El religioso checo llegó a Brasil con 42 años y aquí tuvo sus mejores momentos como filósofo natural, en el Colegio de Salvador. “Al principio, no le cayeron bien los jesuitas brasileños, y se quejó de la falta de libros y de interlocutores”, comenta el historiador Carlos Ziller Camenietzki, de la Universidad Federal de Río de Janeiro. “Stansel le escribió a Kircher solicitándole su regreso a Europa. Pero después se adaptó, hizo amigos e se relacionó con otros religiosos y estudiosos”. En la época, la ciudad tenía figuras de expresión, como Antonio Vieira, su hermano Bernardo, Gregorio de Matos y Alexandre de Gusmão, entre otros.

Stansel era también considerado un buen astrónomo. Realizó muchas observaciones sobre los cuerpos celestes y publicó libros en Praga y en Roma, y textos en periódicos, siempre dentro del circuito de la Compañía de Jesús. Una de las observaciones sobre cometas, la de 1668, salió en el Giornale dei Letterati, de Italia, en septiembre de 1673, y fue traducida para el Philosophical Transactions, de Londres. De allí Newton extrajo la información sobre el cometa, pues cita nominalmente el trabajo de Stansel. Los relatos astronómicos de 1664-1965 y de 1668, escritos en Salvador, fueron reunidos por los cofrades de Praga en el Legatus Uranicus ex Orbe Novo in Veterem, en 1683. Dos años después, escribió Uranophilus Caelestis Peregrinus, un elogiado diálogo ficticio entre tres personajes que pasean por el espacio discutiendo sobre el cielo y la Tierra. En total, Valentin Stansel escribió nueve obras de filosofía natural, entre opúsculos y ensayos largos, cinco libros sobre religión y otros numerosos textos cortos. “Es una producción grande, incluso teniendo en cuenta los parámetros de aquella época”, afirma Carlos Ziller. Sin embargo, su obra cayó en un total olvido y solamente volvió a  estudiársela en la década de 1990.

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