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Tapa

Centralidad cuestionada

Investigaciones sacan a la luz las experiencias modernistas difundidas por todo Brasil

Mário de Andrade (a la izq.) y Câmara Cascudo durante un viaje por Rio Grande do Norte

IEB-USP, Fondo Mário de Andrade, código de referencia: MA-F-1045

Una de las directrices de las investigaciones recientes sobre la Semana de Arte Moderno se basa en nuevos análisis literarios y estéticos de las obras y en revisiones biográficas de los principales autores implicados en el evento, mientras que otra tendencia toma como punto de partida las reflexiones centradas en cuestiones históricas y de las ciencias sociales. Los estudios de esta segunda vertiente hacen hincapié en el hecho de que el modernismo asimiló lenguas indígenas y elementos africanos en sus obras, pero sin incorporar a los negros y a los indígenas como sujetos de la producción artística.

“La concepción de la Semana de 1922 como hito fundacional del modernismo configura una idea que, hoy en día, no se sostiene”, dice la historiadora del arte Ana Magalhães, directora del Museo de Arte Contemporáneo (MAC) de la USP. Para elaborar su argumento, ella resalta la expresión de múltiples modernismos diseminados por todo Brasil, que se manifestaron a través de revistas, grupos literarios y eventos artísticos. Desde su óptica, la descentralización de la investigación académica, promovida por la ampliación del sistema federal de las universidades, ha propiciado, además de descubrimientos, el desarrollo de enfoques plurales sobre este fenómeno. En 2021, el MAC-USP organizó, en colaboración con el Instituto Moreira Salles (IMS) y la Pinacoteca del Estado de São Paulo, el ciclo de conferencias 1922: Modernismos en debate. Para 2022 está previsto un programa de actividades denominado Clareira, dedicado a la reflexión sobre el carácter transdisciplinario de la Semana de Arte Moderno, que contempla performances de bailarines e intervenciones artísticas y literarias, entre otras actividades.

El historiador Aldrin Moura de Figueiredo, de la Universidad Federal de Pará (UFPA), quien desde hace 20 años estudia la modernidad brasileña desde la Amazonia, recuerda que las obras fundamentales del modernismo se publicaron después de que autores tales como Mário de Andrade, el fluminense Ronald de Carvalho (1893-1935) y el gaúcho Raul Bopp (1898-1984) visitaran la región. En cuanto a los paulistas, Moura de Figueiredo considera que ellos veían a la Amazonia como un “depósito de leyendas, mitos y creencias”. “La Amazonia proveía materia prima, pero no obras poéticas ni artistas, porque la región estaba considerada como una tierra al margen de la historia, un territorio incivilizado al que había que domesticar”, sostiene. Para él, fueron varios los intelectuales que perpetuaron y, en cierta medida, heredaron los ideales modernistas, retratando esas concepciones en sus obras. Es el caso, por ejemplo, de los sociólogos franceses Roger Bastide (1898-1974), con el libro Brasil, terra de contrastes, de 1959, y Jacques Lambert (1901-1991) con su Os dois Brasis, de 1967. En estas obras, se trasluce la noción de que el país tiene ciertos lugares en franco desarrollo y otros arcaicos”.

Según analiza el historiador, esta perspectiva no hizo más que ocultar la historia de otros modernismos distintos al paulista. Así pues, artistas como Theodoro José da Silva Braga (1872-1953), nacido en Belém (Pará), quedaron en el olvido durante décadas. “Da Silva Braga fue uno de los creadores del movimiento Neomarajoara, que dialogaba con el arte indígena, pero no con la estética de las vanguardias europeas. En los últimos años, a raíz de las revisiones realizadas sobre el movimiento modernista en Brasil, su obra pasó a ser vista como moderna y actualmente se encuentra en franco proceso de valoración”, dice. También nacido en la capital paraense, Ismael Nery (1900-1934) es otro artista que, para Moura de Figueiredo, evidencia la importancia del contexto amazónico en el desarrollo del modernismo. “En un libro autobiográfico, Nery afirma que conservó una memoria olfativa de la Amazonia y que eso interfería en su pensamiento artístico”, subraya. El historiador también destaca la trayectoria del grabador Oswaldo Goeldi (1895-1961), figura clave en el medio artístico de su época, que aún no ha tenido el mismo reconocimiento que se le brindó a Tarsila do Amaral y al fluminense Di Cavalcanti.

Imagen autorizada del artista Oswaldo Goeldi por el Proyecto Goeldi – www.oswaldogoeldi.org.br A noiva [La novia], xilografía de Oswaldo Goeldi realizada para la cubierta del libro Cobra Norato, de Raul BoppImagen autorizada del artista Oswaldo Goeldi por el Proyecto Goeldi – www.oswaldogoeldi.org.br

En una investigación realizada en los archivos de la prensa local, el investigador de la literatura Humberto Hermenegildo de Araújo, de la Universidad Federal de Rio Grande do Norte (UFRN), descubrió que, en este estado brasileño, la primera noticia sobre la realización de la Semana de Arte Moderno circuló en 1924, a partir de un texto del abogado, historiador, etnógrafo y folclorista Câmara Cascudo (1898-1986) que salió publicado en el periódico A Imprensa. Según él, Cascudo fue uno de los impulsores principales del diálogo entre los intelectuales del nordeste brasileño y los de São Paulo. “En 1928, Mário de Andrade pasó un mes en la ciudad de Natal, como huésped de Cascudo. Viajó por todas las regiones de Rio Grande do Norte, donde conoció los terreiros de catimbó [espacios rituales] y a los recolectores de coco”, relata. Él comenta que Cascudo sometió poemas de su autoría a la evaluación de Mário, diciéndole que había desistido de ser poeta y que arrojaría los manuscritos en “el infierno de su biblioteca”. “Estos poemas se conservan en el archivo del IEB y fueron recuperados en la tesis doctoral de Dácio Tavares de Freitas Galvão, bajo mi dirección”, comenta De Araújo.

El investigador también cita las tertulias literarias organizadas en el Café Majestic, un espacio situado en Natal, cuyo propietario era el poeta Jorge Fernandes (1887-1953), quien en la década de 1920 adquirió notoriedad al recibir a artistas e intelectuales de todo el país. “En cierta ocasión, Manuel Bandeira participó de un evento en el local, bebió cachaça con anacardos, se encaramó sobre un taburete y recitó un poema. El Café Majestic materializaba el anhelo modernista de romper con el ambiente academicista y exaltar la cultura popular”, dice. De Araújo comenta también que, en 1927, Fernandes publicó el Livro de poemas de Jorge Fernandes, editado en formato de folletín y probablemente inspirado en el título, del mismo año, del Primeiro caderno do aluno de poesia, de Oswald de Andrade. “En el IEB, hay un ejemplar de la obra de Fernandes con una dedicatoria en la cual se lee: ‘A mi gran Mário mi libro todo mal’”. A pesar de la interlocución entre nordestinos y paulistas durante las décadas de 1920 y 1930, De Araújo constató la existencia de hechos históricos e iniciativas que antecedieron la Semana de Arte Moderno en Rio Grande do Norte. El Futurismo –un movimiento vanguardista que procuró romper con las estéticas precedentes, valorando el nacionalismo y los avances industriales– se dio a conocer en Natal en simultáneo con su aparición en Italia.

Como lagunas de la investigación, él alude a la necesidad de entender la implicación de Cascudo con la Acción Integralista Brasileña, un movimiento político ultranacionalista y conservador que surgió en Brasil a partir de la década de 1930. Varios textos del autor en referencia a este tema fueron publicados en el periódico A Ofensiva, que circuló entre 1934 y 1938 en Río de Janeiro.

Artículo científico
FIGUEIREDO, A. M. Cromotopia e história: Frederico José de Santa-Anna Nery e o folclore afro-indígena na Amazônia, 1885-1889. Revista do Instituto Histórico e Geográfico do Pará (IHGP). v. 7, n. 3, p. 123-43. nov. 2020.

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