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Bioenergía

Del genoma al ingenio

El programa Bioen genera avances en el conocimiento sobre la caña de azúcar y los biocombustibles

Una plantación de caña de azúcar en Lins, interior paulista: productividad creciente

Delfim Martins/Pulsar ImagensUna plantación de caña de azúcar en Lins, interior paulista: productividad crecienteDelfim Martins/Pulsar Imagens

Científicos de la Universidad de São Paulo (USP) y de la Universidad de Campinas (Unicamp) revelaron en 2011 alrededor de 10.800 millones de pares de bases del ADN de la caña de azúcar, 33 veces el producto de los dos años del proyecto Genoma Caña, concluido en 2001, que mapeó los genes expresados de la planta. Este resultado forma parte de un proyecto temático coordinado por la bióloga molecular Glaucia Souza, de la USP, cuya conclusión está prevista para 2013, y cuyo objetivo es la secuenciación de los genes de la caña de azúcar. Dada la complejidad del genoma, 300 regiones se encuentran organizadas en tramos de más de 100 mil bases, que contienen entre 5 y 14 genes contiguos de la caña, en el marco de un proyecto temático de la genetista Marie-Anne Van Sluys, también docente de la USP. Los investigadores pretenden ir más allá del Genoma Caña, tanto en la cantidad de datos como en las preguntas referentes al funcionamiento del genoma de la planta que se convirtió en sinónimo de energía de fuente renovable. Estudios de gramíneas tales como el sorgo y el arroz mostraron que, para mejorar la productividad de las plantas, resulta necesario saber de qué modo es controlada la actividad de los genes, función que les compete a ciertos tramos del ADN conocidos como promotores.

Esta investigación constituye un ejemplo de cómo el conocimiento sobre la caña de azúcar y el etanol ha venido avanzando en los últimos años. A través del Programa FAPESP de Investigaciones en Bioenergía (Bioen), que tuvo inicio en 2008, del cual Glaucia Souza es coordinadora, la Fundación viene patrocinando un gran esfuerzo de investigación que articula a investigadores de diversas áreas del conocimiento, destinado a mejorar la productividad del etanol brasileño y avanzar en ciencia básica y tecnologías relacionadas con la generación de energía de biomasa.

Uno de los objetivos del Bioen consiste en superar barreras tecnológicas e incrementar aún más la productividad del etanol de primera generación, elaborado a partir de la fermentación de la sacarosa, que aprovecha un tercio de la biomasa de la caña. Otro apunta a participar en la carrera internacional en busca del etanol de segunda generación, producido a partir de celulosa, lo que haría posible obtener el biocombustible también del bagazo y de la paja de la caña de azúcar y de otras diversas materias primas. El programa cuenta con cinco vertientes. Una de ellas es la de la investigación sobre biomasa, cuyo foco es el mejoramiento de la caña. La segunda se centra en el proceso de fabricación de biocombustibles. La tercera está vinculada con aplicaciones del etanol para motores de coches y de aviación. La cuarta se refiere a estudios sobre biorrefinerías, biología sintética, sucroquímica y alcoholquímica. Y la quinta aborda los impactos sociales y ambientales derivados del uso de los biocombustibles.

Zafra manual en Cordeirópolis (São Paulo), en 2010: los estudios apuntan  a conocer y mitigar los impactos económicos y sociales

Delfim Martins/Pulsar Imagens Zafra manual en Cordeirópolis (São Paulo), en 2010: los estudios apuntan a conocer y mitigar los impactos económicos y socialesDelfim Martins/Pulsar Imagens

Genética
En sus casi cuatro años de existencia, los resultados del programa Bioen son palpables y variados. La experiencia en genómica de Marie-Anne Van Sluys, de la USP, y de Anete Pereira de Souza, de la Unicamp, las llevó a encabezar proyectos cuyo objetivo es generar una secuenciación parcial de dos cultivares de caña (R570 y SP80-3280) y servir de apoyo al desarrollo de herramientas moleculares capaces de ayudar en la comprensión de este genoma. Uno de los objetivos es el estudio de los llamados elementos de transposición, regiones de ADN que pueden transferirse de una región a otra del genoma, dejando o no una copia en el lugar en que se encontraban anteriormente. “Los programas de mejoramiento también se podrán beneficiar al contar con acceso a informaciones moleculares con potencial para el desarrollo de marcadores”, dice Van Sluys, quien es docente del Instituto de Biociencias de la USP y una de las coordinadoras del Bioen.

Un proyecto encabezado por Ricardo Zorzetto Vêncio, de la Facultad de Medicina de Ribeirão Preto de la USP, desarrolló la versión piloto de un software a los efectos de intentar caracterizar las funciones de genes de la caña de azúcar. Su abordaje es innovador, pues no se ciñe a atribuirle a una secuencia de genes de un organismo las funciones que se observan en una secuencia similar de otro ser vivo. La idea es utilizar algoritmos que contemplen la incertidumbre contenida en esta asociación. “En lugar de decir sencillamente que un gen tiene una función específica, pretendemos determinar cuál es la probabilidad de que éste tenga esa función y, mediante ese cálculo, contemplar distintas evidencias, como por ejemplo la relación evolutiva con otros genes, o si existe algún experimento que confirme dicha función”, dice Ricardo Vêncio.

Augusto Garcia, de la Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz (Esalq), de la USP, desarrolló un software denominado OneMap, orientado a la utilización de marcadores genéticos en programas de mejoramiento que explotan la genética y la fisiología de la caña. “Ésta es una de las grandes expectativas para la obtención más rápida de cultivares”, dice Glaucia Souza. Anualmente, el Centro de Tecnología Cañera (CTC) testea 1 millón de plántulas en busca de ejemplares más productivos. Se requieren 12 años para que surjan dos o tres variedades prometedoras.

Un cañamelar de Guaíra (São Paulo): la producción de biocombustibles puede ampliar la rentabilidad del agronegocio

Delfim Martins Un cañamelar de Guaíra (São Paulo): la producción de biocombustibles puede ampliar la rentabilidad del agronegocioDelfim Martins

La “planta energía”
La productividad actual de la caña de azúcar, que es de 80 toneladas anuales por hectárea, en promedio, podría trepar a 381 toneladas por hectárea anuales con el desarrollo de variedades adecuadas a la producción de bioenergía, dotadas de alta productividad, alto contenido de azúcar, tolerancia a las sequías y resistencia a pestes y enfermedades, por ejemplo. Este cálculo salió publicado en un artículo científico a cargo de un grupo de investigadores del Bioen y del Centro de Investigaciones en Agricultura de Hawái. De acuerdo con dicho estudio, la llamada “planta energía” requiere crecimiento rápido, pocos insumos para su crecimiento y adaptación a la zafra mecanizada. Para hacer este inédito cálculo teórico, se asociaron datos tecnológicos de la producción de la caña con información sobre la fisiología de la planta (fotosíntesis, crecimiento, desarrollo y maduración) y se propusieron, mediante investigaciones de genómica funcional, posibles genes que serían objeto de mejoramientos con partición de carbono, que es la manera en que la caña distribuye los carbohidratos que produce vía fotosíntesis.

Publicado en Plant Biotechnology Journal en abril de 2010, el estudio mostró cuánto podría rendir la caña con el uso de herramientas biotecnológicas destinadas a crear nuevas variedades. Una carta enviada a los autores por el editor de la revista, el biólogo Keith J. Edwards, de la Universidad de Bristol, Inglaterra, informó que ya se habían registrado más de 1.600 descargas del artículo, una cantidad elevada para una revista de interés especializado. El interés en el artículo muestra a las claras el nuevo nivel de la investigación sobre la caña de azúcar, según sostiene Glaucia Souza, autora principal del artículo, que es docente del Instituto de Química de la USP. “Hace algunos años teníamos dificultades para publicar artículos sobre la biotecnología de la caña, porque se consideraba que era una planta exótica que solamente existe en los semitrópicos. En la actualidad, como muchos países buscan desarrollar energía extraída de la biomasa, los estudios de la caña han venido cobrando importancia”, afirma. La popularidad del artículo también muestra de qué manera el Programa Bioen está avanzando en el campo del mejoramiento genético. “Estamos logrando llevar el genoma al campo”, dice.

Brasil ocupa una posición especial en el debate internacional inherente a los biocombustibles, debido a que es el único país que concretó la sustitución en gran escala de la gasolina por el etanol. La experiencia brasileña y los estudios en el campo de la bioenergía realizados por instituciones del estado de São Paulo habilitaron a científicos paulistas a participar en el proyecto Global Sustainable Bionergy (GSB), una iniciativa internacional destinada a discutir la factibilidad de la producción de biocombustibles en gran escala y a nivel mundial y a buscar un consenso científico sobre el tema. El GSB promovió encuentros entre científicos del sector energético en cinco países. La intención fue discutir si es posible dar cuenta de una fracción sustancial de la demanda energética a partir de la producción de biomasa y sin comprometer el suministro de alimentos, la preservación de los hábitats naturales y la calidad del medio ambiente, aparte de plantear estrategias con la mira puesta en la transición hacia una nueva matriz energética, más equilibrada y renovable. El workshop de América Latina fue organizado por la FAPESP en marzo de 2010, y discutió los desafíos tecnológicos con el objetivo de obtener etanol a partir de celulosa a costos competitivos, la posibilidad de replicar en otros países el exitoso caso del etanol de caña brasileño y el temor de que la competencia de los biocombustibles comprometa a otros cultivos agrícolas. La resolución aprobada en el encuentro afirmó enfáticamente el potencial de expansión de la producción de bioenergía en Latinoamérica, sin que ello comprometa la producción de alimentos, el medio ambiente o la biodiversidad. El coordinador del Proyecto GSB, Lee Lynd, de la Thayer School of Engineering, Dartmouth College, de Estados Unidos, elogió la disposición de los científicos brasileños para buscar formas sostenibles de producción de biocombustibles. “Otros países deberían afrontar el problema tal como lo hace Brasil. Estados Unidos, por ejemplo, es más defensivo en relación con los mecanismos de sostenibilidad, pese a que lidera la producción de etanol”, afirmó en ese entonces.

140-147_bioen_esp50Combustible para aviación
Entre las ambiciones del programa, uno de los destacados es el desarrollo de biocombustibles para aviación. En abril pasado, representantes de la FAPESP, Boeing y Embraer comenzaron un estudio sobre los principales retos científicos, tecnológicos, sociales y económicos con miras al desarrollo y a la adopción de biocombustibles en el sector de aviación comercial y ejecutiva de Brasil. Con duración prevista entre 9 y 12 meses, el estudio será orientado por una serie de ocho workshops programados para este año, con el fin de recabar datos con investigadores e integrantes de la cadena de producción de biocombustibles, sumados a representantes del sector de aviación y del gobierno. Una vez concluido el trabajo, la FAPESP, Boeing y Embraer pondrán en marcha un proyecto de investigación conjunto sobre temas prioritarios señalados en el estudio y emitirán un llamado a la presentación de propuestas a los efectos de erigir un centro de investigación y desarrollo de biocombustibles para la aviación comercial que comprenda a las tres instituciones, basado en el modelo de los Centros de Investigación, Innovación y Difusión (Cepids) de la FAPESP, cuyo objetivo es desarrollar investigaciones en la frontera del conocimiento. Este proyecto de investigación forma parte de un acuerdo entre las instituciones firmado en octubre de 2011 en el marco del Bioen, y coordinado por Luís Augusto Barbosa Cortez, docente de la Unicamp y coordinador adjunto de Programas Especiales de la FAPESP.

Un proceso innovador para la producción de bioquerosén a partir de varios tipos de aceite vegetal, que podrá llevar a que el combustible empleado en los aviones se vuelva menos contaminante y más barato, se desarrolló en la Facultad de Ingeniería Química (FEQ) de la Unicamp. Luego de su extracción y refinamiento, se pone el aceite en un reactor junto con una cantidad específica de etanol y un catalizador encargado de acelerar las reacciones químicas. “La mayor contribución del proceso de obtención del bioquerosén son los altos índices de pureza del producto final”, dice Rubens Maciel Filho, docente de la FEQ y coordinador del estudio. Esta ruta hace posible la obtención de biocombustibles de aviación oxigenados con un punto de congelamiento que permiten su uso como jet fuel. Otro proceso posibilita la producción de bioquerosén del tipo de los hidrocarburos, con pedido de patente internacional ya solicitada y protocolizada. Otro aporte de Maciel es un proyecto tendiente a crear compuestos de alto valor económico a partir de sustratos de la caña de azúcar. El proyecto ha arrojado buenos resultados en la producción del ácido acrílico y del ácido propiónico a partir del ácido láctico. “Es posible desarrollar productos con valores 190 mil veces mayores que el del azúcar”, dice Maciel.

Una montaña de bagazo de caña en Usina Costa Pinto, en la localidad de Piracicaba (São Paulo): la extracción de etanol de celulosa podrá multiplicar la producción del combustible brasileño

HÉLVIO ROMERO/AE Una montaña de bagazo de caña en Usina Costa Pinto, en la localidad de Piracicaba (São Paulo): la extracción de etanol de celulosa podrá multiplicar la producción del combustible brasileñoHÉLVIO ROMERO/AE

Los impactos económicos y sociales
El Bioen apunta a dimensionar los impactos sociales y económicos de una sociedad basada en la energía de la biomasa. “Contamos con grupos de investigadores que estudian modelos económicos capaces de evaluar las alteraciones en el uso de la tierra ocasionados por la producción en gran escala de biocombustibles”, dice Glaucia Souza. “También existen estudios sobre los cuellos de botella económicos derivados de la producción de biocombustibles, mapeos agroecológicos y de impactos en la biodiversidad, por mencionar algunos ejemplos”, afirma la profesora. Nuevos conocimientos al margen, Souza destaca el potencial de los biocombustibles en el combate contra la pobreza. “La caña de azúcar contribuye al desarrollo rural, pero la agricultura todavía redunda en escasos dividendos para los productores. La producción de biocombustibles puede agregarle valor al agronegocio, al permitir que el sector genere su propia energía y venda sus excedentes, por ejemplo, con lo cual aportará al desarrollo regional y en el combate contra la pobreza”, dice.

En el exterior se cuestiona el hecho de que Brasil es fuerte en la agricultura volcada a la alimentación y reemplaza la tierra buena de la producción de alimentos por el plantío de caña de azúcar. Pero se trata de un problema inexistente, de acuerdo con un estudio del grupo encabezado por el economista André Nassar, del Instituto de Estudios del Comercio y Negociaciones Internacionales (Icone), financiado por la FAPESP en el marco del Bioen. En 2022, en el escenario delineado por el instituto, la superficie de cultivo de caña ocupará 10,5 millones de hectáreas, ante 8,1 millones de hectáreas de 2009. Este crecimiento del 30% de los cañamelares se concretaría en la región sudeste del país, fundamentalmente en áreas de pastoreo para la cría de ganado vacuno, y en la región centro-oeste, donde reemplazará áreas tradicionales de plantío de granos y de pasturas. “Hoy en día los ganaderos producen más carne por hectárea. En 1996 se produjeron 6 millones de toneladas de carne, en 184 millones de hectáreas. Diez años después, la producción sumó 9 millones de toneladas de carne en 183 millones de hectáreas. La hacienda trepó en el período, de 158 millones de cabezas a 206 millones”, dice la investigadora Leila Harfuch, del Icone. “Las pasturas entre 2009 y 2022 se reducirían en 5 millones de hectáreas, acomodándose así parte de la expansión de los granos y de la cañamiel.”

Las calderas de Usina Santa Elisa, en Sertãozinho (São Paulo): la producción de energía  eléctrica se efectúa con bagazo de caña

eduardo cesar Las calderas de Usina Santa Elisa, en Sertãozinho (São Paulo): la producción de energía eléctrica se efectúa con bagazo de cañaeduardo cesar

Cambios climáticos
Existen estudios cuyo foco es la forma en que la caña de azúcar responderá ante los cambios climáticos. Este conocimiento podrá ayudar a desarrollar variedades más resistentes a eventuales aumentos de lluvias y de calor, aparte del esperado avance de las plagas. Se sabe que la alta concentración de anhídrido carbónico produce un aumento de la fotosíntesis y del volumen de biomasa, lo que lleva a antever un avance en la productividad. “Como contrapartida, poco se sabe acerca de los mecanismos de control hormonales, sus relaciones con el metabolismo del carbono y las redes de transcripción génica asociados a éste”, dice Marcos Buckeridge, docente del Departamento de Botánica del Instituto de Biociencias de la USP y director científico del Laboratorio Nacional de Ciencia y Tecnología del Bioetanol (CTBE). “El conocimiento de tales procesos tiene la capacidad de exponer los puntos del metabolismo de la caña que podrían alterarse para producir variedades con potencial de adaptación a los cambios climáticos”, afirma Buckeridge. La búsqueda de fuentes para la producción de biocombustibles que no comprometan a la naturaleza, como por ejemplo la obtención de etanol a partir de polisacáridos de semillas de árboles autóctonos cultivados en medio de plantaciones de caña, también es objeto de investigaciones. “Los sistemas agroforestales pueden representar un nuevo modelo capaz de incrementar la producción de energía renovable, de una forma armónica y con beneficios sociales, y con un impacto ambiental mínimo”, afirma Buckeridge.

El etanol de celulosa
Solo la sacarosa, responsable de una tercera parte de la biomasa de la caña de azúcar, es aprovechada para la producción de azúcar y alcohol combustible. A decir verdad, Brasil utiliza el bagazo de la caña en la generación de energía en las usinas cañeras o en producción de alimento para animales, y ésta ha sido la causa de un notable incremento de eficiencia. El gran desafío consiste ahora en convertir la celulosa también en etanol. Dicha celulosa se encuentra en el bagazo y en la paja de la caña. Procesos de hidrólisis enzimática o fisicoquímica permitirían que las unidades de carbono de la celulosa y de la hemicelulosa también fuesen fermentadas. El dominio de las tecnologías de utilización de la celulosa se ubica en el centro de la carrera mundial por la producción de energía basada en fuentes renovables. Hoy en día este proceso no es factible económicamente. Si los investigadores encontrasen formas de disminuir los costos, el uso de la celulosa de la caña podría disparar un importante incremento en la producción de etanol.

En la búsqueda del etanol de celulosa, uno de los destacados es un proyecto destinado a estudiar una manera de doblegar la resistencia de las paredes celulares de vegetales lignificados como la caña mediante la hidrólisis enzimática. La lignina es una macromolécula hallada en las plantas, asociada a la celulosa en la pared celular, cuya función consiste en conferir rigidez y resistencia. Romperla es un desafío cuando se apunta a producir etanol de celulosa. “Para entender de qué manera la remoción de la lignina puede disminuir la resistencia de las paredes celulares, se han evaluado, además de ciertas variedades comerciales, híbridos de caña con tenores contrastantes de lignina”, dice Adriane Milagres, docente de la Escuela de Ingeniería de Lorena, de la USP, una de las coordinadoras del proyecto. “Cuando ciertos materiales son tratados con métodos selectivos, la remoción del 50% de la lignina original eleva el nivel de conversión de la celulosa a un 85% ó 90%”. Según Milagres, el avance del proyecto también se orienta a evaluar cuáles son los cócteles enzimáticos más apropiados para obtener un nivel de hidrólisis enzimática elevado mediante el empleo de bagazo de caña tratado previamente con la menor severidad posible. “Sucede que los tenores iniciales de lignina de las plantas seleccionadas, de por sí son bajos”, explica.

El Programa Bioen
49 proyectos de investigación en marcha
11 proyectos de investigación concluidos
Concesión total: R$ 64.170.267,56
108 becas en el país en concesión
102 becas en el país ya concedidas
Concesión total: R$ 14.008.313,89

La primera generación
Brasil ostenta acentuadas ventajas en lo que hace a la producción de etanol de primera generación, aquél elaborado a partir de la fermentación de la sacarosa. La productividad de la caña de azúcar ha aumentado mucho en los últimos 30 años, a una tasa promedio de alrededor del 4% anual. Pero esta productividad puede crecer aún más de superarse algunos retos tecnológicos. Un proyecto llevado a cabo por investigadores de la Escuela Politécnica de la Universidad de São Paulo (USP), en colaboración con grupos de investigación de la Universidad Federal de Santa Catarina (UFSC) y de la Delft University of Technology, de Holanda, demostró que existe margen como para avanzar por medio del mejoramiento genético de los microorganismos utilizados en el proceso convencional de producción industrial del biocombustible por fermentación, en el cual levaduras de la especie Saccharomyces cerevisiae convierten la sacarosa (el azúcar) en etanol.

Mediante estrategias de ingeniería metabólica, el grupo logró un 11% de aumento en laboratorio en el rendimiento de la producción de etanol sobre la sacarosa utilizando una levadura genéticamente modificada. “Este experimento aún no se ha puesto en práctica en ambiente industrial. Pero, teniendo en cuenta el gran volumen de la producción actual, un incremento de tan sólo un 3% en el rendimiento de la fermentación alcohólica permitiría actualmente un aumento de mil millones de litros de etanol por año, y eso solamente en Brasil, a partir de la misma cantidad de caña de azúcar. Eso ya sería una mejora extraordinaria”, dice Andreas Karoly Gombert, docente de la Escuela Politécnica de la USP y coordinador del proyecto, que surgió a partir de una iniciativa del profesor Boris Ugarte Stambuk, de la UFSC, quien desarrolló en laboratorio y luego patentó una estrategia de ingeniería metabólica que altera la topología y la energética del metabolismo de la sacarosa en la levadura Sacchromyces cerevisiae.

La interacción con el sector privado
Un salto en el interés al respecto de la investigación en caña de azúcar y etanol se registró en abril de 1999, con el surgimiento del Genoma Caña, que mapeó 250 mil fragmentos de genes funcionales de la caña (lea el reportaje) y se caracterizó por la interacción con el sector privado. Y una vez concluido el programa, el interés de las empresas en la investigación bioenergética no decayó. En 2006, la FAPESP, en asociación con el BNDES, suscribió un convenio con Oxiteno, una empresa del grupo Ultra, para el desarrollo de proyectos cooperativos destinados a investigar desde el proceso de hidrólisis enzimática del bagazo de la caña para la obtención de azúcares hasta la producción de etanol de celulosa. Al año siguiente, Dedini Indústrias de Base selló un convenio con la FAPESP para financiar proyectos vinculados con técnicas de conversión del bagazo de caña en etanol. A comienzos de 2008, la FAPESP y Braskem también firmaron un convenio para el desarrollo de biopolímeros.

La creciente importancia económica de la caña ayudó a mantener vivo el interés de los investigadores. Brasil cosechó 569 millones de toneladas de caña de azúcar durante la zafra de 2009, casi el doble de la zafra de 1999, según datos de la Unión Industrial de la Caña de Azúcar (Unica). La mitad de la producción se transformó en etanol –el equivalente a 27 mil millones de litros–, lo que ubica a Brasil como el segundo productor mundial del combustible. En el primer puesto se ubica Estados Unidos, que extrae etanol de maíz a fuerza de pesados subsidios. São Paulo respondió por el 60% de la producción nacional. El incremento de la productividad ha sido de más del 3% anual durante los últimos 40 años, producto del mejoramiento genético de la caña. El etanol ha hecho de Brasil un ejemplo único de país que reemplazó el uso de la gasolina en gran escala. En el estado de São Paulo, el 56% de la energía proviene de fuentes renovables: el 38% sale de la caña.

Un desdoblamiento del Bioen fue la creación, en 2010, del Centro Paulista de Investigaciones en Bioenergía (CPPB). Se trata de un esfuerzo destinado a estimular la investigación interdisciplinaria y a ampliar el contingente de investigadores involucrados en el tema, encabezado por la FAPESP, la gobernación del estado de São Paulo y las tres universidades estaduales paulistas. En el marco de dicho acuerdo, el gobierno del estado ha invertido e invertirá recursos destinados a la creación de infraestructura de investigación en la USP, la Unicamp y la Unesp. Las universidades, a su vez, contratarán a docentes e investigadores. A la FAPESP le corresponderá la inversión en el financiamiento de la investigación. La USP creó el Núcleo de Investigaciones en Bioenergía y Sostenibilidad (NAPBS); la Unicamp, el Laboratorio de Bioenergía (Labioen), y la Unesp, el Núcleo de Investigaciones en Bioenergía (Bioen-Unesp). “Con los recursos girados por el gobierno estadual en 2010 y 2011, las tres universidades están construyendo la infraestructura en sus respectivos campi. El proceso de contratación de nuevos docentes e investigadores también se encuentra adelantado”, dice Luis Cortez, docente de la Unicamp y coordinador del centro. Otra iniciativa ligada al CPPB es el Centro de Biología Sintética y Sistémica de la Biomasa, en la USP, ideado en 2008 por Glaucia Souza, Marie-Anne Van Sluys y Marcos Buckeridge. Este centro congregará a investigadores de los institutos de Química, Matemática y Estadística, Biociencias, Ciencias Biomédicas y de la Escuela Politécnica. La biología sintética combina biología e ingeniería para desarrollar nuevas funciones y sistemas biológicos. “La intención es invertir en un área en la cual Brasil todavía no tiene mucha expertise e involucrar a científicos de diversas áreas”, dice Glaucia Souza.

Artículos científicos
WACLAWOVSKY, A. J. et al. Sugarcane for bioenergy production: an assessment of yield and regulation of sucrose content. Plant Biotechnology Journal. v. 8, 263-76. Publicado online 19 feb. 2010.
BASSO, T. O. et al. Engineering topology and kinetics of sucrose metabolism in Saccharomyces cerevisiae for improved ethanol yield. Metabolic Engineering. v. 13, 694-703, 2011.

De nuestro archivo
Sertãozinho, una central de innovaciones – Edición nº 128 – octubre de 2006
Las vías para avanzar como líderes en etanol – Edición nº 149 – julio de 2008
Un variado menú energético – Edición nº 157 – marzo de 2009
El objetivo  es el bagazo – Edición nº 163 – septiembre de 2009
La energía del futuro – Edición nº 170 – abril de 2010
Cálculo original – Edición nº 184 – junio de 2011
Biorrefinerías del futuro – Edición nº 192 – febrero de 2012

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