El maíz es un componente fundamental de la alimentación de muchas culturas indígenas de América desde hace miles de años. En Brasil, distintas recetas y bebidas elaboradas con este cereal, como el preparado ligeramente alcohólico denominado cauim por las etnias del pueblo Tupí, forman parte de la dieta amazónica y las utilizan en sus rituales. Algunas etnias indígenas brasileñas como la Mbya Guaraní lo consideran sagrado. Es el grano más cultivado a escala mundial, en gran medida, como alimento para el ganado y con una presencia destacada en la alimentación humana. Esta importancia ha llevado actualmente a arqueólogos y genetistas a investigar el origen, la dispersión y los procesos de domesticación que ha atravesado el maíz desde la génesis de la agricultura en América.
Nuevas interpretaciones publicadas en septiembre en la revista Science Advances han revelado similitudes entre muestras arqueológicas de maíz y las variedades cultivadas en la actualidad por indígenas y agricultores tradicionales brasileños. Los autores sostienen que el maíz llegó hace 6.000 años al sudoeste de la Amazonia solo parcialmente domesticado desde su origen en México, hace 9.000 años. Luego pasó por varias etapas de selección y diversificación en regiones tales como el centro-oeste, sur y sudeste de Brasil.
Esto no significa que la domesticación inicial se haya completado en la Amazonia. Muestras de maíz halladas en Minas Gerais que datan de hace entre 570 y 1.010 años presentan características compatibles con el primer tipo de maíz plantado en América. En la actualidad existen unas 300 razas de maíz en el continente americano. Quince de ellas son brasileñas, divididas en 19 subrazas, cuatro de las cuales son autóctonas, asociados a los indígenas, y se denominan Entrelaçado, Caingang, Avati Morotí y Lenha.
Los investigadores analizaron la morfología y el ADN de 282 mazorcas fragmentadas, dos enteras y 12 granos de maíz antiguos hallados en la década de 1990 por un equipo del Museo de Historia Natural de la Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG), coordinado por el arqueólogo francés André Prous, en Vale do Peruaçu, en el norte del estado. La curaduría del material está actualmente a cargo del ingeniero agrónomo y genetista Fábio de Oliveira Freitas, de la estatal Empresa Brasileña de Investigación Agropecuaria (Embrapa), división de Recursos Genéticos y Biotecnología, en Brasilia, uno de los autores del artículo. “Es una gran cantidad de material el que se encontró en esos yacimientos arqueológicos, más aún si se considera el alto potencial de degradación debido a las condiciones tropicales del país. La preservación tuvo lugar porque ese maíz se encontraba en el interior de cavernas y había sido enterrado en el interior de cestos”, dice la genetista Flaviane Costa, quien realiza una investigación posdoctoral en la Escuela Superior de Agricultura Luiz de Queiroz de la Universidad de São Paulo (Esalq-USP) y es la autora principal del artículo. Costa llevó a cabo los análisis en el marco de proyectos coordinados por las genetistas Elizabeth Ann Veasey, su directora de doctorado, y Maria Imaculada Zucchi, su actual supervisora.

Flaviane Costa / USPEl teosinte, como estas muestras que se conservan en la Universidad Harvard, corresponde a la forma ancestral del maízFlaviane Costa / USP
Todos los ejemplares tenían lo que los biólogos denominan endospermo harinoso: una gran parte del cuerpo del grano, en donde se almacenan los nutrientes, era opaca. Otras variedades, más transparentes, se clasifican como vítreas. Las muestras arqueológicas se compararon con las variedades de maíz con endospermo harinoso cultivadas en la actualidad por pueblos indígenas y agricultores tradicionales brasileños, y con teosinte, una planta silvestre emparentada con el maíz y considerada similar a su versión ancestral. Los ejemplares de teosinte se conservan en el Museo Peabody de Arqueología y Etnología de la Universidad Harvard (EE. UU.). La información sobre el maíz moderno se obtuvo de colecciones de la USP y de la Universidad de la República, en Uruguay.
Las muestras arqueológicas son mazorcas cónicas con cuatro a 40 granos en cada una de sus cuatro a 18 hileras. Esta configuración presenta similitudes con el teosinte moderno, cuyas mazorcas cilíndricas tienen entre dos y ocho hileras, con una cantidad de granos que varía entre seis y 27 en cada una. Con base en estas cifras, definieron que un buen parámetro para clasificar las variedades primitivas del maíz, es decir, aquellas anteriores o las más basales del proceso de domesticación, sería un número de hileras inferior a ocho, porque ninguna raza moderna del cereal en las llamadas tierras bajas de América del Sur se encuadra en ese criterio: normalmente, estas razas sudamericanas presentan unas 12 hileras, pero pueden llegar a tener 26. Entre las muestras de teosinte, el 95 % tenía menos de 8 hileras.

Fábio de Oliveira Freitas / EmbrapaEl maíz hallado en una excavación en Minas Gerais conserva características ancestralesFábio de Oliveira Freitas / Embrapa
Entre las 282 muestras de Vale do Peruaçu, los genetistas descubrieron 14 ejemplares arqueológicos con cuatro o seis hileras, pese a que la domesticación del cereal comenzó hace 9.000 años en México y hace 5.000 años en la Amazonia occidental. “Esto es algo completamente nuevo”, dice el arqueólogo Tiago Hermenegildo, quien realiza una pasantía de investigación posdoctoral en el Instituto Max Planck de Geoantropología, en Alemania, también vinculado al Museo de Arqueología y Etnología (MAE) de la USP, y lleva a cabo investigaciones arqueológicas sobre el maíz en la Amazonia, pero no participó en el estudio. Se trata de un rasgo peculiar porque, en teoría, el largo proceso de domesticación, marcado por el aumento de las hileras de granos, debería haber eliminado estas características.
La novedad, junto con los datos comparativos recogidos por los autores, indica que el maíz todavía no estaba completamente domesticado cuando llegó a Brasil. “El artículo es disruptivo porque hasta 2018, se pensaba que toda la domesticación del maíz había tenido lugar en México”, dice Costa. “Había un inmenso faltante de datos para las tierras bajas de Sudamérica, las regiones del continente que no superan los 1.500 metros de altura”.
Un estudio de 2018 había mapeado el genoma completo de diversas variedades de maíz de América del Sur y constató una variación en los genes asociados a la domesticación del cereal. Cuando el proceso se completa, se espera que las formas genéticas alternativas (alelos) que aumentan el número de granos, por ejemplo, se conviertan en las únicas existentes, o fijadas, en la jerga de los genetistas. “Ahora hemos mostrado ejemplares de maíz arqueológicos hallados en Brasil con características primitivas, lo que corrobora estos trabajos previos”, dice la investigadora de la Esalq.
Pero no se ha llegado a un consenso. “Lo que afirman los estudios genéticos es que en los albores de la domesticación, en México, el maíz tenía un intercambio de genes mucho más intenso con las variedades silvestres”, dice Hermenegildo. “Cuando llega a Brasil, este intercambio ya no se produce, aunque todavía existe un flujo de genes con otras variedades, en un proceso de domesticación secundario, y esto se ve reforzado por el nuevo estudio”.
La migración por el continente
El grupo de Costa también se propuso trazar la ruta migratoria del maíz por el continente. Para ello, identificó las similitudes entre los grupos existentes y los ejemplares comparados con las muestras arqueológicas de maíz de las variedades Entrelaçado, Caingang, Avati Moroti y Lenha, como así también los resultados sobre las mismas variedades publicados en otros artículos. Así fue que descubrieron que los ejemplares locales de Entrelaçado de la Amazonia occidental se asemejaban a las muestras arqueológicas halladas en el Cerrado y en la Caatinga.

Fábio de Oliveira Freitas / EmbrapaPinturas rupestres en Cavernas do Peruaçu, en Minas Gerais, indican que el maíz y el moriche formaban parte de la vida de los pueblos que habitaban la regiónFábio de Oliveira Freitas / Embrapa
La variedad Avati Moroti está presente en diversos lugares de Brasil. Los ejemplares de esta raza hallados en el Cerrado tenían similitudes con una muestra del Bosque Atlántico y otras descritas en la literatura científica. Al mismo tiempo, en el sur se identificó otro subgrupo de la misma variedad en la región pampeana. Las variedades locales de maíz Caingang y Lenha también existen en la Pampa y en el Bosque Atlántico.
Todo esto ayudó a los investigadores a proponer una ruta migratoria del cereal. Para ellos, el maíz fue introducido en Brasil con las migraciones a la Amazonia occidental, desde donde posteriormente fue llevado a las regiones de la Caatinga y el Cerrado, en el centro-oeste y el nordeste brasileños. Simultáneamente, otras oleadas migratorias también transportaron el grano a las regiones del Bosque Atlántico, sobre todo al sudeste, y a la Pampa, en el sur de Brasil.
“La comunidad científica conoce estos maíces autóctonos desde 1958, pero ningún arqueólogo les había prestado atención hasta hace pocos años atrás”, subraya Hermenegildo. “Estas evidencias actuales sobre la planta han llegado a ser completamente ignoradas durante décadas de investigaciones arqueológicas en la Amazonia, por lo que este trabajo es fundamental en este sentido”.
Al poner de relieve la resiliencia de las características primitivas del maíz, el estudio también tiene un impacto en las políticas de conservación y gestión actuales. Para Costa, la presencia de variedades exclusivamente sudamericanas a lo largo de milenios, refuerza la necesidad de políticas públicas y acuerdos internacionales con la mira puesta en la conservación de estas variedades nativas. La ausencia de estas políticas podría poner en riesgo de extinción las variedades locales y las razas autóctonas que aún perduran. “El trabajo pondera el valor de la siembra que realizan las poblaciones indígenas y tradicionales”.
Para Hermenegildo, esto es importante, pues muchos de los tipos de maíz que cultivaban los pueblos indígenas se han extinguido junto con sus agricultores. “Ha habido una verdadera erosión cultural y genética desde la época de la colonización”.
Este artículo salió publicado con el título “Mazorcas a medida” en la edición impresa n° 344 de octubre de 2024.
Proyecto
Genômica populacional e caracterização fenotípica para elucidar aspectos da origem, domesticação e dispersão do urucum (Bixa orellana) e milho (Zea mays) nas terras baixas da América do Sul (nº 15/26837-0); Modalidad Auxílio à Pesquisa – Regular; Investigador responsable Elizabeth Ann Veasey (USP); Inversión R$ 192.720,56.
Artículos científicos
COSTA, M. F. et al. Archaeological findings show the extent of primitive characteristics of maize in South America. Science Advances. v. 10. 4 sep. 2024.
