La minería de criptomonedas, en particular del bitcóin, la más antigua y exitosa de las monedas digitales, depende en gran medida de la energía y contribuye significativamente a las emisiones de gases de efecto invernadero. El consumo energético de este segmento se multiplicó aproximadamente por 34 entre 2015 y 2023, ascendiendo a 121 teravatios-hora (TWh), un consumo equivalente al de un país mediano de Europa, como Polonia. La demanda se incrementará un 40 % de aquí a 2026, según el pronóstico de la Agencia Internacional de Energía (IEA).
“Una sola transacción en bitcoines equivale aproximadamente a las emisiones de gases de efecto invernadero de un vehículo mediano eléctrico o alimentado con gasolina en un recorrido de 1.600 a 2.600 km”, afirman los autores del artículo Carbon footprint of global bitcoin mining: Emissions beyond borders, publicado en enero último en la revista Sustainability Science.
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El alto consumo de energía se debe a la competencia entre los mineros, los agentes del segmento de las criptomonedas. Para validar un paquete de transacciones en este mercado, tratan de resolver un problema matemático con la mayor premura posible, un proceso denominado proof of work (PoW). El primer minero que resuelve la ecuación recibe bitcoines como pago. Estos cálculos, realizados por miles de computadoras de todo el mundo, aseguran la confiabilidad de las operaciones de compraventa de las monedas digitales, pero consumen mucha energía.
“El problema es el método de consenso utilizado por el bitcoin, el PoW. Aunque este es distribuido [ejecutado por varias computadoras en lugares diferentes] y confiable, consume demasiada energía. Los mineros siempre intentarán utilizar la energía más barata posible, pero ésta no siempre es limpia y renovable”, declara el científico de la computación Arlindo Flavio da Conceição, del Instituto de Ciencia y Tecnología de la Universidad Federal de São Paulo (Unifesp), en su campus de São José dos Campos.
La plataforma Ethereum, otra moneda digital, completó hace algunos años la migración de PoW a otro mecanismo de consenso, el proof of stake (PoS), reduciendo el consumo de energía en un 99 %. “El problema es que para modificar el algoritmo central de una criptomoneda, es necesario que la comunidad se ponga de acuerdo, y esto no sucede entre quienes operan con bitcoines, porque temen que ocurra algún fallo durante este proceso de migración, derrumbando la cotización de la divisa”, dice Da Conceição, coautor del libro intitulado Blockchain: Conceitos básicos (publicación independiente, 2020).
Los usuarios de PoS, llamados validadores, son escogidos al azar para verificar y añadir bloques al blockchain (una especie de libro de registro digital), sin necesidad de competir entre sí, como ocurre en PoW. “Al tener un consumo reducido de energía, la huella de carbono de PoS es mucho menor, por lo que se encuentra más alineado con los objetivos de sostenibilidad”, se concluye afirmando en el estudio de Sustainability Science, redactado por investigadores de Catar, Estados Unidos y Canadá.
Este artículo salió publicado con el título “La presión de las criptomonedas” en la edición impresa n° 349 de marzo de 2025.
Artículo científico
ONAT, N. C. et al. Carbon footprint of global bitcoin mining: Emissions beyond borders. Sustainability Science. v. 20, p. 173-89. ene. 2025.
Libro
CONCEIÇÃO, A. F. y ROCHA, V. E. M. Blockchain: Conceitos básicos. Edición independiente. abr. 2020.
